Autor: Prieto, Martín. 
 El proceso por la rebelión militar del 23 de febrero. 
 Su turno     
 
 El País.    25/05/1982.  Página: 19,21. Páginas: 2. Párrafos: 29. 

EL PAÍS, martes 25 de mayo de 1982

NACIONAL/19

El proceso por la rebelión militar del 23 de febrero

El teniente coronel Tejero fue expulsado ayer de la Sala en la última sesión del

juicio oral contra los 33 procesados por el intento de golpe de Estado del 23-F,

después de haber manifestado su desprecio "a gran parte de los mandos, por su

cobardía". El presidente del Tribunal declaró vista

para sentencia la causa, tras una sesión pródiga en incidentes protagonizados

por el público. El presidente del Tribunal ordenó la expulsión de la Sala de un

grupo de familiares de los procesados. En el turno de alegaciones de los

procesados, el teniente general Milans del Bosch afirmó: "Muchos militares

pensaban en 1981 que, bajo el mando del jefe supremo de las Fuerzas Armadas,

podíamos propiciar un golpe de timón. Esta es la verdad de esta causa y lo demás

son detalles. En idénticas circunstancias volvería a actuar como aquel 23 de

febrero".

Su turno

MARTIN PRIETO Ha sido su jornada. Se les debe tras estos tres meses de proceso

librementre tratados por la opinión pública. Se han levantado y han hablado. Con

quince minutos de retraso comenzó la jornada de ayer —última de esta causa— para

depararnos lo ya intuido: que el ministerio fiscal no tenía intención alguna de

replicar. Por lo demás, cada encausado ha hecho uso de su derecho a la. palabra,

para hacer o no uso de ella.

La función apenas ha durado la sesión de la mañana, siempre presidida por la

pregunta de Gómez de Salazar de "¿Tiene algo que exponer ante este Tribunal?",

expuesta en tono amable. Bastantes se han levantado y han dicho que "sí".

Quienes han deseado replicar •se han levantado y han avanzado unos pasos hasta

alcanzar un micrófono de pie, pocos metros antes de la izquierda del Tribunal.

Desde ahí,-y sin sentarse, han leído o improvisado sus últimas depasiciones en

esta causa.

Milans, usando un texto, estima que siempre ha amado a España, alude a que

siempre ha adaptado su vida a pensamientos básicos sobre el honor, el deber,

etcétera y que aquella larga paz propiciada por una guerra de liberación, hoy

escarnecida y vilependiada, le empujó para prepararse civilmente. Vista la

desmembración de la patria (crisis autonómica, crisis económica, crisis de

valores morales), estimó que la situación era tan grave como la de 1.936. Y el

23 de febrero de 1.981 actuó por indénticos ideales. Creen el 23 de febrero que

se les llama por salvar a la patria, por dar un golpe de timón, por salvar al

país en función del artículo octavo d e la Constitución y obedecienbdo órdenes

del Rey, cuyo confidente era el general Armada. No se afirma si se jugó con dos

barajas o si se vaciló. Relevo de toda responsabilidad a quienes me siguieron,

junto con mi mayor desprecio por quienes no asumen sus responsabilidades. Tono

neutro, tranquilo, respetuoso.

El general Armada estima que no puede aportar nada nuevo y que es innecesario un

nuevo alegato. No tiene nada que acusar, nada que ocultar y nada que agregar. Se

reafirma en su espíritu de servicio, en que siempre ha asumido sus

responsabilidades, pero no las que no son suyas. Y un canto final, noble en su

factura, por la felicidad y la concordia de los españoles. Leyó un papel, como

Milans.

El general Torres Rojas habló ante el Tribunal: que siempre creyó obedecer

órdenes del mando supremo de las Fuerzas Armadas. Pide a Dios que este

sufrimiento tan enorme sea el último que padezca esta sociedad por la unidad

indisoluble de España,su prosperidad y su paz.

Camilo Menéndez movió a la lágrima aludiendo a la Marina oficial, por la que se

sentía maltratado, y a la real, de la que sólo tenía elogios. Critica a Enrique

Múgica y al general Santa María por sus declaraciones como testigos y, tras ser

llamado al orden, estima que él y hombres como él jamás eludieron sus

responsabilidad. Se le quiebra la voz y afirma, como sus compañeros requetés,

que "la vic-

toria es de Dios y que a nosotros sólo nos queda la gracia del combate". Breves

aplausos por parte de la Sala, que son obviados por el presidente.

