Autor: Fraga Iribarne, Manuel. 
   Sobre el marxismo     
 
 ABC.    27/02/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC

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FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

SOBRE EL MARXISMO

LA filosofía marxista ha tenido un avance en muchos países semejante al de otras ideologías,

cuando ya habían cesado las circunstancias que hicieron explicable su aparición. Cuando Carlos

Marx escribía en Londres, hace algo más de un siglo, criticaba con agudeza los defectos y los

excesos de un sistema económico y social. Hizo al respecto unas previsiones que no se cumplieron,

y dedujo de ellas unas conclusiones que el tiempo demostró erróneas. Y, sin embargo, es hoy, en

una sazón en que la sociedad es diferente y en que los intentos de realizar la doctrina marxista

han producido resultados que hubieran dejado atónito y escandalizado a Marx, cuando el marxismo

se expande y penetra en lugares más insospechados.

Marx dijo que el capital tendería a concentrarse en pocas manos, que las clases medias tenderían

a desaparecer y que los proletarios de los países capitalistas serían cada vez más pobres, con

lo cual la revolución se produciría sola y de modo natural.

Ocurrió lo contrario. El capital aumentó, por los mayores recursos e inversiones, pero las

grandes empresas permitieron la creación de innumerables empresas medianas y pequeñas; las clases

medias nunca han sido más extensas que en las sociedades contemporáneas (más del 50 por 100) y

las clases trabajadoras han logrado un nivel de vida muy superior al de cualquier época anterior.

Por lo mismo, la revolución no se ha producido en ningún país basado en la libre economía

industrial; ha sido en países atrasados, de base agraria subdesarrollada, como la Rusia de

primeros de siglo y la China destrozada por una larga guerra civil, donde la revolución marxista

ha tenido lugar.

Marx previó que una vez producida la revolución socialista, el Estado y sus instrumentos normales

(Ejército, burocracia, Policía, etcétera) no harían falta, y se llegaría a una sociedad libertaria

y cooperativista. Lenin convirtió la fase provisional de "dictadura del proletariado" en una

dictadura permanente del "Partido Comunista", y el famoso "desfallecimiento del Estado" del que

hablara Engels se ha transformado en la creación de los Estados más fuertes y más duros del mundo.

Marx estimó que, al pasar al Estado los medios de producción, serían todos los bienes más

abundantes y más baratos. La burocratización de la industria y de la agricultura ha dado lugar a

niveles bajisimos de productividad y del nivel de vida de la población. Se anunció que se le daría

a cada uno según sus necesidades; la realidad ha sido la reaparición del destajo, bajo el nombre

de «estajanovismo», que desde luego es mucho más impresionante.

Se dijo que los sindicatos serían fuertes, y son sindicatos de encuadramiento. Se ha limitado la

libertad de empleo y de desplazamiento, y, sobre todo, la de expatriarse. Lo único que se ha

cumplido es la persecución religiosa, la destrucción de la institución familiar y la entrega de

la vida de todos al Estado.

Y cuando esto es comprobable en los países del Este de Europa avanza el marxismo como un fantasma,

como interpretación de los problemas de las sociedades occidentales. ¿Cuál puede ser la explicación?

El tema reviste superlativa importancia, y debe ser enfrentado con todas las consecuencias.

En primer lugar debemos reconocer que el pensamiento católico se ha quedado rezagado, en materia

social, en los últimos años. Donoso Cortés vio con toda claridad que la ideología liberal no tenía

fuerza, por sí sola, para enfrentarse con las nuevas doctrinas socialistas; y consideró que sólo

la concepción cristiana del mundo podría hacerlo. Marx, a su vez, vino a decir lo mismo, al

plantear la cuestión previa del materialismo histórico (sólo cuenta la economía) y definir la

religión como "opio del pueblo", y hacer de la lucha antirreligiosa una cuestión principal de

su programa.

Pues bien, hoy todo se ha confundido y hay que aclararlo. Justamente porque la religión no puede

ser de pocos, ni para unos pocos momentos de la vida, tiene que recuperar su capacidad de

enfrentamiento con los problemas generales. No se trata de formular un repertorio de soluciones

a problemas que son técnicos, económicos o políticos, sino justamente de rescatar el principio

de la visión total de lo humano, emancipándolo del materialismo y dándole unas bases filosóficas

para construir desde otro ángulo la acción enérgica por el desarrollo económico y la justicia social.

Se echa de menos una gran revista intelectual no marxista en España. Muchos estaríamos dispuestos

a ayudarla en serio. Falta quizá el Ramiro de Maeztu de hoy. Habría que encontrarlo.

En segundo lugar, es evidente que la rápida expansión del comunismo, después de la segunda guerra

mundial, ha impresionado a muchos. Europa oriental, China, Asia del Sudeste, Cuba y ahora varios

países africanos han entrado en esa órbita. Pero no es por el éxito económico, social o cultural

del marxismo. Es porque la organización política de los partidos comunistas es más eficiente y,

sobre todo, más constante que la de los Estados occidentales.

Los partidos comunistas son grupos de profesionales que (sin perjuicio de alguna "purga" eventual)

se dedican de por vida al control político de sus respectivos Estados; se mantienen en alerta

permanente, esperando la oportunidad. En Estados Unidos, cada cuatro años hay elecciones

presidenciales; cambia casi toda la Administración en Washington; y en un momento dado, los rusos

saben que pueden mandar unas tropas cubanas a Angola, sin reacción eficaz.

No estoy proponiendo, como Platón, que Atenas copie a Esparta, para no ser derrotada por ella; lo

que digo es que hay que defenderse, y que no hay que dejarse engañar sobre lo que hace fuerte al

enemigo.

No creo que nunca haya una guerra frontal en la Europa continental; no veo a los tanques de la

O. T. A. N. enfrentándose con los del Pacto de Varsovia. Veo, en cambio, una zona conflictiva en

el Mediterráneo; veo a Turquía y a Grecia enfrentadas por Chipre; a Albania dependiendo de China;

a Yugoslavia con una sucesión difícil; a Italia, en la situación que se sabe; a Portugal, con

serios problemas; el Norte de África, con graves focos de desestabilización. El peso de la

Península Ibérica, a caballo de los estrechos, de las comunicaciones entre el Mediterráneo y el

Atlántico, y camino más corto entre Europa y África, es decisivo. Muchas cosas se van a intentar

al respecto; la mayoría, por la vía bien conocida de los caballos de Troya.

Un Estado fuerte y una sociedad con ideas podrán defenderse. Un Estado débil y una sociedad

deliberadamente desorientada, no podrán. Esta es la gran opción de los próximos y decisivos meses.

Manuel FRAGA 

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