Autor: Lago, Julián. 
   Que el Poder Civil haga justicia     
 
 Tiempo.    14/06/1982.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CARTA DEL DIRECTOR

Queridos lectores

Hasta finales del siglo XIX, el poder actúa frente a los que atentan contra el

orden constituido de manera contundente y casi siempre arbitraria. En aquella

época, los efectos de la ley alcanza a grandes masas de la población En las

sociedades modernas, el poder tiene un sentido ejemplarizante de la norma legal

y la aplicación de la ley se concentra en grupos sociales más reducidos.

La sentencia dictada por el Tribunal Militar contra los implicados en el golpe

de Estado reúne elementos de ambas sociedades: ha sido ejemplarizante en dos de

los procesados y arbitraria con el resto.

Y es que el dictamen judicial del 23 de febrero es el reflejo de una sociedad

que sigue estando a caballo entre la modernidad y el primitivismo.

Porque se ha castigado justamente a quienes encabezaban la rebelión, aunque no

así a quienes la secundaron. Tal situación nos conduce, en buena lógica, a una

conclusión: en este país resulta arriesgado protagonizar una intentona, pero no

así apoyarla.

Otra cuestión es cómo van a reaccionar, ante este hecho, los magistrados de la

Sala Segunda, ya que no cabe imaginar que el Tribunal Supremo vaya a dar por

buenas exculpaciones tan insólitas como las referidas a los tenientes que, a

pesar de irrumpir con violencia física en el Congreso, han sido absueltos

Evidentemente, el poder civil, representado en este caso por la judicatura,

tendrá que revisar la sentencia de un Tribunal Militar, con todos los efectos

negativos que ello conlleva al insistir en la disociación sociedad-estamento

militar.

No obstante, puede extraerse alguna consecuencia menos pesimista.

Una democracia considerada débil y dirigida por un Gobierno agotado en sus

propias luchas internas ha logrado sentar en el banquillo a los responsables de

un golpe

de Estado. Máximo si tenemos en cuenta la historia más inmediata de ese Ejército

y, sobre todo, si no olvidamos que la mayoría de los jueces estaban cerca de los

argumentos emocionales de los acusados, aunque no lo estuvieran de la acción

armada materializada.

Todo ello ha puesto de manifiesto la inaplazable necesidad de una voluntad

política para salir de esta situación. Voluntad política a partir del principio

básico de que no existe más poder que el poder civil.

Para, desde la justicia, convertir el golpe cuanto antes en pasado

Que el Poder Civil haga justicia

 

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