Autor: Fernaud, Pedro. 
   La cuestión canaria /3     
 
 El País.    19/10/1977.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

EL PAÍS, miércoles 19 de octubre d e 1977

REGIONES

TRIBUNA LIBRE

La cuestión canaría /3

PEDRO FERNAUD

En estos momentos, en las Islas Canarias hay un casi absoluto consenso social sobre la necesidad de ir a

un Estatuto de Autonomía para el urgente proceso de recuperación política, económica y social que el

Archipiélago demanda. Como correlato a este consenso social, todas las fuerzas políticas canarias —con

excepción de los grupúsculos independentistas— concurrieron con la bandera de la autonomía a los

comicios del pasado 15 de junio. Claro que unas fuerzas políticas son autonomistas convencidas desde los

últimos tiempos, y otras se apuntaron deprisa y corriendo al autonomismo para no perder comba. La

respuesta Sel electorado canario primó el oportunismo y éste es un dato que, en mi opinión, revela en toda

su crudeza la grave desorientación y falta de sentido de la responsabilidad .de extensas capas sociales del

pueblo canario.

Sorpresa electoral

Pienso, y así lo he manifestado en anteriores escritos míos, en la prensa nacional sobre el tema canario,

que el resultado de las elecciones en Canarias resultó sorprendente y, hasta cierto punto, intranquilizante.

Porque se ha desplazado anormalmente de la natural vocación socio-histórica de las Islas. Por un lado,

hay que anotar las bajas votaciones registradas por el PSOE y el PCE. El PSOE tiene una dilatada

tradición en la clase obrera y en la pequeña burguesía de las islas, especialmente en Tenerife, y además,

presentaba un programa autonómico bien elaborado y que recogía sustancialmente, las aspiraciones de las

fuerzas populares y progresistas del archipiélago. El PCE ha tenido desde siempre, predicamento en los

obreros de Las Palmas (recuérdese que esta provincia tuvo un diputado comunista en las Cortes

republicanas), y, sin embargo, tuvo en estas elecciones una votación ridicula. Otro dato negativo —

negativo para la estabilidad de las islas— fue el 6,5 % obtenido por la alianza electoral Pueblo Canario

Unido, que incluía grupos independentistas y numerosos comunistas radicales disidentes del PCE, con

propuestas maximalistas, además de inviables, contrarias al real sentimiento y a los intereses de los

canarios. Otro dato tremendamente negativo y creador de inoportunas confusiones ha sido el elevadísimo

grado de abstención electoral registrado en Canarias, que en Tenerife llegó a la exorbitante cifra del 38 %.

Es muy difícil llegar a conclusiones mínimamente válidas sobre la significación sociológica y política de

esta masiva dejación del derecho al voto, básico en toda organización democrática. Lo que sí hay de

cierto es que una sustancial parte de la población canaria ha desaprovechado la oportunidad de manifestar

responsablemente su opinión política.

Voto del miedo

El gran beneficiario de esta ceremonia de la confusión ha- sido el Centro, con unos resultados electorales

que excedieron largamente sus mejores augurios. Hay que decirlo sin ambages: el voto canario en las

elecciones de junio fue el voto del miedo. La Unión de Centro Democrático se forjó en Canarias, como en

el resto de España, desde Madrid, deprísa y corriendo. Dada la escasa implantación en el archipiélago de

las fuerzas que configuraron a escala nacional, la alianza centrista, en Canarias hubo que recurrir, como

en muchas otras partes de España, a miembros de lo que dio en llamarse «franquismo sociológico». En la

busca atropellada de votos, el Centro canario también lanzó promesas autonomistas, sin las cuales hoy en

día no se puede hacer nada en política en las islas. El triunfo clamoroso, de los mayores registrados en

España, del Centro en las elecciones, sorprendió a propios y extraños. Su explicación, sin embargo, es

clara: ha vuelto a funcionar, esta vez a nivel electoral, la alianza entre la oligarquía y la pequeña y

mediana burguesía agrícola y comercial.

Independentismo

A estas alturas el lector peninsular se preguntará con toda razón: «¿qué pasa con el independentismo

canario? ¿tiene verdadero arraigo en aquel archipiélago?» Yo pienso que la tesis independentista es falsa

en sus planteamientos históricos y con poco arraigo efectivo en las islas. Pero lo que sí hay, y es un

fenómeno verdaderamente preocupante, un creciente «chantaje» de los grupúsculos independentistas

sobre la sociedad canaria y sobre las fuerzas políticas más tradicionales y enraizadas en el Archipiélago,

que no han sabido distinguir con energía, entre independentisme y autonomía. A nivel exterior ha

adquirido una extravagante notoriedad el abogado tinerfeño Antonio Cubillo, creador del movimiento in-

dependentista MPAIAC, con sede en Argel. Cubillo empezó con unas pintorescas emisiones de radio,

desde la capital argelina, y ha terminado poniendo bombas en el archipiélago, lanzado a una campaña

terrorista que repugna a los insulares y que puede afectar a nuestras escuálidas bases económicas.

