Autor: Cavero, José. 
 12/ Las quince españas. 
 Canarias  :   
 Según Olarte. 
 Arriba.    13/04/1977.  Página: 21-23. Páginas: 3. Párrafos: 40. 

Arriba

Miércoles 13 abril 1977

las quince españas

CANARIAS

SEGÚN OLARTE

ALGUNO de nuestros personajes anteriores ponía a las islas Canarias a la cabeza de las regiones con

problemas o de las regiones problemáticas. Por delante del Pafs Vasco, Cataluña, Andalucía, Galicia...

Lorenzo Ciarte, Presidente del Cabildo Insular de Gran Canaria y de la Mancomunidad Provincial de

Cabildos de Las Palmas, Procurador en Cortes por la Administración local canaria, es. desde hace pocas

semanas, de un partido político regional: Union Canaria. Todos son buenos, adecuados observatorios,

para contemplar las siete islas y repasar sus cuitas...

• La imagen que el peninsular suele tener Je les islas, per le general es falsa

• les islas se insularizan más cuanto mayor es fe ceguera de b comunidad nacional

• Al independentismo del MPAIAC solo es posible hacerle frente con un amplio Estatuto de Autonomía

• Canarías no pide privilegios, sino romper las dependencias administratívas penalizantes

• La planificación económica es, en general, inviable

• Nuestro régimen económico y fiscal, en realidad, se ha convertido en una mayor presión impositiva

• La autonomía es ya clamor... la Región existe. Pedimos que se nos deje elegir nuestro futuro

—¿Qué sabe el español peninsular de los españoles canarios?

—la imagen, generalmente, es falsa, y ésta es una triste realidad que constatamos una y otra vez. aunque

nos esforcemos por dar de nosotros fa más auténtica proyección. lAquf juegan una serie de paradojas de

doble sentido. Por una parte, tas islas están comenzando a recibir un turismo social masivo procedente de

la Península, y ellas, lamentablemente, no pueden mantener un intercambio a la inversa, que sigue siendo

reducido y apenas valorable en las tablas de movimiento económico. Pero no sólo esto: mientras llegan

trabajadores de las diversas provincias españolas a descansar en las playas isleñas, los canarios

contemplamos desesperanzados el incremento de las tasas de desempleo, ha descapitalización galopante e

Incluso el retomo del fantasma de la emigración.

—¿No se viene haciendo en la Península, y en los últimos años, un evidente esfuerzo por comprender la

realidad canaria?

—Relativamente. Parece que sí en ocasiones, con gran despliegue en los medios informativos; pero es

preciso un grado de comprensión más profundo, más generalizado y diría que más «natural», asumido en

un sentimiento de fraternidad y solidaridad que respete lo que tenemos de común, que es prácticamente

todo, aceptando y asimilando {o diferencial. A veces parece que esto se logra; pero, sin necesidad de

entrar en tos grandes temas, la relación diaria genera frustraciones.

—Por ejemplo...

—Un día. en las Cortes, cualquier Procurador canario tiene que resistir una ´imprecación de

"antipatriotismo" que le lanza un compañero. Incapaz de entender la reivindicación de hechos

diferenciales y singularidades que un mínimo sentido de la solidaridad nacional haría inmediatamente

comprensibles. Los «Diarios de Sesiones» abundan en momentos de esta clase. Otro dia, en cualquier

despacho ministerial, un representante de la Administración insular traga por enésima vez la pesadumbre

de una burocracia unitarista y miope. Y son muchos, demasiados, los días en que cualquier ciudadano de

la región insular atlántica soporta en las aduanas peninsulares la discriminación y la vergüenza dé un

respeto reverencial hacia los extranjeros que hacen e] mismo trámite mientras él «s objeto de un registro

exhaustivo, como si su condición de canario fe convirtiera en contrabandista en potencia.

Graves frustraciones

—Usted hablaba de frustraciones

—Sí. y son graves. Reducir es falsear, y no quiero hacerle perder tiempo en concreciones banales o

anecdóticas, las islas se Insularízan más cuanto mayor es la ceguera de la comunidad nacional. La

reacción ante estas evidencias, que se acusan a medida que progresa el nivel de condénela colectiva,

puede ser apasionada y viciarse en sentimientos nacionalistas, que tienen el mejor caldo de cultivo en las

supervivencias residuales de un trato consciente o inconscientemente colonial. Pero también puede darse,

y se da afortunadamente, una reacción racional y política en la selección ya casi instintiva de una salida

autonómica que permita corregir en el propio espacio y a través de específicos instrumentos políticos y

administrativos ese desfase secular y ese doloroso abandono que tan vivamente decepciona al canario.

