Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   La vuelta al cantonalismo     
 
 ABC.    09/05/1975.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

OPINIONES AJENAS, POLÉMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

LA VUELTA AL CANTONALISMO

Un sedicente falangista, promotor, porque sí, de un-grupo que pretende usurpar —así, usurpar— el nombre de Falange Española, ha declarado en una rueda de Prensa en Barcelona, y según Informa Europa Press, que «los falangistas no apoyarían ningún tipo de Monarquía, ni aceptarían ningún cargo político bajo esa forma de Estado, ni tan siquiera bajo el Régimen político actual». «A nosotros —dijo— nos atrae más el sistema republicano porque creemos que es más representativo.»

Ante manifestaciones como estas —propias, por presuntamente delictivas, de ser presentadas ante el Juzgado de Guardia— el comentario político no sabe si inclinarse por la ironía fácil o por el palmetazo doctrinal. Porque la afirmación de que el Régimen republicano es más representativo que el monárquico, si desde un punto de vista doctrinal está fuera de juego —véanse por todas Jas opiniones de Mauricio Duverger en su reciente obra «La Monarquía republicana)—, desde un punto de vista de política concreta española es signo inequívoco de que quien así se pronuncia debe acudir, y rápidamente, al psiquiatra.

Duverger —republicano— no deja de reconocer, refiriéndose al presidente de la República (página 218 de la obra citada) que «investido por sufragio universal, el gobernante supremo representa a la nación.

¿No es infiel a su mandato si se mantiene al mismo tiempo como jefe de un partido o de una coalición; o sea, sólo de una fracción de la nación, aunque ésta sea mayoritaria? ¿Puede estar, en verdad, «por encima de los partidos», como muchos querrían y como .pretende hacerlo? Sería necesario para ello de que no participase en los debates políticos, lo que sería coma renunciar a su elección. ¿Qpmo ejercer e] poder sin tomar partido, siendo así que hay que tomar partido para guardarlo? AI igual que San Pedro, el monarca republicano lleva dos personalidades en sí misino que coexisten con dificultad.

Cuando son precisamente el Príncipe de España y, en sí, la Institución Monárquica generalmente aceptados aun por aquellos que combatieron bajo las banderas republicanas en nuestra guerra civil y hasta por quienes, desde dentro y desde el exilio, se oponen al Régimen de Franco, sale ahora este señor Marquéis Horrillo —inmediatamente desmentido por otros verdaderos falangistas como el señor Senarriaga, carnet número 122 de Falange Española y secretario de Manuel Hedilla durante más de veinte años— y se nof proclama republicano falangista. Es como desconocer que han pasado más de ocho lustros en la historia de España; es como apuntarse al programa político de la Mo narquía visigoda o volver a propugna —¿quizá sea eso?— el cantonalismo de 1a primera República española de hace máde un siglo.

Si a una mente preclara como la de Ortega le produjo la República del 14 de abril de 1931 la repulsa del «no es esto» si otro de sus progenitores, el doctor Marañón, públicamente, mostró su amargo desencanto, si sus mejores hombres y sus más lúcidas cabezas han olvidao aquel gravísimo traspiés, si nadie con información exacta y veraz, puede decir que José Antonio Primo de Rivera fuera republicano al modo del señor Márquez Horrillo, si Falange Española se ha proclamado mil veces servidora fiel de los Principios del Estado Español que está constituido en Reino, si sus mejores hombres y más representativos —Girón, Fernández Cuesta y Solis. por citar sólo tres de ellos— se proclaman monárquicos leales al Príncipe de España, si las Cortes Españolas aclamaron la designación de Don Juan Carlos como sucesor a titulo de Rey en la Jefatura del Estado, si hasta desde el exilio se ve «n el Príncipe y en la Familia Real la mejor garantía de continuidad y progreso para el país, ¿de dónde sale ahora esa demagógica, inexacta y estúpida afirmación del señor Márquez? ¿Quiénes son y dónde están sus enloquecidos dos millones de seguidores? Lo dicho. Sería más prudente que, tras de visitar a un buen psiquiatra, se proclame defensor de los reinos de Taifas. Sus afirmaciones no tienen otro valor, no pueden tener otro significado.

José María RUIZ GALLARDON.

 

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