El pensamiento político de José Antonio     
 
 Arriba.    19/11/1961.  Página: 2-3. Páginas: 2. Párrafos: 72. 

I EL PENSAMIENTO

POLÍTICO DE JOSÉ ANTONIO

“EN busca de un orden nuevo, ganado por la fe y los sacrificios, voy, con mis compañeros, peregrinando por España."

Elegida como introducción para esta sucinta antología del pensamiento político de José Antonio, la frase que antecede es a la vez una hermosa síntesis de ese pensamiento. El orden nuevo, servido por la fe-y ganado con el sacrificio.

¿Cómo veía José Antonio ese orden nuevo?

Un Estado verdadero, como el que quiere Falange Española, no estará asentado sobre la falsedad,de los partidos políticos, ni sobre el Parlamento que ellos engendran.

¿Para , qué necesitan los pueblos esos intermediarios políticos? ¿Por qué cada hombre, para intervenir en la vida de su nación, ha de afiliarse a un partido político o votar las candidaturas de un partido político.

Todos nacemos en una FAMILIA. Todos vivimos en un MUNICIPIO. Todos trabaja mos en un OFICIO o PROFESION. Péro nadie nace ni vive naturalmente en un partido político.

El nuevo listado estará asentado sobre las auténticas realidades vitales: la familia, el Municipio, el gremio o Sindicato.

En los momentos en que nacía la Falange, la crisis del liberalismo había engendrado el nacimiento del socialismo. Mas el socialismo se descarrió en una,interpretación materialista de la vida y en la proclamación del dogma de la lucha de clases. José Antonio, con exacto conocimiento de lo que la lucha de clases representaba, previo las siguientes superaciones:

El nuevo punto de vista considera a cuantos contribuyen a la producción como interesados en una misma gran empresa común.

El nuevo Estado no se inhibirá cruelmente de la lucha por la vida que sostienen los hombres.

No dejará que cada clase se las arregle cómo pueda para librarse del yugo de la otra o para tiranizarla.

El nuevo Estado, por ser de todos, totalitario, considerara como fines propios los fines de cada uno de los grupos que losintegran y velará como por sí mismo por los m tereses de todos.

La riqueza" tiene como primer destino mejorar las condiciones de vida de los más; rio sacrificar a los más para lujo y regalo de los menos.

El trabajo es el mejor título de dignidad civil. Nada puede merecer más atención del Estado que la dignidad y el bienestar de los trabajadores.

Así, considerará como primera obligación suya, cueste lo que cueste, proporcionar a todo hombre trabajo que le asegure no sólo el sustento, sino una vida digna y humana.

Eso no lo hará como limosna, sino como cumplimiento de un deber.

Por consecuencia, ni las ganancias del capital —hoy a menudo injustas— ni las tareas del trabajó estarán determinadas por el interés o por e] poder de la clase que en, cada momento prevalezca, sino por el interés con, junto de la producción nacional y por el poder del Estado.

Las clases no tendrán que organizarse en pie de guerra para su propia deíensa, porque podrán estar seguras de que el Estado velará sin titubeos por todos sus intereses justos.

Pero si todos tendrán que organizarse en píe de paz en los Sindicatos y los gremios, porque los Sindicatos y los giemio:, hoy alejados de la vida pública por la interposición artificia! del Parlamento y de los partidos políticos, plisarán a ser órganos directos del Estado.

El concepto Estado mereció de José Antonio . las siguientes consideraciones, por encima de las que anteriormente quedan enumeradas:

Algunos conciben al Estado como un simple mantenedor del orden, como un espectador de la vida nacional, que sóio toma parte en ella cuando el orden se perturba, pero que no cree resueltamente en ninguna idea determinada.

Otros aspiran a adueñarse del Estado para usarlo, incluso tiránicamente, como instrumento de los intereses de su grupo o de su clase:

Falange Española no quiere ninguna de las dos cosas: ni el Estado indiferente, mero policía, ni el Estado de clase u grupo.

