Autor: Blanco Vila, Luis. 
 Siete islas con trece islotes (y VI). 
 Canarias: Grave aumento del paro, el separatismo y la peligrosidad social     
 
 Ya.    17/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 26. 

CANARIAS: Grave aumento del paro, el separatismo y la peligrosidad social

Un diez por ciento de ser población activa no trábala y, lo que es más grave, no tiene hoy esperanzas de

poder hacerlo • El costo de la vida de Las Palmas es el más alto de España • Comienzan a multiplicarse

fas pintadas índepencfenfistas • Fafta confianza en la Administración

Ignoro si el lector me ha seguido en el rosario de quejas que he ido recogiendo de ´labios de los´ canarias,

con los que he conversado a lo largo de ocho días, a las que hay que añadir las de los peninsulares que,

por una u otra razón, comparten la vida—y algunos, muy pocos, las dificultades—de los habitantes de las

islán.

La vida en Canarias es cara, muy cara, para quienes allí residen. El índice de carestía en Las Palmas es «1

más alto de España, según los expertos en estos temas. La escaea o nula rentabilidad cíe las empresas —

que he tratado de des-tacar más cíe una vez a lo largo de estas calas en las preocupaciones de los

isleños—hace más agudo el desnivel entre el creciente ritmo alcista de los precios de loe productos de

mayor consumo y los beneficios obtenidos. Los canarios se han empobrecido de forma alarmante. Pero,

además, en loa últimos mesetj han aumentado de tal forma los sobresaltos que el futuro inmediato de las

lelas se evidencia cada vez más negro.

LA AMENAZA DEL PARO

Informes recentísimos cifran la población activa en paro en unas treinta mil personas, lo cual significaría

una media de un 10 por 100 para las dos provincias, muy por encima de la media nacional, que todavía no

alcanza el 5 por 100 de la población activa. El mayor índice corresponde al lector de la construcción, que

no ha logrado reanimarse desde la caída de hace tres años. Esta cifra, que ei no ee oficial sí tiene

confirmación de los medios oficiales, resulta casi insignificante si se compara con otra que se baraja con

insistencia en los medios laborales y que hace que el número de trabajadores en paro sea prácticamente el

doble de la reseñada. Lo que sí es evidente es que en los últimos tres años el número de desempleados ce

ha más que triplicado. Y, lo que e«, más grave, no parece que vaya a ser absorbida si no «e ponen en

marcha urgentemente industrias que busquen, entre otra* cosas, la absorción de la mano de obra sin

trabajo.

Otro detalle importante en etíte capítulo es que gran parte de la mano de obra parada está agotando el

tiempo de percepción del seguro de desempleo y está dejando ya de percibirlo sin haber encontrado un

puesto de trabajo.

TERRERO ABONADO

¿Cómo decir sin ofender a los cunarlos que el trabajador en paro es terreno abonado para las veleidades y

locuras Independentista» que, con machacona insistencia, le vienen sugeridas desde Argelia e incluso ya

desde las mismas islas? >ío tenso más remedio que aludir, una vez más, a la sombra de Antonio Cubillo,

un hombre ridiculizado por los canarios hasta hace bien poco y que hoy, si;i merecer mayor respeto,

empieza a ser considerado como azote necesario de las islas.

Los hombres—los muchachos, mejor—del MPAIC pueden contarse, seguramente, con los dedos de las

dos manos. Son poco» y parecen aún de medios. Pero los españoles canarios sospechan que hay dinero

dispuesto a sufragar el terrorismo, dinero que llega desde algunos grupos de origen canario instalados en

Venezuela o del mismo Argel. .Y los desesperados, los hambrientos—que los hay ya en Canarias—

prestan oídos y se dejan sobornar por Un dinero necesario.

Las calles de las ciudades canarias empiezan a poblarse de "slogans" indepondentistas. Del "Godos,

fuera" al "Libertad para el MPAIAC" ee ha pasado sin esfuerzo especial. Muchos canarios comienzan a

pensar si entre el abandono español y las difir cultades que pudieran nacer de una independencia no seria

más productivo correr el último riesgo. Son sentimientos que muchos desechan y que otros no aceptarán

jamás, pero la verdad es que la desesperación es circunstancia que nunca fue madre de buenos consejas.