Reciente está la tragedia de Los Rodeos, en que chocaron dos jets que habían sido desviados de Las

Palmas, a causa de una bomba mapayaca en el aeropuerto gran canario. Pero hay que decir al público

peninsular, que la organización de Cubillo no es la única de carácter independentista. Incluso Cubillo

tiene serios detractores entre algunos grupúsculos separatistas. Pero no hay duda que el MPAIAC es el

que más perturbaciones está creando a la estabilidad de las Islas Canarias. Entre otras cosas, por su

resonancia internacional, dada la protección que recibe, por el momento, del régimen de Bumedián, que

está utilizando indecorosamente, ante la pasividad española, este arma para «castigar» a Madrid, por la

forma en que nuestro Gobierno descolonizó el Sahara. La reivindicación que del pasado guanche de las

islas hace Cubillo, es pintoresca y mendaz. Hará unos tres años engañó a un enviado especial del

prestigioso rotativo parisino Le Monde, a quien le hizo escribir en Le Monde Diplomatique, el

monumental dislate de que el guanche era una lengua perseguida por las autoridades españolas. El

historiador canario Joaquín Blanco, en su «Breve noticia histórica de las Islas Canarias», dice claramente

que «en la primera época de los primeros cronistas (de la Conquista) ya sólo se conocían muy pocas

palabras de la primitiva lengua, e incluso se habían olvidado totalmente muchas de las costumbres de la

raza autóctona».

Violencia social

A nivel profundo, lo que está ocurriendo en lo hondo de las masas populares canarias, es más peligroso

que las piruetas efectistas del MPAIAC. Hay que decir que el descontento de amplias bases de la

población canaria está tomando un sesgo violento, que ya se ha manifestado en varias ocasiones como

una verdadera erupción volcánica. No hará más de un año, la ciudad de Santa Cruz de Tenerife fue

prácticamente tomada por la reacción violentísima y enconada de turbas de jóvenes de los barrios pe-

riféricos de la capital, en protesta por la muerte del joven Bartolomé García Lorenzo a manos de la

policía, que lo frió a balazos al confundirlo con el célebre delincuente «el Rubio». Esta violencia

ciudadana se repetía meses más tarde con ocasión de la jornada de protesta por el convenio pesquero con

Marruecos, en que las turbas citadas se impusieron a las protestas ordenadas de los partidos tradicionales

canarios. Esta es una realidad sociológica de la Canaria actual —la violenta insurgencia social de las

juventudes canarias proletarias—, que no puede negarse. Ni siquiera me parece justo condenarlas sin un

previo ejercicio de comprensión. Relataba yo, en anteriores capítulos de este serial, en que nadie reparó,

cuando el éxodo masivo de la población del campo a las ciudades, en los problemas de equipamiento

social que provocaba esta súbita conversión a gran escala de la población rural en urbana. Ahora estamos

padeciendo los resultados. La patética crisis social canaria la describe muy bien José Antonio Alemán en

su ya citado libro «Canarias, hoy». Escribe Alemán: «Juan Canario y otros miles fueron arrancados,

expulsados del campo, forzados a hacinarse en los barrios de las ciudades. En 1960, la mitad de la

población de las islas estaba en el campo; en 1975 sólo quedaba en él, la cuarta parte. No dicen las

estadísticas, que para esos hombres, el dejar la agricultura no fue un mero cambio de profesión, sino de

forma de vida, de mentalidad, de concepciones, un trastue-que de valores. Un proceso de urbanización

con la finalidad de explotar su fuerza de trabajo que no supuso elevación del nivel cultural y de

cualificación, ni siquiera de la calidad de vida.» Los hijos de estos campesinos desarraigados han crecido

sin posibilidades educativas y condenados a un paro inmisericorde, que los tiene en un estado de furor

permanente. Son los hijos de la ira, un verdadero peligro social que ha incubado la sociedad canaria

misma. La salvación de Canarias, de la sociedad canaria, sólo será posible a través de la integración de

todas sus capas sociales en un proyecto de vida en común que se fundamente en la recuperación de una

señas de identidad ciertas. El problema básico de Canarias en estos momentos dificilísimos es el de la

recuperación de sus señas de identidad. Ahí está, «in nuce», el problema político canario, la cuestión

canaria.

 

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