Autor: Badía, Enrique. 
 Canarias: tan solas, tan lejos /1. 
 Falta de estructuras económicas y dependencia internacional     
 
 El País.    15/12/1977.  Página: 43. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

EL PAIS jueves 15 de diciembre de 1977 ECONOMÍA

La economía canaria une, a la crítica coyuntura general por la que atraviesa en estos momentos España,

una serie de condicionamientos y circunstancias que confieren especial gravedad a su situación. Entre

ellos, no deben descartarse los derivados de una desfasada estructura social, un aislamiento cultural y

geográfico y una no siempre diáfana comprensión desde y hacia la Península. Para conocer mejor la

actual coyuntura económico-social del archipiélago y sus perspectivas inmediatas, Enrique Badía ha

viajado a las islas Canarias y mantenido contactos con diversos estamentos de las dos provincias

insulares. Con los datos recogidos iniciamos hoy la publicación de un análisis de la realidad canaria 1977.

Canarias: tan solas, tan lejos/1

Falta de estructuras económicas y dependencia internacional

A lomos del subdesarrollo, obligada a guiñar perpetuamente un ojo al turismo rico y opulento, de modo

que le sea posible la supervivencia. Canarias busca en estos momentos recobrar su propia identidad.

Pugna por hallar un modelo de desarrollo autóctono y viable, que la faculte para afrontar los estertores

agónicos del modelo tecnocrático-desarrollista español y subir al tren del nuevo despegue, sin depender

básicamente de los caprichos y avalares del exterior. Pero no es fácil.

Una torpe división provincial, auspiciada por los oligarcas en 1927, en plena dictadura primorriverista, se

transforma hoy en rivalidad suicida, cuando los problemas insulares respectivos son, fundamentalmente,

canarios. A ello se unen una estructura social arcaica, un modelo económico jamás diversificado, bajos

niveles salariales y de cualificación profesional y una omnipresente clase dirigente que, en perfecta

connivencia con el poder centralista, ha propiciado una política inhibitoria y abandonista hacia el

archipiélago.

Durante décadas Canarias ha sido el enclave paradisíaco, de clima privilegiado, al que resultaba atractivo

viajar en el invierno, con el gancho adicional de adquirir toda clase de artículos extranjeros a precio muy

reducido, merced a su calificación de puerto franco. Nunca llegó a explicarse muy bien el apelativo de

afortunadas, con que los manuales al uso definían a esas ocho islas atlánticas, injustificadamente

colocadas en el extremo inferior izquierdo del mapa peninsular, como junto a Huelva, cuando la distancia

real supera los 2.000 kilómetros; es decir, el doble de la que separa Cádiz de Bilbao o La Coruña de

Barcelona.

Dentro del esquema filosófico-político del atado y bien atado, Canarias fue siempre un enclave sin

complicaciones, donde en tiempos se destinaba a los funcionarios castigados y, más recientemente,

existían pugnas por obtener un lugar burocrático que permitiera permanecer allí dos o tres años; los

suficientes para optar a los beneficios de traslado del ajuar personal. Muchos representantes del Poder

central en Canarias han circunscrito su labor a las operaciones de traslado de automóviles a la Península,

amparándose en ciertos privilegios, no del todo abandonados. Todavía hoy, los funcionarios del Estado

reciben cuantiosos pluses sobre su salario por residir en el archipiélago. Los canarios suelen referirse a

estos ejemplos, no del todo anecdóticos, para expresar la total falta de integración del Poder central y sus

representantes en los problemas reales de las islas. Sucesivas oleadas de funcionarios, que no llegaban a

identificarse con las auténticas necesidades regionales, han tenido a su cargo el cometido de mitigar en lo

posible las consecuencias de esos 2.000 y pico kilómetros que separan a los canarios del resto de los

españoles. Uno de los problemas seculares de la economía canaria ha sido la escasa diversificación de sus

fuentes de riqueza y la consecuente dependencia exterior. Pobre en recursos propios, pero con una

situación privilegiada, Canarias ha sido siempre objetivo primordial de los movimientos especulativos —

autóctonos y foráneos— que, lógicamente, no han revertido en la instrumentación de un modelo

económico que, en las circunstancias actuales, aportara instrumentos de defensa frente a las

consecuencias de la crisis internacional.