Quiere un Estado creyente en la realidad y en la misión superior de España.

Un Estado que, al servicio de esa idea, asigne a cada hombre, a cada clase y a cada grupo sus tareas, sus derechos y sus sacrificios.

Un Estado de todos, es decir: que no se mueva sino por la consideración de esa idea permanente de España; nunca por la sumisión al interés de una clase o un partido.

* * *

En el Estado así concebido, claro está que no queda sitio para la mezquina vida de los partidos políticos. Y decía José Antonio:

Para que ej Estado no pueda nunca ser un partido hay que acabar con los partidos políticos.

Los partidos políticos se producen como resultado de una organización política falsa: el régimen parlamentario. En el Parlamento, unos cuantos señores dicen representar a quienes los eligen. Pero la mayor parte de los electores no tienen nada común con los elegidos: ni son de las mismas familias, ni de los mismos municipios ni del mismo gremio.

Unos pedacitos de papel depositados cada dos o tres años en unas urnas son la única razón entre el pueblo y los que dicen representarle. Para que funcione esa máquina electoral, cada dos o tres años hay que agitar la vida de los pueblos de un modo febril.

Los candidatos ,vociferan, se injurian, prometen cosas imposibles.

Los bandos se exaltan, se increpan, se asesinan.

Los más feroces odios son azuzados en esos días. Nacen rencores que durarán acaso para siempre y harán imposible la vida en los pueblos. Pero a los candidatos triunfantes ¿qué les importan los pueblos? Ellos se van a la capital a brillar, a salir en los periódicos y a gastar su tiempo en discutir cosas complicadas, que los pueblos no entienden.

Frente al concepto "masa", José Antonio pensaba en el conjunto de individuos, de hombres, con sus problemas, sus afanes, sus sacrificios. El hombre tiene un alma inmortal; la masa, apetencias materiales.

Falange Española considera al hombre como conjunto de un cuerpo y de un alma; es decir, comno capaz de un festino eterno, como portador de valores eternos.

Así, pues, el máximo respeto se tributa a la dignidad humana a la integridad del hombre y a su libertad.

Pero esa libertad profunda no autoriza a socavar los fundamentos de la convivencia pública.

No puede permitirse que todo un pueblo sirva de campo de experimentación a la osadía o a la extravagancia de cualquier sujeto.

Para todos, la libertad verdadera, que sólo se logra por quien forma parte de una nación fuerte y libre.

Para nadie, la libertad de perturbar, de envenenar, de azuzar las pasiones, de socavar los cimientos de toda duradera organización política.

Estos fundamentos son: la autoridad, la jerarquía y el orden.

Si la integridad física del individuo es siempre sagrada, no es suficiente para darle una participación en la vida pública nacional.

La condición política del individuo sólo se justifica en cuanto cumple una función dentro de la vida nacional.

Sólo estarán exentos de tal deber los impedidos.

Pero los parásitos, los zánganos, los que aspiran a vivir como convidados á costa del esfuerzo de los demás, no merecerán la menor consideración dentro del Estado nuevo.

Fue José Antonio quien denunció precisamente el concepto materialista que el marxismo implicaba. Frente a esas teorías deshumanizadas implantó éstas otras:

Falange Española no puede considerar la vida como un mero juego de factores económicos. No acepta la interpretación materialista de la Historia.

Lo espiritual ha sido y es el resorte decisivo en la vida de los hombres y de los pueblos.

Aspecto preeminente de ío espiritual es lo religioso.

Ningún hombre puede dejar de formularse las eternas preguntas sobre la vida y la muerte, sobre la creación y el más allá.

A esas ürepuntas no se puede contestar con evasivas: hay que contestar con la afirmación o la negación.

España contestó siempre con la afirmación católica.

La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera; pero es, además, históricamente, la española.

Por su sentido de catolicidad, de universalidad, ganó.

España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó´ para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación.

Así, pues, toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico.

Esto no quiere decir que vayan a renacer las persecuciones corítra quienes no Jo sean. Los tiempos de las persecuciones religiosas han pasado.

