Autor: Oneto Revuelta, José. 
 El juicio del 23-F. 
 Armada niega que el rey le hiciera confidencias     
 
 Diario 16.    10/03/1982.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 63. 

ARMADA NIEGA QUE

EL REY LE HICIERA CONFIDENCIAS

José ONETO

Madrid - «Desde mi salida de la Secretaría General de la Zarzuela, el Rey no ha

tenido confidencias conmigo y, por tanto, ni pudo hablarme del golpe ni pudo

decir nada sobre esa ´reconducción".»

La afirmación categórica del general de división Alfonso Armada Comyn, segundo

jefe de Estado Mayor del Ejército el 23 de febrero de 1981, pronunciada en la

sala de audiencias del Servicio Geográfico del Ejército, destruye por completo

parte de la declaración de ayer del teniente general Jaime Milans del Bosch y

Ussía, ex capitán general de Valencia.

Milans, que ha llegado a repetir hasta la saciedad que Armada le había dicho que

tanto el Rey como la Reina apoyaban el golpe y que el deseo del Monarca, una vez

producido el asalto del Congreso, era «reconducir» el golpe, ha seguido sin

inmutarse las declaraciones de Armada, aunque su rostro, moreno, curtido, ha

reflejado en varios momentos la contrariedad.

Muy cerca de él, en la mesa tapizada de rojo destinada a los testigos, el

general Alfonso Armada ha colocado con meticulosidad una libreta negra en la que

durante estos días ha apuntado de cuando en cuando, se ha sentado con un cierto

protocolo, se ha aclarado la voz y ha mirado a su izquierda al fiscal togado.

«Con la venia, señor.» El fiscal, antes de empezar, ha dudado unos segundos.

-General Armada, ¿recuerda usted que entre el 17 y el 19 de noviembre de 1980

tuvo usted en Valencia una reunión con el capitán general Jaime Milans del Bosch

en la que hablaron de la situación política de España?

-Lo recuerdo perfectamente. Recuerdo que en esas fechas visité Valencia para

ultimar unas obras de la casa de mi mujer y que coincidiendo con esa visita

hablé largo con el general Milans sobre la situación política del país en

general. Lo recuerdo muy bien...

-¿Recuerda usted si por esas fechas había tenido una reunión con Su Majestad el

Rey en Lérida?

— No recuerdo si fue por esas fechas. Lo que sí puedo decir es que cuando el Rey

iba al Pirineo yo lo veía, pero sólo cuando él me llamaba. De todas formas, no

recuerdo ninguna conversación con el Rey.

La voz del general Armada, menos rotunda, menos violenta que la de Milans, es

más atiplada, más suave.

Su discurso es más lento, más reflexivo. Nunca dice absolutamente no ni

exactamente sí. Al contrario, siempre encuentra el adjetivo, la frase

contrapuesta, el detalle. Su expresión parece más fruto de la reflexión que de

la emoción.

Enero de 1981

Cuando habla, lo hace con respeto, sin ironías, sin malos modos. Frente a un

Milans que esta misma mañana, con entonación muy madrileña ha señalado que ya

habla repetido una respuesta dos-ve-ces (poniendo el énfasis en la pronunciación

y entonación de las silabas), Armada es discursivo, lento, casi protocolario.

Cuando Armada habla de Milans dice que le unía una antigua amistad, poniendo el

acento en el pasado. Cuando habla del Rey, siempre es con el correspondiente

tratamiento. Cuando habla de una fecha, de una hora, procura siempre ser lo más

explícito posible, lo más detallista.

«Quiero -dice- que las cosas queden claras. Por aquellas fechas de enero de 1981

creo que había un deseo general de que las cosas se enderezasen. El Ejército no

estaba cómodo de como se estaban llevando las cosas, del Estado de las

autotonomías, del terrorismo. Recuerdo que efectivamente el 10 de enero me reuní

a almorzar con Milans, Mas, Inglés y esposas en Capitanía General. Yo había

vuelto a Valencia para las obras de la casa de mi mujer y almorzamos en

Capitanía. Hablamos del desfile de las Fuerzas Armadas en Barcelona y de las

dificultades generales de España. Pero en ningún momento le hice a Milans

ninguna confidencia de nada que me hubieran dicho los Reyes, porque los Reyes,

desde que yo dejé la Secretaría General de La Zarzuela, ya no me hacían

confidencias. El giro que tenía que experimentar la política española era sólo

un deseo mío expresado a Milans.»

