Autor: Blanco Vila, Luis. 
 Siete islas con trece islotes (II). 
 Cuando las Canarias se van quedando solas     
 
 Ya.    13/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

SIETE ISLAS CON TRECE ISLOTES (II)

CUANDO LAS CANARIAS SE VAN QUEDANDO SOLAS

El abandono del Sahara coloca a las Islas en peligrosa situación • Caída del comercio con África • El

milagro de una tierra .inhóspita • El "boom" turístico falsea la situación • La olvidada capitalización de las

empresas

DESDE la Península hay una tendencia natural y tradicional a considerar a las islas Canarias como un

paraíso que debe su condición más a ios privilegios otorgados por el gobierno central que por sus propios

méritos. Quien conozca un poco las islas sabe que no es así, que Canarias si sigue siendo un paraíso es

para quienes vienen de fuera, y no para sus habitantes, que él señuelo de la franquicia no sirve más que

para aumentar la picaresca e incentivar de alguna manera, una cierta clase de turismo que deja, por otra

parte, sus dineros en sus lugares de origen.

CAMBIO FUNDAMENTAL Y PELIGROSO

LA situación de las islas Canarias, superpobladas ya, si se tiene en cuenta la realidad de sus recursos—el

creoim´ento´ vegetativo de su población viene a ser el doble del de la Península— ha cambiado en los

últimos años. Lo malo es que el cambio se lia producido en se.ntido negativo, de mal en peor, y hoy, a

tanta distancia de la España peninsular y situadas en una de las zanas geostratégitas nías peligrosas de ´la

Tierra, «e enfrenta a problemas de difícil, de muy difícil solución. A diez minutos del continente africano,

con Marruecos en la órbita de los Estados Unidos y Argelia (jaramente apoyada por la Unión Soviética,

con una Mauritania enclavada por derecho propio en el Tercer Mundo, el "respaldo" del Sahara ofrecía a

las Canarias una cierta cobertura, que se traducía incluso en desahogo económico a través de un comercio

importante y unas relaciones de carácter pesquero que en otros tiempos fueron muy importantes.

La solución dada por España al tema del Sahara, hace año y medio nada más, ha cambiado el signo de

influencia. No sólo los canarios dejaron de marcar la pauta comercial con la vecina costa, sino que incluso

hoy son los continentales —-fundamentalmente marroquíes y saharauis "polisarios"—los que han pasado

a una ofensiva sobre Jas islas que preocupa seriamente a los oomer-eiantes y empresarios canarios.

La importancia y eí peligro de este cambio no parece advertirse con claridad desde Madrid. La queja,

razonable, aunque no siempre bien razonada, de los canarios ha recibido de las autoridades españolas una

acogida complaciente, siempre prometedora, pero casi nunca eficaz.

CADA VEZ MAS LEJOS

DURANTE los últimos años las distancias se han ido haciendo más considerables. Canarias, regida de

forma exclusiva y real por gentes venidas de la Península, han visto cómo sus ilusiones se han ido

marchitando con los años y cómo los viejos proyectos reactivadores iban siendo arrinconados por los

gobiernos sucesivos. Sin duda—la queja es sintomática—el Gobierno tiene tantas cosas de que ocuparse

en la Península, que no tiene tiempo para acordarse de Canarias.

Este abandono y falta de promoción de los propios canarios, que no han ocupado Iradicio-nalmente los

cargos de responsabilidad en las Islas, han oreado una suerte de resignación que, unida a la falta de líderes

autonómicos—de nuevo hay que volver a la ausencia de promoción de que acabo de hablar—, se está

traduciendo hoy, oon los nuevos aires de libertad de expresión y de actuación, en un resquemor que

adquiere, en los más politizados, extremos independentistas. K] fantasma de Cubillo, que hace unos años

servía de irrisión para los canarios, está tomando hoy forma y contenido, no tanto por el personaje, sino,

sobre todo, porque se está conviniendo en símbolo de ´los errores que España ha cometido durante siglos

en sus dos provincias hoy más meridionales.