Quiere decir que el Estado nuevo se inspirará en el espíritu religioso católico tradicional en España, concordará con la Iglesia las consideraciones y el amparo que le son debidos.

"Voy, con mis compañeros, peregrinando por España." Pero José Antonio no quería a cualquiera para compañero de peregrinación. ¿Cómo habían de ser tan singulares peregrinos, mitad monjes, mitad soldados, que habrían de ganar de nuevo España, con un orden nuevo, con fe y sacrificio?

Falange Española llama a una Cruzada a cuantos españoles quieran el resurgimiento de una España grande, libre, justa y genuina.

Los que lleguen a esta Cruzada habrán de aprestar el espíritu para el servicio y para el sacrificio.

Habrán de considerar la vida como milicia: disciplina y peligro, abnegación y renuncia a toda vanidad, a la envidia, a la pereza y a la maledicencia.

Y al.mismo tiempo servirán ese espíritu dé una manera alegre y deportiva.

La violencia puede ser lícita cuando se emplea por un ideal que la justifique.

La razón, la justicia y la Patria serán defendidas por la violencia cuando por la violencia —o por la insidia— se las ataque.

Pero Falange Española nunca empleará la violencia como instrumento de opresión.

Mienten quienes anuncian —por ejemplo— a los obreros una tiranía fascista.

Todo lo que es Haz ó , Palangre es unión, cooperación animosa y fraterna, amor.

Falange Española, encendida por un amor, segura de una le, sabrá conquistar a España para España, con aire de milicia.

El liberalismo nos divide y agita por las ideas. El socialismo-taja entre nosotros la sima, aún más feroz, de la lucha económica; ¿qué se hace en uno y otro régimen de la unidad de destino, sin la que ningún pueble es propiamente un pueblo?

Necesitamos dos cosas: una nación y una justicia sosial.

No tendremos nacion mientras cada uno de nosotros se condere portador Je un interes distintó, de un interés de grupo o bandería.

No tendremos justicia sociaí mientras cada una dé las clases, en régimen de lucha, quiera imponer a tes otras su dominación.

´Por eso, ni el liberalismo ni el socialismo son capaces de depararnos las dos cosas que nos hacen falta.

El liberalismo es, por una parte, el régimen sin fe: el régimen que entrega todo, hasta las cosas esenciales del destino patrio, a la libre discusión. Para el liberalism o nada es. absolutamente verdad ni mentira. La verdad es, en cada caso, lo que dice el mayor número de votos.

Por otra parte, el liberalismo es la burla de los infortunados. Declara maravillosos derechos, la libertad de pensamiento, la libertad de propaganda, la libertad de trabajo... Pero esos derechos son meros lujos para los favorecidos por la fortuna. A los pobres, en régimen liberal, no se les hará trabajar a palos, pero se les sitia por el hambre. El obrero aislado, títular de todos los derechos, tiene que optar entre morirse de hambre o aceptar las condiciones que le ofrezca el capitalismo, por duras que sean. Bajo el régimen liberal se asistió al cruel sarcasmo de hombres y mujeres, que trabajaban hasta la extenuación, durante doce horas al día, por un jornal mísero, y á quienes, sin embargo, declaraba la, ley hombres y mujeres "libres".

El socialismo se alzó, con razón, contra esa injusticia. Pero al deshumanizárse en la mente inhospitalaria da Marx, fue convertido en una feroz, helada doctrina de lucha. Desde entonces no aspira a la justicia social: aspira a sustanciar una vieja deuda de rencor, imponiendo a la tiranía de la burguesía una dictadura del proletariado.

Para llegar ahí, además, el socialismo extirpa en los obreros casi todo lo espiritual, porque teme que, dejándolo vivo tal vez los proletarios se ablanden al influjo da los vapores espirituales burgueses. Y así se aniquila en los obreros la religión, el amor a la Patria..., en los ejemplos extremos, como el de Rusia, hasta la ternura familiar»

 

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