Alegato del coronel San Martin

El coronel San Martín leyó tembloroso su alegato, acaso más indignado que

nervioso. Hizo una defensa como jefe de filas de los encausados de la División

Acorazada y extendió su perdón a quienes presuntamente le han agraviado e

injuriado. En uno de los alegatos más prolongados y, sin pretender involucrar a

nadie, según confesión propia, insiste en que hizo lo que hizo por estimar que

el Rey lo deseaba y por tener a la patria al borde de la destrucción. Sale la

DAC, afirma, porque lo manda su jefe y vuelve a sus acuartelamientos por lo

mismo. ¿Dónde está la rebelión?. Alguna maldad se les escapa. Que mandos

militares que no cita conocían el 23 de febrero con antelación y no están

encausados, que se pudo evitar institucionalmente el 23 de febrero o que la

orden de acuartelamiento —Alerta 2— dada por el Rey no significaba que este

hubiera cambiado de opinión. Asume la responsabilidad de sus hombres y los

exonera. Resume lo que ha sido en estos tres meses: un hombre desesperado ante

una carrera prometedora y destruida.

Ibañez Inglés, el jefe interino del Estado Mayor de Milans, "hombre fuerte"

entre los encausados, niega haber imputado al Rey responsabilidad alguna;

después se deshace en elogios hacia Milans, niega la calificación fiscal de

rebelión militar y acaba citando a Unamuno para llorar finalmente un

entrecortado "¡Viva por siempre España!".

El coronel Manchado recuerda sus años de lucha en la sierra contra el maquis,

los sacrificios y su papel como oficial de una generación puente entre la

oficialidad de la guerra civil y la posterior. "Que Dios no me encuentre con las

manos vacías". Casi mueve a pena.

Tejero monta su número menor. "Ante la gran mayoría de los mandos de las Fuerzas

Armadas siento un profundo desprecio por su cobardía y por su traición a la

patria". El presidente no le deja terminar la arenga y le insta a que se retire.

Retirada entre aplausos

Lo hace entre aplausos de muchachas jóvenes, que ni siquiera son familiares de

encausados (han entrado a la Sala como visitantes) y que están acompañadas por

la esposa de Camilo Menéndez y otras damas.

Ante el altercado, el presidente ordena desalojar. La Policía Militar duda,

mientras extrae sus porras. El presidente clarifica su orden: "Desalojen a los

alborotadores, nada más". Van abandonando la Sala sin que la P.M.,

prácticamente, tenga que intervenir. Tejero, vomitado su despropósito, se ha

retirado de la Sala. Incidente tenso y molesto, pero menor.

Un grito aislado de "¡Traidores!" precedió ala declaración del teniente coronel

Pedro Mas: muy duro, defensor a ultranza de Milans y debelador (lo quiera o

no,), de La Zarzuela. Estima que días antes del 23 de febrero un general de la

III Región Militar (Valencia) fue recibido por el Rey quien le dijo que la

situación política del país se aprestaba a cambiar. Tal recado le fue

transmitido a Milans, quien se hizo su cuadro de situación. Y después insiste en

lo tardío de la primera llamada del Rey a Milans aquella noche.

Este es el hombre que cuando Milans abandona el juicio (asqueado) le sigue

contraviniendo las órdenes del Presidente de la causa. Más que un ayudante se

asemeja a un criado.

Pardo Zancada recuerda que habla acaso vistiendo por última vez su uniforme, que

siempre ha dicho verdad y que la cambiante conducta de otros (abierta alusión al

general Armada) les ha llevado a sus banquillos. Alusión de gratitud a sus

capitanes de la Acorazada, a quienes exime de responsabilidad, a quienes como

maestros le enseñaron las virtutes militares (varios miembros del Tribunal) y

otras gracias varias.

