Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Ramón Hermosilla, defensor del gran mundo     
 
 Tiempo.    14/06/1982.  Página: 20-23. Páginas: 4. Párrafos: 35. 

Entrevista

RAMÓN HERMOSILLA,

defensor del «gran mundo»

La mayoría de los observadores que asistieron al juicio por el 23-F señalaron a

Ramón Hermosilla como el abogado que más profesionalmente se

comportó. Conocida la sentencia, piensa en la total inocencia de su patrocinado.

«Armada es inocente»

Por CANDIDO

Hora y media después de haberse hecho públicas las sentencias en la causa contra

los implicados en el golpe de Estado del 23 de febrero, veo a Ramón Hermosilla,

defensor de

Armada.

La creciente tensión de los días anteriores, la tensión de esta larga causa, sus

pesadumbres jurídicas, pero también, irremediablemente, políticas y sociales, se

han revestido dolorosamente, en el caso concreto de un abogado del equipo de

Ramón Hermosilla, de infarto de miocardio. Hermosilla me recibe, así, en un

momento culminante de preocupaciones.

—Seis años a Alfonso Armada, su defendido. Durante el transcurso de la causa no

era esa la previsión pública. ¿Que le parece?

—Voy a recurrir la sentencia. Creo firmemente en la tesis defensiva que he

mantenido.

Creo a Armada. Creo en su versión de los hechos que le califican, desde un punto

de vista jurídico, de inocente. Estoy consternado

—¿Cuál es el estado de ánimo de Armada?

—Armada es un hombre veraz que está consternado también ante la sentencia.

Pero, en fin, la sentencia debe ser respetada, la sentencia es respetable.

Está basada en la convicción de conciencia de los jueces

VOY A RECURRIR

—Sin embargo, usted discrepa de ella.

—Sinceramente, sí. Discrepo de los resultados de los hechos probados. Y, como le

digo, voy a recurrir. Lo que pasa es que el marco de la casación es estrecho,

formalista, y es difícil encajar los argumentos en un procedimiento tan

condicionado como el procedimiento de casación penal.

Pero recurriré Cuando menos quedaré con la conciencia tranquila.

—¿Puede usted darme una opinión general de la causa? ¿Podría hablarme del

contenido de

su recurso?

—No sería ético, nunca he hecho una cosa así. De todos modos, puedo decirle que

los

intereses procesales contrapuestos han dado una estructura específica a la

causa.

—Estas sentencias preocupan hoy.

Hay una preocupación política y social. Muchos hablan de una democracia

amedrentada.

Quisiera conectar este hecho por lo menos con los aspectos formales de la causa,

los que se derivan de la reforma del Código de Justicia Militar. Primero,

¿no se ha prolongado demasiado la causa, con todos los efectos de angustia

social que se deriva de eso?

—No es deseable que ninguna causa dure lo que ésta.

Evidentemente, una causa tan prolongada contribuye a la fatiga y al desgaste de

los mecanismos personales, institucionales, jurídico-formales.

Contribuye también a la fatiga y al desgaste de los mecanismos informativos.

Sin embargo, en cualquier proceso pugnan dos grandes grupos de valores.

Los que tratan de fundamentar la seguridad de que el fallo se acomode a una

información tota! acerca de la conducta de los encartados, y los que sirven al

principio de celeridad, no sólo por razón de ejemplaridad, sino también por el

interés social de restaurar cuanto antes el orden jurídico agredido.

Pues bien. Yo prefiero un juicio largo, un juicio prolongado, siempre que los

mecanismos jurídico-procesales no se distorsionen. Así se sirve mejor a la

Justicia.

Entrevista

En pocas líneas

Madrileño.

Casado.

Aficionado al campo y a la caza al rececho.

Amante de los huevos fritos con patatas y de la guindilla.

"Es difícil encajar los argumentos del recurso en un procedimiento tan

condicionado como el

de casación penal"

JUZGAR ES COMPLICADO

—Segundo, la cualificación no estrictamente jurídica de la presidencia del

Tribunal hizo que a veces pareciese que la causa estuviese a merced de

acontecimientos externos a la misma causa.

—Juzgar desde dentro es muy complicado.

El juez, ¿qué es el juez? Es el hombre-juez. Juzga hechos anteriores conforme a

su versión de presente, en un momento distinto a aquel en el que ¡os hechos se

produjeron.

—Pero el atenerse a los hechos no implica que el tiempo, por sí mismo, sea un

mecanismo de modificación.

—Los procedimientos están hechos para la vida, no la vida para los

procedimientos. Entonces la vida desborda los hechos, los modifica. No toda la

vida puede ser reabsorbida por la norma, no toda la vida que sigue fluyendo

puede ser re-conducida matemáticamente al momento anterior en el que se

produjeron los hechos que se juzgan.

—Pero la sociedad exige justicia respecto a esos hechos.

—La sociedad juzga desde fuera, no desde dentro La contemplación que hace el

espectador, el espectador en sentido orteguiano, modifica igualmente los hechos,

en un sentido o en otro.

Además, la exigencia de que se haga justicia depende de la complejidad del

problema y de sus factores concurrentes, que suelen ser muy prolijos. La

reacción del

espectador nunca es la misma que cuando es arbitro. El arbitro, el juez, está

condicionado por la proyección de sus decisiones en el presente y en el futuro.

Son criterios distintos.

