Autor: J. S.. 
 Canarias en el disparadero. 
 Autonomía sin pernicioso separatismo  :   
 El archipiélago puede ofrecer soluciones válidas al Gobierno. 
 El Alcázar.    30/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Canarias en el disparadero

AUTONOMÍA SIN PERNICIOSO SEPARATISMO

• El archipiélago puede ofrecer soluciones válidas al Gobierno

LAS PALMAS (De nuestro Corresponsal J. S.)-— Exponíamos en nuestro anterior comentario, las

catastróficas consecuencias que para Canarias ha tenido la inoportuna devaluación de la peseta. Los

argumentos que esgrimíamos para reforzar nuestros temores, se han visto superados por la realidad.

El mismo día en que se anunció el nuevo cambio de nuestra moneda, fueron varios los establecimientos

—en particular los dedicados preferentemente a la venta de artículos procedentes del extranjero—, que

cerraron sus puertas uno o dos días para cambiar las etiquetas de los precios por otras en las que hacían

figurar nuevos guarismos elevando a capricho tales artículos. Así, estos comerciantes han hecho su agosto

amparándose precisamente en unas disposiciones que el Gobierno, según se ha dicho, ha dictado "en

beneficio del pueblo". La cadena de encarecimientos no ha hecho más que empezar; las próximas

semanas depararán nuevas sorpresas a los sufridos consumidores.

Alrededor de este turbio ambiente que se respira ahora en Canarias, y pese a la actitud de determinados

políticos que se empeñan en embrollar más las cosas, la realidad insular, la triste realidad, se nos ofrece

cada vez con mayor claridad.

En cualquier conversación que usted capte en la calle o en su propio domicilio, el tema siempre incide en

lo mismo: angustiosa preocupación por el continuo deterioro en las relaciones gobierno-empresarios y

trabajadores-empresarios, cuya víctima final e inexorable es siempre el consumidor, muy especialmente

el de economía más débil.

CANARIAS NO ES SEPARATISTA

A nosotros, como canarios, nos indigna el leer en determinadas revistas y otras publicaciones editadas en

la península y firmadas, casi siempre, por «aves de paso», que vienen a las islas dos días, preguntan casi

siempre a dos o tres personas sectarias, resentidas o inadaptadas, y publican reportajes pontificando sobre

Canarias, sus pueblos su «separatismo» etc. etc., y se quedan tan frescos pensando que han obtenido un

gran triunfo informativo ante su director. Mientras más barbaridades y mentiras digan, más sonada será

esta felicitación.

Los canarios de verdad, los que tienen tras de sí generación tras generación de isleños, observan con

tristeza como se entregan armas dialécticas y de las otras a quienes solo aspiran a pescar en río revuelto,

aspirantes que son muchos, muchísimos más de los que ahí, en la península puedan imaginarse. Gran

porcentaje compuesto por activistas que llegan aquí desde la España peninsular y aquí se quedan una

temporada, no para crear una familia y vivir en paz, como viven centenares de peninsulares, sino con el

solo propósito de incordiar, de convertirse en «independentistas», un camelo en el que ningún isleño con

un mínimo de sentido común cree,. pues su españolismo podríamos calificarlo de «trágico», casi

patológico.

Sobre este auténtico camelo de «independencia», los más caracterizados ^partidos políticos canarios,

desde ´el que podríamos considerar más/«carca» hasta el comunista, han hecho público su total rechazo.

Pero el Gobierno debe andar con pies de plomo en este tema, pues una vez que salte la chispa, una vez

que la exigua pero bien organizada célula de activistas, la mayoría mercenarios, consiga embaucar a los

pusilánimes, a los cobardes, a los desesperados, será difícil controlar la situación. Canarias, hay que

repetirlo, se siente unida sin resquicio a la gran patria española, y ha defendido su visceral españolismo en

múltiples ocasiones. Por esto el archipiélago no debe ni puede ser marginado por el Gobierno cuando se

tomen decisiones que le afecten muy directamente, como, por desgracia, ha ocurrido al descolonizar el

Sahara y al firmarse el acuerdo pesquero con Marruecos.

AUTONOMÍA ADMINISTRATIVA

Canarias no quiere el separatismo. Pero Canarias sí quiere, por razones geográficas, económicas y

ambientales inexistentes en otras regiones (algunas de las cuales, a través de insignificantes minorías

gritan día tras día su odio a la Patria común, a una patria que ha hecho posible su bienestar y su progreso),

una autonomía administrativa amplia, justa y, por tanto, necesaria.

Los canarios queremos, por ejemplo, que los delegados ministeriales en las islas sean canarios, que los

hay muchos y bien preparados, con el fin de evitar que los titulares que llegan desde Madrid sigan siendo

nada más que «aves de paso», como bien dijo un dirigente obrero en un acto oficial.