El comandante Cortina recuerda que no puede hablar por ser miembro del CESID

(Inteligencia de la Defensa) lo que puede aportar a su caso cierto grado de

indefensión por más que no se queje. Alude a razonamientos viciados de error en

su origen y llega a hacer un punto de poesía esotérica a cuenta del vuelo

errático del águila que no puede ser seguido (todos pensamos en esa águila

bicéfala cuya cabeza "más gorda" —según Pardo Zancada— es la de Armada). Que es

ajeno a la conspiración y que el CESID nada tiene que ver en esta historia. Y

que él ha trabajado por la seguridad y la libertad de los españoles, al margen

de represalias insidiosas de otros servicios secretos extranjeros. (La CÍA le

denunció en su día como presunto oficial golpista. También es cierto que

Cortina, entonces, pretendía descubrir una estación de escucha de tal agencia

estadounidense en Madrid).

EL PAÍS, martes 25 de mayo de 1982

NACIONAL/21

El proceso por la rebelión militar del 23 de febrero

nuevo tenia que alegar y que en su vida "siempre asumió la responsabilidad, pero

no podía asumir la de los demás". El general acabó su breve intervención

manifestando su confianza en un futuro de paz y concordia para España.

Declaró después, en su alegato, el general Luis Torres Rojas que actuó el 23-F

creyendo cumplir las órdenes del Rey y por amor a España. Pidió a Dios que

ilumine al Tribunal "por el bien de la justicia y de España" e hizo votos "para

que permanezca la integridad española, como dice la Constitución.

El capitán de navio Camilo Menéndez destacó el comportamiento que con respecto a

su persona había mostrado la Marina real en contraste con la oficial, "que me ha

tratado duramente". "El 23 de febrero", dijo, "fui al Congreso consciente de lo

que arriesgaba física y procesalmente. Fui al Congreso por compañerismo hacia

ese gran hombre que es Antonio Tejero Molina, a quien quiero más desde que

estamos aquí". Tras asumir su responsabilidad en los hechos, cerró cort una cita

de Lope de Vega su intervención, que fue acogida con algunos aplausos del

público.

En su alegato, que fue el más largo de la sesión, el coronel San Martín empezó

por afirmar que tenía la conciencia tranquila. Dijo luego que es cierto que en

la División Acorazada Brúñete se produjo malestar el 23-F cuando se recibió la

orden de acuartelar las tropas. "En este sentido", preciso, "tengo que decir que

el 6 de noviembre de 1980 el jefe de la División transmitió al capitán general

de Madrid un escrito en el que se decía que los mandos de la unidad, ante la

situación terrorista, entendían que había llegado la hora de "El 18 de febrero

de 1981", añadió, "se remitió al capitán general, por conducto reglamentario,

una comunicación en la que se expresaba el malestar por el tratamiento dado en

las Cortes al "caso Arregui". Poco antes, el capitán general me pidió que

transmitiera al Rey, durante una audiencia, que el Ejército estaba algo irritado

por la situación política".

San Martín indicó también que era falso que se quisiera involucrar al Rey en el

23-F. "Hicimos lo que hicimos", declaró, "porque creíamos que eran órdenes de Su

Majestad y le obedecimos cuando conocimos que su voluntad no era ésa. ¿Dónde

está entonces la rebelión?*; El coronel procesado dijo que asumía la

responsabilidad de cuanto hicieron sus subordinados, en cuanto que miembros del

Estado Mayor, y pidió al Tribunal que los exonere de responsabilidad y les

permita incorporarse al Ejército. "No me consolaría", concluyó, "un indulto.

Tengo esperanza en la justicia, creo en ella y quiero seguir

creyendo en ella y no espero medídas de gracia".

El segundo jefe de la Capitanía General de Valencia el 23-F, el coronel Ibáñez

Inglés, rechazó en su intervención la imputación que se le hace de invocar el

nombre del Rey para eludir sus responsabilidades.

En mi vida privada y porfesiona", enfatizó, "nunca he involucrado ni perjudicado

a terceros. Si cité al Rey en mis declaraciones fue por lo que aseguraron el

teniente general Milans , quien nunca miente, y el general Armada, así como

otros que vinieron a verme y me aconsejaron". El pro-pesado cerró su alegato con

el grito "Viva por siempre España".