LA INTUICIÓN AVIVA LA AGUDEZA

—Usted está convencido de la inocencia de Alfonso Armada. Naturalmente, usted

está en su intimidad, se ha introducido en los pliegues de su conciencia.

En su convencimiento de la inocencia de Armada, ¿hasta qué punto la intuición ha

operado, además de los elementos objetivos, para formar su criterio?

—La intuición es un don, pero un abogado no puede dejarse guiar por ella.

La intuición aviva la agudeza, la suspicacia, y sirve cuando las luces de la

objetividad coinciden con aquello que la intuición señala.

Sin embargo, toda la ciencia jurídica tiende a que se abandone la intuición, que

tantas veces viste al personaje del error, para conseguir la certidumbre o la

probabilidad cierta de lo ocurrido.

—Quisiera preguntarle, en función de sus últimas experiencias, si usted cree que

el Ejército español tiene conciencia plena de que debe someterse por entero al

poder civil.

—El Ejército español es como cualquier otro Ejército de Occidente.

Está engarzado en su propia institucionalización.

—Lo que se ve es que tiene mucho más protagonismo que cualquier Ejército de

Occidente.

—Es el protagonismo que tendría cualquier otro Ejército en las mismas

circunstancias.

EL ABOGADO MAS PROFESIONAL

Ramón Hermosilla, según la mayoría de los observadores que han asistido ai

juicio que se ha celebrado en el famoso almacén del Servicio Geográfico del

Ejército, es el abogado que se ha comportado más profesionalmente de cuantos han

intervenido. Su especialidad son las cuestiones civiles y mercantiles.

Sigue la línea de Manuel Fraga

— ¿Qué piensa usted de la Constitución, señor Hermosilla?

¿Cree que debe ser reformada? La Constitución ha sido un caballo de batalla no

ajeno a la batalla del juicio.

—Voy a responderle refiriéndome a otrás Constituciones. Francia, en el artículo

segundo de su

Constitución, dice que es "una República indivisible". La Constitución de

Alemania Occidental expresa en su artículo veinte que "la República Federal

Alemana es un Estado Federal".

El artículo quinto de la Constitución italiana señala que "la República de

Italia es una e indivisible".

Suiza es una confederación y en el primero de sus artículos constitucionales

está escrito:

"Los pueblos de los veintitrés cantones soberanos de Suiza, unidos por la

presente alianza, constituyen en su conjunto la Confederación suiza".

La Constitución republicana española de mil novecientos treinta y uno decía

textualmente:

"La República constituye un Estado integral".

—Y la Constitución de mil novecientos setenta y ocho, nuestra Constitución

actual, dice de ella misma que "se fundamenta en la indisoluble unidad de la

nación española, patria común e indivisible de todos los españoles".

—Sí, pero a partir de ahí —y eso que el concepto es bien claro— ninguna otra

alusión constitucional corrobora esa afirmación; sino que, por el contrario,

muchos conceptos la oscurecen, otros la contradicen y otros la tergiversan

CONTRADICCIONES EN LA CONSTITUCIÓN

—Insisto. Usted entonces, es partidario de reformar la Constitución.

—Yo me limito a describirla.

Por todas partes aparecen contradicciones y divagaciones semánticas.

Se empieza hablando de la nación española, cuya unidad es indisoluble, pero

resulta que esta nación no tiene capital, al menos en la Constitución, porque

Madrid no figura como capital de la nación, sino del Estado.

Se dirá que nación y Estado son la misma cosa Otros argüirán que no ocurre así,

de hecho muchos tratadistas del Derecho público no comparten tal criterio.

Por tanto, ya aparece en el texto escrito una cuestión de gran importancia que

se ha remitido a una interpretación subjetiva la existencia de un concepto

diferenciador de nación y de Estado. Madrid es la capital del Estado, y la

nación no tiene capitalidad.

Esto no ha ocurrido por azar, sino porque mientras unos interpretan que nación,

Estado, Patria y España son la misma cosa, otros comulgan con la idea de que son

diferentes; porque quieren ser miembros de un Estado propio, de una nación

propia, aunque ésta se encuadre dentro de un Estado que sea el español.

Las Constituciones que no solo dan lugar a posibilidades de interpretación de

esta envergadura, sino que además las favorecen, contienen aspectos de potencial

colisión.

DEJACIÓN DE AUTORIDAD

—Hay sectores políticos el de Fraga, por ejemplo— que a veces han dicho que el

Estado ha hecho dejación de la autoridad. ¿Es de esa opinión?

—En mil novecientos setenta y nueve dije públicamente que algunos explicaban la

evidente dejación de autoridad por el temor a que el ejercerla vigorosamente

recordase el pasado y los orígenes de ciertas personas excesivamente

involucradas en un régimen que fue tachado de autoritario.

Ya, en mil ochocientos setenta y tres, fueron llamados "cimbríos" los

monárquicos que pasaron al servicio de la Primera República.

En la Revolución francesa, los Robespierre acusaron de tibieza a los Danton, y

llegaron más lejos que éstos.

Parece haber ahora en España mucho Danton, mucho Robespierre y mucho Cimbrio,

que con la intención de hacer méritos van más lejos que nadie en la abdicación

de la autoridad y en el desprecio del orden.

—Una última pregunta. ¿Qué piensa de la pena de muerte?

—Soy abolicionista.

"EI juez... ¿qué es el juez? Es el hombre-juez, que juzga hechos

anteriores conforme a su versión de presente "

 

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