Los canarios queremos que estos delegados tengan amplias facultades para resolver aquí los problemas

planteados, sin tener que estar consultando, por motivos nimios, y continuamente, al Ministerio

respectivo, con pérdidas de tiempo y falta de agilidad en la gestión pública.

Los canarios queremos que el grave problema de abastecimiento de aguas se solucione definitivamente y

para ello, y por lo que se refiere a la provincia de Las Palmas, no existe más que un camino seguro: el

montaje de nuevas plantas potabilizadoras del agua del mar en Las Palmas de Gran Canaria, capital que

ha superado tos 350.000 habitantes y del montaje de otras plantas en todas las ciudades de las costas de

las islas, algunas con población superior a los treinta mil habitantes, lo que llevará consigo que el agua

que hoy se resta a la agricultura para el consumo humano y usos industriales, quede en el campo. Junto a

ello, la terminación, de una vez, de la red de conducciones precisas para que las aguas de los embalses

puedan ser llevadas a los centros de consumo para su aprovechamiento y no ocurra como ahora en que

buena parte de esta agua almacenada—cuando llueve— se aproveche deficientemente.

Los canarios queremos que el grave problema de la falta de viviendas sociales sea resuelto de una vez y

para siempre, y no con parches que sólo han conseguido agravar hasta términos peligrosos la situación.

Los canarios queremos que se agilicen los trámites comerciales, la interminable burocracia en "los puertos

y aeropuertos, víctima de un papeleo inconcebible —hasta doce organismos intervienen en controles—,

que ahogan materialmente al importador, al exportador y al simple comerciante.

Los canarios queremos que no se siga descapitalizando a las islas. Que el ahorro canario quede en

Canarias para emplearlo en su beneficio, para lo cual debe crearse un Banco de las Islas o potenciar las

Cajas Insulares de Ahorro.

Todo esto y otras muchas cosas queremos los canarios; problemas que nada tienen que ver con el

separatismo propugnad* por una docena de anormales. El Gobierno debe tener conciencia, de una vez,

que estamos aproximadamente a dos mil kilómetros de Madrid, más de la mitad sobre el Océano, y que

no se puede proceder como se haría con Toledo. Segòvia, Valladolid, Guadalajara, Avila, etc. donde, con

sentarse ante el volante de un coche, en poco más una hora se encuentran en el mismo despacho de

cualquier ministro.

POTENCIAR LOS CABILDOS

Digamos por último y dejando necesariamente muchas cosas en el tintero, y sobre lo que podría ser un

esquema de la autonomía canaria, sin rozar lo más mínimo la indestructible unidad de la Patria, que los

canarios —que también somos viejos godos— hemos defendido siempre con uñas y dientes, que el

Gobierno no puede olvidar algo tan nuestro como los Cabildos Insulares, creados allá por el año 1912 y

que puede ser la base, el punto de arranque de esta autonomía administrativa y hasta política en muchas

facetas.

Los Cabildos de las dos provincias canarias, y en la cúspide de la pirámide lo que podría ser la gran

Mancomunidad Regional que integraría a todas las islas, puede y debe ser el órgano rector de esta

autonomía, sin necesidad de inventar nuevos organismos de dudosa efectividad.

Las Mancomunidades Provinciales podrían —entre otras múltiples actividades—, concentrarse en los

problemas concretos de la Administración Provincial, ordenando todo cuanto a la misma afecte en su

ámbito operacional.

La «Mancomunidad de Cabildos», cubriría misiones específicas, misiones y tareas que, por ser comunes a

todas las islas, precisan de todo el peso económico, organizativo y de normativas de toda la comunidad

isleña representada en este alto organismo regional. Entre estas tareas, podríamos destacar las

relacionadas con la exportación, coordinando el envío de productos agrícolas al mercado nacional y al

extranjero; la ordenación de la industria pesquera; la ordenación de las importaciones de productos de

consumo para el Archipiélago, fijando un plan de necesidades a nivel territorial con el lógico ahorro en

los costes: el ordenar los transportes marítimos de carga y pasaje entre todas las islas; impulsar a todos los

niveles facetas de la cultura que no estén previstas en las coordenadas del Estado y que tiendan

fundamentalmente a reforzar la propia cultura canaria y los contactos con manifestaciones artísticas de

otras regiones españolas y extranjeras.

Hacer una distribución racional, de acuerdo con las características socio-económicas de cada isla, de las

industrias que podrían montarse en el Archipiélago, industrias que solo beneficios podrían acarrear a

todas las islas en su conjunto, etc.

30 JULIO 1977

 

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