LA PUNTILLA ECONÓMICA

CUALQUIERA que conozca las Islas sabe que el clima, tan idóneo para el turismo de playa y sol, es el

enemigo número uno del desarrollo ile lo» productos típicos canarios. Más que de clima hay que hablar

de microclimas, magníficamente aprovechados por los habitantes d«« las islas para alcanzar producciones

que en otros tiempos fueron la admiración de todo el mundo. El canario cultiva la tierra empezando

prácticamente por crearla, por mezclarla, darle profundidad, abonarla, regarla... El agricultor canario es un

artesano de la tierra, que la moldea, como si de una obra de arte se tratara. Y le saca un rendimiento muy

considerable a fuer/a de extraordinaria dedicación y de entregar a su empeño los frutos del esfuerzo. El

agua se lleva buena parte de su dinero y, lo que es todavía más grave, forma el bloque más inquietante de

sus preocupaciones. Nada menos que a 31 pesetas el metro cúbico se estaba pagando el agua hace, unos

meses en Las Palmas. Ello «o obstante, el canario seguía luchando denodadamente por hacer de su tierra

manantial de frutos cuya comercialización iba a permitirle un mayor desahogo. El turismo, bendición del

cielo y fuente, de ocupación para muchos, atrajo fuertemente a buena ´parte de los esforzados trabajadores

canarios. Los problemas, sin embargo, estaban ahí y no iban a tardar en presentarse en toda su crudeza.

El Gobierno tenía conciencia de ello, y desde 1908 buscaba una solución para Canarias. Esa solución

llegó cuatro años más tarde, en 1972, en el texto de la ley del nuevo régimen económico-fiscal de

Canarias, en el cual se dice: "Una de las mayores dificultades para el ´desarrollo canario ha sido su

insuficiente capitalización, por lo que se precisa que el crédito oficial prest* una dedicada colaboración a

esta tarea. Para ello dispone la ley que en la política del crédito cfi-»´lal se dedique especial atención a las

necesidades financieras de Canarias y que los bancos oficiales podrán establecer delegaciones en sus

islas. Además dispone la ley que se tenga en cuenta este- Insuficiente grado de capitalización existente en

el archipiélago y que se adopten medidas adecuadas de política financiera para corregir esta situación"

(fundamento tercero deí preámbulo).

Un año más tarde se inicia la crisis del sector de la construcción, sin duda uno de los más importantes de

las Islas. Se hundió sin que se hiciera nada por detener el hundimiento.

EL CAMELO DEL "BOOM" TURÍSTICO

ALGUIEN podrá objetar que se prestó atención preferente al "boom" turístico. Uno de los mejores

conocedores de la situación, canario y empresario—no turístico—, explica así el fenómeno: "El "boom"

fue una riada inmensa y desbordada d« dinero extranjero que penetró «»n Canarias sin vigilancia y sin

normas especiales. Este dinero vino atraído por el clima .para crear y fomentar eso que se llama turismo

(vacaciones) y que no es otra cosa que la corriente de desnivel entre los países industriales, ricos, de

elevada renta, y los países pobres, subdesarrollados y de coste de vida más barato. Cuando las

personalidades de Madrid llegaban a las islas se. hacían discursos brillantes y se señalaban caminos de

inversión tales como el crecimiento d« diez mil camas por año y recomendaciones sobre los tipos de

construcciones hoteleras que requería el futuro. Lo que no se hacía era proyectar obras de infraestructura;

todo el mundo recuerda la larga campaña loca) y nacional y el tiempo que costó conseguir que se

terminase el ensanche de la carretera de Las Palmas al aeropuerto de Gando, catorce kilómetros nada

más." Se trataba, en definitiva, de un dinero fácil, que llegaba de fuera, mientras la economía de las islas

iba de nial en peor. El señuelo del "boom" turístico servía para camuflar la verdadera situación.

Luis BLANCO VILA

Enviado especial

 

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