Autor: Garrigues Walker, Joaquín. 
   El Frente Polisario y las Islas Canarias     
 
 Ya.    18/10/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 18. 

EL FRENTE POLISARIO Y LAS ISLAS CANARIAS

E l reciente discurso de Marcelino Oreja en las Naciones Unidas abordó, por primera vez desde la firma

del acuerdo t r 1 p a r tito—14 noviembre 1978—, el tema del Sahara, bajo un prisma de respeto

inequívoco para los derechos politicos y humanos de la población saharaui. No fue, ciertamente, una

rectificación rotunda y clara de posiciones anteriores; pero, sin duda, las palabras del ministro constituyan

un primer paso hacia la reconsideración de una posición moralmente injusta y políticamente contraria a

los intereses nacionales.

Pero, y es un pero importante, la política española parece que sigue anclada en una posición escapista

reflejada en la frase "España ya no tiene responsabilidades en el Sahara". Esto no es así.

El Sahara «s frontera natural de dos provincias españolas. El pasado, el presente y el futuro del Sahara es

asunto que opera, irremediablemente, en el área de los intereses nacionales y, por tanto, en el área de

nuestras responsabilidades.

Ciertamente, no puede España, ni debe, enviar su Ejército a restablecer la situación previa a la firma de

los acuerdos de Madrid. Pero tampoco puede España desconocer la Importancia del Sahara para «1

archipiélago canario. Hl Sahara es la frontera natural de Canarias y la guerra del Sahara puede extenderse

a estas provincias españolas si continúa la política del abandonismo de nuestras responsabilidades.

LA obligación del Gobierno español, ante e1 pueblo saharaui y ante la comunidad internacional,

fue entonces, y es aíiora, defender el derecho de autodeterminación de los habitantes del Sahara, En este

caso, además, ese deber español coincide plenamente con la mejor defensa de los intereses nacionales.

Un Estado autónomo saharaui, necesariamente neutral y necesariamente equilibrado de los intereses

antagónicos en una zona tan conflictiva, sería e1 mejor y más permanente «Hado natural de los intereséis

españoles.

Con el acuerdo de Madrid hemos ayudado a crecer desmesuradamente a nuestro vecino del sur:

Marruecos, y esto en nada nos puede beneficiar. Con Marruecos tenemos demasiados puntos conflictivos.

Ceuta y Melilla, la competitividad de nuestras economías, y ahora la posesión y explotación de las

grandes riquezas submarinas de las estrecha franja de mar que une y separa el Sahara y Canarias. Pocos

españoles parecen saber que hoy, a diecisiete millas de las costas de Lanzarote, están perforando, en

busca de petróleo, compañías americanas con licencia marroquí y activa tolerancia española.

LA firma del acuerdo de Madrid fue una entrega indigna de nuestras mejores tradiciones, en un doble

sentido: porque entregamos u>n pueblo libre y porque nos sometimos a la coacción de Marruecos. Pero

fue, además, un error lamentable cuyas consecuencias no se paliarán por el solo hecho de intentar olvidar

nuestras responsabilidades.

La línea abandonista, aun aceptando estos hechos, pretende presentar como inevitable ´e irreversible la

situación generada por el Acuerdo de Madrid. Y esto no es así exactamente. Lo que España demostró jurí-

dicamente hasta la saciedad —la ausencia de vinculación político-histórica del Sahara con Marruecos—

está hoy demostrándolo, con las armas, el Frente Polisario.

La línea abandonista pretende presentar el conflicto del Sahara como una lucha entre vecinos—Marruecos

y Argelia—, en la que España no debe intervenir. Y esto no es así exactamente.

ES cierto que los intereses de Marruecos y Argelia están en conflicto y que Argelia participa en la defensa

d« Ja soberanía saharaul. Pero la «xis-tencia d«l pueblo saharaui y su decidida voluntad de independencia

no e« un invento argelino.

La línea abandonista pretende presentar la política actual española como una. política de no intervención

en el conflicto del Sahara.

Y esto, simplemente, es falso. España ha intervenido y ai-g>ue interviniendo en el Sahara porque,

conjuntamente con loa marroquíes, pretende explotar los fosfatos de Bu-Cra*, que son saharauis, y, sobre

todo, porque suministra armas a Marruecos cuya obvia utilización es en el Sahara.

España debe, fundamentalmente, redirigir su política para hacerla compatible con el derecho de

autodeterminación del pueblo saharaui y la defensa de los intereses nacionales en las islas Canarias.

Estos son los «jes de una auténtica neutralidad española en el conflicto saharaui.

Esa nueva política originará, sin duda, problemas al actual régimen marroquí, pero facilitará también, sin

duda, la definitiva pacificación de la zona.

No debe la reciente democracia española entorpecer la lucha de un pueblo por su libertad, ni permitir que

la coacción marroquí siga dictando nuestra política exterior en el Norte de África, sin asumir plenamente

el grave riesgo de que otros países entiendan que es éste el único camino de conseguir que España se

conciencie de sus responsabilidades.

A veces, la buena política es la mejor política.

Juan GARRIGUES WALKER

 

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