—Usted se está refiriendo a los nacionalistas del MPAIAC y a los autonomistas canarios, ¿Es así?

—Desde luego. Pero así como aquella primera reacción es, por fortuna, minoritaria y casi irrelevante, me

interesa dejar muy claros los perfiles de la segunda porque a ella vamos con todas las clarificaciones

precisas y todas las esperanzas puestas en una nueva Constitución democrática. El independentismo del

MPAIAC, que ha suscitado la atención general con algunos actos terroristas aislados y sobre todo, gracias

a una política argelina, que el Gobierno español no ha sabido o podido contrarrestar, debe preocupar

como germen porque así han comenzado otros movimientos similares. Y lo cafad es no proporcionarle

justificaciones ni motivos de generalización, cosa que, a nuestro entender, sólo es posible con un amplio

estatuto de autonomía.

—Pero tratemos de no dejar ningún tema a medias. ¿No es el propio cana Ho un poco culpable da aquella

deformación de fcuayui • que liudte?

—Puede ser; pero por pura necesidad de supervivencia. El peninsular encuentra en Canarias una

instrumentalización casi perfecta de lo que yo llamo «escaparatismo socio-económico».

La necesidad de canalizar hacia las islas el mayor volumen posible de dinero, sea por turismo o por

comercio dirigido «I turismo, impele al isleño a la dolorosa exigencia de ocultar su realidad en amables

escaparates de bienestar que no perturben el placer del visitante. Pero a este mecanismo muñidor de ocios

subyace un repertorio de problemas agudos, que a la hora de tas soluciones quedan simulados en la

ficción turística. No hay culpa en el que viene, beneficiario de una estructura que «necesita* asociar el

concepto insular al tópico del «paraíso atlántico»; pero son aún menos culpables Jos insulares,

desasistidos de apoyos y plataformas económicas que les permitan crear una estructura de producción y

unas fuentes de riqueza ajenos, por una parte, a tos vaivenes del mercado (agricultura) y a una com-

petencia (la turística) generalmente asentada en el capricho y la moda, cuando no en precios Irrisorios y

rentabilidades nulas.

—¿Se ha visto forzada la región canaria a la «monoproducción» turística?

El turismo, como monocultivo

—Oigamos que la ha forzado un movimiento especulativo sin la necesaria crítica en sus grandes años;

pero también Ja necesidad de respuestas inmediatas a situaciones de carencia. Cualquier planificación

debe contemplar el presente, (a necesidad inmediata de una demografía explosiva, Hoy por hoy es

imposible prescindir del turismo, e incluso equHibrar su escala en la economía canaria. Con un aparato

promocional muy ambicioso tratamos de equilibrar el volumen emisor de la Península y (os países

extranjeros que habitualmente operan con el archipiélago. Tratamos de incrementar la recepción y romper

los altibajos de la estacionalidad con una temporada de doce meses. Pero también, y fundamentalmente,

de propiciar un intercambio social y humano. Un conocimiento entre españoles que se manifieste a corto

plazo en una conciencia suficiente de solidaridad.

—De modo que no se trata solamente de mantener un sector económico que se ha hecho basico...

—Eso es importante, claro; pero nos esforzamos a través del instrumento turístico en conseguir una

identificación sociológica, sabedores de que puede ser el mejor antídoto contra una imagen que nos ha

perjudicado incalculablemente, hasta el punto de ser utilizada en mo pocas ocasiones por los propios

hombres de la Administración Central.

—¿Sin excepciones?

—No, no. Me refiero a casos concretos de mandatarios que, conociendo la verdadera magnitud del

problema insular, han aprovechado & su conveniencia esa distorsión óptica e Incluso llegaron a

molestarse cuando, al no caer en (a clásica trampa de la división y el enfrentamiento entre las dos

provincias canarias, consiguieron cualquier forma de superación para ofrecer soluciones regionales

unidas.

—¿Y el Gobierno, uto es consciente de estas realidades? ¿No hace nada por paliadas?

—Me estoy refiriendo a un proceso de varios años, en el que se implican no uno, sino varios Gobiernos.

