Autor: Giménez Caballero, Ernesto. 
 Colaboración. 
 Jose Antonio, de cerca     
 
 Nuevo Diario.    29/10/1972.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

COLABORACIÓN

JOSÉ ANTONIO, DE CERCA

Ernesto GIMÉNEZ CABALLERO

(Escritor)

Me solicita el querido amigo y director José Luis de Echarri un José Antonio de cerca. Y nada mejor para satisfacer tal demanda que revivir el momento cuando te agarré del brazo, te abrace, por la vieja calle de Santiago, en Valladolid, yendo con Ramiro, Julio, Onésimo, entre otros, 4 de marzo de 1934, camino de su discurso. Precisamente vengo ahora de Valladolid, tras proclamar lo que esa ciuáad signítJca —corazón de España—, frente al Madrid sucedáneo, burócrataeo y capilalero, bueno para "alzar bandera" el 29 de octubre de 1933, en el orteguiano teatro de La Comedia, y anunciar "un Movimiento con irrevocable unidad, de destino", "en vigilancia tensa", y mientras los demás —ayer como hoy— "sigan con sus festines". (¿Y también, hoy, con la misma "tensa vigilancia"?)

Porgue fue en sus palabras de Valladolid, bañadas ya con sangre, donde de veras el Movimiento comenzó, al exigir "que nadie es nadie" "sino una pieza y un soldado", y por eso no éramos un partido, "sino una milicia", "aspirando a ser los primeros en el peligro".

To había estado cerca de José Antonio plurales ocasiones, desde que nos abrazamos una noche del 32 (me abrazó como premio a mi "Genio de España" que acababa de aparecer). Luego en su despacho o bufete, junto a la Presidencia, desde donde parecía, pedir paso a ella en la vacancia de su padre. Y aquella noche imborrable cuando nos sorteó en Riscal para represaliar a los chíríbis. Y en almuerzos y cenas con cantaradas, y en mi propio hogar, a solas, varias veces, donde le descubrí ya su destino con su rostro de "Agnus Del qui tollis peccata. Hispaniae" y no se lo quise decir, pero sí a mi esposa (¡Le van a matar! ¡Le crucificarán! ¡Lo lleva en la cara!). Yo no sabía entonces que cuando los pueblos quieren salvarse, desde las más remotas culturas, se busca "un arquetipo o héroe" "para un "asesinato primordial" que Tegenere 1a que se estaba muriendo". Por eso las juventudes no se mueven con discursos, sino con sangre y ejemplaridad Ecce José Antonio! Le tenía tan cerca aquella mañana que casi bajo su brazo sentía palpitarle el corazón.

—José Antonio, ¿no notas que tu presencia Jiace cueras estas calles vieJísimas de Valladolid? JOSÉ Antonio se sonrió y yo proseguí:

—Nunca sabrán en América ni en Rusia lo que una milenaria ciudad de Europa con solera conserva de Jüventud inagotable. Y siempre se engañan respecto a Europa, Jamás vencida cuando más vencida parece.

José Antonio se detuvo un instante. Me miró soltándose le mi brazo. Pero en seguida me volvió a coger, ordenándome ton su gran dulzura, mientras reanudábamos la marcha:

—Sigue. Me interesa lo que dices.

Y yo seguí: Mira. Ese es Santiago, el símbalo de todas les resucitamientos españoles.En asa parroquia hay un Cristo que se llama de la Luz, Pero con tal luz de Juventud que más que muerto parece resucitado, como si su sacrificio no fuera un morir... ¡Quién de nosotros pudiera imitarleL ¡Sabiendo que la muerte es la salvación de todos los demás, de todos los cobardes y viles y los débiles, de los que no se atrevieron, de los que no sospecharon la existencia de un sábado de gloria!

Sentí a José Antonio estremecerse. Y proseguí:

—Creo que en esa iglesia hubo también un della Robbia, el florentino. Esta ciudad es muy romana, muy renacentista dentro de su goticismo ario. Esta ciudad es más tuya que Madrid, José Antonio... Tu figura la veo encuadrada en esta ciudad como en ninguna otra de España. Es la ciudad de la unidad, del imperio, y también de los caudillos, como aquel gran don Alvaro de Luna, el precursor, que murió traicionado, como tu padre...

ALGUIEN vino por José Antonio. Y ya no me le acerqué hasta después del mitin en el Calderón, junto a Alvargonzález, que le habían dado un balazo en un muslo. Mientras sonaban los tiros a la salida del mitin, yo miraba arder de resurrección a Valladolid. No me había engañado. Bastaron unas palabras de José Antonia, con dureza de arado que rotura la tierra, seca, para que creciera el grano de que hablara fray Luis "y se aumentase a millares el fruto deseado". Era el milagro presentido. Los desconchones de Valladolid en los muros desaparecieron y se veían brotar haces de rosas, y las torres derruidas se irguieron como brazos levantados y un olor de primavera inundaba el alma y cantos de juventud estallaban en ese aire florecido y marcial de marzo, Desde ese mismo momento surgía la futura victoria española. Se abría la salvación. Perdido Madrid el 18 de julio de 1936, Valladolid —abnegado, paterno, sublime— recuperaba la capitalidad que su hijo e] vallisoletano Felipe II le quitara en 1605 para dársela a Madrid. Los indolentes paseantes de cafés y soportales empuñaron un fusil. Corrían en camiones, a pie, como podían, camino de la muralla serrana que de Madrid les separaba. Era el rugido deJ león que !e roban su cachorro. Y salta al alto, al "Alto de los Leones" (Sin imaginar qne un día esos leones hechos Lion´s Club los sustituirían en Madrid.)

José Antonio —1936— desde su lejana cárcel mediterránea miraría a lo lejos su Madrid perdido. Y su Valladolid ¡renacido! (Y el Cristo de la Luz en Santiago el Viejo ofreciendo su Cuerpo joven —los mismos años de José Antonio— al sacrificio redentor). Había caído ya Onésimo. Y Ramiro. Y Julio. Y, al fin, José.

ENTONCES comprendí el misterio del Cristo de la Luz —de mis propias palabras a José Antonio, cerca. Y e] drama de aquel San Sebastián de Berrugnete —joven y noble— asaeteado de flechas como de balazos el cuerpo noble y joven de José Antonio. ¡Mi José Antonio de Valladolid!

Acabo de llegar de ValldoIid. Aún resuenan las palabras del cantarada. Girón, mientras se le escachan otras en Madrid. Vallisoletanos otros, como Adolfo Muñoz Alonso, afrontan nuevos leones: los universitarios. Y allá en Germania un vallisoletano, Antonio Tovar, da la más difícil batalla leonina en España: Ja científica. ¿Y las nuevas crías y cachorros? Yo las busqué con el alma por Va lia dolía, ante un Valladolid hoy adormecido en el bienestar y el desarrollo, que no deja oír campanas y trompetas, aquellas salvadoras, dulcísimas músicas de sus procesiones y cuarteles.

¿Sabe Valladolid lo que se cierne sabré España? ¿y que no es una catástrofe a lo 36, sino que e! Pisuerga pueda convertirse en el Leteo, el río del olvido? En que se vaya poco a poco borrando el nombre úe España,. Por eso la otra mañana me fui a ta vieja calie de Santiago. Y quise de nuevo agarrarme a José Antonio! Para sentirle cerca, angustiadamente cerca.

 

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