Autor: E. P.. 
 ABC en Barcelona. 
 El director general de prensa habla sobre José Antonio     
 
 ABC.    21/11/1959.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

21 DE NOVIEMBRE BE 1959, EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 48

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EL DIRECTOR GENERAl DE PRENSA HABLA SOBRE JOSÉ ANTONIO

Barcelona 21 (madrugada). (De nuestro corresponsal, por teléfono.) Los actos conmemorativos del holocausto de José Antonio Primo de Rivera culminaron anoche, en el Palacio de la Música, con la conferencia del director general de Prensa sobre el tema "José Antonio nos sigue hablando así". El acto estuvo presidido por todas las autoridades locales y provinciales.

"Desde el silencio hondo y transparente de.su voz—comenzó diciendo el Sr. Muñoz Alonso—, José Antonio nos sigue hablando así, parece como si siguiera hallándonos así, con voz y presencia imperturbable. Camaradas: "A los pueblos no los han movido nunca más qtre los poetas, y ¡ay! del que no sepa levantar frente a la poesía que destruye la poesía que promete? En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España. Nosotros nos sacrificaremos: nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo..." Oigámoslo bien: nosotros nos sacrificaremos, nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo. ¿En qué hemos de sacrificarnos, a qué hemos de renunciar y qué clase de triunfo es el que nos espera ó el que hsmos alcanzado?

Por de pronto, el Fundador llevó al límite el sacrificio personal: la muerte cruenta. Pero no es la muerte lo que ca-tegoriza a una persona, sino el "por qué" se muere, el para qué se muere, el cómo se muere. Porque hay algo peor que la muerte: "Ir de sitio en sitio desgañitándonos, en medio de la deformación, de la interpretación torcida, del egoísmo indiferente, de la hostilidad de quienes no nos entienden, y porque no nos entienden nos odian, y del agravio de quienes nos suponen servidores de miras ocultas o simuladores de inquietudes auténticas."

Decían los antiguos que ios elegidos de los dioses siempre se los llevaban, los dioses, jóvenes. Nosotros, los cristianos, sabemos que todo el mundo es joven si sabe mantener el alma en virginidad de un que hacer. y José Antonio fue depurando en sí mismo, en su carne y en su alma, un anhelo que valía más qué su persona, porque hizo una transustanciación con ella, que fue la verdad de España. No somos, ni fue José Antonio, exclusivistas; al contrario. Dice Platón que cuando se exasperan los principios de autoridad, la autoridad se desgasta. Pues si hay algo de que no se puede acusar a la Falange es de exasperar sus principios, sino de hacer tal síntesis con ellos que puedan encontrarse cómodos todos los españoles, con tal de que tengan un mínimo de buena voluntad para servir a su Patria (grandes aplausos).

Si permitiésemos que José Antonio, que el Movimiento, que el señor al que servirnos, se nos mueran del todo, se nos moriría España, y habríamos dado la razón a los enemigos de España, que no la tienen, ni sabrían usar de la nuestra si fueran ellos los que tuvieran que ejercitarla.

La historia humana no tiene otro cometido que la perfección del hombre como persona, y si un sistema doctrinal o una filosofía, o una resolución técnica olvidan este cometido y deshumanizan al hombre como persona, la desequilibran históricamente en la entrada de su razón y de su existencia.

Los griegos querían que comenzase la historia con la hazaña de Hércules. Fue una intuición genial, porque suponía el triunfo sobre la selva en la que el hombre estaba enmarañado. La historia del hombre, como la de ios juegos olímpicos, empezaba venciendo a la selva y sus tentaciones. El hombre aspiró a domar la luz cíe las estrellas; el cristiano, a vislumbrar otra vida a través de ellas; el español, a propagarla.

Ahora hay quien piensa que la Falajige trataba de configurar al Estado. No, camaradas, el fin principal de la Falange no era una nueva configuración del Estado, era dar un sentido optimista, era dar una fe a España y a los españoles, era proponerles un quehacer de vida en común, en la que cada hombre no tuviera que pedir al Estado solución para sus problemas. Porque hay algo que el Estado, aunque sea democráticamente configurado, no puede hacer por el hombre, que es darle aquello que el hombre tiene que hacer por sí mismo: conquistar desde sí mismo su propia libertad interior y así encontrará líbertades donde él piensa que no las hay.

La Falange no ha inventado nada, no trajo novedad alguna; lo que trajo íué el sentido de valentía, riesgo y aventura, de que se convirtiera en forma de vida lo que eran predicaciones y sermones simplemente; lo que quería era que hiciéramos configuración vital de lo que sentimos y vivimos. Dijo Goethe que cuando Dios creó al hombre, la naturaleza pudo hablarse a sí misma por boca del hombre. Y se me ocurre pensar que cuando apareció José Antonio y hablaba a los españoles, España se decía en alta voz, con palabras de José Antonio, lo que España necesitaba y los españoles querían. (Grandes aplausos.)

No olvidemos que José Antonio ya dijo que "se avecina, sin duda, una nueva invasión de los bárbaros... y la tesis nuestra aspira a tender un puente sobre la invasión de los bárbaros: a asumir, sin catástrofe intermedia, cuanto la nueva edad hubiera de tener de fecundo, y a salvar de la edad en que vivimos todos los valores espirituales de la civilización". Pero hay que tener en cuenta que el triunfo del mal, con su invasión bárbara, no es nunca en virtud del desarrollo germinal de unas doctrinas, sino en virtud del acostamiento de las virtudes auténticas aue se han agostado y desflorecido en Quienes más razones tenían para dejar que se hicieran fecundas, dando entre las espigas una para comer y otra para que pueda convertirse en pan santo. El comunismo soviético no es más que la descristianización de los principios ´cristianos llevados sin gracia y sin amor a los demás.

El pueblo se eleva cuando eleva al mejor. Y se denigra cuando confía a una masa, en la que no confía, el poder y la autoridad. Sólo se elige bien cuando se elige al "elegido", porque la elección no otorga virtudes, sino que las reconoce en quien las posee, ganadas por sí mismo. Es decir, lo contrario de lo que acontece en las votaciones anónimas, en las que nadie da la cara, porque suelen ser la sustitución quimérica del pánico y de la inseguridad. Oígase bien: el malestar de algunos no es el malestar de España, sino el rencor por el bienestar de la Patria toda. (Grandes aplausos,)

E. P.

 

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