No dudo de la buena voluntad de quienes trataron en alguna medida de paliar esta situación, creando

Comisiones especiales para el estudio y la solución de los problemas canarios. Por desgracia, tales

fórmulas llegaron tarde y se vieron sometidas al arbitraje de Gabinetes en permanente cambio. La

Comisión Canaria que actuaba a nivel de planificación del desarrollo, elaborando los planes selectivos

para las islas, fuera absorbida y remodelada por otra Comisión, promovida y presidida por el señor Garcia

Hernández, en el último Gobierno de Franco; ésta, a su vez, experimentó un vuelco sustancial con la

constitución por Fraga Iribarr.e de la Comisión Interministerial para el Desarrollo de Canarias, recibida ya

con casi absoluto escepticismo y con serías críticas de tipo funcional y orgánico. Precisamente en el

momento en que habían sido convocados sus miembros para las primeras reuniones operativas sobrevino

la crisis del Gobierno Arles. Hemos visto, de este modo, una sucesión de equipos técnico-políticos que,

teóricamente formados para proceder a fondo sobre la maltrecha estructura económica canaria, se diluían

antes de resolver y de procurar recursos. Decisiones plenarias del Gobierno, publicadas en el diario

oficial, permanecen hibernadas, pese a su carácter de urgencia como medio de reactivación económica y

de freno al paro obrero, que es galopante.

No pide privilegios

—¿Y el actual Gobierno?

—Personalmente tengo una fe absoluta en Adolfo Suárez y soy consciente de la atención y esfuerzo que

despliega Pérez de Brido en torno a todo lo canario, pues, como coordinador de nuestros temas en el

Consejo de Ministros, es de .alguna manera heredero de aquellas Comisiones y trata por todos los medios

de ser operativo. La primera respuesta del Gobierno Suárez a nuestros requerimientos no fue organizar

una nueva Comisión y seguir la dinámica de los estudios, los informes, las reuniones y los aplazamientos,

sino la celebración de un Consejo de Ministros casi monográfico para Canarias, que se recibió con

esperanza en (as islas. Desgraciadamente, tos acuerdos no se traducen en inversiones y acciones

inmediatas, y el residuo de pesimismo que arrastramos es superior a la evidente buena, voluntad de aquel

gesto. Por otra parte, el Gobierno desarrolla la tarea gigantesca de democratizar el país en medio de una

crisis económica sin precedentes, con el afloramiento de problemas viejos y nuevos en casi todas las

reglones. Canarias no pide privilegios, aunque bien ios merece después de un proceso de abandono

histórico realmente culpable, sino romper las dependencias administrativas paralizantes y desarrollar su

propia capacidad de resolver lo que tan lucidamente conoce y analiza. Y que no sigan produciéndose

casos como el de la firma del acuerdo pesquero entre España y Marruecos, en cuya negociación, que

implica el descalabro irreversible de la estructura de este sector en las Islas, no han participado los

canarios debidamente representados. E1 Gobierno ha heredado los errores de una precipitada

descolonización del Sanara y, sobre todo, de un pacto tripartito que se cuidó de garantizar los intereses en

los fosfatos saharianos, olvidando la pesca en unos caladeros que durante siglos han sido canarios. Ultimo

golpe en fecha de los sufridos por las islas; pero no lo será absolutamente sin una modificación sustancial

del estatuto regional.

—¿No es el anticentralismo un reflejo demasiado generalizado en el país como para que se consideren

específicamente las cuestiones regionales canarias?

—Sería muy lamentable que no fueran consideradas, partiendo de 4a base de que no reivindicamos

ventajas ni prioridades, sino el reconocimiento jurídico de unas singularidades históricas, sociales,

geopolíticas y económicas que no hace falta demostrar por obvias. Cuando hablamos del rechazo general

que suscita la acción administrativa central en Canarias no manipulamos juegos malabares para

presionar». Como ya he dicho en otra ocasión en un órgano de Prensa nacional como éste, se trata de un

sentimiento popular que engloba a todos los ´estamentos e ideologías presentes en Canarias. Centro,

izquierda y derecha están de acuerdo, como empresarios y trabajadores, aunque siempre haya diferencias

de matiz y de grado, en la inaplazable necesidad de un sistema autonómico de administración a todos los

niveles. Y así como en aquella ocasión me refería a que este sentimiento no es un resultado histórico con

origen en una nacionalidad diferenciada, como seria el caso de catalanes, vascos y gallegos, smo por el

íntimo convencimiento de la incapacidad de resolver mediante otro sistema, ahora ya no estoy tan seguro

de esa afirmación cuando veo que, independen-tistas aparte, determinados partidos políticos empiezan a

hablar de la «nacionalidad» canaria.

