Autor: Míguez, Alberto. 
 Canarias: las razones del volcán (II). 
 Urge un replanteamiento de la política económica para el archipiélago     
 
 Ya.    12/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

CANARIAS: LAS RAZONES DEL VOLCAN (II)

Urge un replanteamiento de la política económica para el archipiélago

LAS PALMAS. (De nuestro enviado especial, Alberto Mínguez.)

"Entre el súbdesarrollo y el neocolonialismo." Así caracteriza el Centro de Investigación Económica y

Social (CIES) de la Caja de Ahorros de Gran Canaria el actual momento del archipiélago. Para su

director, él economista Paulino Montesdeoca, la situación es preocupante y exige medidas radicales y

urgentes, pero sobre todo impone un replanteamiento general de la política económica para todo el

archipiélago.

El CÍES—organismo al que difícilmente podría acusársele de secesionista o. de izquierdista—cree que

Canarias ha sufrido "una política colonialista", caracterizada por "la elevada tasa inflacionista, las cotas

alcanzadas por el paro real, el creciente saldo negativo de la balanza de mercancías (se importa casi todo),

la inexistencia de. una política fiscal mínimamente aceptable, la actuación negativa del centralismo,

apoyado groseramente en una parte de la burguesía, interesada solamente en la rentabilidad a corto plazo,

etc."

Para la gran mayoría de los economistas y sociólogos canarios lo que ahora sucede no fue originado por

fenómenos coyunturales (subida de los carburantes o de las materias primas), sino por realidades

estructurales que... pudieron ocul-t a r s e en épocas de relativa prosperidad—"boom" del turismo—pera-

que hoy salen al exterior con fuerza inusitada.

La crisis agrícola, por ejemplo, tiene su origen en la descapitalización del sector, la explotación arcaica y

la marginación de los "aparceros", que, finalmente, no tuvieron más remedio que emigrar a las ciudades

huyendo de la miseria, aunque ahora vuelvan a encontrarla en las zonas urbanas, aliñada con el paro. A

este factor hay que añadir la escasez del agua (y la presencia de especuladores o intermediarios que la

distribuyen y la venden al precio que quieren y cuando quieren), las dimensiones inadecuadas de las

explotaciones, la falta de racionalización, etc. Y, por supuesto, la existencia de cultivos inadecuados,

antirrentables e impuestos (plátano, tomate, como monocultivos), con unos costes de distribución

considerables y en alza.

Y, sin embargo, la agricultura canaria no resultaría perjudicada si España ingresara en el Mercado

Común. Las exportaciones agrarias a los países del Mercado Común son intensas y podrían potenciarse

en el futuro. La insignificante industria canaria (excepción hecha de la industria retiñera de carburantes)

mal podría resentirse por la competencia. "Dada nuestra supuesta mayor integración en los mercados

europeos—dice José A. Alemán—, tal vez no tengamos que acomodarnos a los ritmos peninsulares. Se

trataría de una conveniencia nuestra, dimanante de nuestra propia especificidad, que marcaría el alcance

de la autonomía canaria dentro del Estado español."

En parecidos términos se expresa el economista González Vieitez, autor, junto con otros, del primer

proyecto de autonomía (1971) y militante del Partido Comunista. Existe la convicción generalizada, sin

embargo, de que el ,"caso canario" precisará negociación especial con el Mercado Común y no podrá

incluirse en el paquete general de la economía española.

Pese a su limitada importancia, la industria canaria, constituye también un vértice de la preocupación o, ei

se prefiere, "una frustración .siempre latente". Para poner en pie una industria vigorosa faltan en el

archipiélago materias primas, infraestructuras (energía, puertos, carreteras, recursos hidráulicos, sistemas

modernos de transporte, etc.), recursos financieros y una planificación tanto a nivel general como

sectorial, etc. Otro problema de diferente signo, pero que preocupa mucho a los canarios, es el control que

sobre casi toda la industria insular ejercen el capital extranjero y peninsular. Así, toda la industria

química, parte de la tabaquera, cemento, conservas, electricidad y construcción están en manos de capital

peninsular. Las bebidas y el resto de la producción tabaquera (salvo La Favorita) está controlado por

alemanes y americanos. Los males de´ la industria canaria podrían resumirse en sus dimensiones

reducidas, su escasa racionalización y automatización, la bajísima tasa de autofinanciación y el progresivo

endeudamiento con la banca peninsular, la progresiva, competencia de las industrias peninsulares incluso

en el mismo ra^no de la producción y "un empresariado individualista, con mentalidad a veces artesanal y

visión comercial a corto plazo".

En cuanto al turismo, sector aparentemente recuperado en los últimos meses, su viabilidad actual

comienza a ser discutida. "¿Qué queda dei turismo en Canarias?", se pregunta el CÍES. Y responde:

"Exceptuados los salarios de los trabajadores del sector y unos pocos beneficios empresariales cuyo

volumen no tse ha podicJo conocer, estimamos que el saldo es negativo. Una vez más Habría que

plantear si, de verdad, el turismo amortiza las infraestructuras que consume."

La política triunfalista del turismo que caracterizó a la épa-ca franquista parece haber hecho crisis. Las

consecuencias d« esta política se están pagando ahora: ge desconoce la estructura y calidad de. la oferta,

así como su dimensión, y, por supuesto, nadie ha intentado controlarla. Tampoco es posible analizar la

estructura de la demanda, ni mucho menos canalizarla. Los "tour operators" controlan la demanda en más

de un 70 por 100. Se trata de un turismo de "vales", pobre, poco rentable, que ofrece precios por plaza

inferiores en un 60 por 100 a los precios oficiales de estación, Los "tour" ejercen una verdadera

política monopolista, no arriesgan nada o casi nada y facilitan la especulación salvaje del espacio, con la

consiguiente destrucción de loa ecosistemas isleños. Si alguien quiere conocer lo que verdaderamente

fue la especulación incontrolada y la aniquilación del paisaje, que visite la playa del Inglés o

Maspalomas, zonas que tanto enorgullecieron en su día a los promotores inmobiliarios y a sus

protectores.

La devaluación de la peseta, que algunos—repitiendo el triunfalismo de otras épocas—han recibido con

cierto re-goci-jo porque podría atraer más turismo (¿qué clase de turismo?), puede ser catastrófica para

Canarias. Dado que el archipiélago importa casi todo del extranjero, tanto para la industria como para los

servicios, la Federación Empresarial Canaria evalúa el encarecimiento anual en unos quince mil millones

de pesetas. Y, naturalmente, acaba de pedir un "plan especial de emergencia."

En Canarias se vive ahora en plena emergencia, y eso sigue siendo peligroso, porque de lo que se trata es

de resolver en profundidad la crisis y no parchearla con mudidas populistas. Las alternativas ofrecidas

desde el poder son múltiples. Pocas a medio plazo. Ninguna a plazo largo. Si en el archipiélago se hubiera

creado una verdadera burguesía, nacional al socaire de la estabilidad perdida, las cosas podrían marchar.

Pero el problema radica en que existen dos frentes cada día más radicalizados: el de los especuladores, en

crisis, y el de los desempleados, en cólera. Si alguno de ellos tomase la iniciativa, la erupción sería

inevitable.

 

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