Autor: Fernaud, Pedro. 
   La cuestión canaria /4     
 
 El País.    20/10/1977.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL PAIS, jueves 20 de octubre de 1977

REGIONES

TRIBUNA LIBRE

La cuestión cañaría /4

PEDRO FERNAUD

El actual hombre canario es el precipitado de cinco siglos de singular andadura histórica. En estos

momentos el canario se interroga a fondo por sus señas de identidad. Los canarios, ¿quiénes somos? Una

minoría importante numéricamente de las Islas está embarcada en una tentativa de mixtificación de

nuestras raíces culturales, de manipulación de la canariedad. Esta minoría se mueve un un doble objetivo

convergente: nacionalismo en lo político, africanisme en lo cultural. Conozco muy bien mis islas para

poder detectar en estas «nuevas» propuestas el interés muy particular de determinadas personas del

mundo artísti-co-cultural, que quieren salvarse de su mediocridad mediante el lanzamiento de productos

culturales exóticos que tendrían muy buena acogida en el propio mercado español. Hay que estar a la

última moda. Sé de un escultor canario que hará un par de años lanzó una violenta y gratuita diatriba

contra la cultura canaria que se hacía con mil esfuerzos en las islas, de las que dijo no querer saber nada, y

que ahora se ha descolgado con patéticas «búsquedas de la identidad canaria en arquetipos culturales que

respondan a nuestro modo de ser, ocultado hasta ahora». Es el casó —lo habrá imaginado el lector— de

Martín Chirino, que ahora se muestra proclive a manifestaciones como la de que «mis piezas actúan en su

contexto, en su universo, y vuelven a los viejos signos: A Canarias y África. AI viento. A la espiral».

Cultura canaria

Hay un trabajo interesante del escritor grancanario Luis León Bárrelo aparecido este verano en un boletín

de la Caja Insular de Ahorros —no recuerdo si de Tenerife o Las Palmas— bajo el título de «El gran

debate de la cultura canaria», en el que se contienen afinadas observaciones so.bre este tema tan

controvertido ahora. Yo voy a quedarme con dos citas que de dos grandes escritores mexicanos hace León

Bárrelo. Una, de Octavio Paz: «El nacionalismo no sólo es una aberración moral; también es una estética

falaz.» La otra, de Carlos Fuentes:«Cuandoel futuro es suprimido, el origen ocupa su lugar». Son dos

advertencias que debemos tener en cuenta los canarios en esta hora difícil en que hemos de definirnos.

Algunas minorías intelectuales canarias se han lanzado ahora, por razones miméticas y de oportunismo,

por unas vías indigenistas y tercermundistes. En un Congreso de Poesía Canaria celebrado recientemente

en La Laguna hubo quienes postularon una cultura insular libre de la colonización castellana, y que los

poetas de las islas partieran de cero e inscribieran su obra en el Tercer Mundo, al que, según ellos,

Canarias pertecene. La verdad es qué ni Canarias pertenece al Tercer. Mundo —si se quiere dar un

sentido controlable a esta expresión—, ni se puede olvidar toda una tradición cultural firmemente

enraizada en Europa.

Canariedad

La realidad socio-histórica de las´"lslas Canarias es el resultado de una singular peripecia histórica en la

que se amalgaman elementos de muy vario origen. A la pregunta: «los canarios, ¿quiénes somos?»,

algunos quieren responder descendiendo en sus pesquisas hacia el origen de la actual población isleña.

Pero esta retracción de la cuestión no la resuelve en absoluto. Poruña doble razón. Porque nuestro origen,

el de los canarios efectivos y actuales, es plural. V porque un pueblo no sólo es su pasado, sino su forma y

talante de afrontar su futuro. El pasado puede convertirse en. peso inerte sin significado. Realmente, el

ayer nunca está escrito del todo. O como decía Carlos Fuentes: «Cuando el futuro es suprimido, el origen

ocupa su lugar.» Las consideraciones meramente antropológicas, raciales, resultan insuficientes para

aclarar en profundidad la esencia misma de la canariedad. Porque existe^ nítida una canariedad, una

forma específica de ser y sentirse hombre, genuina de los canarios, tan singular o más que la de los

corsos, los portorriqueños o los sardos, por poner ejemplos de comunidades insulares bien diferenciadas.

