Autor: Gibello García, Antonio (ALEXANDROS - NU). 
   José Antonio y la juventud     
 
 Arriba.    19/11/1961.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

JOSÉ ANTONIO Y LA JUVENTUD

EL día 2 de agosto de 195S, la revista " Jeune Nation" de París reproducía en sus páginas un fragmento de] libro "Doctrines du Nationalisme", escrito por Jacques Ploncard D´Assac, en e1 que se decía textualmente: "José Antonio Primo de Rivera ha sido el máximo inspirador del grupo de promotores de la Revolución Macional española. La Providencia le otorgó la gracia de mo•ir mártir de sus ideas y joven. No existe nadie dé los que conocieron al Fundador de la falanfe que pueda evocarlo envejecido y con la mirada apagada. José Antonio es primordialmenta una idea encarnada en una juventud, casi despersonalizada. De él perdura "un nombre de Emperador romano" esculpido en la lápida de su se pultura y un millar de páginas de doctrina y de combate: lo necesario para entusiasmar las mentes, enardecer los corazones y conquistar los espíritus para siempre".

No es ocioso traer a colación esta elocuente cíta bibliográfica—poco conocida—, en el XXV aniversario de la muerte de José Antonio, porque pocos han sabido entender con tanta clarividencia y reflejar con tanto acierto como Jacques Ploncard la exacta dimensión humana e histórisa del Fundador de la Falange. Los cinco lustros transcurridos desde su muerte, las especiales circunstancias y acontecimientos por los que España ha atravesado desde entonces, han hecho que, con la mejor intención, se Lorme en torna a la personalidad de José Antonio un cúmulo inalabable de ganga retórica contra !a cual, de vivir hoy, se hubiera revuelto, enérgico y airado, e Fundador.

El amor y la admiración, unas voces; una secreta y quizá subconsciente inclinación deformadora, otras, han llegado á crear una imagen, en parte mítica, en parte tópica, de José Antonio, Tanto, .que no hay hombre publico, ni orador medianamente ágil, ni congreso, reunión o empresa, privada o pública, individual o colectiva, política, social o´ económica, que no trate de escudar Su brillantez o sus intereses particulares, tras la Cita—venga o no a ciento—de un pensamiento joseantoniano o, cuando menos, atribuido a José Antonio.

Estos hechos, que son sin duda una tara que lastra y entorpece la correcta comprensión de la Calidad humana y de la perspectiva ntelectual del hombre y, de la doctrina, son muestra, por otra parte, de la entrañable raíz con que se ha afirmado en España la fecunda semilla espiritual sembrada por José Antonio; son exponento, en definitiva, de la perfecta encarnación de la idea fen la mente de todos los españoles y especialmente, en la juventud.

No le falta por ellp razón a Jacques Ploncard cuando afirma que "José Antonio es primordialmente ,una idea encarnada en una juventud, casi despersoñalizada". Como acierta plenamente también al explicar la escasa cantidad de páginas en un millar—que forman el legado de doctrina y de combate que perdura de José Antonio y que Son, sin embargo, rigurosamente "lo necesario para entusiasmar las mentes, enardecer los corazónes y conquistar los espíritus para siempre".

He aquí la cteve. Entusiasmar las mentes, enardecer los corazones y conquistar los espíritus paira siempre. O Jo que es lo mismo: pensamiento, sentimiento y misión.

Como en tantas otras cosas, tendra que ser este juicio emitidn por un hombre ajeno a los intereses temporales de nuestro país, forzosamente objetivo y extraño a las tensiones y rivalidades peculiares en que se debaten, mezquinamente, ciertos sectores españoles, quien venga a mostrar, al cabo de los años, la virtualidad, vigencia actual perspectivas de futuro, del ideario de "la Fa Posiblemente sin conciencia completa de lo que se afirmaba, se ha pretendido, en alguna ocasión, presentar la doctrina de José Antonio como un cúmulo de proposiciones por entero aplicadas o agarradas a la temporalidad de una circunstancia pasada que la marcha inexorable de los acontecimientos cuotidianos había superado sobradamente. En -otros casos, la deformación ha llegado por el camino del elogio y la estructura ideólogica formulada por el Fundador de la Falange venía a ser una especie de idealismo utópico, inaplicable, cuya trascendencia nacía con José Antonio y perecía con él, en el instante mismo de su muerte.

Y, sin embargo, nada hay más cierto que la fecunda y fresca lozanía en que se mantiene hoy,

de cara al futuro, el pensamiento del Fundador. A su conjuro, se movilizó, ahora hace más de cinco lustros, lo más selecto de una generación que no se resignaba, según afirmación del propio José Antonio, "a seguir viviendo en aquella capa chata Incluida entre una falta de interés histórico y una falta de Justicia Social".

De igual manera, cuantos jóvenes se acercan hoy a las fuentes del pensamiento de José Antonio, aun con sentido e intención crítica—decía José Antonio que no hay patriotismo fecundo si no llega a través del camino de la crítica—, quedan cautivados por .dos hechos fundamentales: la clarividencia de sus vaticinios y soluciones, y la ejemplaridad de su conducta que en nada defraudó a sus seguidores y que fue hasta su muerte, y sigue siendo hoy, precisamente por éí valor de ía muerte, un arquetipo de ejecutoria humana y política altamente edificante.