Planificación inviable

—¿Lo encuentra justificado?

—Hay, sin duda, inflexiones históricas .que podrían justificarlo; pero se basa, sobre todo, en

acontecimientos recientes. La planificación económica es, en general, inviable, sin participación directa,

consciente y determinante de los sectores en Juego; mucho más en una estructura como (a canaria, cuyos

rasgos singulares le confieren, como antes decía, una especificidad acusadísima en el conjunto de las

regiones españolas. Las siete Islas se han volcado en la elaboración de los Planes de Desarrollo y todos

los sectores económicos colaboraron en una sincera y abierta discusión de las ponencias. E1 primer

borrador era luego sometido en Madrid a una manipulación abusiva para concluir en tasas de realización

auténticamente vergonzosas. Alcanzar el cincuenta por ciento de las Inversiones programadas era un

hecho excepcional...

—¿Y qué hace la Administración Local canaria? ¿Todas las culpas fueron o son de la Central?

—Mire usted, cuando todos los índices denuncian el subdesarrollo canario, las abrumadoras tasas de

natalidad, la imposibilidad de un desarrollo equilibrado de las siete islas, los trasvases irreversibles de

mano de obra, la, desertización de amplios territorios para desbordar las posibilidades de unas capitales

cuya macrocefalia destruye toda previsión de equipamiento social, llega a imponerse como obligación

moral de las Corporaciones locales la sustitución sistemática de (as obligaciones estatales en materia de

obras públicas, vivienda, enseñanza, etcétera. La incomprensión de (os nudos gordianos de la realidad

canaria imponía e impone a las Corporaciones el dramático deber de salir en defensa de una identidad

regional que se desnaturaliza a pasos agigantados. Hemos sufrido tales cotas de desdén a lo que

auténticamente constituye la singularidad canaria; nos hemos visto tan constantemente sometidos a planes

y programas indiferenciades, que no hicieron sino agravar la cuestión insular; y hemos llegado a tal grado

de sensibilización ante esa pérdida de identidad, que (as Corporaciones locales, particularmente los

Cabildos, tuvieron que salir en defensa de ese conjunto de valores arbitrando una especie de autogobierno

o de gobierno paralelo en la medida en que los recursos permitieron hacerlo. Se trata de un tema

fundamental, ya que si en las provincias españolas existen órganos administrativos que no hayan perdido

la credibilidad popular, éstos son los Cabildos Insulares canarios y sus Mancomunidades Provinciales.

La pesca y Marruecos

Pero los Cabildos, según se dice, tienen fuerza y tienen dinero después de la ley de Régimen Económico y

Fiscal para Canarias.

—Lamentablemente, los órganos del Estado no han sido conscientes de esta representatividad especifica

de los Cabildos. Un ejemplo reciente y sangrante es el acuerdo pesquero con Marruecos, pactado sin

participación alguna de las Corporaciones insulares. Tras la descolonización del Sahara, el archipiélago

quedó convertido en región frontera, a más de dos milkilómetros de la capital del Estado y con unas

relaciones de vecindad -absolutamente atípteas en el conjunto del mismo. Mis intervenciones en las

Cortes como Procurador de la Administración local canaria no han merecido una mínima respuesta del

Gobierno, y ello utilizando la vía legislativa, pues la voz de la Administración Regional fue Incluso

menos escuchada. Después planteé en las Cortes, como ruego al Gobierno, la cuestión del mar territorial,

el mar patrimonial, los fondos marinos y las plataformas continentales, que tan decisivamente nos afecta.

Todo cite, primero respecto a la ley de Descolonización y después en el debate de la ley del Mar

Territorial, previendo y denunciando los efectos que Iban a producir sobre la pesca canaria. No hubo

respuesta y ahora nos encontramos con el acuerdo firmado con Marruecos. A su ratificación se tía opuesto

la ´Mancomunidad de Cabildos de ´Las Palmas y después la de Santa Cruz de Tenerife, además de todos

los partidos políticos y organizaciones sindicales del archipiélago, Innumerables entidades y sectores

ciudadanos, etcétera. Veremos cuál es la respuesta.

—Le había planteado una cuestión sobre el Régimen Económico y Fiscal de Canarias.

