El pensamiento social de José Antonio     
 
 Arriba.    19/11/1961.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

EL PENSAMIENTO SOCIAL DE JOSÉ ANTONIO

NO puede ser tan sólo la simple explosión dolorosa del recuerdo lo que nos mueva cada año a conmemorar la fecha del aniversario de la muerte de José Antonio. El acontecer diario de la vida española tace reaparecer su figura y su pensamiento político constantemente, con vigencia tan asombrosa en esta hora del mundo, que nos sigue trazando el camino para la ejecución de una revolución nacional con sentido español auténtico y con criterios de estricta verdad en el destino histórico de España. La palabra del Fundador de la Falange, adivinadora de formas, en cumplimiento de un deber histórico que hiciera posible una nueva etapa de reivindicación española, abarca por "entero el más serio y original intento de revolución nacional abordado en nuestro país, porque se refiere tanto a los valores afectivos y espirituales como a los de índole puramente económica que entran en la constitución social y afectan a los intereses vitales Q - a la entrañable estimación del mundo sostenida por nuestro criterio.

En el transcurso de los años la memoria de aquella vida ejemplar se ha ido proyectando sobre las actuales generaciones de España en todo su valor. Su semilla fue enérgica y se multiplicó prodigiosamente, y la mejor prueba de ello .es que el dolor de su «muerte hace en esta fecha más vivo y poderoso su designio. Y la explicación de este hecho, que no ha permitido dejarnos caer en yermas y desoladas nostalgias, podemos también encontrarla en sus textos imborrables. La .honda y constante preocupación social de José Antonio se polariza entre la necesidad imperiosa de llevar a efecto la revolución nacional que el país tiene pendiente y la segura garantía de hacerla posible y eficaz mediante una política social inaplazable Si propugna la revolución, es porque considera precisa una honda transformación que rectifique en todos sus aspecios la penuria económica y social de España; una .revolución que tienda al mejoramiento general de los españoles, y de manera preferente y con urgencia, hacia aquellos sectores que arrastran sobre sus hogares el estigma de la suficiencia´, y con un sentido de permanente realización y vigilia, porque la solución de las gestiones y graves problemas que la vida española tenía sin resolver no podían arbitrarse con un? fórmula de improvisación, que, sin base real y auténtica, sería tanto como sustentarla en terreno movedizo y estéril.

José Antonio dedicó una especial atención a la España labriega y campesina, porque no en balde su fisonomía así lo reclamaba, y la necesidad de una transformación en la reforma agraria verdadera fue objeto de frecuente planteamiento como uno de los más serios problemas de la economía nacional y la vida social española. En su peregrinación por las tierras de España, por donde la masa labradora se disgrega en singulares individualidades afectivas, en donde los hombres viven, cultivan y cautivan la tierra en el sentido de solar esencial para la vida de todos, José Antonio fue diciendo, a la vez que captaba el sentido noble y sencillo de la gente labradora, la profunda realidad de su pensamiento. «La tierra absoluta —dijo en la capital de los trigos y centro de las besanas—, la tierra que no es el color local, ni el río, ni el lindero, ni el altozano. La tierra que no es, ni mucho menos, el agregado de unas cuantas fincas ni el soporte de unos intereses agrarios para .regateados en asambleas, sino que es" la tierra. La tierra como depositaría de valores eternos, la austeridad en la conducta, el sentido religioso en la vida, e] habla y el silencio, la solidaridad enlfe los antepasados y los descendientes.» Y también exponía la cruda realidad de la vida del campesino español, con el intento de dar un primer aldabbnazo a la conciencia nacional, porque consideraba necesarias y urgentes sus reivindicaciones: «Vosotros habréis visto, como lo hemos visto nosoíios, al hombre trabajando de sol a sol por un plato de gazpacho, y Iia-bréis descubierto en los confinen de los páramos españoles gentes con los ojos iluminados, como en los prímeros tiempos, capaces de toda empresa, vivir una vida miserable y dolorosa. La existencia de esas pobres gentes pondría los pelos de punta si la viéramos aplicada a los animales domésticos.»

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Al acusar al Estado liberal de no haber sabido llevar a cabo esta empresa, manifestaba: «El Estado liberal vino, a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, ron trágico sarcasmo, se les decía: "Sois (ibres de trabajar lo que queráis. Nadie puede, compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones..Ahora bien; como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen. Vosotros, ciudadanos librea, si uo queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis´ de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal".» «Y así veríais cómo en los países donde se ha lleaado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más Finas no teníais más que separaros unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontraros con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas.» «Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema que sólo les daba promesas de derecho, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa.»