Tras varias décadas de predominio absoluto del sector primario -agricultura—, una serie de circunstancias

y comportamientos provocan un rápido trasvase de recursos y mano de obra al terciario —turismo—,

incidiendo lógicamente en el secundario —construcción—, como consecuencia directa del boom de

equipamiento de plazas hoteleras. Todo ello, en un contexto de comportamiento especulativo del

capitalismo autóctono y peninsular y una irreflexiva política de entreguismo a sociedades extranjeras, que

obtienen lo más saneado de los recursos generados en las islas durante los últimos años.

Nunca ha llegado a percibirse una auténtica preocupación de las clases dominantes —insulares o

peninsulares— por proveer un modelo económico coherente, siquiera un equipamiento esencial que

permitiera aproximar el archipiélago a la media nacional. El capítulo de insuficiencias es, en Canarias,

inagotable. Un aspecto esencial es la falta de estadísticas y estudios ponderados sobre la realidad

socioeconómica canaria. Con frecuencia, los datos que se barajan son aproximados, estimativos o, en el

mejor de los casos, procedentes de estudios aislados, ultimados con un sinnúmero de problemas.

La presencia de las oligarquías es inagotable. Desde el mercado financiero, monopolizado prácticamente

por las Cajas Insulares —cada una en su provincia—, hasta los distintos sectores, las decisiones están en

muy pocas manos, con claras implicaciones intersectoriales, de modo que se hacen posibles episodios

como el de la aludida Caja Gran Canaria, comprometida en el asunto de Protucasa, y en cuyas actividades

se diluyeron más de 3.000 millones de pesetas, en circunstancias todavía no desveladas. El director

general de la institución en esa etapa, Juan Marrero, cuyo nombre aparece también por todas partes, fue

despedido por el actual asesor de Suárez, Lorenzo Olarte, pero está todavía pendiente de sentencia su

demanda de readmisión ante Magistratura. La creencia popular señala que en los asuntos de la Caja

pueden estar implicados la mayoría de oligarcas insulares.

La carencia esencial: el agua

Las sucesivas etapas de sequía, unidas a una inconcebible estructuración del mercado del agua, han

provocado un peligro de desertización que, siendo inminente en Gran Canaria, puede llegara afectar a

todas las islas.

En Gran Canaria —isla que puede tomarse como modelo—, el agua se encuentra en manos de escasas

personas privadas, que distribuyen a su antojo y albedrío los suministros y cometen, al decir de los

agricultores, todo tipo de arbitrariedades en precios, mediciones y demás valoraciones del líquido

elemento. La tenencia privada ha facultado también a los oligarcas la utilización masiva de recursos

acuíferos —escasos— para el abastecimiento de núcleos turístico-residenciales, como es el caso de

Maspalomas, Puerto Rico y Playa del Inglés, provocando la desertización de la zona sur de la isla.

Cualquier observador se pregunta de inmediato los ocultos motivos por los que el agua no ha sido todavía

socializada, desprivatizada o, cuando menos, regulada su utilización por los poderes públicos. No hay

respuesta.

Las propias circunstancias geológicas y climáticas del archipiélago —con escasa pluviometría, la

dificultad para embalsar y la ya mencionada explotación privada de las corrientes subterráneas, otorgan

un notable rol de futuro en Canarias a las potabilizadoras, de las que ya algunas se encuentran en servicio,

otras proyectadas y las más en el ánimo de todos. Sin embargo, su construcción ha chocado con

innumerables problemas, desde la oposición previa de los tenedores de los caudales subterráneos hasta

complejos sistemas de financiación. Actualmente, Gran Canaria cuenta con una planta para abastecerse,

pero ya precisa otra —proyectada—, y se estudia la construcción de algunas más, especialmente en los

núcleos turísticos, en los que actualmente se están consumiendo grandes cantidades de agua procedente

de manantiales subterráneos, provocándose la salinización de los pozos, por excesivo descenso de la

altura freática. Tenerife se enfrenta al problema con menos urgencia, y las restantes islas cuentan con

núcleos más reducidos de población.