—Perdone que me haya desviado. Disponemos, de un Régimen ¿Económico y Fiscal, que en la práctica

se ha traducido en una mayor presión ´impositiva para la población regional y en una acción recaudatoria

que no cumple en su redistribución ios fines socio-económicos que se perseguían. Los defectos de

estructura son, por un lado, determinantes, y las dependencias administrativas hacen el ´resto. Cuando las

Corporaciones locales se ven obligadas, por Imperativo moral, a sustituir obligaciones del Estado, esa

recaudación aún se hace exigua y corta. Trátese de una carretera como auténtica columna vertebra) de una

zona deprimida, de unos centros universitarios que propicien mínimamente la igualdad de oportunidades

en una sociedad donde los desniveles de renta son especialmente sangrantes, o de centros de enseñanza

básica indispensables ante un déficit de esco Jarlzación abrumador, los Cabildos no pueden permanecer

Indiferentes esperando pasivamente el dinero del Estado. Afortunadamente, el Gobierno Suárez asume

sus cargas en una proporción más justa. Pero hemos llegado a sufrir el sarcasmo lacerante de que una

oferta de prefinanciación de centros escolares, por Importe de quinientos millones de pesetas, aceptada y

convenida con Educación y Ciencia, fue vetada por Hacienda.

—¿No es usted demasiado pesimista?

—No lo crea. No hace mucho tiempo un periodista madrileño me preguntaba si «Canarias sale cara a la

Península». Calcule usted el tipo de resortes psicológicos que condicionan preguntas como ésta. El isleño

se pregunta a su vez cuál es el concepto que el peninsular tiene de las islas, cuál es el tipo de relación

político-administrativa que, desde el punto de vista del hombre peninsular, nos vincula a «su realidad»

nacional.

—Pero veamos algún ejemplo de esas singularidades tan profundamente diferenciadoras.

—No hace falta rebuscar. El hombre de Madrid, de Valencia o de La Coruña no sabe, probablemente, que

el agua de abasto público, e Incluso la de riego agrícola en muchos casos, no es un bien preexistente que

se canaliza y distribuye a la población. Las Corporaciones locales canarias se enfrentan a una necesidad

única que no padecen las demás españolas: la de «fabricar» el agua, producirla a partir de la del mar y a

través de costosísimos sistemas de potabilización, cuyo mantenimiento devasta materialmente los más

generosos presupuestos. Y un bien tan onerosamente conseguido se aprovecha incluso en su forma

residual reenviándolo al campo, a la tierra sedienta, mediante sistemas de depuración, que también gravan

los recursos públicos. El catalán, el andaluz o el extremeño tampoco saben quizá que las empresas

peninsulares colonizan en buena parte la producción canaria empleando en sus cuadros técnicos medios e

´Incluso mano de obra especializada procedente de otras provincias; con ello, evidentemente, ciegan las

posibilidades de promoción del trabajador y del técnico insulares, coadyuvando a fomentar esa conciencia

colonial, que se traduce en las islas en frustración; y en la Península, en preguntas tan hirientes, aun sin

intención de herir, como la del «coste de Canarias».

Situación geográfica

—Siempre se habla de una situación geográfica privilegiada de Cananas. ¿Qué fruto reporta esto a la

región?

—Sería privilegiada en un contexto administrativo más racional e inteligente. El archipiélago está

emplazado entre tres continentes, en condiciones de establecer puentes de amistad e intercambio con el

africano; europeo, en su cultura; objeto de excepcionales efectos, en el americano. Pero tampoco en esto

sus condiciones han sido comprendidas y potenciadas. También en esto, puedo añadir, los canarios se

sienten llamados a arbitrar por sí mismos, autónomamente en la unidad del Estado, una teoría de

relaciones que estabilice su situación en el ´futuro y contribuya a cu desarrollo. Se le niega el derecho a

utilizar la riqueza pesquera de aguas que fueron suyas durante siglos, hoy bajo soberanía marroquí y hasta

ayer mismo convertidas en lugar de saqueo de flotas extranjeras, que pactan a nivel de Gobiernos sin

participación alguna de la región. Iniciativa canaria ha sido, en este mismo contexto intercontinental, la

Feria Española del Atlántico, cuyas ediciones hasta la fecha no han permitido el definitivo lanzamiento de

tas islas hacia los mercados africanos y americanos. La visión -insular es diáfana, así como su espíritu de

colaboración con todo el país, ofreciéndose como puente idóneo hacia esos mercados. La contribución

material del Cabildo de Gran Canaria y del Ayuntamiento de Las Palmas para el logro de esa proyección

de Incalculables efectos es muy superior a la del Ministerio de Comercio, y, sin embargo, es éste es el que

ha entorpecido la labor. Hay un papel» concreto y específico que Canarias sabe que puede y está

dispuesta a jugar; pero la Administración Central lo ha obstruido hasta ahora.

