Autor: Fernaud, Pedro. 
   La cuestión canaria /1     
 
 El País.    12/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

La cuestión canaria II

PEDRO FERNAUD

«Fuera godos». Es la pintada más extendida en estos momentos en las tapias y muros de las ciudades y

pueblos canarios. «Godo» es la denominación despectiva y peyorativa con que el insular designa al

peninsular. Entendámonos, «godo» no es sinónimo de peninsular; «godo» es la designación irritada y

xenòfoba hacia el peninsular cuando se le ve desde una perspectiva negativa y descalificante. Es una

precisión que conviene hacer y tener muy en cuenta si se quiere entender de veras lo que está

aconteciendo en el otrora denominado archipiélago afortunado. En este sentido aclaratorio hay que

interpretar las recientes declaraciones a la prensa nacional del sicólogo tinerfeño José María Martínez

Casto: «Ser godo —afirma— no es tanto una definición de origen racial como una definición de carácter.

Ese peninsular hablador, presuntuoso, con aires de superioridad y comportamiento agresivo será siempre

un godo por muchos años que lleve residiendo en las islas. Yo, más que de godos y de. canarios, hablaría

de carácter godo y de carácter canario; Ahí es donde está la diferencia, y eso es lo que configura el

sentimiento de canariedad».

Un observador superficial de la realidad canaria interpretaría el grito «fuera godos» como manifestación

de un sentimiento separatista en las islas. Es lo que se piensa en la Península y se publica con frecuencia

en la prensa nacional. Es incluso lo que quieren hacerse creer un número creciente de canarios,

contagiados por los que trazan irresponsablemente las pintadas de este tenor xenófobo. Pero esto es

quedarse en la superí ,e de las cosas. Vayamos al centro de la cuestión. Para ello abrámonos

espontáneamente a lo que se advierte nada más llegar .a las islas Canarias. Nada más llegar allí se

advierte una sensación de profunda desesperanza y creciente irritación. Sobrados motivos hay para ello,

ciertamente.

Sombrío panorama

Uno de cada diez canarios no tiene trabajo. Uno de cada cinco no cuenta con vivienda ni con asistencia

sanitaria adecuadas. Una dé cada dos empresas canarias está actualmente en crisis. Los salarios han sido

prácticamente congelados, en su mayoría, en niveles muy bajos, mientras que los precios suben un 30%

anual. Las islas Canarias padecen el mayor índice de analfabetismo de España. La presión demográfica es

casi insoportable, con índices de crecimiento «tercermundistas». La vida social y cultural canaria sufre

una degradación progresiva. Y, para colmo de males, la desgraciada forma en que Madrid descolonizó el

Sahara ha dejado a Canarias sola ante el peligro. Los canarios tienen clara conciencia de que su

circunstancia geohistórica ha sido modificada de raíz y para siempre. Canarias ha pasado de la condición

de tierra interior .española a la de frontera. Hasta ahora la historia del archipiélago había discurrido sin

sobresaltos exteriores, si se descuentan los episódicos ataques de los corsarios británicos y holandeses. La

tierra más cercana —y bien cercana que está—es el Sahara, y este territorio ha estado durante estos siglos

en manos dé los españoles. Precisamente ésta fue la justificación histórica de la presencia de España en la

«orilla de enfrente de Canarias». Las islas, pues, ya no tienen las espaldas cubiertas. Hasta ahora el

archipiélago ha vivido fuera del protagonismo conflictivo internacional. Para desgracia de los canarios

esto se ha acabado ya.

Desmoralización y crisis

La conjunción de la crisis social y económica del archipiélago y la descolonización mal hecha del Sahara

conturba enormemente la vida social canaria hasta grados extremos. La sociedad canana está gravemente

desmoralizada. Los supuestos sobre los que ha funcionado pasablemente hasta ahora han saltado hechos

añicos. Los roles sociales que mal que bien venían presidiendo la vida canaria se han quedado vacíos y

sin función. El hombre canario no sabe qué hacer, ni siquiera a qué atenerse en la presente y difícil

circunstancia histórica.