En la sala hay un profundo silencio. La coartada de Milans del día anterior, su

insistencia en que todo provenía del Rey, su argumento de que Armada le habla

dicho que el Rey habla dicho... parece venirse abajo. Ni Armada habla hablado

con los Reyes, ni los Reyes habían hablado nada de «reconducir» ningún golpe, ni

siquiera Armada, según dice, había hablado de esas posibilidades...

Milans, con los brazos cruzados, oye atentamente la declaración de su antiguo

amigo, el preceptor del Rey. «Su Majestad nunca me habló de que estaba harto de

Adolfo Suárez, y el día 29 de enero, cuando dimito, para mí fue una sorpresa

grande, porque no creía, a pesar de las dificultades, que dimitiera. Y referente

a la existencia de esos supuestos grupos "violentos" o más "radicales", nunca

supe nada, ni de ello hablé con Milans. En cuanto a que el Rey conocía la

operación, no tiene sentido, porque en esas fechas ni yo ni el propio Milans

sabía nada...»

Las salidas

El fiscal insiste una y otra vez en el contenido de ese almuerzo, del que, según

Milans, saldría la reunión de la calle del General Cabrera, de Madrid, con

Tejero y Torres Rojas, entre otros.

Armada, con tranquilidad, con parsimonia, entra en detalles pequeños,

circunstanciales y de color para quitar importancia a lo que parece ser un

almuerzo social...

—¿No le importó en algún momento propiciar una salida extraconstitucional?

La respuesta del general es rápida, como si estuviese esperando I la pregunta

desde hace meses:

— Todas fas salidas fueron de acuerdo con la legalidad vigente y a las órdenes

de mis superiores.

Yo he estado, estoy y estaré siempre a las órdenes del Rey. No se trata de una

fidelidad personal, sino de algo que se transmite de generación en generación.

..

El silencio es absoluto. Pregunta el fiscal:

-¿En esa comida del 10 de enero se habló de Tejero I — En absoluto.

— ¿Se habló de la acción de grupos violentos dentro del propio Ejércitol - No lo

recuerdo para nada. No. En esa comida ni nos pusimos de acuerdo para nada ni

quedé comprometido para..

ninguna acción específica. Armada niega que supiera la reunión de la calle del

General Cabrera, niega que comprometiera su asistencia, niega que Ibáñez Inglés,

segundo jefe de Estado Mayor de Valencia, le informase en Lérida días más tarde

de la reunión de Madrid y matiza que lo único que le entregó Ibáñez en Lérida

fue un artículo de DIARIO 16, firmado por el comandante Reinlein.

Vísperas

El fiscal lntenta, por todos los medios, arrancar a Armada (al que trata casi

siempre de usted) si habló o no con Milans la víspera del golpe, si le llamó al

teléfono que le había dado el propio Milans, de la casa de un hijo del coronel

Ibáñez Inglés. El general da horarios, visitas, actividades, para demostrar que

ni el 21 de febrero ni el 22 habló con el capitán general de Valencia por ese

teléfono.

´«Ese número de teléfono -repite una y otra vez Armada - ni lo tengo ni lo he

tenido.»

El fiscal insiste, el defensor protesta, Armada se mantiene en sus trece.

Armada explica con detalles su comida con Enrique Múgica y Revenios en casa del

alcalde de Lérida. Dice que se habló de política, de militares, del presidente

Suárez, y qué informó de ella, al terminar, al capitán general de Cataluña.

Armada explica que los rumores sobre su posible promoción política eran cosas de

los periódicos y de Emilio Romero, que había publicado un artículo «que me hizo

polvo». Armada explica todo con tal minuciosidad que hasta ofrece al tribunal la

posibilidad de contar todo lo que hizo en el mes de febrero de 1981.

Y cuando Armada se explica, lo hace con moderación, con mesura, casi con

protocolo.