Después de que el coronel Manchado afirmara que el 23-F se le requirió para

prestar un servicio que era querido por el Rey, se citó al teniente coronel

Tejero. Este, en posición militar de firmes, dijo con voz contundente: "En estas

mis últimas palabras en este proceso quiero manifestar a gran parte de los

mandos militares mi desprecio por su cobardía". Mientras algunos familiares del

teniente coronel y de otros procesados recogían las palabras de Tejero con

gritos de "Sí señor" y "Bravo", el presidente del Tribunal ordenó-a Tejero que

abandonara la Sala y rogó a la Policía Militar que expulsara a las personas del

público que alborotaban. Una mujer gritó "Traidores", cuando era retirada del

local. El abogado de Tejero, Ángel López Montero, abandonó también la Sala.

Milans del Bosch, insistió en que actuó con honor y obediencia a su superior.

"Creí que el Rey deseaba

lo que iba a suceder el 23-F, porque así me lo había asegurado mi general y

porque un general de la III Región Militar, tras una audiencia en la Zarzuela,

trajo a Valencia el encargo del Rey de comunicarle al capitán general que ´no

pasaba nada´. Este general fue propuesto como testigo, pero el Tribunal lo

rechazó".

En una intervención posterior, el comandante Pardo Zancada afirmó que no se

arrenpetía de haber conducido una columna de Policía Militar al Congreso el 23-

F. "No le guardo rencor a nadie", manifestó, " ni siquiera a los que, con su

conducta cambiante, han hecho posible que estemos sentados en el banquillo".

Tras referirse a su confianza de que el Tribunal dará un veredicto justo —"tengo

la confianza de que no violentaréis este uniforme"— asumió la responsabilidad de

los capitanes que estaban a sus órdenes en la ocupación del Congreso.

Intervino luego el comandante Cortina, quien, como hizo a lo largo del juicio,

negó toda participación en la preparación o realización del golpe. "Personas

honorables han insinuado acciones innobles que manchan el nombre de un

importante organismo de la defensa nacional. Quiero decir", añadió,

"que el CESID ni era competente ni tuvo intervención en los sucesos del 23 de

febrero. Yo he realizado misiones en defensa de la seguridad y libertad de los

españoles, pero nadie me ordenó que provocara nada en relación con los hechos

que se juzgan ni concibo que la orden de hacerla se diera".

El capitán Bobis agradeció a Tejero su comportármelo y dije que le gustaría

correr la misma suerte que éste y que Pardo Zancada. Después dio gracias a Dios

por haberle permitido nacer en España y pertenecer a la Guardia Civil. El

capitán Cid Fortea se limitó a recitar una estrofa del himno de Intendencia,

cuerpo al que pertenece. La composición del himno, dijo el procesado, la hizo su

abuelo paterno.

El capitán Abad subrayó su dolor por el hecho de que los tenientes bajo su mando

estuvieran procesados y solicitó su absolución. El capitán Muñecas insistió en

que el 23-F se le había requerido para hacer un servicio por España y reiteró

que no hubiera cosentido a sus tenientes que desobedecieran sus órdenes.

Los capitanes Gómez Iglesias, Alvarez Arenas e Ignacio Román rehusaron hacer

alegatos, por lo que se entró en el turno de los tenientes.

El teniente Pedro Izquierdo sólo dijo que se sentía orgulloso de encontrarse

entre los procesados y, antes de regresar a su asiento, se cuadró militarmente

delante del teniente general Milans del Bosch. El teniente Carricondo, el más

joven délos procesados´, dijo que no había cometido ni intentado cometer un

delito de rebelión militar. Tengo muy presente mi amor a España y mi fidelidad

al Rey, además del sentido de la disciplina, que es indispensable en la Guardia

Civil", añadió.

Tras las alegaciones de los capitanes y tenientes procesados, tomó la palabra el

civil Juan García Carres, quien dedicó su alegato a denunciar su estancia en la

cárcel de Carabanchel, "donde estuve sometido a toda clase de vejaciones y

padecimientos físicos y morales. El trato recibido", dijo, "ha sido injusto e

inconstitucional". Manifestó luego que en aquella Sala se había demostrado que

no había existido delito y sí estado de necesidad.

Concluida su intervención, el presidente del Tribunal declaró la causa vista

para sentencia. A partir de hoy se abre el período de ocho días hábiles que

tiene el Consejo Supremo de Justicia Militar para emitir su veredicto.

 

< Volver