El duque de Primo de Rivera clausurará el curso de conferencias sobre José Antonio  :   
 "Amamos la unidad -dijo-, porque es la razón misma de nuestra existencia". 
 ABC.    10/12/1959.  Página: 50. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL DUQUE DE PRIMO DE RIVERA CLAUSURA EL CURSO DE CONFERENCIAS SOBRE JOSÉ ANTONIO

"Amamos la unidad-dijo-, porque es ía razón misma de nuestra existencia"

En la tarde de ayer se clausuró en el falón de actos del Instituto Nacional de Previsión el ciclo de conferencias sobre José Antonio, organizado por la Sección Femenina.

Presidieron el acto los ex ministros señores Fernández Cuesta y Serrano Suñer, el Vicesecretario general del Movimiento, don Alfredo Jiménez Millas; la delegada nacional, de la Sección Femenina, Pilar Primo Je Rivera; e! director general de Prensa, señor. Muñoz Alonso; el presidente del Instituto Nacional de Previsión, señor Labadie Otermín; el delegado general, don Blas Tello, y él duque de Primo de Rivera.

La ultima conferencia del curso estuvo a cargo de don Víctor Arroyo, que desarrolló el tema.

"Reflexiones sobre la política de nuestro tiempo".

Don Miguel Primo de Rivera pronunció luego las siguientes palabras:. "Se me ha pedido que pronuncie unas palabras para clausurar está corta serie de conferencias con que el Circulo Medina lia conmemorado a José Antonio, y gracias al cual hemos tenido ocasión de escuchar voces tan entrañables y palabras tan precisas como las de Julián Pemartin; Víctor d´Ors, Jaime Suárez y Víctor Arroyo. Por razones que son ciarás y patentes para todos, yo no he podido negarme a ello; por el contrario, he aceptado complacido.

Han hablado en este ciclo hombres cuya experiencia política, por cuanto puede derivarse de sus respectivas edades, es bien distinta. Entre ellos están los que compartieron con José Antonio la brega y la esperanza y fueron al Alzamiento Nacional con clara conciencia de las causas y la responsable inquietud de los resultados posibles; otros que empuñaron las armas para emprender las aventura arriesgada y hermosa, defender grandes principios y poner junto a su juvenil generosidad la transparencia y la ley de las mejores razones, y Otros que han abierto los ojos en la realidad, que acaso por su especial e inmediata perspectiva vean áspera y cuajada de imperfecciones, de máculas y de posibilidades no realizadas.

Hombres distintos, experiencias distintas y, sin embargo, expresando y repitiendo desde sus diversas posiciones dos ideas fundamentales que con su insistencia, con su varia exposición, con su invocación fundada en razones diferentes representa un estado de ánimo y un juicio colectivo amplio y sintomático. Esas dos ideas son: perennidad de Tose Antonio, presencia y actualidad de José Antonio y unidad.

JOSÉ ANTONIO ES LA UNIDAD DE LOS ESPAÑOLES

A los viejos hombres de la Falange y a ¡os muchachos, a los hombres ya formados entre las tiendas de campaña y el fuego litúrgico y cristiano de los campamentos del Frente de Juventudes, como aquellos forjados en las aulas universitarias, les suena en el alma la clara moneda de la doctrina de José Antonio, y saben que su descubrimiento fue el descubrimiento de una verdad cálida v entrañable que cada español entero y de buena voluntad llevaba de siempre dentro de si mismo; y saben que José Antonio, con todo cuanto él representa más, allá de la temporal circunstancia, con su doctrina v con su obra, tiene una permanencia, una. trascendencia negada a lo que o no eá más que nostalgia, es decir, pasado, o a lo que puramente se actúa con sensación de naufragio, y en lo que es tan sólo importante mantenerse con la cabeza fuera del agua, es decir, lo que es contingencia y oportunismo sin raíz y sin fronda, sin flor en la que fundar esperanzas. Y asimismo tienen clara .conciencia de que Tose Antonio no es sólo posible, sino necesario, precisamente por la segunda razón aqui expuesta, porque José Antonio es la unidad de los españoles. Por eso los que creemos en José Antonio, y en la medida en que somos fieles a él, y exigentes con nosotros mismos, no podemos ser exclusivistas ni parciales. Todo lo contrario:, amamos la unidad porque es la razón misma de nuestra existencia, pero no una unidad precaria y campuesta, bajo la cual aliente el fermento de la desunión aplazada, las reservas mentales que esperan la ocasión dé manifestarse y los propósitos que buscan para imponer una privativa, una exclusiva, una parcial unidad, la destrucción del germen y del principio de la unidad de todos. No queremos, una unidad ´uniformada, pero tampoco una totalidad meramente formulada; queremos una unidad que resulte de la convocatoria hecha por una voz de mando sencilla, entrañable y firme, "una voz que nos haya hecho familiar en los tiempos de la lucha y la peregrinación", como la de nuestro Caudillo, para una tarea común qué pueda despertar la ilusión o la cooperación de todos los españoles, porque responda con autenticidad a esos anhelos que claman desde la entraña de nuestro pueblo, porque proclaman deberes y sacrificios" en común para todos y porque sirve,a las exigencias de nuestro histórico destino. Esta es nuestra voz a todos los vientos porque nos atormenta el alma la posibilidad de que vuelva a repetirse por incomprensión, por egoísmo o por zafiedad la escena que yo viví. Fue on noviembre de 1936 y en la cárcel provincial de Alicante, en la amplia dependencia de la prisión habilitada al efecto para sala de juicios. Después de tres días de proceso llegó el momento en que José Antonio iba a hacer el informe final en defensa ,de nuestras vidas, la de mi mujer, la suya y la mía. Como anunció el 1 Tribunal, este informe sería último discurso de Falange; iba a decir por última vez lo que en, tantos rincones de España habrán dicho él y nuestros hombres. En efecto, con la admirable serenidad que caracterizó. sus últimos momentos, expuso sobria y sencillaniente, pero con toda claridad y firmeza, incompatible; con la más mínima concesión, las esencias de nuestro pensamiento político. Un creciente y respetuoso silencio fue recogiendo todas sus palabras, y al terminar, antes de iniciarse lo que resultó luego larga y premiosa deliberación del Turado, el representante—no recuerdo exactamente—de la C. N. T. o de la F. A. I. en .el Tribunal Popular, una hombre joven, pistola al cinto y muñequera de balas, se acercó al banquillo y encarándose a Jose Antonio, con voz de emocionado y bronco reconocimiento, le dijo: "Si yo hubieseoído antes lo que he oído esta noche, ni tú estarías ahí ni yo allí."

El Sr. Primo de Rivera fue largamente aplaudido por el público, que llenaba el salón.

 

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