Un hecho político     
 
 ABC.    21/12/1971.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC. MARTES 21 DE DICIEMBRE DE 1971.

UN HECHO POLÍTICO

Una comida homenaje, con asistencia multitudinaria y presencias personales muy cualificadas en la vida

española, trae al plano primero de la actualidad—del comentario social, si se quiere, pero actualidad al

fin—, a la corriente de pensamiento, de posición, que encabeza Blas Piñar : a Fuerza Nueva.

De Fuerza Nueva existe, al tiempo, bastante información, proporcionada por su revista, y muy poca

información porque las noticias que se refieren a esta corriente de pensamiento no son ciertamente muy

numerosas en los medios de información de ámbito más amplio o más generalizado. No nos proponemos,

ni aquí ni en esta ocasión, analizar o exponer aquellos fundamentos o dogmas de lo que es la esencia de

su programa. Nuestro propósito no rebasa los límites, amplios, pero definidos, de la pura intención

expositiva o informativa. Por otra parte, esos fundamentos o dogmas son suficientemente conocidos para

quien siga con mínima atención de espectador el acontecer actual de la política española. Conocidas son

sus proclamaciones a favor de los valores socio-políticos de más honda raíz tradicional —la patria, la

familia, el Ejército, la religión, etc..—y conocidos son, también, los acentos encendidamente donosianos

con los que estos valores se presentan, se postulan, se defienden. Difícil, inapropiado y difícil, sería en un

comentario sólo expositivo como éste avanzar un paso más. En la esencia de los valores citados, todos

podemos y todos debamos estar conformes. La forma o los medios de au promoción o defensa pertenecen

a estrofas distintas que cada uno modula, acentúa y canta a su personal y honrado talante. A estrofas

asonantes y de más libre métrica. A estrofas de romancero que, por fuerza y lógica, tienen una fonética

más popular. La corriente de pensamiento de Fuerza Nueva, con adhesiones numerosísimas y

cualificadas, está ahí. Está inscrita en la realidad. Pertenece al mundo de lo fáctico, mundo que no puede

ser anulado por las predilecciones dialécticas, por las ideas o por las creencias contrarias. Y así, se trata de

una evidencia que no se puede paliar y menos ignorar, desplazándola a un margen de inoperancia con

unas frases ingeniosas o con la sal, más o menos gorda, de un chiste en la tertulia amable de un café. Se

trata de un hecho ante el cual ni nuestra específica misión de comentario, ni nuestra esencial

responsabilidad de cara al público, permiten la vuelta de espaldas, el premeditado desconocimiento,

porque aquí sería ceguera el silencio y sería frivolidad indisculpable cualquier agnóstico desprecio. Lo

que sea Fuerza Nueva, lo que represente, lo que pretenda, está ahí; es un hecho. Y es, además y sobre

todo, un hecho engranado en la legalidad, porque su pública existencia y sus manifestaciones públicas no

son desconocidas, ni son ignoradas por los públicos estamentos que definen la legalidad y que velan por

su mantenimiento. ¿Cómo entender, de otra manera, la pública notoriedad de esta fuerza y de sus nada

confusas afirmaciones? La existencia de Fuerza Nueva—digámoslo pues que nos quema ya en los puntos

de la pluma—aporta un dato turbador, preocupante, al intrincado y controvertido problema de la

politización del país. En la corriente de pensamiento que define y airea Fuerza Nueva, sobre los

fundamentos y valoraciones más clásicos, se expresa una clara, y no desmentida en momento alguno,

posición política. Una posición política que podrá ser—no calificamos, brindamos términos de juicio—

acertada o errónea; minoritaria o más ampliamente compartida; regresiva o neorreformadora; apocalíptica

o ineficaz; radicalizada o utópica- Pero que es; que existe. Y frente a la que cabe adoptar muchas posturas

y solamente una no es válida: ignorarla. De otras corrientes de pensamiento político, de pareceres en

contraste, por su inmediato pasado o por su floreciente presente, se habla y se comenta más. Con juicios

previos a favor de correligionarios, con prejuicios de adversarios o desahuciados de estancias de poder y

decisión. ¿Cómo no sentir, cómo no sentirnos acuciados, urgidos por la curiosidad acerca de lo que

represente de verdad Fuerza Nueva, tablero de ajedrez político del país ? ¿Hasta qué punto no hay mucho

en la nueva fuerza de antiguas y enraizadas traslaciones de la omnipresencia del sentimiento religioso en

los planos temporales y más inferiores del acontecer político, de sus causas, consecuencias e

interpretaciones? ¿Hasta cuál otro punto juega, consciente o inadvertidamente, esta fuerza al modo de un

contrapeso, de un balancín, o como advertencia, o como recuerdo preventivo? Tratar de responder a estas

preguntas nos llevaría, en cualquier caso, a una polémica que no deseamos y de la cual, a buen seguro,

cosecharíamos en estas páginas más hojarasca que frutos aprovechables. Lo cual no quiere decir—ni lo

dice—que no estimemos conveniente más y más generalizada información sobre el hecho político que

representa Fuerza Nueva. Y que, insistimos, ahí está.

 

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