Podemos decir, como deseara José Antonio, que España ha vuelto a recobrar su vida .y que los españoles han vuelto a encontrarse a sí mismos. El nombre sagrado de la Revolución nacional, por el que dieron su vida legiones enteras de hombres de España, y que, bien mirado, de modo expreso u oculto lia sido el verdadero secreto de la inquietud desasosegada de nuestro pueblo en más de un siglo de su existencia próxima, se ha desgranado ante el afán de las generaciones actuales en una serie de Lechos que, puestos en línea, son como banderas arrebatadas de un quehacer que lleva los siguientes nombres: saneamiento de pueblos, creación de otros nuevos, construcción de viviendas, planes realizados de grandes regadíos, industrialización nacional, intensificación de la vida provincial y municipal, política social amplísima, absorción del paro, unidad y fe en la empresa ingente de crear y transformar cuanto España necesita.

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Decía José Antonio que no eran posibles las banderías, sino las banderas desplegadas al viento de las conquistas sociales. En un discurso en Caceres proclamaba: «Nosotros, la Falange Española, queremós dos cosas: primero, una justicia social que no se nos conceda como regateo, una justicia social que alcance a todos, puesto tjue para nosotros no hay clases, ya que hasta la misma aspiración de los obreros no es aspiración de ellos únicamente, sino aspiración total de España,´ porque España lo quiere, y en segundo lugar, queremos tener una nación; porque hoy no la tenemos. Para el que no sea asequible el gran ideal nacional queda el motor del ideal social. Indudablemente, e] contenido próximo del Movimiento está en la justicia social, en una elevación del tipo de vida.»

En el trance de aquella España que José Antonio ,veía fatigada y triste, caída y sin destino, propugnaba dos cosas comeo imprescindibles y necesarias: una nación y una justicia social. «No tendremos nación mientras cada uno de nosotros sé considere portador de un interés distinto, de un interés de grupo o de bandería. No tendremos justicia social mientras cada una de las clases en régimen de lucha quiera imponer a las otras su dominación.. Por eso, ni el liberalismo ni el socialismo son capaces de depararnos Jas dos cosas que nos hacen talla. El liberalismo es, por una parte, el régimen sin fe: el régimen que entrega todo, hasta las cosas esenciales del destino patrio, a la libré discusión. Para el liberalismo nada es absolutamente verdad ni mentira. La verdad es, en cada caso, lo que dice el mayor número de votos. Así, al liberalismo no le importa que un pueblo acuerde el suicidio con tal de que el propósito de suicidarse se tramite con arreirlo a la Ley electoral. Por una España libre y fuerte, por una España que haya encontrado la justicia social, vamos predicando por los campos. De muchos sitios nos atacan; cinco de los nuestros han caído ya, muertos a traición; nos aguarda a algunos la misma suerte. ¡No importa! La vida no vale la pena si no es para quemarla en el servicio-de una empresa grande. Si morimos y nos sepultan en esa tierra amada de España, ya queda en vosotros la semilla, y pronto nuéstros huesos resecos se sacudirán de alegría y harán nacer flores sobre nuestras tumbas cuando el paso Resuelto de nuestras falanges nutridas noá traiga el buen anuncio de que otra vez tenemos a España.»

En noviembre de 1934, José Antonio pronuncia unas palabras que son una verdadera profecía" del Movimiento Nacional: «... porque se ha desperdiciado el 7 de octubre, es muyx posible que venga la Revolución nacional, en cuyas filas me alisto.»Y cuando habla al SEU, le explica cuál es el sentido de esa Revolución: «... concebir de nuevo a España como unidad, como síntesis armoniosa colocada por encima de las pugnas entre las tierras, entre las clases, entre los partidos. Ni la derecha, que por lograr una "arquitectura política se olvida del hambre de las masas, ni con la izquierda, que por redimir las masas las desvía de su destino nacional. Queremos recobrar, inseparables, una unidad nacional de destino y una justicia social profunda. Y como parí lograrlo tropezaremos con resistencias, somos resueltamente revolucionarios para destruirlas.»

El sentido de unidad está presente continuamente en el pensamiento social de José Antonio. Así, habla" de la necesidad de una política en el campo de la economía: «El Estado nuevo tendrá que reorganizar, con criterio de unidad, el campo español.

No toda España es habitable..Hay que devolver al bosque muchas tierras que sólo "sirven para perpetuar la miseria de quienes las labran. Masas enteras habrán de ser trasladadas a las tierras cultivables, que, habrán de ser objeto de una profunda reforma económica y de una profunda reforma social de la agricultura: enriquecimiento y racionalización de los cultivos, ciego, enseñanza agropecuaria, precios remuneradores, protección arancelaria a la´ agricultura, crédito barato, y de otra parte, patrimonios, familiares y cultivos sindicales. Con el mismo criterio de unidad con que se reorganice el campo hay que reorganizar toda la economía. ;.Qué es esto de armonizar el capital y el trabajo? El trabajo es, una función humana, coma es un atributo humano la propiedad. Pero la propiedad no es capital: el capital es un instrumento económico, y, como instrumento, debe ponerse al servicio de la totalidad económica, no del bienestar personal de nadie. Los embalses dé capital han de ser como los embalses de agua. No se hicieron para que unos cuantos organicen regatas en la superficie, sino para regular el curso de los ríos y mover las turbinas de los saltos de agua.»