Que esto es así, no cabe ponerlo en duda. José Antonio sigue siendo, a la manera unamoniana, lo que siempre quiso ser; lo que Jacques Ploncard define con tan certeras palabras: "Una idea encamada en una juventud, casi despersonalizada". Miles de jóvenes—maduramente jóvenes, unos; incipientes; casi niños, otros—lo testimonian fehacientemente en todo el contorno nacional. Jóvenes que en algún caso también han sabido rendir su tributo de sangre, fíeles a la vena heroica que en ellos supo despertar la Falange, como aquel Hipólito Moreno que en 1947, cuando sólo tenía diecisiete años de edad, supo morir sencillamente en su puesto de servicio abatido erí Vallecas por el plomo de las pistolas marxistas, igual due en 1933, 1934, 1935 y 1936 lo hicieron Ruiz de ja Hermosa, Matías Montero, Ángel Montesinos, Jesús Hernández—¡con sus quince años, un verfladero niño!—, José García Vara, Juan Cuéllar, Eduardo Rivas, Jerónimo de la Rosa y tantos y tantos otros que les seguirían después en el sacrificio.

Mas todo esto, que puede parecer nostálgico porque es pasado, aunque sea un pasado que ha Condicionado nuestro presente y opera y determina en alguna forma nuestro futuro, carecería de valor si en la hora actual el pensamiento de José Antonio apareciera ante los inquietos espíritus juveniles de nuestro tiempo, yerto y frío, sin .Ja capacidad transmutadora que entusiasma las mentes, enardece los corazones y conquista los espíritus para siempre. Si, en definitiva, no respondiera, con rigor apasionado, a las interrogantes que condicionan en estos momentos el futuro de las presentes generaciones.

"Venturosamente, la realidad es otra, Y en las nio pueden encontrar, quienes usquen con rigor las causas de la crisis actual del mundo, la exacta respuesta y la solución exacta a aquellas interrogantes.

"El fenómeno del mundo es la agonía del capitalismo—decía José Antonio—. Pues bien, de la agonía del capitalismo no se sale sino por la invasión de los bárbaros o por la urgente desarticulación del propio capitalismo."

¿Quién se atreve a negar hoy el acierto de este planteamiento? ¿Quién piensa que es otro él dilema en que el mundo se debate?

"Los hombres inteligentes de nuestra generación se han dado cuenta, en España como en toda Europa, de que el sistema liberal capitalista del siglo XIX está en sus últimos estertores, y se aprestan—con la dura vocación para el sacrificio que exigen estas épocas de paro—a alumbrar un orden nuevo.´Los marxisías creen que ese orden es necesariamente el suyo; nosotros, conformes en gran parte con la crítica marxista, oreemos en la posibilidad de un orden nuevo sobre la primacía de lo espiritual."

Basta una mirada al mundo circundante para darse cuenta de la clarividencia con que José Antonio supo adivinar la problemática, no ya sólo de su tiempo, sino de un tiempo futuro que nos líneas que recogen el pensamiento de José Antoafecta a quienes ahora vivimos y, especialmente, a las generaciones que han de sucedemos.

Es esa clarividencia y ese sugestivo proyecto de orden nuevo "que España ha de comunicar a Europa y al mundo" lo tjue continúa ejerciendo sobre la juventud de nuestro tiempo una atracción que se traduce en limpia y emocionada militáncía política. Fundamentalmente, porque sobre los sugestivos esquemas teóricos, intelectuales, ideales en suma, lo que definitivamente importa es, en palabras también de José Antonio, "la temperatura, él espíritu".

Casi no cabe decir más.. Acaso que no es posible concebir la Falange como movimiento revolucionario, como misión histórica vigente, si no es como empresa de juventud. Lo fue en sus comienzos, cuando, desdeñosamente, los falangistas eran definidos por algunos como "vendedores de. ideas de Platón a perra gorda". Cuando se acusaba a José Antonio en el Parlamento de reclutar a los militantes de la Falange entre Jos menores de edad, como si para amar a la Patria, con sentido perfectivo y con espíritu de sacrificio, fuera preciso cubrir los mismos requisitos que se exigen para concurrir a unas oposiciones. Y lo es ahora, cuando ante el derrumbamiento del ¡ajusto orden liberal-capitalista, parece no abrirse otro camino que el de la nueva invasión de los bárbaros.

El pesimismo, la desorientación, la confusa mer1 cía que se hace de lo divino y lo humano, en un último esfuerzo por salvar el desahuciado cuerpo de la sociedad democrática, pueden, mover á muchos a una actitud pasiva, derrotista y decadente. Pero la juventud, especialmente la juventud formada en el espíritu y la idea de José Antonio, seguirá, entusiasmada J enardecida, a la conquista de los espíritus; continuará, consciente de su responsabilidad, dispuesta a vencer la antítesis materialista que divide el mundo. Segun rá siendo, acaso sin saberlo, forjadora del nuevo orden que regirá el mundo, si el mundo quiere salvarse.

Un. orden social en lo profundo, implacablemente anticapilalista, implacablemente anticomunista.

Por Antonio GIBELLO

 

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