Autor: Míguez, Alberto. 
   Canarias: las razones del volcán (I)     
 
 Ya.    10/08/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

10-VIII-77

Caminas: Las razones del volcán (I)

Los sociólogos del archipiélago culpan al turismo de la crisis actual • Más del 10 por 100 del espacio

agrícola e industrial, dedicado e instalaciones turísticas • Los canarios se sienten olvidados por la

Península

Alberto Míguez, conocido periodista» inicia con ésta una serie de crónicas referentes a la actual

problemática del archipiélago canario, en donde bullen importantes perspectivas para un próximo futuro.

La realidad de las islas afortunadas será hábilmente, plasmada por el informador que se ha desplazado

hasta allí desde los enclaves españoles en África, donde anteriormente había estado cubriendo una serie

de informa

LAS PALMAS. (De nuestro enviado especial, Alberto Míguez.)

"Fuera godos, indios y moros". En los muros de Las Palmas, una caligrafía apresurada ha traducido su

indignación, sin que nadie «e ocupase de borrar los letreros. Los miles de turistas que llenan la ciudad-

bazar ni siquiera comentan Itf extraña reivindicación "guanche".

"Estas islas respiran españolidad por todos sus poros", comienza diciéndome Matías Vega Guerra) ex

gobernador de Barcelona, ex presidente del Cabildo y una de las personalidades más significativas del

archipiélago.

"España ha sido históricamente una potencia colonial y nosotros, los canarios, sus colonizados.

Formamos parte del Tercer Mundo y reivindicamos el derecho a, la autodeterminación como pueblo",

afirma tajantemente Carlos Suárez (alias "Látigo Negro"), dirigente máximo de la organización

¡secesionista Pueblo Canario Unido.

"La independencia es un disparate. Dependemos de la Península en todo. Nuestra indpendencia duraría

algunos minutos", opina, por su parte, José Carlos Mauricio, primer secretario del Partido Comunista de

España en el archipiélago.

"Atttes. los godos eran los funcionarios peninsulares, ávidos ¿e dinero e influencia. Ahora. suM lob

cspa4^>iesrtín geueraí, cualquiera que sea su origen o profesión", reconoce el camarero de una taberna

del Puerto de la Luz.

Unos y otros, secesionistas y patriotas españoles, marxistas y cristianos, tecnócratas y obreros analfabetos

coinciden en que el archipiélago atraviesa ahora la peor crisis de su historia contemporánea. Y que esta

crisis puede degenerar en furia desesperada (como sucedió hace meses en Tenerife), en parálisis o en

violencia incontenible.

"Canarias es un volcán dormido", afirman todos, recogiendo la metáfora del Teide. El volcán puede

despertar en cualquier momento, respirar fuerte o seguir roncando. También-puede cubrir el horizonte de

fuego y ceniza. O alejarse, como un navio sin rumbo, de las latitudes más familiares.

De todos modos, a este volcán le sobran razones para estallar.

DE LA EUFORIA A LA CRISIS

Resulta difícil, en primer lugar, darse cuenta de la gravedad de la situación a pleno sol y con la euforia

planificada del ´turismo funcionando a toda mecha. Nadie sospecharía que el archipiélago, lleno hasta la

bandera de nórdicos y peninsulares, afronta una crisis de envergadura colosal, máxime teniendo en cuenta

que los hoteleros son los primeros en admitir que este año puede ser récord en lo que a visitantes se

refiere.

Pero la primera paradoja se presenta al advertir que tal vez haya sido eU turismo el primer responsable de

la crisis actual. Un turismo manejado desde el exterior, no planificado, descapitalizado y dependiente en

todo o casi todo.

Los sociólogos de las islas culpan, en efecto, al fenómeno turístico de haber triturado la estructura

productiva estable para sustituirla por un proyecto provisional de vida.