Por supuesto, ciudadanos y partidos detestan el terrorismo y se pronuncian abiertamente ´contra cualquier

clase de violencia, pero cada día ea más normal—y se acepta como algo que llega— hablar de autonomía

política como paso primero para una posible independencia.

Hace falta hablar con claridad y aceptar el peligro que entepone la situación actual. M lirismo es algo

inaceptable cuando la calamidad azota al auditorio. Los planes de desarrollo no sirven . cuando lo que

hace falta es un plan de emergencia.

Había sucedido todo el desastre de Los Rodeos, habían pasado los días de angustia y de preocupación. A

las sete de la tarde estaba yo en la lista de espera del aeropuerto de Las Palmas; mi viaje se había visto

afectado por los acontecimientos y había tenido que variar todos mis planes. Un empleado comunica «1

encargado del "banco" Me reservas que acaban de recibir una amenaz« de bomba. Unos minutos mas

tarde, cientos lie personas—con mayoría extra njera—contemplaban el edificio del aeropuerto desde la

distancia de unos cuantos metros, mientras Ja To-licía buscaba por el Interior el explosivo. Una semana

antes había estallado uno en la floristería del aeropuerto. Una mujer joven ha sido operada por «e-g-unda

ver. El tráfico había sido desviado a Tenerife; los dos Jumóos habían hecho la trágica carambola.

Oficinas, despacho, bancos, casas particulares han recibido llamadas anónimas con la amenaza de

bombas. Mientras, los atracos, los robos, la» agresiones están alcanzando índices que jamás se habían

conocido en las is>las. Según un informe oficial muy reciente, «1 indic« de peligrosidad social es muy

elevado. Lo nunca visto en Canarias: fe recomienda que no «e pasee solo después del atardecer.

Si se presunta a algún veterano, la respuesta es clara: genten en paro y "turistas" que llegan del vecino

continente y que deciden quedarse sin permiso, de residencia y de trabajo; y sin trabajo, naturalmente.

Por fortuna, en loa últimos días se está produciendo una literatura realista «n los medios de comunicación

eobre Canarias. Ahora o nunca, se la disyuntiva para el Gobierno. Hay que acudir en socorro urgente de

los españoles que viven en las islas y quieren seguir siéndolo. Pero para ello hay que acometer, sin

tacañerías, la solución de un triste decálogo que azota el archipiélago:

1. Las tasas de inflación más elevadas de España.

2. La descapitalización de las empresas, tal como reiteradamente he venido señalando.

3. Un Nevadísimo dáfieit de obras sociales: viviendas, escuelas, centros aslstenciales...

4. Falta de confianza a todos los niveles sobre la voluntad del Gobierno de abordar los temas en

profundidad.

5. Una agricultura rota y diezmada por la sequía de años, a lo que ee une la especulación con las

aguas y la deficiente técnica de riego.

6. Incapacidad real, por parte de las empresas, de crear nuevos puestos de trabajo en proporción con el

aumento —muy denso—de la población activa. La tendencia, en razón de la situación, es a la quiebra

y el despido.

7. Clara competencia, frecuentemente ilegal, en el comercio, por parte de subditos extranjeros.

8. Frenos por parte de la Administración o de empresas ligadas a ella a las exportaciones clásicas

canarias, mediante cu-poa obligatorios, como es e´l caso deü plátano o el tabaco.

9. -Competencia en producciones agrícolas de las islas —como ha sido el tomate y hoy ei

pepino—por parte de regiones peninsulares (Levante y Almería, por ejemplo), cuya proximidad a los

mercados europeos ´les permite mayor pe-netrabllidad.

10. Falta de promoción política y empresarial! de los propio» canarios. Mientras la Administración

esté representada por "peninsulares" el problema c«-nario no podrá resolverse, por tratarse de "gentes

de paso".

Había comenzado mi trabajo con un ¡Pobres islas Canarias! No me gustaría terminarlo pin expresar mi

deeeo de que vuelvan .a ser ¡as Islas Afortunadas, expresión que, hoy por hoy, a los canarios les suena

casi a insulto.

Luis BLANCO VILA

(Enviado especial)

 

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