El jefe del Estado recibe a la primera bandera de Castilla     
 
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EL JEFE DEL ESTADO RECIBE A LA PRIMERA BANDERA DE CASTILLA

Permanencia en los ideales que nos movilizaron hace más de siete lustros. Proyecto de vida justa, pacífica y democrática, dice el presidente

JAMAS NUESTRA NACIÓN HA DISFRUTADO DE UNA ETAPA TAN CONTINUADA Y DE ESPÍRITU DE SERVICIO, CONTESTO EL JEFE DEL ESTADO DE PAZ

MADRID. (Logos.)

El Jefe del Estado recibió ayer en audiencia especial en los jardines del palacio de El Pardo a los miembros de la Hermandad y familiares de los que formaron en la I Bandera de Castilla.

tinas seiscientas personas, llegadas desde Valladolid y desde otros puntos de España, se habían concentrado en los jardines del palacio de El Pardo para rendir testimonio de lealtad al Jefe del Estado. Asistieron al acto el ministro secretario general del Movimiento, señor Fernández-Miranda; capitán general de la primera región, señor García Eebull, y otras personalidades.

Al aparecer el Jefe del Estado en los jardines acompañado de su esposa, prorrumpieron en vítores y aplausos. Al frente de ellos, el ex ministro y uno de los primeros soldados de aquella ya legendaria Bandera, don José Antonio Girón de Velasco, quien desfiló a la cabeza de los veteranos.

DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA HERMANDAD

. El presidente de la Hermandad, don Cándido Sáez de las Moras, pronunció las siguientes palabras:

"Mi general. Se cumplen hoy treinta y seis años de la más grave y hermosa ocasión que recuerda nuestra historia contemporánea, el 18 de Julio de 1936. Esos años han puesto canas en nuestras cabezas y arrugas en nuestra piel, pero no han conseguido desvanecer nuestras ilusiones ni decantar nuestro ánimo.

Vos, señor, fuisteis el capitán indiscutible, señero y heroico de aquella hermosa empresa juvenil y sois, ´sin discusión, el caudillo de un pueblo que se dispuso a vivir y que ha llegado, con vuestra gestión de gobierno, paz, progreso y bienestar.

Vuestra obra de estadista, erizada de dificultades y compromisos, justifica nuestra actitud y colma muchas de nuestras esperanzas. Cuando nos pusimos en pie de guerra y en pie de amor \nos movió el deseo Irrenunciable de lograr que España encontrase caminos para su desarrollo y para su convivencia; un camino que, sin renuncia a las esencias y a los principios que juramos y sellamos con nuestra sangre, trajo un desenlace pacífico hacia aquella adivinación joseantoniana de la democracia libre y apacible.

Queremos hoy, señor, reiterar nuestros votos de dedicación a la patria y a las razones en que se funda vuestra singular capitanía. No es fácil mantenerse firme cuando tantas adhesiones circunstanciales de aquellos días se desvanecen y cuando tantos espíritus quiebran por abandono o comodidad.

Quizá por eso era necesario que proclamásemos con responsabilidad y con rigor nuestra permanencia en los Ideales que nos movilizaron hace más de siete lustros y que tiñeron nuestra juventud de esperanza y de fe.

La fe y la esperanza son dos virtudes teologales que tienen una aplicación hermosa en el paso del hombre por la tierra. Con fe y con esperanza nos pusimos en pie y a vuestras órdenes. Con fe y esperanza os reiteramos nuestra lealtad y nuestro propósito Irrenunclable a seguir abriendo al pueblo español el camino que le lleve a la cumbre de un proyecto de vida justa, pacífica y democrática. No hemos renunciado, señor, a la empresa revolucionaria que tienp como fecha de partida para la historia el 18 de julio de 1936.

Estamos ante V. E. los que en todo momento y siempre que lo exigieran las circunstancias no hemos vacilado en defender, al precio que fuera, la unidad ante los hombres y las tierras de España. Esa unidad que tanta victoria nos dio y que necesita un mando que la interprete, la oriente y la conduzca como en todo momento sabe hacerlo nuestro Caudillo.

Tenemos tenso el espíritu y firme el corazón. Ese corazón, en forma de emocionado saludo, llega hoy hasta vuestra casa, la casa desde donde se han conseguido treinta y seis años de paz y trabajo, para daros las gracias y para reiteraros nuestra respetuosa adhesión. ¡Arriba España!"

RESPUESTA DEL JEFE DEL ESTADO

El Jefe del Estado respondió con las siguientes palabras:

"Camaradas y ex combatientes de la Falange de Castilla: Con la misma emoción que en los tiempos de nuestra Cruzada .recibí vuestro aliento y vurstro estímulo, me siento hoy, a través de los tiempos, al encontrar en vosotros, en vuestras heridas, en vuestros servicios, en vuestras familias y en vuestra constancia, el mejor sostén de nuestra Patria.

Es difícil mantener, al correr de toda una vida, el espíritu de los tiempos de lucha. Nuestra paz ha sido una paz para todos con los sacrificios inherentes a la misma; nuestros sentimientos y nuestro Idearlo han sido recogidos en las Leyes Fundamentales de la nación que han de ´regirnos hoy y mañana. Vuestra presencia aquí, vuestra acción en las provincias españolas, afianzada por vuestro crédito y por vuestra historia son la más firme garantía para el futuro de la Patria.

Jamás nuestra nación ha disfrutado de una etapa tan continuada de paz y de espíritu de servicio puestos al engrandecimiento de la misma que durante estos treinta y seis años de actuación de la Falange, que ha sabido superar todos los momentos con la generosidad que es fruto de nuestro Ideario. Por eso, en esta efemérides del 17 de julio, cuando en España se despiertan tantas Ilusiones por el futuro, nuestros enmaradas dan un nuevo respaldo popular a nuestra Cruzada; no podía menos de recibiros en estos momentos para haceros objeto de mi reconocimiento, de mi constancia y de mi cariño. ¡Arriba España!"

Finalmente, todos cantaron el "Cara al sol" y el Jefe del Estado pronunció los gritos de ritual, a los que contestaron los allí presentes.

 

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