Detalles

Frente, a un Milans que durante buena parte de esa

misma mañana ha contestado casi con impertinencia, hasta el punto que el

defensor del comandante Cortina, el letrado García Villalonga, ha tenido que

decirle que el que preguntaba era él y no el procesado, Armada es más explícito

de lo que quiere el ministerio fiscal, más detallista, más deseoso, dice, de que

las «cosas queden claras». Siempre, antes de contestar, hay una ligera sombra de

duda que parece responder más a la reflexión, al encuentro de la palabra y el

concepto adecuado, que a la sospecha de culpabilidad.

En la sesión de la tarde, la minuciosidad de Armada llega hasta la exasperación

del propio presidente del tribunal, el teniente general Luis Alvarez Rodríguez.

«El testigo -dice el presidente— ha dicho eso ya tres veces con todo lujo de

detalles.»

Armada, disminuido por la rotundidad del presidente, y, quizá también por la

fuerza de la misma sala de justicia, recoge velas. Pero dura poco. En pocos

minutos vuelve al detalle, a la anécdota, a la fecha concreta. Existe la

impresión de que se conoce perfectamente el sumario, de que hay muy poco que se

le escape.

«Todo un año —se justifica muchas veces- me ha dado mucho tiempo para

reflexionar.»

Contradicciones

De todos modos cae en contradicciones y en la posición de estar convencido de

poseer la verdad.

Dice que se equivoca el capitán general Pascual Calvez cuando en un informe

señala que el general Alfonso Armada no le informó de su visita al capitán

general Milans cuando estuvo en Valencia por un asunto particular. Dice que se

´equivoca el director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína, cuando en su

declaración afirma que criticó a Su Majestad el Rey después de oír el mensaje*

EL JUICIO DEL 23 F

10-marzo-82/Diario 16

Cuando el Rey iba al Pirineo yo lo

veía, pero sólo cuando él me llamaba.

De todos tramas, no recuerdo ninguna

conversación con el Rey

Fuente: DIARIO 16 Fecha: 10-03-1982 Página: 5

Diario 16/10-marzo-82

EL JUICIO DEL 23-F

por televisión. Dice que se equivoca el coronel Diego Ibáñez, segundo jefe de

Estado Mayor de la III Región Militar, cuando dice que el general procesado

llamó a Milans, a un teléfono de Valentía que se le habla dado el día anterior.

Dice que se equivoca el secretario del Rey, general Sabino Fernández Campos,

cuando en un documento asegura que Armada se ofreció con insistencia para

presentarse en la tarde del 23 de febrero en La Zarzuela y ayudar al Rey...

Ya con voz más cansada el general Armada va explicando su actuación en la

.dramática noche del 23 de febrero. «Todo mi interés aquella noche estaba en

encontrar soluciones para terminar con la ocupación del Congreso. Consulté la

Constitución y me agarré al párrafo que decía que la soberanía estaba en el

pueblo. Por eso intenté que Tejero retirase las metralletas: para que pudiesen

votar los diputados libremente.»

Constitución

El fiscal le escucha sin interrupciones.

- ¿Se ajustaba el sistema propuesto a la Constitución? Armada parece que lo

tiene todo pensado, estudiado, meditado.

-Me da vergüenza lo que voy a decir, pero la Constitución no tenía previsto una

situación como aquella. Lo que en ese momento me dictó mi conciencia fue

resolver un problema de emergencia. La solución que yo proponía la consulté con

la Zarzuela, con el general Sabino Fernández Campos, secretario del Rey, que en

algún momento me dijo que era anticonstitucional Había tres fórmulas- No ir al

Congreso, ir en nombre del Rey o bien ir de forma oficiosa. No ir no era bueno y

al Rey no se le podía comprometer Sabino me dijo que fuera a título personal.

La solución Ja consulta igualmente con el teniente general Gaberas, jefe del

Estado Mayor y con el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, general

Alfaro. Yo sólo pretendía hacer algo que fuera constitucional y formar un

Gobierno presidido por mí o por otra persona que permitiera la liberación de los

diputados. Nunca di nombres de ese Gobierno. No di nombres ni de socialistas ni

de comunistas Al salir me dijo Gaberas «trate usted de resolver la situación».