AI propugnar la Revolución na norial necesaria, José Antonio explica el carácter de esta Revolución": «Nuestra Revolución es la del espíritu contra la materia, de, la armonía contra el número, de la calidad contra la cantidad, dé los cuerpos sociales contra las colectividades puramente numéricas, de la nación viva contra la patria sin alma.» Y cuando habla de la Patria la concibe como una realidad histórica y material, donde los españoles cohramos la plenitud, como ya hemos indicado anteriormente, donde nos desenvolvemos en relación unos con otros por unos imperativos materialesy morales que originan la familia, el vínculo de vecindad, los de profesión u oficio .y ql Estado como esfera superior de la comunidad. «Un Estado —dice el Fundador— verdadero, como el que quiere Falange Española, no estará asentado sobre la falsedad de los partidos políticos ni sobre el Parlamento que ellos engendran. Es--tara asentado sobre las auténticas realidades vitales: la familia, el Municipio, el gremio o el Sindicato. Asírel nuevo´ Estado habrá de reconocer la integridad de la familia.como unidad socíal, la autonomía del Municipio como unidad territorial y el Sindicato, el gremio, la corporación, bases auténticas de la organización total del Estado.»

Al analizar la actitud de gremios y Sindicatos ^ante el Estado, dice: «Ni las ganancias del capital —hoy a menudo injustas— ni las tareas del trabajo estarán determinadas por el interés o por el poder de la clase que en cada momento prevalezca, sino por el interés conjunto de Ja producción nacional y por el poder del Estado. Las clases no tendrán que organizarse en pie de guerra para su propia defensa, porque podrán estar seguras de que el Estado velará sin titubeos por todos intereses justos. Pero sí fodos tendrán que organizarse en pie de paz en los Sindicatos y los gremios, porque los Sindicatos y los gremios, hoy alejados de la vida pública por la interposición artificial del Parlamento y de los partidos políticos, pasarán a ser órganos directos del Estado.»

En el primer Consejo Nacional del SEU, José Antonio bosquejó ese orden que va del individuo al Sindicato, y del Sindicato al Estado armónico .y completo: «....somos de veras lo.que dijimos desde el principio: nacionalsindicalista. Por eso nos apresuramos a estructurar en sindicatos. Los sindicatos no son órganos de representación, sino de actuación, de participación de, ejercicio. En ellos se logra armonizar al hombre con la Patria a través de la función, que es lo más auténtico y profundo. Concebimos a España en lo económico como un gigantesco sindicato de productores. Organizaremos corporativamente a la sociedad española mediante un sistema de sindicatos verticales por Tamas de la producción al servicio de la integridad económica nacional». Afirma ba además José Antonio que una minoría disciplinada y creyente sería la que se transformara en eje de la vida sobre el que montar el resurgimiento de la nación,, cabando con el tedio y la chabacanería de la vida española. «... a la larga, se llegará a formas más maduras en que tampoco se resuelve la disconformidad anulando al individuo, sino en que vuelva a hermanarse el individuo con su contorno por la reconstrucción de esos valores orgánicos, libres,y eternos, que se llaman el individuo, portados de un alma, la fami lia, el sindicato, el municipio, unidades naturales de convivencia». Y aún agregaba al referirse a las etapas de estructuración social: «Mañana, pasado, dentro de cien años, nos seguirán diciendo los idiotas: Queréis desmontarlo para sustituirlo por otro Estado absorbente, anulador de la indivídualidad. Para sacar esta consecuenca, ¿íbamos nosotros a tomar el trabajo de perseguir los últimos efectos del capitalismo y del, marxismo Easta la anulación del hombre?

Si hemos llegado hasta ahí y si queremos evitar eso, la constitución de un orden nuevo la tenemos que empezar por el hombre, por el individuo, como occidentales, como españolas y como cristianós; tenemos que empezar por el hombre y pasar por sus unidades orgánicas, y así subiremos del hombre a la familia y de la familia al Municipió y, por otra parte, al sindicato, y culminaremos en el Estado, que será la armonía.de todo. De tal manera en esta concepción políticohistórica-inoral con que nosotros contemplamos al mundo, tenemos implícita la solución económica: desmontaremos elaparato económico de la propiedad capítalisla que sorbe los beneficios para sustiluirlo por la propiedad individual, por la propiedad familiar, por la propiedad comunal "y por la propiedad sindical.»

Por último, queremos recoger del pensamiento social de José Antonio su concepto de sindicato que él definía como cofradías profesionales, hermandades de trabajadores, pero a la vez órganos verticales en lá integridad del Estado. «Y al cumplir el humilde quehacer cotidiano y particular se tiene la segurirad de que se es órgano vivo e imprescindible en el cuerpo de la Patria. Se descarga así al Estado de mil menesteres que ahora innecesaria mente desempeña. Sólo se reserva los de su misión ante el mundo, ante la historia.»

Ante estos textos imborrables del pensamiento joseantoniano podemos medir el ilusionado afán de cada día por sentar las bases de. un orden nuevo entreviste y presentido por el Fundador de la Falange..

 

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