Autor: González Cerecedo, Francisco. 
 Y Fraga cogió su fusil (V). 
 El desliz del Centro     
 
 Diario 16.    10/06/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Viernes 10 junio 77/DIARIO 16

NACIONAL

Y FRAGA COGIO SU FUSIL (V)

El desliz del Centro

Francisco Cerecedo

La época de embajador en Londres se desarrolla para Fraga en medio de una euforia de contactos con

gentes catalogadas como centristas, que terminan haciéndole creer, en comprensible transferencia de

personalidad, que el centrista es él. Los constantes viajes a España del señor embajador le confirman en la

idea de que el centro es víctima de un vacío de poder y que debe disponer de un líder a la medida de las

circunstancias.

Del matrimonio morganástico FragaCentro nace una hija prematura llamada Fedisa, que muere al año de

nacer. Sin dejarse amilanar por la adversidad, don Manuel pone en movimiento sus cromosomas políticos

y da a luz una preciosa asociación que bautiza con el nombre de Godsa. Tanto la madre centrista como el

recién nacido se encontraron en perfecto estado de salud y, con el tiempo, tuvieron la compañía de

Reforma Democrática y, finalmente, de la más joven Alianza Popular, que luego hizo muy buena boda

con el soltero más difícil del franquismo: el ministro Laureano López Rodó.

Más versos

Si la pequeña Alianza Popular sólo le proporcionó "legítimas alegrías, la alocada Reforma Democrática

dio más de un disgusto a su recto progenitor, siempre, por encima de las modas del momento, muy

estricto en materias de costumbres, como lo demuestran estos dos párrafos escritos con treinta años de

distancia. "La disciplina doméstica ha desaparecido —se quejaba con razón, en 1946, el ayudante de

cátedra de la Universidad de Madrid Manuel Fraga—; en la mayoría de las casas, cada uno hace lo que le

da la gana. Sobre todo, la estabilidad ya no existe: ya no está vinculada a un solar, a la casa de los

abuelos. Hoy es familia de hotel. Y en la mayoría de los países, con divorcio y agencias matrimoniales.

¡Ay, las declaraciones en verso y los ramos de violetas!"

En 1976, dentro de la misma línea ideológica, la denuncia se hace mas precisa: "Los jóvenes empiezan a

estar hartos de las pornografías explotadas por intereses inconfesables, de un pansexualismo que degrada

el amor verdadero a un nivel que ya no es animal.´´ En cualquier hogar menos liberal, el padre tomaría

cartas en el asunto para evitar que se confundiera la libertad con el libertinaje. Pero Fraga, profundamente

centrista en aquel momento, no quiso incurrir en la acusación de machista o en el reprobable

pansexualismo: "En mi casa manda mi mujer, como es lógico, porque yo no soy marica. En todas las

familias decentes manda la mujer.»

Con ideas tan altamente morales sobre el tema, resulta fácil imaginar el dolor y la amargura de don

Manuel Fraga Iribarne al enterarse de los sonados escándalos protagonizados por su hija mediana, la

agraciada Reforma Democrática, en las ciudades de Ceuta y de Melilla, coqueteando descaradamente con

las autoridades marroquíes que encontraba por los saraos. El 13 de noviembre de 1976, seis mil

melillenses manifestaron ante el Ayuntamiento de su ciudad al grito de "Fraga, Fraga, Melilla no te

traga", su repulsa contra el progenitor de la bella aventurera, al mismo tiempo que le retiraban la medalla

de oro de la ciudad. "Debieron haberme llamado antes de dar a la publicidad este asunto", exclamó

apenado Fraga, quien se rehizo con presteza en un arranque muy suyo: "El teniente Fraga Iribarne ofrece

su sangre, si fuera necesario, por Ceuta y por Melilla."