Es la parte más confusa de la declaración de Armada. El general, tan meticuloso

en otros extremos, no explica, a pesar de las reiteradas preguntas del fiscal,

su alarmismo anunciando que la II, IV, V, y VIl Regiones Militares apoyaban a

Milans del Bosch.

El general, tan detallista en llamadas y citas no recuerda haber criticado al

Rey por su mensaje en televisión en el despacho de Laína, donde están reunidos

los subsecretarios.

Cuando habla del director de la Segundad del Estado no se ahorra un supuesto

comentario del director de la Guardia Civil,

teniente general Aramburu Topete, sobre el hombre que en esos momentos era el

presidente del Gobierno provisional: «Dice a esa X de Laína que no se le ocurra

mandar los geos al Congreso » La X parece insinuar un calificativo no

precisamente cariñoso ni apreciativo.

Autoridad

El fiscal intenta averiguar la personalidad de la autoridad, por supuesto

militar, que se anuncia a los diputados. Milans ha dicho que no sabía quién era

y que creía que era Armada.

Armada tampoco lo sabe. Se excusa. Dice que la consigna «Duque de Ahumada», que

se la dictan desde Valencia poco antes de salir para el Congreso, era

simplemente para entrar en el Congreso y no para dirigir la palabra a los

diputados.

El fiscal le insiste en que para entrar allí no hacia falta ninguna consigna.

Armada duda. Niega. Niega que él fuera la autoridad militar anunciada por el

capitán de la Guardia Civil Muñecas Aguilar.

Se pierde en detalles, quiere contar lo de la camisa. «Le voy a contar lo de la

camisa», insiste. Intenta contar que estaba con la camisa de faena caqui y no

con la blanca, porque por la mañana, en la Brigada Paracaidista, había estado

con la camisa blanca, con el uniforme número dos, que luego le molestaba el

fajín y que para estar más cómodo...

El fiscal le interrumpe de nuevo.

—¿Recibió usted una llamada a las tres de la madrugada del día 24 del director

del periódico «El Alcázar»?

— Sí, debió ser sobre esa hora o un poco más tarde. Me habló de un manifiesto

que iba a publicar. Le dije al señor Izquierdo que era más prudente no

publicarlo..

-¿Conocía usted a Antonio Izquierdo?

—No, no le conocía. Era la primera vez en mi vida que hablaba con él. No me

extrañó que me llamara. Esa noche me llamaba todo el mundo para todo...

Staff

El fiscal le pregunta por el comandante Cortina. Armada se extiende de nuevo.

Hace historia del hermano del comandante Antonio, para afirmar luego que Cortina

no es de su staff, porque él no tiene ningún staff.

No sabe nada de la reunión de la calle Juan´ Gris; no sabe nada de ese mando

bicéfalo que le anuncia Cortina a 7e;ero «todos los mandos bicéfalos en la

historia militar han resultado pésimos»; no sabe nada de la reunión de General

Cabrera; no sabe nada...

Tiene una gran habilidad el general Armada. Tiene tanta habilidad que ahora, a

preguntas del abogado defensor de Milans, el coronel Salvador Escande/1, dice

que le «une» una amistad grande con Milans y nunca consideró a Milans esa noche

como «rebelde».

En unas horas ha sustituido el pasado por el presente, ha vuelto a reanudar su

antigua amistad con Milans hasta el punto que afirma categórico: «Nunca me

atrevería a dar órdenes a Milans, ni siquiera a sugerirle nada »

Habla Armada de su preocupación por las autonomías, de la necesidad de

«reconducir» la política española en el mes de enero. Habla Armada de enderezar

el rumbo de España. Insiste Armada en que él no cuenta nunca sus entrevistas con

el Rey, en que nunca las ha contado, en que er todo caso cuenta alguna anécdota

cuando pasa e tiempo...

Armada habla y habla. No aclara las contradicciones evidentes que existen. No

sólo .entre él y Milans sino entre él y otros muchos por encima de toda

sospecha.

Son las seis de una tarde luminosa de marzo cuando el presidente del tribunal,

el teniente general Luis Alvarez Rodríguez, levanta la sesión.

El genera! Armada, después de dar el taconazo reglamentario ante el tribunal, se

retira a su sitio. A su lado, Milans ni siquiera le mira.

 

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