Allí donde no se descansa     
 
 Arriba.    19/11/1961.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ALLÍ DONDE NO SE DESCANSA

NO es el túmulo, con su reliquia de ceniza, lo que reverencia mos. Al cabo de un cuarto de siglo de estar enterrado un cuerpo, sólo puede ser ceniza; ceniza ardiente, si se quiere, grisácea piel de un ascua viva en donde se callenta el hierro que ha marcado sobre la vieja piel de España las siglas dé un señorío ideológico.

No hay por qué expresarse en «i lenguaje cabalístico. Vamos a decir con palabras directas y sencillas, con el diáfano lenguaje de los refranes y las consejas, que en este 20 de noviembre volvemos a negar la muerte de José Antonio. Después de veinticinco años, aún segamos sus cosechas, recogernos su grano, espigamos en su parcela, percibimos su "rumor, escuchamos su voz y obedecemos su mensaje. Hay en éste carne y sangre, juventud dolorida, amor amargo, fecundo inconformismo... Le quitamos al día su orla funeral y le ceñimos de laurel. No nos acercamos al 20 de noviembre con la gravedad y la compostura con que se suele trasponer los muros de un camposanto. Entramos en la fecha ni lívidos, ni desgarrados, ni trágicos, ni convulsos. Pisamos sus umbrales, nos adentramos en su recinto con la hermosa e incomparable serenidad del cristiano. Porque el pensamiento se va en un vuelo espacial hacia el confín remoto, insondable y misterioso del Paraíso. Nada de pompas, faramallas y lágrimas. Vamos allí donde la palabra se hace oración; donde el incienso del elogio está proscrito, donde el turiferario es arrojado junto con su basura.

El viento de éste día nos repite el mensaje imprescriptible de José Antonio," su palabra limpia, ardiente, revolucionaria. ¡Con qué radiante claridad percibimos lo que todavía tenemos de fruto verde, ácido, aún no dorado por el sol de la ajena comprensión ! "Por eso, cantaradas, no podemos —decía hace veintiséis años— estar en ningún grupo que tenga, más o menos oculto, un propósito reaccionario, un propósito contrarrevolucionario... Y por eso nosotros, contra todas las injurias, contra todas las deformaciones, lo que hacemos es recoger de en medio de la calle, de entre aquellos que lo tuvieron y abandonaron, y aquellos que no lo quieren recoger, el sentido, el espíritu revolucionario español, que, más tarde o más pronto; por las buenas o por las malas, nos devolverá, la comunidad de nuestro destino histórico y la justicia social profunda que nos está haciedo falta."

Asociadas a estas palabras que han sido como un sino, porque ni la injuria ni la deformación se han con cedido jamas punto de reposo, venía la declaración estoica, la humilde y alegre confesión de quien, como un heroísmo que no es para declamado, factura penas y glorias para el más allá. ("Hace unos días recordaba yo ante una concurrencia pequeña un verso romántico: "No quiero el Paraíso, sino el descanso" -decía—. Era un verso romántico, de vuelta a la sensualidad; era una blasfemia, pero una blasfemia montada sobre una antítesis certera; es cierto, el Paraíso no es el descanso. El Paraíso está contra el descanso. En el Paraíso no se puede estar tendido; se está verticalmente, como los ángeles. Pues bien; nosotros, que ya hemos llevado al camino del Paraíso las vidas de nuestros mejores, queremos un Paraíso difícil, erecto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga junto a las jambas de las puertas, ángeles con espadas.")

En el pórtico de estas páginas de recordación, donde se habla una vez más del mensaje de José Antonio, donde se da testimonio de una luz derramada, de una simiente que se hace espiga en la sangre de las generaciones, no podía faltar ni el laurel perennemente fresco ni la centinela de un ángel. Ellos son testigos de que se cumple el augurio joseantohiano y de que los que obedecemos su mensaje acatamos con alegría y con hombría su fértil espolique, la espuela en forma de estrella de aristas incisivas que es aquella querida, inolvidable, estoica invitación a la dificultad: "Y queremos que la dificultad siga hasta el final y después del final; que la vida nos sea difícil antes del triunfo y después del triunfo."

Aquí está la humilde y orgullosa legión de José Antonio; aquellos que aman la dificultad y se niegan voluntariamente al descanso, los que no permanecen sordos a su mensaje, los que creen que el Paraíso, es difícil, erecto, implacable y que, junto a las jambas de sus puertas, hacen la guardia ángeles con espadas.

 

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