Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
 De ayer a hoy. 
 Hombre a la hoguera     
 
 ABC.    20/03/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

De ayer a hoy

Hombre a la hoguera

Aquel día en el que el teniente coronel Tejero «ergueuse, visteuse y calzouse»

disponiéndose a entrar en la historia por una de las puertas laterales del

Congreso de los Diputados, no fue realmente un gran día.

Aun así yo no quemaría a Tejero, porque, aparte de las razones más obvias, entre

las que está la del buen gusto, eso equivaldría a identificarme con los procesos

de repetición del pasado frente a los procesos de desarrollo del presente. Sin

embargo, la cuñada del teniente coronel Tejero envió ayer un mensaje a Radio

Nacional de España, que problablemente oyeron millones de personas, diciendo que

ella me quemaría a mí.

Estaba yo ese día en Prado del Rey como invitado del programa de Luis del Olmo,

«Protagonistas», que es una amena tertulia nacional.

Me preguntaron qué falla quemaría yo, pues ayer era la fiesta valenciana del

fuego Respondí que aquella que representara la intolerancia y la incomprensión,

y también la contumacia de quienes se empeñan en hacer ley general de su

conveniencia

Quizá habría estado mejor decir que me hubiera quemado a mí mismo y mis

ilusiones, si es que todo eso no ha ardido ya hace tiempo.

Si alguien, ante los micrófonos, se refirió a Tejero, fue para decir que haría

arder la significación de su acto de fuerza Que haría arder el muñeco, la falla,

el símbolo

Pero de eso, que alguien dijo, y que no era más que una respuesta moderada a una

pregunta periodística, la cuñada de Tejero dedujo que había que quemarme

precisamente a mí.

De repente me encontré en la pira Si corre la voz, ¿dónde podría ir a

refugiarme? Para cientos de miles de personas yo ya soy el sujeto que hay que

quemar Y dentro de unos meses, si eso no ocurre, yo seré el sujeto que todavía

no han quemado.

De una forma u otra pertenezco desde ayer, jueves, día de San José, a la

estética trascendental del fuego.

En esta vida ya no me queda otra cosa que esperar a que algún discípulo de Falla

me ponga música.

En realidad no tiene ninguna gracia. Esa solicitud de violencia, ese exabrupto

despiadado que vino a engarzarse en uno de los programas radiofónicos de mayor

audiencia entre los españoles, es la prueba de que la intolerancia asoladora,

ciega, sigue clavada en el corazón de nuestra historia Aceleradamente van

imponiéndose las diferencias a las semejanzas.

Las dos Españas, como dos búfalos, escarban y están prestas a embestirse.

CANDIDO.

 

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