Señor Presidente     
 
 Diario de Barcelona.    28/09/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

SEÑOR PRESIDENTE

SEÑOR Presidente; La declaración crispada de "Fuerza Nueva" contra el programa del

Gobierno era previsible. Nadie, en los últimos treinta y cinco años, había utilizado lenguaje

igual. No le obedecerán ni le acompañarán. Ni siquiera colaborarán desde la oposición. Hay

que agradecerle al integrismo militante l¿ declaración clara y formal de su disconformidad y su

rebeldía. Su sinceridad delimita los campos en los que militamos cada cual. En un país de

indicios y de rumores, es importante que las posiciones se clarifiquen. Pedia usted, en su

discurso del 12 de febrer. Españoles, excepto ia de aquellos que se auto excluyen en

maximalismos de uno y otro signo. Ha ocurrido, pues, lo que usted preveía hace algo mas de

siete meses. Quienes vimos en su discurso una voluntad de marcha hacia normas más

democráticas para la sociedad española, tuvimos que sufrir la brutal embestida de los

empeñados en que todo siguiera iguat, Jos que, precisamente ahora, acaban de autoexcluirse.

Acusados de "Prensa canallesca", se dijo que habíamos tergiversado maliciosamente sus

palabras. Fue, la de este 1974, una apasionante primavera política. Si por un iado pareció

vislumbrarse un rebrote de intransigencia inmoviiista, que intentó acallar las voces de quienes

nos mostrábamos partidarios de la evolución, quedó claro que la mayoría de nuestra sociedad

deseaba un cambio sin traumas ni sobresaltos. Su Gobierno, del que se dijo que sufrió en tres

meses el desgaste de otros en tres años, contaba con el apoyo, en su obra liberalizadora, de

las capas más numerosas y dinámicas del país. Y esto era, precisamente, lo que irritaba a los

que pretendían erigirse en exclusivistas de nuestro presente, nuestro pasado y nuestro futuro.

Sus palabras del 12 de febrero quedaron refrendadas en Barcelona, en el mes de junio, cuando

volvió a aludir a los auto-excluidos de ahora. Refiriéndose a ellos di jo en aquella ocasión que

"el Consejo de Ministros, por el que ei Jefe del Estado dirige ei Gobierno del Reino, no tiene

otro interlocutor válido que el pueblo español y en manera alguna las minorías estridentes que

pretenden hablar en su nombre". Después el país tuvo que pasar por la difícil prueba de la

enfermedad del Jefe del Estado y vivir el prudente ejercicio de esta alfa magistratura por el

Principe don Juan Carlos de Borbón, situación de la que, según se ha afirmado en nuestro país

de permanentes rumores, aquellas "minorías estridentes" intentaron sacar ventaja. Felizmente

supe rada la enfermedad, después de 55 días en los que el país pudo apreciar ia serenidad de

su equipo de Gobierno, llegaron, el 10 de septiembre, sus declaraciones rotundas y

esclarecedoras. Todos los españoles, dijo, en una linea de respeto a tas Leyes Fundamentales,

teníamos cabida en el sistema. Habló de la continuidad de la obra democratizadora y de ta

"incomprensión y reticencia en algunos sectores proclives a anclarse en la nostalgia",

imputándoles, como les duele ahora, un "intento monopolizador". Ha ocurrido ahora lo que era

previsible que sucediera. El editorial de ruptura de "Fuerza Nueva" puede resultar quizá

sorprendente por su tono, pero no por su contenido. SEÑOR Presidente: A la Prensa, por no

existir cauces suficientes, le ha correspondido asumir papeles que no le corresponden en el

juego político. La suya, con todas sus imperfecciones, es la más liberal de las legislaciones

vigentes. Ahí está el problema. La Prensa, desde 1966 hasta hoy, ha de servir de sismógrafo

de los climas de opinión en el país, papel que asume intentando detectar el pensamiento de la

calle que habrían de reflejar los grupos políticos. Sus declaraciones del 10 de septiembre,

como antes sus dos discursos, han recibido en la Prensa todo tipo de acogida: ha habido el

aplauso sereno y razonado, se han mostrado reticencias a la hora de escoger el titular y no ha

faltado, como ahora se observa, la reacción destemplada y primitiva. El nerviosismo de estos

últimos es consecuencia de su soledad. Sólo el miedo a sen!irse solos puede inspirar sus pala

bras. Ya que no es posible hoy contabilizar en votos la aceptación o el rechazo de un programa

de Gobierno como el que usted reiteradamente ha expuesto, observe las cifras de difusión de

les medios de comunicación social que están dispuestos a acompañarle en su obra de

apertura, las de ios que han quedado anclados en ia nostalgia y las de los que se quedan a

mitad de camino, quizá sin saber qué hacer. Observe, por cifras de tirada, el asenso unánime

que sus palabras han merecido ante la opinión pública y compárelas con las de ia Prensa

nostálgicamente anclada, No hay peligro, pues, de que pueda sentirse sólo. La mayoría del

país y con ella los grupos más dinámicos y responsables, están en favor de ia

apertura. Piensan y lamentan ei tiempo perdido, que esta apertura pudo llevarse a cabo sin

solución de continuidad a partir de las primeras medidas liberalizadoras de 1966: la Ley de

Prensa y la Ley Orgánica del Estado. No se (es escapa que los grupos que abiertamente se

manifiestan ahora en contra de la democratización sembraron entonces el camino de

obstáculos. Quizás haya sido preferible esperar a su autoexclusión. Piensa esta mayoría dei

país que el cambio sin traumas todavía es posible. Y que esta, en vida del Jefe del Estado, que

nunca negó la evolución y el desarrollo del sistema, es la última oportunidad!. De ahí ia

adhesión mayoritaria con que cuenta e! Gobierno que usted preside, más amplia que la

dispensada a muchos gobiernos en los que se coaligaron intereses y familias políticas. El suyo

es un crédito personal que ia opinión pública le concede, por la seguridad y firmeza

demostradas en la línea de apertura, que no pueden alterar, los exclusivistas en la

interpretación de nuestras leyes ni los autores —fueran quienes fueren— de actos tan brutales

como el del atentado de la caite del Correo, de Madrid. SEÑOR Presidente: Ningún Gobierno,

desde los tiempos inmediatos de la posguerra, necesitó de tal capacidad de adhesión, en razón

no sólo de las ambiciosas metas de su política, sino de los tiempos difíciles que en ei plano

económico se avecinan. Sólo un Gobierno con amplio crédito ante sus ciudadanos puede pedir

nuevos sacrificios. El crédito es algo que se ha de ganar día a día. Y así ha venido ocurriendo

desde el 12 de febrero hasta hoy. Acompasar el ordenamiento jurídico dei país a ia madurez

que hoy exhibe nuestro pueblo, partiendo de aquel presupuesto, resultará tarea fácil, a pesar

de tensiones coyunturales como ia que ahora le corresponde vivir. Los españoles aspiramos a

ser un pueblo con plenitud de derechos responsablemente ejercidos. Sabemos que esto es

posible hoy y que a través dei camino emprendido por usted, tal ¿orno proclamaba* mos ayer

en un editorial de urgencia, podemos llegar "a un horizonte donde la discrepancia sea posible,

el contraste ideológico estimulado y las críticas atraviesen ei meridiano de la inteligencia y no

dei ataque personal".

títte

 

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