Lucha de clases

Estos problemas familiares no le impidieran al embajador Fraga cultivar el estudio de la teoría política

que le permitiera, en un futuro que consideraba muy próxima, aplicar las soluciones correctas a los

múltiples y complejos problemas que plantea una sociedad tan conflictiva como la española. En Londres

recibió a un obrero español que había viajado desde Escocia para "alistarse a la guerra si fuera necesario",

y hábilmente desarmó cualquier recóndito subconsciente reivindicador, premiando con un puro habano su

patriotismo.

No era fortuito la idea. Ya en su definitiva obra "La República", publicada en 1973 a lo largo de 243

densas páginas, ofrece su visión ideal de la sociedad a través de sus estamentos claves; profesor, militar,

pastor, técnico, ejecutivo, intelectual, señora (de buena posición, culta, difícil y guapa, sin edad) y un

joven y un trabajador ("que pintan muy poco"). Al llegar a la pagina 124, los reunidos deciden llamar al

trabajador, buena persona y suavemente reformista, que, después de tres intervenciones pide permiso para

ausentarse porque "se le calienta la cabeza", a pesar de que el ejecutivo le pregunta: "¿Qué tal va esa

familia?". Y Fraga, una vez más, despide en su libro al trabajador con su definitivo hallazgo superador de

la lucha de clases: "Gracias, Pablo. Llévese un puro." A golpe de habano, Manuel Fraga Iribarne, hay que

reconocerlo, sabe mandar a la clase obrera al paraíso. Excepto en Vitoria en 1976, que se olvidó de los

puros.

Los enemigos

Con tanta capacidad para la innovación, era lógico que a Fraga, según propia confesión, le saque de

quicio esperar dos minutos. Llevado por su afán de ahorrar más tiempo, al decir de sus colaboradores,

nunca escucha a su interlocutor. Aunque ello no implique el mínimo desaire hacia su interlocutor.

Despreciar, Fraga sólo desprecia a la oposición: "Yo conozco su posición y los desdeños", afirmó

durante su segunda juventud franquista como ministro de Gobernación. Para el resto de las personas, de

acuerdo con un amigo suyo de hace treinta años, "es bueno, a no ser que alguien se cruce en su camino.

Entonces lo destroza".

Los corresponsales de periódicos españoles acreditados en Londres conocían perfectamente tos nombres

de las personas, que se habían cruzado en el camino del señor embajador y, con la irreverencia propia del

oficio, se ponían de acuerdo antes de las comidas con Fraga: "¿A que hora le cabreamos? A las tres

menos cuarto." Llegado el momento, algún comensal lanzaba sobre el mantel cualquiera de los nombres

fatídicos: Carrillo, Emilio Romero, Rodríguez Aragón, García Carrés y Juan Jacobo Rousseau.

La cólera del embajador, según cuentan los testigos, era inmediata: "Carrillo me agarra los cojones a tres

manos." "A Romero le voy a aplastar como a un sapo." "Yo quitaría a ese estúpido, ¿cómo se llama?,

García Carrés, y sacaría de la cárcel a Camacho para ponerlo en su lugar." Con aquel honrado ciudadano

de Ginebra, del siglo XVIII, llamado J. J. Rousseau, el furor de Fraga es antiguo: "Una de las mayores

vergüenzas de la humanidad ha sido ésta de dejarse influir durante más de un siglo por las ideas de este

degenerado, neurótico y masoquista."

El día 20 de noviembre de 1975, en medio de la desolación oficial, muere Franco. Manuel Fraga Iribarne,

entre tanto dolor, sólo tiene dos instantes de alivio: contemplar que, dentro de la desgracia, se corre el

escalafón para dictador, y la reconfortante visión del general chileno Pinochet en el entierro del caudillo,

de quien se declarará justificado partidario, meses más tarde en una entrevista concedida al corresponsal

de la revista brasileña "Veja".

Con el nuevo Gobierno, Fraga acepta el cargo de ministro de la Gobernación y vicepresidente primero.