La alternativa sugerida por diversos grupos de oposición se refiere a la instalación de potabilizadoras más

rentables —las actuales obtienen agua a muy elevado coste—, utilización, de métodos de depuración de

aguas residuales y procedentes de regadíos, máxima utilización de las posibilidades de embalse, cambio

de técnicas de riego en la agricultura y la ya mencionada desprivatización o control público alternativo de

los caudales y pozos subterráneos.

Suma de insuficiencias

Tampoco la dotación energética es loable en Canarias. La red eléctrica es insuficiente y las centrales están

infradimensionadas —sólo en Gran Canaria hay 220—, incluidas las que posee la empresa estatal Unelco,

que aprovecha las posibilidades energéticas de las potabilizadoras y posee veintiséis plantas en todo el

archipiélago. No obstante, el rendimiento no es óptimo, ya que las pérdidas por distribución y transporte

se estiman en el 25 %, muy por encima de la media nacional Además, el que las potabilizadoras y las

centrales no pertenezcan a los mismos organismos —aquéllas están regentadas por los cabildos—dificulta

notablemente cualquier intento planificador.

Losderivados del petróleo se obtienen exclusivamente a partir de la refinería de Santa Cruz, en Tenerife,

propiedad de DISA (CEPSA), aunque en el aspecto comercial no existe monopolio.

El transporte es, igualmente, deficiente. No hay ferrocarril, y la red viària está mal proyectada y en

irregular estado de conservación. La infraestructura portuaria tampoco es la que corresponde al

enclavamiento estratégico de las islas. El puerto más importante es el de La Luz, en Las Palmas, pero está

muy mal dotado, careciendo inclusive de una terminal de pasajeros. El aspecto mejor atendido es el de las

comunicaciones aéreas, existiendo un aeropuerto en cada isla, bien dotado y con buenos sistemas de

ayuda a la navegación con la sola excepción del nefasto Los Ro-deos, incluido en todas las listas negras

de las compañías comerciales del mundo, pero que se espera sea sustituido por el del Sur, sólo falto de los

edificios terminales, y que, aunque con el importante inconveniente de estar situado en una zona de

fuertes y constantes vientos, constituye la esperanza del futuro del transporte aéreo de y hacia Tenerife.

Canarias cuenta actualmente con uno de los índices demográficos más importantes de España (+2,5 %

anual) y una tendencia a la concentración urbana muy importante. La emigración se ha reducido —

Caracas es la segunda ciudad canaria del mundo, con más de 300.000 habitantes procedentes del

archipiélago— y la penetración de las colonias extranjeras y peninsulares se ha acentuado. El 25 % de la

renta disponible está en manos del 1 % de la población. Hindúes y marroquíes acaparan los circuitos

comerciales. Los puestos ejecutivos están en manos de peninsulares en buena parte de las empresas. El

paro rebasa el 15 %, según fuentes laborales, y la renta no alcanza el 85 % de la media nacional. El

número de analfabetos está cifrado oficialmente en torno al 12 %, pero diversas fuentes consultadas

estiman que puede alcanzar incluso el 20 %.

Por otra parte, la compleja sucesión de maniobras oligárquicas que concluyeron en el Tratado de Madrid,

por el que se entregó, en 1975, el Sahara occidental a Marruecos y Mauritania, unido al creciente interés

de Estados Unidos y la URSS por el continente africano, hacen del archipiélago una zona apetecible y

explosiva, en la que pueden concurrir determinadas circunstancias, en contra de los propios intereses

autóctonos.

 

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