Autor: Quintana, José. 
   Canarias no puede ser aves de paso     
 
 Pueblo.    01/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CANARIAS NO PUEDE SER AVES DE PASO»...

Sí, amigos, «aves de paso» y paso de aves se nos antoja a veces el cielo canario, la tierra canaria y el mar

canario. Aunque, amigos, bien es verdad que no sólo el aire, el mar y las rutas turísticas se nos convierten

en vuelos que nos hoyan con pisadas que nos huellan el sentimiento natural y lógico de todo bien nacido,

que comprueba que el paso de aves... ha arrancado la virginidad de nuestros barrancos, la destrucción de

nuestros basaltos milenarios, con la marca testimoniando la presencia de un día, sellada la marca de un

nombre y de un hombre que sólo fue para nosotros, para los canarios en general y para í Canarias, como

un ave de paso..., un lejano recuerdo en la distancia, que nos viene a decir la negación de pueblo, la

usurpación de la identidad natural, legitima, y de derecho universal, donde se amparan, todos los

esfuerzos de cada país que aspire a llamarse pueblo. Porque, amigos, lo que destruye, lo que prohibe

cristalizar a una familia en raíz de siglos, lo que anega el entendimiento entre los hombres, lo que hace

materialmente imposible el diálogo, es ser aves de paso..., el no poderse identificar y decir: «Me llamo Juan,

vengo de Pedro y pertenezco a él...»

Sí, amigos, Canarias no puede ser ave de paso ni paso de aves, porque con esto, con ser tierra de cruce y

camino hacia otras tierras, no cristalizará jamás un pueblo, ni arraigará nunca un sentimiento total y

completo que signifique vínculos duraderos, ni podrá, por mucho que se diga o por mucha fraseología

socio-epígona que se extinte en tinta, aquietar la natural pregunta de quién soy, de dónde vengo..., adonde

voy, o me llevan, o me" quieren llevar con tanta aludida componenda dé historias, planes y planistas, con

sus planificaciones y programas incumplidos, con tanta sequedad y aspereza; modos, al fin, de

abandonismo de míseros comportamientos; lacra, al fin, de hombres aves de paso y paso de aves...

No, amigos, con aves de paso o paso de aves no sé puede soñar mucho, y «mucho» menos decir sí no...

Porque una tierra, para serlo, no basta disponer de superficie, tener ese espacio físico que llamamos. Para

ser tierra, que nos lleve a pueblo, se necesita y se precisa ser, tener raíz, y no puede tener ni ser raíz tierra

de aves de paso o paso de aves..., formas que semejan pájaros furtivos, que arribaron un día al

archipiélago, tomaron el olor al aire isleño, se apropiaron de cuanto pudieron y desaparecieron como aves

aventureras, como esas aves foráneas que se nos meten limpiamente de pueras adentro, se hacen llamar

canarias, cacarean una y otra vez este gentilicio y nos dan a entender que vierten a nuestras islas a meter

el hombro parà sostener este terruño que se nos hace cada día más «desierto» no sólo de posibilidades de

supervivencia, sino también cada vez más «escaso» de sensibilidad ante sus valores tradicionales de

pueblo hospitalario.

Sí, amigos, es la reflexión de siempre, en nosotros, los canarios todos, los isleños, todos, oriundos de

oriundos o genesie de... traemos, aquí y ahora, la constancia y presencia de estas aves de paso, para que

se nos entienda. Y señalamos: ningún favor se nos hace a los canarios, a los isleños en general, cuando

desde los órganos informativos: radio, Prensa, televisión, etc., se invoca el nombre de Canarias o sé

insinúan nombres isleños, del sexo que sean, de la posición social que sea, para el apuntalamiento del

tanto oportunista de que son más canarios que los propios canarios, más comunistas que los mismos

comunistas, sean de un signo u otro, y más felipistas que los nuevos epígonos del PSOE, con la críptica

intención de servir y servirse de los dineretes multinacionales, dividendos de clanes —no cié planes—,

que no vierten ni menos revierten en beneficio de la clase trabajadora isleña, que no significa ninguna

aportación para el desarrollo del país canario ni para el Estado, ni para enriquecer nuestra cultura ni

nuestros bienes comunes. Aves de paso y paso de aves que reciben, como saludo en nuestros medios

sociales, el «aquelarre» de: «Son como los galgos: llegan colocados y ganadores»...

Sí, amigos, a todos nos conviene dejar claro, incluidas estas aves de paso y sus protectores, que los

canarios, nos preciamos de tener apellidos castellanos, llamen-se González o Cabreras, que nos son tan

comunes y de nuestra sangre como los anglosajones Lengton, Hardisson, Molowny, etc., sin menoscabo

del ruso-polaco Sibikpsky, de los franceses Bethencourt y Massieu, hermanados todos con los ítalos

Graziani, el holandés Wangüemer, los portugueses Vieira y Gonsalves, que tampoco tienen que polemizar

con los nativos Guanche, Aruca, Tacoronte o Bencomo...

Y es que, creemos, por tantas razones histórico-sociales, que todos estos lazos y vínculos de civilidad

debieran servirnos para presumir de una sociedad menos arisca y más dispuesta al vetusto juego de mer-

cados y merodeos dé mercachifles callejeros, esforzándonos en cambio en poner los sentidos en beneficio

de Canarias, de nuestras islas, que es tanto como hacer práctica la enseñanza que podríamos aducir de

Benavente («...para tener intereses, o crearlos, no hay nada mejor que sembrar afectos»...).

Sí, amigos, nuestras islas deben ser un firme propósito de corrección a todos los niveles, que precisa

unificar los siete traumas que nos ha dado la naturaleza cosmológica, esos siete mares que nos separan, y

que son realmente siete carreteras espirituales, dispuestas para unir, nunca para dividir, en primer lugar al

archipiélago, sobre puentes, autopistas mentales que sean aptas para penetrar hasta el último rincón de

cada isla, con pistas espirituales, que alcancen los rincones ocultos de los múltiples vallecillos y ba-

rrancales isleños en abrazo a las orillas playeras, no dejándose ensoñar con el paso de aves extrañas, o

con las aves de paso..

Sí, amigos, nosotros los canarios, no pretendemos, a estas alturas, una sociedad moderna con base en una

limpieza de sangre. Sería ridículo que los isleños no fuéramos ahora a distinguir entre peninsular, ese otro

trabajador que se unió a nuestra lucha por tener un país nuevo, de ese otro que es ave de paso. Sería

ridículo, tanto como que por inercia nuestra, de todos nosotros, canarios por nacimiento o por adopción,

padres a su vez de hijos canarios y esposos de mujeres canarias, o tal vez abuelos, nos volviéramos de

espaldas y no hiciéramos llegar a conocimiento del Gobierno, y del pueblo natural, nuestra repulsa a toda

ave de paso, engendradora de la desmembración ciudadana, y propagadora de todo tipo de corrupción y

desmoronamiento de la voluntad que a todos los canarios nos une, en lógica defensa de valores

universales.

No en contra, sino a favor de orden y paz, en fervorosa unión de civilidad y amplitud de iras en convivir. Y

si vencer es menos importante que convencer, queremos, los canarios; vivir en armonía y convivencia,

antes que pervivir en connivencia, .persuadidos firmemente de que ´ Canarias no puede (no debe) ser «ave

de paso»...

PUEBLO 1 de diciembre de 1977

José QUINTANA

 

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