«La historia de Cananas es pródiga en crisis económicas y políticas graves, pero ninguna como la actual

presenta caracteres tan dramáticos y pesimistas.» En estos términos se expresa el director del vespertino

tinerfeño La Tarde, Alfonso García-Ramos, al comienzo de un lucido serial en tres partes, aparecidos este

verano en su periódico y que conmovió la opinión pública de Tenerife. García-Ramos es, en estos

momentos, una de las pocas cabezas claras en el confuso panorama canario. Es miembro del Partido

Socialista Obrero Español y pertenece a una familia desde siempre vinculada a las islas, desde la

conquista misma. En este serial a que hago referencia el director de La Tarde tinerfeña denuncia la

deficiente respuesta —«miedo, ambigüedad, indiferencia»— de la sociedad canaria a los graves retos de

la hora presente. La valiente denuncia de García-Ramos provocó las ¿ras del movimiento independentista

MPAIAC de Cubillo, que ordenó un atentado contra su periódico, afortunadamente no consumado. En

definitiva, la voz de alarma de García-Ramos va contra la «epifanía de la mediocridad fracasada» que está

invadiendo las islas (aunque, desde luego, es una lacra que se extiende a nivel nacional). Y así escribe

certeramente García-Ramos: «Aquí todo fracasado profesional se nos convierte en independentista,

porque aquí todo el negado para hacerse con la cultura que se le ofrece en las aulas o en su formación

autodidacta acaba parando en africanista, porque aquí toda frustración personal, merecida o inmerecida,

deviene en saña antigoda».

En mi opinión, la deficiente respuesta de la sociedad canaria a sus problemas se manifiesta en dos

ámbitos distintos. En la burguesía, desesperanza, ambigüedad y cobardía. Resentimiento, exasperación y

xenofobia, en el creciente proletariado en paro.

Burguesía culpable

La burguesía canaria ha sido la gran culpable de la crisis actual, en la medida de su connivencia durante

cuarenta años con el aparato centralista del fascismo español. Claro que sus culpas se remontan a tiempos

anteriores al franquismo. Una constante del proceder de la burguesía insular ha sido la de utilizar su poder

económico en su beneficio exclusivo al servicio de los grandes capitales exteriores-. En el archipiélago

hubo siempre una especie de pacto tácito mutuamente beneficioso entre las clases dominantes y la

pequeña y mediana burguesía agrícola y comercial. De esta manera las clases dominantes podían contar

con la imprescindible base política para actuar como articulación local del mecanismo de dependencia. Es

una historia que cuenta muy bien el periodista grancanario en su reciente libro «Canarias hoy (Apunte a

un proceso histórico)».´ A la pequeña burguesía se le contentaba con los puertos francos, que permitían un

nivel de consumo barato. Al fondo, las clases populares no contaron nunca para nada: sólo para emigrar

cuando las cosas se ponían difíciles en el archipiélago. Las masas populares han estado desde siempre en

Canarias marginadas del protagonismo social y político en proporciones sólo comparables a lo acontecido

en las regiones más atrasadas de España: Galicia, Andalucía y Extremadura. Este maridaje espúreo entre

las capas sociales dominantes del archipiélago funcionó mientras el gran capital exterior —peninsular y

extranjero— no tenía otro interés que controlar los escalones exteriores —transporte, mercados extranje-

ros, etcétera— y dejaba de buen grado el espacio insular a los nativos. Esto se acabó en la década de los

sesenta, en que se produjo el «boom» turístico y la consiguiente especulación inmobiliaria. Los «tycoons»

internacionales se abalanzaron sobre el espacio insular hasta entonces reservado a las clases dominantes

canarias. Lo trágico del asunto es que nuestras clases dominantes se prestaron al juego, que suponía para

ellas un auténtico «haraki-ri». Sin demagogia alguna puede decirse que la historia de la burguesía canaria

es el triste relato de la dejación de sus propios y legítimos derechos y protagonismos a cambio de fáciles y

poco duraderas ventajas coyunturales. La burguesía canaria ha vendido siempre su progenitura por un

plato de lentejas.

Clases populares perjudicadas

Como siempre, las clases populares canarias han pagado la factura. Lo inédito de la situación es que la

factura es insoportable y los trabajadores ya no quieren seguir siendo los que se hagan cargo de los platos

rotos por otros. La emigración, la habitual válvula de escape de los problemas canarios, ya no sirve por

mil razones de todo tipo. Por primera vez en la Historia, el hombre canario quiere realizarse en su terruño,

no quiere marcharse fuera para que, a la larga, su puesto al sol en la vida insular termine ocupándolo un

forastero. Yo pienso que la actual renuncia del canario a emigrar por las buenas, como ha ocurrido hasta

ahora cuando se producía una crisis económica, constituye un factor positivo, porque forzará a los

canarios a encontrar soluciones eficaces y duraderas que pongan término a las crisis cíclicas que han

azotado al archipiélago desde los tiempos de la conquista hasta hoy mismo. Es quizá lo único positivo de

la grave situación actual. Casi todo lo demás es negativo, porque mi impresión es que estas clases

populares han sido lanzadas a la exasperación, la xenofobia y el resentimiento, a que antes hacía

referencia. Y así no se resuelven los problemas, sino agravarlos y llevarlos a unas coordenadas en que las

soluciones se alejan cada vez más y más.

 

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