Autor: Rodríguez Ramos, Luis. 
   El proceso, como juego     
 
 Diario 16.    31/03/1982.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL EXPERTO

El proceso, como juego

Luis, Rodríguez Ramos

Profesor agregado de Derecho Penal

La complejidad por los sucesos del 23-F, en gran parte derivada del alto número

de procesados, está suponiendo la ya prevista larga duración de la vista del

juicio oral Lo que en otros procesos, más cortos y con escasa publicidad, suele

pasar inadvertido, en éste se evidencia hasta la saciedad, pudiendo desconcertar

al ciudadano no jurista.

El rito o el juego

Como ya se indicaba en otro artículo, el tribunal que debe juzgar penalmente

unos hechos ha de dar dos pasos diversos y sucesivos determinar primero los

hechos y calificarlos juego conforme a la ley aplicable

Posteriormente dictará e¡ fallo correspondiente, condenando o absolviendo y, en

el primer caso, concretando la pena a imponer

El tribunal juzgador no conoce esos hechos y son las dos partes — acusación y

defensa — las encargadas de convencerle en qué consistieron Posteriormente, son

también ambas partes las que intentan convencer al mismo tribunal, cada una

desde su perspectiva de acusación o de defensa, de la mayor, menor o nula

trascendencia jurídico-penal de los comportamientos

Esta inevitable dinámica, en la que lleva la iniciativa y la carga ce la prueba

la acusación, por eso de la presunción de inocencia, convierte todo el proceso,

pero en particular el juicio oral, en un rito o juego en el que acusación y

defensa hacen su papel

Como se ha dicho, el acusador ha de probar la culpabilidad, pues la inocencia se

presume hasta que

se demuestre lo contrario A esta natural ventaja de la defensa se suman otras

también incluidas en el artículo 24 de la Constitución, con rango de derecho

fundamental, cual es el caso de «no declarar contra sí mismos» y de «no

confesarse culpables»

Los procesados cuando declaran lo hacen sin jurar previamente decir la verdad,

en contraste con las declaraciones de testigos Si el acusado calla o no dice la

verdad, no incurre en responsabilidad alguna Por su parte, los defensores

interrogan con la intención de destacar lo que puede beneficar a sus

patrocinados

Particular dificultad supone para el tribunal averiguar las intenciones o

convicciones de los procesados, que a veces pueden ser trascendentes para !a

responsabilidad penal Si se actuó o no con conciencia de obediencia debida, si

se estimaba lícito o ilícito ese actuar, si se conocía o se desconocía tal o

cual extremo, son elementos que se esconden en el fuero interno del acusado

De ordinario los juzgadores, ante la imposiblidad de lograr una evidencia sobre

tales datos internos, suelen deducir su presencia o ausencia de los hechos

externos anteriores, coetáneos y posteriores al hecho principal La defensa y la

acusación también juegan a inducir en uno u otro sentido el parecer del tribunal

sobre estos hechos internos, intentando destacar los factores externos oportunos

Esperar al final

Cuando el proceso recae sobre hechos tan extensos como los del 23-F, con muchos

procesados y, por tanto, defensores, el desconcierto del espectador puede surgir

fácilmente, pues hay muchos personajes en actitud de demostrar su nula o escasa

participación en los hechos y, en todo caso, la mínima entidad de su posible

responsabilidad El acusador es uno y los defensores muchos, lo que lleva

inevitablemente a que el clamor de los declarantes suene, en ocasiones, muy

distorsionado, si no se tiene en cuenta cuál es el papel que a cada cual

corresponde en esa función

Cuando llegue el final y caiga el telón, el tribunal se

reunirá a deliberar, elaborará la versión de los hechos

que estime más real y luego aplicará la ley Hasta que

no caiga el telón del último acto no es posible hacer previsiones

 

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