A principios de los años sesenta se consuma la crisis de la agricultura canaria y se inicia la larga .marcha

hacia los mercados del ocio .planificado. Las islas afortunadas- ofrecen sol, buenos precios, servicio

inexperto, aunque eficiente, y tranquilidad. Los edificios de apartamentos, los hoteles, los grandes

complejos playeros crecen y se reproducen como champiñones. Miles de "aparee* ros" abandonan los

campos y se trasladan a las ciudades para convertirse en camareros o albañiles. Más del 10 por 100 del

espacio agrícola o industrial se utilizará para instalaciones turísticas. La tradicionalmente emigración a

Venezuela o a Inglaterra se estanca. Un sueño de pleno empleo, lucro fácil y especulación salvaje oculta

las preocupantes perspectivas futuras.

DESGRACIA TRAS DESGRACIA

En 1973. estalla lo que ha venido en llamarse la "crisis de la energía". La endeble e improvisada tramoya

turística de Canarias, el "monocultivo del ocio "3 se tambalea y termina por derrumbarse estrepitosamente

en los años siguientes. Miles de peones sin calificar, de camareros y sirvientes, de trabajadores sin

formación profesional alguna se encuentran en el desempleo. Miles de jóvenes pierden la esperanza de

lograr algún día un trabajo,-por modesto que sea. A finales de 1975 la situación trasciende a la Península

y las autoridades locales dan la voz de alarma. Oídos sordos. El país aguanta la respiración mientras el

dictador agoniza. Pero antes de su muerte se firma el Tratado de Madrid, que consolida la entrega del

Sahara Occidental a Marruecos y Mauritania. El archipiélago descubre, sorprendido, su importancia

estratégica y contempla cómo a setenta kilómetros de sus costas acaba de encenderse la mecha de una

bomba potentísima. Desde las antenas de Radio Argel, un personaje pintoresco—Antonio Cubillos—

predica la guerra santa contra los "godos" y» explica cómo se fabrica un "cóctel Molotov". La voz de

Cubillo no suena ya en el desierto. Se escucha en Canaria con una mezcla de indignación, burla y

curiosidad. En el desierto, lo que suenan son los primeros tiros...

Durante 1976 se agudizan las contradicciones. En septiembre, las calles de Tenerife y La Laguna son

escenario de violentos combates entre manifestantes y fuerzas del orden. La muerte accidental de un

joven por la Policía, que buscaba al famoso delincuente "el Rubio", moviliza a ciertos sectores juveniles,

que salen a la calle. En diciembre estalla la huelga de la construcción, que paraliza también en Tenerife a

20.000 obreros. No será la primera ni la última huelga salvaje. Los movimientos reivindicatives se

extienden a las artes gráficas, hostelería, tabaco, metal, etc.

El pasado 22 de abril, el Gobierno, consciente de la grave situación canaria, decide aprobar una fuerte

inversión en obras públicas para paliar el paro. Hace apenas unos días, otro plan contra el paro beneficiará

a, los casi ochenta mil desempleados del archipiélago (las cifras oficiosas hablan de cincuenta mil).

Como una película de miedo, sobre el archipiélago se concentran en los últimos tiempos desgracia tras

desgracia:1 el convenio pesquero con Marruecos (recibido con reticencia por sectores mayoritarios y

finalmente—¡qué remedio!—aceptado), la devaluación de la peseta (que agudiza la espectacular deuda

externa de las islas y aumenta su dependencia) y ahora el aumento del precio de los carburantes, que ha

podido ser aplazado hasta septiembre, pero que, ñf. tnrlo-i modos, parece irreversible.

Cuando se toca fondo en las densidades de la crisis canaria es fácil advertir que sus orígenes son lejanos y

sus causas remotas. Lo que parece nuevo es el tono, la radicalización de los comportamientos, el sustrato

irracional que mueve algunas actitudes y el alcance que para la política interior y exterior de España

puede derivarse de este conglomerado El "complejo de insularidad", que tanto dio que hablar en épocas

pasadas, sigue pesando: los canarios se sienten preteridos y olvidados por la Península. Sus penas y

clamores —creen ellos—no preocupan a la altiva burocracia de Madrid. Pero tal vez en eso sólo se

equivoquen. El volcán atlánti-co¡ el potencial portaaviones de la OTAN comienza a verse desde la

Península con aprensión, es decir, con interés. Ha dejado de ser una tarjeta postal.

 

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