La modernidad

Volviendo a mi punto de vista, el destino geo-histórico que a las Islas Canarias ha impuesto su condición

de herederas de la Atlántica —nexo entre los tres continentes—, nos fuerza a analizar, aunque sea

brevemente, las relaciones que nuestro archipiélago ha mantenido con Europa, América y África. Su

incorporación a la Corona de Castilla en el siglo XV supuso su adscripción irreversible al mundo y a la

cultura de Occidente como parte de una gran nación europea —España—, de un pasado azaroso e

importante, que ha dejado su impronta en las cinco partes del mundo. Además de nuestra adscripción

irreversible al común destino nacional español, de hecho, Canarias ha tenido una clarísima vocación de

prolongación de Europa. Canarias se incorporó a la vida histórica en plena modernidad europea, y esta

circunstancia ha dejado impreso en el archipiélago un afán de modernidad y una vocación cosmopolita y

progresista reiteradamente ejercida. Es un hecho cierto, comprobable históricamente, que Canarias ha

vibrado de entusiasmo al conjuro de empresas históricas de carácter liberal y progresistas (Revolución de

septiembre, I y II República) de la patria española, y ha caído en el desánimo y en la indiferencia en las

recaídas reaccionarias de España, la más reciente y profunda de las cuales fue el franquismo de estos

últimos cuarenta años, que ha dejado a nuestras islas en grado extremo de postración en todos los

ámbitos. De todos es sabido que ha habido muchas épocas que Canarias ha mirado más a Londres y París

que a Madrid y Sevilla, o Cádiz, cuando acontecía que nuestro proyecto de busca de la modernidad

encontraba en aquellas capitales extranjeras su mejor definición. La dimensión americana de Canarias es

un hecho incuestionable. El archipiélago fue el laboratorio y el campo de experimentación de la empresa

española-en América. Canarias fue ia antesala de América, y desde luego, toda interpretación verídica

de´las jslas ha de partir del hecho básico de su nacimiento histórico como un ensayo de nuevas formas de

vida hispánicas. Para la colonización de América hubo un auténtico trasplante de instituciones desde

Canarias al Nuevo Mundo. Eugenio d´Ors solía decir que quien quisiera tener una buena preparación para

entender América debería pasarse, al menos, un mes en Canarias. De las tres posibilidades continentales

—Europa, América y África— que se han abierto desde siempre a Canarias, no hay duda que ha sido la

vocación americana la más cumplida hasta ahora.

Campaña africanista

Desde esta perspectiva resulta alienante y perturbadora la campaña que los «africanistas» de nuevo cuño

están lanzando en Canarias para desviar al insular de su profunda vocación americanista. Esto es una

atrocidad histórica y una falsificación. Desde esta perspectiva me ha parecido oportunísima la idea que

este año han tenido el Rey de España y el presidente de México de asistir juntos el 12 de octubre a los

actos conmemorativos de la Hispanidad, en Canarias. Yo quisiera subrayar estas palabras que el Rey

pronunció en el teatro Pérez Galdós, de Las Palmas, porque me parecen una descripción certera de la

profunda dimensión americana de las Canarias: «Las Canarias pasaron (tras la recalada de Colón) así, de

ser uno más de los archipiélagos del Atlántico —que en la antigüedad, había enardecido la imaginación

de cosmógrafos y marinos—, a convertirse en el muelle último de España, para la primera flota

americana, y en la verdadera prefiguración de América, cuyos climas, tradiciones, artes y hasta acentos

musicales de nuestra común lengua castellana parecen encontrar aquí su eco. De la misma manera, el

archipiélago es, viniendo de la otra orilla, no la prefiguración, sino España misma, primer puerto de

nuestra tierra. Y siempre, durante siglos, una suerte de puente entre América y España, que de ambas

participa.»

Nuevo enfoque hacia América

Lo que sí es cierto es que hay que replantear de raíz la forma de cumplimiento de la vocación

americanista de Canarias. No parece que sea la persistencia de la emigración de los insulares al Nuevo

Mundo, la mejor manera de enfocar nuestras relaciones mutuas. La emigración secular del canario hacia

América ha sido muy fructífera para aquellas tierras allende el océano, pero para nuestras islas ha sido

una experiencia dolorosísima que nadie quiere continuar. Esto se tiene que acabar. Frente a América es

preciso reformar aun más nuestros lazos afectivos allí, pero mediante una presencia sazonada de la cultura

canaria, al tiempo que es hora ya de comenzar unos fructíferos contactos económicos y comerciales que

tan fáciles nos serán a través de la similitud en el lenguaje, en las costumbres y en la idiosincrasia de

nuestros pueblos.

 

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