Autor: Contreras, Lorenzo. 
   Café para todos     
 
 ABC.    29/04/1983.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Cuaderno de notas

CAFE PARA TODOS

No se confirmaron las impresiones iniciales. El general Armada ha visto

equiparada su pena a las del teniente general Miláns y teniente coronel Tejero.

Y los tenientes de la Guardia Civil, «protegidos» hasta ahora por el llamado

«pacto del capó», han pasado de la absolución a recibir condena de un año.

La sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, dada a conocer ayer,

sorprende cuantitativamente en lo que al general Armada respecta. La sentencia

de seis años que le impuso el Consejo Supremo de Justicia Militar, en el

renombrado juicio de Campamento, ha sido multiplicada por cinco. Esto quiere

decir que Armada pasó en el Supremo a ser considerado cabeza de la rebelión

militar. Si se piensa que su conexión con los restantes implicados dependió

fundamentalmente de su conversación con Miláns a través de) teléfono (recuérdese

la historia de su diálogo con la Capitanía General de Valencia, atestiguada por

el comandante Pardo y negada por el general) y de su entrevista con Tejero en el

piso de la calle Pintor Juan Gris (a la que, según e! teniente coronel de la

Guardia Civil, asistió también, como enlace entre ambos, el absuelto comandante

Cortina), amén de la comida de matrimonios habida en Valencia entre los señores

de Miláns y los señores de Armada (con entrevista posterior a solas entre los

dos militares), resulta que Armada siempre está dependiendo, en los tres casos,

de lo que manifiesta un solo testigo. Al cronista le parece recordar que en

Derecho existe el principio «testis unus, testis nullus», pero no es cosa de

entrar aquí en aventuras interpretativas de índole jurídica, sino en el posible

fondo político de la sentencia dictada.

Una sentencia que aplica el principio popular del «café para todos» y pasaporta

al general Armada hacia el pináculo de la responsabilidad, llevándose por

delante a Torres Rojas, Ibáñez, San Martín, Pedro Mas, Pardo Zancada y Gómez

iglesias, entre otros.

Se ha cerrado una historia en la que las últimas semanas han debido ser de

trepidante interés. Todo ha debido quedar bastante iluminado por la cruda luz de

últimas revelaciones analíticas, quizá muy precisas en cuanto a los hechos

enjuiciados en Campamento y poco o nada elocuentes en lo que atañe a los grandes

puntos oscuros de la historia de la calle del General Cabrera.

Es casi seguro que la sentencia definitiva ha recibido en las Fuerzas Armadas y

en algunas capas de la sociedad civil el aplauso de quienes deseaban que Armada

fuese altamente responsabilizado, incluso cabe sospechar que los días dedicados

a la redacción y mecanografía de la sentencia han sido también aprovechados para

atar los cabos últimos de la decisión judicial. El general iba a ser

posiblemente condenado a veintiséis años, pero la sentencia se agravó «in

extremis». Su equiparación con los máximos responsables se impuso.

Ha caído el telón sobre el escenario del drama. Un drama del que se ha intuido

más que sabido. Tal vez, la historia se complete el día en que alguna ex figura

del CESID escriba sus memorias. Las memorias del hombre que posiblemente lo

desmontó todo. El hombre que sabía demasiado.

Lorenzo CONTRERAS

 

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