Autor: Sendalta, Jorge. 
   URSS: Mejor una democracia, aunque es más ventajosa una dictadura     
 
 ABC.    08/03/1981.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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NACIONAL

URSS: Mejor una democracia, aunque es más ventajosa una dictadura

MOSCÚ (Jorge Sendalta, servicio especial). Imaginarla actitud de Moscú en caso

de yn éxito de la intentona de golpe de Estado en España exige mucha audacia en

el mero planteamiento.

Sin embargo hay algunos factores que pudieran emplearse como indicios.

Ante todo está la circunspección, realmente extraordinaria, de la información

.soviética sobre los acontecimientos.

Apenas fue posible detectar algunos adjetivos extremados —ydebidos seguramente

al entusiasmo inercial del redactor de turno— en la forma con que la agencia

oficial soviética Tass y otros medios resumieron fuentes exclusivamente

españolas, fundamentalmente la agencia Efe.

La manifestación de solidaridad del XXVI Congreso del PCUS a la Delegación del

PCE —que fue -reclamada de regreso en forma poco explicable—. ¿Realmente los

delegados

eran tan imprescindibles para que el PCE afrontara la situación?

Fue, para todo conocedor de los formulismos en el protocolo comunista, un puro

ejercicio en semejante retórica, stn chispa alguna de emoción en las

proclamaciones rutinarias de solidaridad.

El corresponsal estaba en Moscú cuando falleció Franco y un comentario soviético

afirmó que «Europa quedaba más limpia>>. La carga emotiva de la guerra civil,

alentada por una propagadan no menos mmoyilista que los objetivos sustanciales

de la política soviética sigue actuando en las nuevas generaciones y el espectro

de una vuelta de algún tipo de franquismo sin duda hubiera pesado en la actitud

soviética.

Pero sigue habiendo indicios y factores a tomar en cuenta. Moscú se comprometió

con un entuasiasmo que no sé si alguna vez ha ¡amentado en la causa de Allende

en Chile, y desde entonces las formulaciones contra el régimen de Pinochet son

obligadamente feroces e implacables, pero la vecina Argentina —cuyo régimen

desde una perspectiva occidental al menos no parece tan distinto— no ha sufirdo

prácticamente desde la llegada al Poder de Videla ningún ataque serio en la

Prensa —y menos de la diplomacia— soviética.

Se insinúa quí que, junto a problemas emocionales, el realismo en que tanto

insiste precisamente en estos momentos de confrontación la política soviética

hubiera jugado s¡n duda su papel

Y ante todo una España bajo cierta especie de dictadura militar, por suave o

transitoria que fuera, hubiera visto aplazadas las opciones del ingreso en la

OTAN —por dogmatismo inevitable de casi todos los aliados europeos, aunque

Washington intentara templar gaitas y hasta violones— y en el Mercado Común dos

aspectos que la URSS sólo puede ver con satisfacción.

Una eventual aniquilación del terrorismo traería también para la URSS una doble

ventaja: eliminar la sombra de unas acusaciones de complicidad que Moscú niega,

y de paso anotar en la cartera, aunque vaya pasando de moda con la nueva

Administración en Washington, de los «derechos humanos» unas cuantas pelotas de

barro que arrojar al Occidente en el futuro en este debate.

Y, finalmente —«last but not least»—, hay que tomar en cuenta el afán del

Kremlin de hablar con interlocutores válidos.

Y la historia de las relaciones desde la muerte del anterior jefe del Estado ha

hecho poco para animar la idea de que se podía pasar de acuerdos limitados, pero

beneficiosos, como el de las firmas mixtas.

El viejo enemigo resultó más interesado en un diálogo —y sobre todo más

«consecuente», como siempre ponen aquí por delante— en la puesta en práctica de

sus resultados que una Administración que —para Moscú— ni siquiera se ha

molestado en prever una sucesión sm períodos de carencia del último, y primer,

embajador de España en Moscú.

 

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