Autonomía

—¿Hasta ahora? ¿Hay nuevas perspectivas?

—Todas las que abre el futuro Estado democrático y las que nacen de la confianza en su consecución que

ha sabido ganar el Gobierno de Suárez. la autonomía ya es clamor. Los canarios conocemos nuestros

problemas, y si decimos que no es necesario que nadie venga a descubrírnoslos estamos haciendo una

afirmación de responsabilidad, de que nos sentimos capaces de afrontarlos después de haber

experimentado el fracaso histórico de una política centralista. La región existe, está superando el viejo

pleito •Insular, el ya más que caduco pleito provincial, y en ello he volcado todos mis esfuerzos. Durante

años se ha fomentado desde la Administración Central la esterilizante querella interprovincial, excitando

a los unos contra los otros para paralizar las iniciativas y ahorrar su coste. Pero el truco llegó a hacerse

demasiado claro. Defendemos conjuntamente las exigencias internas; pero también tenemos una vertiente

exterior que reclama una política exterior diferente hacia África y hacia América. Con la primera existen

vínculos seculares de amistad y buena vecindad: con la segunda las relaciones e intercambios culturales y

humanos son tan Intensos que ninguna región española vive como la nuestra un sentimiento híspanlo tan

sincero.

—¿Cuál es la petición global de los canarios?

—En mi criterio, lo único que pedimos, sintiéndonos indivisibles de la unidad española, es que se nos

deje elegir nuestras opciones, decidir nuestro futuro como región. Mientras no se den estas coordenadas

será imposible relanzar la economía, equipar la sociedad, recobrar en plenitud la identidad regional ni

esperar que las decisiones centrales cuenten con el consenso popular. V bien difícil y trabajosamente,

pero al propio tiempo bien claramente, ha ´llegado la sociedad española a la certeza de que sin el consenso

social es imposible gobernar democráticamente, los canarios, casis desesperanzados, sabemos que tos

árboles de la política nacional no dejan ver el bosque de nuestra conciencia regional. Y el país debe

plantearse cuanto antes un problema muy típico y decisivo, que es el problema de Canarias. Un problema

nacional.

—¿Cree que todo esto se va a resolver en el inmediato periodo de la vida española?

Articulación regional

—Creo que las bases de un Estado democrático son las bases para una nueva articulación de las regiones.

Así lo entendí cuando acepté formar parte de la Ponencia de la ley para la Reforma Política, persuadido

de que luchando contra viento y marea por la apertura de un proceso constituyente cooperaba al gran

proyecto democratizador de la Corona y del Gobierno, y, al propio tiempo, aportaba un esfuerzo para la

consecución de un estatuto regional justo y a la altura de lo que Canarias demanda.

—¿Piensa jugar en estas elecciones? ¿Cuál es su opción política?

—Mi participación supone la previa dimisión en el Cabildo y no he decidido aún nada. Como usted

comprenderá, cuando luchamos por la normalización democrática de España, los dilemas que se plantean

a quien ejerce una función pública pueden ser de poder o de responsabilidad. En mi caso es un dilema de

responsabilidad, que aún no he resuelto. Espero acertar en la decisión, pues creo que cuantos sentimos

irrevocablemente la vocación política y deseamos desarrollarla en un marco de libertades formales y

representativa plena no podemos permitimos el error de una opción inconveniente. Todos somos

necesarios en esta gran tarea que el Rey, el Gobierno y las fuerzas democráticas están empeñadas en

llevar al mejor tér mino posible. Estoy convencido, sin embargo, de que la consolidación de un centro

soclaldemócrata, progresista, decidido a estabilizar un sociedad Igualitaria en un cambio sin quiebra de la

convivencia pacifica, es la solución de equilibrio que España precisa para construir un futuro exento de

´los riesgos de una dialéctica bipolar. En elfo he trabajado en Canarias desde planteamientos autonómicos

que insisto en calificar de irrenunciables.

José CAVERO (Caricatura de VIGUERAS.)

 

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