Autor: Sentís, Carlos. 
   La cercanía de unas islas lejanas     
 
 Informaciones.    21/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA CERCANÍA DE UNAS ISLAS LEJANAS

Por Carlos SENTÍS

HUBO un tiempo —y lo acaba de contar el Presidente mauritano— en que Argelia aparentaba no tener

ambiciones sobre el Sahara, entonces todavía español. Incluso Bumedien fue testigo del cambio de cartas

secretas entre el Presidente mauritano y el Rey de Marruecos, mediante las cuales pactaban lo que Iban a

hacer en el Sahara occidental a expensas de los españoles que allí mantenían la guardia con mandato

expreso de la O. N. U. De repente, Bumedien cambió da criterio, llamó al Presidente mauritano, al que

consideraba algo así como un vasallo suyo, dada las riquezas petrolíferas de Argelia y las pobrezas del

país que acumula más arena del mundo en proporción a su dimensión.´ Le conminó Bumedien a-que no

firmara, el Presidente mauritano, los acuerdos de Madrid, «que no se realizarán —concretó— porque

tengo medios de ejercer presión sobre España».

Los acuerdos de Madrid se firmaron y Bumedien no ha perdonado a los tres signatarios su ausencia, por

otra parte, tan Justificada, dada la lejanía y el nulo nexo histórico y de todo otro orden de Argelia con

aquella región del desierto lindante con el Atlántico. A Marruecos y a Mauritania, Bumedien les ataca por

mercenarios y polisarios Interpuestos. A las arenas del desierto les toca absorber la sangre que corre de

vez en cuando.

España, por suerte, ya no está allí. Aunque se discutiera la forma u ocasión de la retirada de nuestras

tropas del Sahara, lo cierto es que el primer Gobierno de la Monarquía saldó el problema sin ninguna

pérdida y salvando todo su ma-•terial. Salió con banderas desplegadas. De no haber dejado aquel

avispero, donde tres Jefes de Estado cambian de alianzas de Improviso (Marruecos fue el gran enemigo

de Mauritania a raíz de su independencia), ahora andaríamos metidos en una inextricable y peligrosa

situación.

Pero, ¿quedamos de hecho, lejos del alcance del malhumor y el despecho argelino? Sin duda,´ no. Aparte

"de algunas otras sospechosas ayudas, eh la blanca Argel,.donde tantos españoles sufrieron cautiverio

hace siglos —recordemos a Cervantes—. anida una emisora que, un día sí y otro también, dirige sus

ondas sobre el archipiélago canario. Habla por ella, como es sabido, un español ni siquiera nacido en las

Canarias, sino en la Península, quien destila sin arte, pero a juzgar por los resultados con eficacia, una

propaganda donde el progresismo marxista se mezcla con el simple ataque frontal y substantivo a España.

Madrid, esta es la verdad, hizo poco caso al principio de la palabrería de Cubillo, pensando que nadie

oiría los cantos de sirena en torno al separatismo de unas islas tan típicamente españolas. ¿Cómo iba allí a

nacer un irredentismo cuándo ni hay raza distinta —los guanches quedan sólo en un lejano y mítico

recuerdo—, ni idioma, ni historia, cultura o religión? Cuando en las Canarias, influido uno por la lejanía o

el ambiente tropical, decía: «Mañana vuelvo a España», el Interlocutor cortaba rápido y amablemente:

«Dirás que vuelves a la Península, porque en España estás.» Y, ¿no es ahora asimismo? ¿Ha cambiado

algo´ en este sentido?

Una breve estancia en Tenerife hace unas pocas semanas me demostró que en lo esencial y profundo todo

sigue igual. Sin embargo, entre ciertas capas de la población, la demagogia de Cubillo parece haber

confundido a quienes carecen de conocimientos políticos o de los otros También puede haber hecho mella

en núcleos protestatarios, albergados, como doquier, en los claustros universitarios. En la Universidad de

La Laguna se ha visto escrito en las paredes: «Godos, no; moros, sí.» Corrientemente, y a menudo en son

de broma, se llama, en las Canarias, «godos» e los habitantes de la Península. Esta vez el calificativo

caprichoso tiene poca guasa.

Sometida Canarias a una crisis económica que sin ser mucho, mayor que en otras partes parece afectarle

más por sus escaáos recursos, resulta´ un campo de cultivo peligroso. Especialmente si se tiene en cuenta

que, a diferencia de lo que ocurría antes, las vecinas costas ya no son nuestras. A una proximidad que

desde Lanzarote es extraordinaria, hay ahora moros en la costa..Bien es verdad que tenemos buena

amistad con Hassan, especialmente desde que cundió su rivalidad con Argelia. Pero también es cierto que

Hassan puede un día desaparecer. Él o -la Monarquía. El Partido Istiqlal ya ha dicho más de una vez que

reivindica el archipiélago en razón de su geografía sin parar mientes en la falta de todo antecedente. Los

que existen, en todo caso, son siempre en contra. No hace falta razón, sin embargo, para sembrar

confusión y dañar a las islas con la sola amenaza.

De todas maneras, que nadie espere que las islas un día impensable fueran independientes. Ni siquiera

que cayeran bajo dominio marroquí. Constituyen un bocado demasiado apetecible para que se

lo dejaran escapar uno u otro —lucha terrible habría— de los dos grandes Imperios que se disputan el

control de más de medip mundo. Para la cadena de bases que va instalando a lo largo de la costa del

continente africano la U.R.S.S., Canarias constituiría el broche de oro. Adonde no llegara la proyección

de la magnífica base naval de Mazalquivir, puesta a su disposición por los argelinos, llegarían las

Cananas, fabulosos portaaviones flotando en uno de los lugares más estratégicos del mundo. Los

norteamericanos no se quedarían quietos, como cuando las luchas que en Angola sucedieron a la salida de

los portugueses.

Faftas de una infraestructura industrial, quizá por haber sidq tratadas de forma excesivamente paternal

unas veces —puertos francos— y otras con excesiva desidia o desconocimiento, las Canarias, sin el

turismo, no vivirían. Y aún el turismo está en grandísima parte en manos extranjeras y, si no, de

peninsulares. ¿Les ha faltado garra o podrían haber conseguido dominar ellos sus propias instalaciones

turísticas?

Es posible. Pero las razones de la situación nada arregla cuando no encona. Haría falta que el Gobierno de

Madrid diera pronto una verdadera autonomía a las Canarias sin pasar demasiado al través de quienes,

canarios también, ejercen un excesivo dominio económico. Dicen qué el caciquismo todavía existe allí.

Nuestros días de albores democráticos pueden ser decisivos para Implantar en el archipiélago nuevas

formas de autogobierno.

Solemos hablar poco de la autonomía de las Canarias, imbuidos como estamos eri las necesidades

peninsulares que en e! País Vasco y en Cataluña se hacen tan agudas. Las islas están lejos. Pero no

apartadas del punto sensible del Estado español. Las autonomías no deben dilatarse. Después de muchos

regateos, en el 1897 dimos una autonomía a Puerto Rico superior incluso a la que ahora tie-ns, después de

pasar tantos años como simple «territorio» norteamericano. Dimos una magnífica autonomía solamente

que un poco tarde. Un año después, y como consecuencia da la guerra de Cuba, Puerto Rico se nos fue.

 

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