"Yo soy un hombre que emana autoridad", reconocería con carismática modestia en el "Arriba". Su fiel

Gabriel Cisneros no vacila en atribuirle "un liderazgo casi ineluctable, sin necesidad de trampas

escenográficas", al que apoya, como en sus mejores tiempos de pantalón corto sobre las montañas

nevada», "en un acto de fe y de disciplina". Otros, como el crítico de arte Moreno Galván, quizá

deformados profesionalmente por su sentido de la estética, le enfocan de distinta manera: "Fraga, ¡gran

talento de tercera categoría!". Algún colaborador de la época del Ministerio de Información analiza su

vocación de servicio: "Sólo ambiciona el poder. Si mandará Kruschev, también le serviría."

Durante los siete meses de Gobierno que duró su segunda juventud franquista, Manuel Fraga trabajó

seguro de reforzar su posición de hombre de centro. "Ningún ministro del sistema —afirmaba en

Oviedo— presenta un historial mas favorable que yo para la apertura hacia la democracia." Pero la

democracia es un peligroso explosivo que sólo debe ser manejado por unos pocos. Y Fraga, como

experto, prepara el mecanismo de relojería para el gran estallido: "Dos semanas para decidir, dos meses

para programar y dos años para realizar."

Dado su peligroso manejo, la democracia debe asimismo ser tratada sigilosamente y no permitir las

filtraciones a la prensa canallesca que todo lo estropea con sus informaciones. Sus colaboradores del

Ministerio de Gobernación tuvieron en alguna ocasión la democrática debilidad de contar alguna cosa a

los periodistas. "Eso se va a terminar —les reconvino el ministro Fraga en su despacho—. Tengan en

cuenta, mis queridos amigos, que a la próxima filtración me veré obligado a patearle los cojones a

alguien."

Los sucesos de Montejurra y Vitoria en 1976 dieron la medida de las facultades de Fraga. Ambos trágicos

sucesos coincidieron con dos rápidas ausencias del ministro a Venezuela y Alemania. En la televisión

venezolana se despachó a gusto sobre la "ikurriña", que "es un insulto para los españoles. Para sacar

adelante esa bandera tendrán que pasar por encima, de mi cadáver antes".

Cela, amigo

Aunque no se hallaba presente en España el día de Montejurra, no por ello la infatigable capacidad de

trabajo de Fraga dejó de participar en los preparativos del acto que había de saldarse con dos muertos. La

organización de extrema derecha de don Sixto estableció contacto con Fraga a través de José Arturo

Márquez de Prado y Ramón Merino, coordinadores de la operación de "castigo" a Carlos Hugo. Fraga

estuvo en todo momento al corriente de lo que se tramaba, según manifiestan todos los informes

elaborados por los distintos partidos interesados y por otros órganos del Gobierno.

En el caso de los cinco muertos de Vitoria a consecuencia de la intervención de la Fuerza Pública, Fraga

afirmó: "asumo toda la responsabilidad", y prometió "aclarar los hechos". Todavía hoy no se conoce el

nombre de un sólo responsable de lo ocurrido, excepto del propio don Manuel Fraga Iribarne, quien al

presentarse en Vitoria a visitar a los heridos fue recibido por los familiares en el Hospital al grito de

"¡fascista!".

En estos duros años, de esfuerzo y de incomprensión, tiene al menos el consuelo de que una gloria de las

letras españolas, Camilo José Cela, le apoya sin reservas: "En los actuales momentos, sin reservas, creo

que la solución política que podría tener nuestro país sería la de un Gobierno Fraga." El conde de Motrico

tampoco le regateaba méritos y declaraba que con Fraga iría a cualquier parte. El astuto conde debió

guardarse alguna escolástica reserva mental, porque no fue con Fraga hasta Alianza Popular.

En Julio de 1976, Fraga se despide del poder, como siempre, por causa de fuerza mayor. Y dedica un

homenaje al flamante marqués de Arias Navarro, compañero de cese y de tantas otras cosas. Deshojada la

margarita del Centro, ha llegado la hora para el hijo pródigo de volver al hogar.

Mañana: A SU SITIO

 

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