Autor: Badía, Enrique. 
 Canarias: tan solas, tan lejos /2. 
 El abandono de la agricultura ha provocado una situación límite     
 
 El País.    16/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 23. 

EL PAÍS, viernes 16 de diciembre de 1977

La agricultura constituía la actividad clave del archipiélago canario hasta el bomm turístico.

Se trata de una agricultura atrasada, que no ha sido capaz de salir del subdesarrollo, no ha desarrollado

sus posibilidades de producción fuera de estación, ni ha sabido tomar posiciones en los campos de la

comercialización e industrialización.

La ausencia de agua y de tecnología agrícola son lugares comunes en el archipiélago. Enrique Badía

informa en este segundo artículo sobre la situación agraria Canaria.

Canarias: tan solas, tan lejos / 2

El abandono de la agricultura ha provocado una situación límite

Los problemas, el drama del agro español, se manifiestan con mayor acentuación en Canarias. Primero,

porque la agricultura ha sido, hasta hace muy poco, el principal componente de su economía, pero

también por evidentes factores geográficos que condicionan su propio abastecimiento. Por ello, cuando la

agricultura canaria se encuentra al borde del colapso, todos señalan su recuperación como el paso inicial

para lograr un futuro estable en la economía del archipiélago.

Una de las premisas esenciales en todo estudio agrícola es la estructura de la propiedad de la tierra, lo que

lógicamente suele llevar aparejado un determinado tamaño medio de explotación. Canarias no es, en esto,

una excepción, aunque en este aspecto concreto sí nos sea dado diferenciar claramente una serie de ca-

racterísticas no comunes a las dos provincias.

En general, la propiedad está mucho más concentrada en Gran Canarias, donde la orografía permite

mayores extensiones cultivables y la estructura social está en menor consonancia con el siglo presente.

Los señores siguen disfrutando del dominio de grandes extensiones de terreno, cedidas a pequeños

colonos que tropiezan con enormes dificultades de financiación, tecnología, acceso a la comercialización

y, por supuesto, padecen las consecuencias del ya comentado mercado del agua, también en poder de los

señores. En Tenerife, el reparto de propiedad está más generalizado, los problemas acuíferos son menos

acusados, pero persisten las restantes dificultades, especialmente las derivadas de una concentración casi

monopolística de los circuitos comerciales. En algunas islas menores, como La Palma, es dado hallar

diferenciaciones, pero su escaso peso específico en el contexto económico global hace que sea poco

conveniente tomarlas como ejemplo.

En Cuanto al tamaño de las explotaciones, es notablemente reducido, muy por debajo de la media

nacional, ya considerada exigua por los expertos en temas agrarios. La extensión media en Gran Canaria

resulta ser de diez hectáreas, frente a las 18,1 hectárea en que está cifrada la media nacional. Esto en datos

de 1974, dado que no existen estudios más actualizados a los que haya sido posible tener acceso. En

Tenerife, donde al parecer no existen estudios ponderados sobre el tema, los testimonios recogidos

estiman que la situación difiere escasamente de la reseñada, por lo que parece válido incorporarla al

contexto general del archipiélago.

El aprovechamiento de las tierras es también muy reducido. Un 30% de la superficie total es

absolutamente improductiva —datos de Gran Canaria—.

De cualquier forma, hay que anotar que el deterioro de la actividad agrícola se ha visto notablemente

acelerado en la última década y que constituye un tema de meditación señalar si tal degradación se ha

producido como consecuencia del atraso existente en todos los órdenes, o por el contrario el desfase es

fruto del abandono. Lo más fiable es que la conjunción de las dos circunstancias hayan provocado la

situación actual.

La mayor parte de los cultivos deben situarse en las proximidades de la costa, dada la configuración del

interior de las islas, coa una orografía sumamente accidentada y carencia de ríos, lagos y zonas

forestales.Como consecuencia del ya citado trasvase de recursos al sector terciario —turismo—, gran

cantidad de cultivos han desaparecido en los últimos años, al destinarse los terrenos en que estaban

instalados a construcción de apartamentos y plazas hoteleras. Un claro ejemplo de ello puede ser la zona

sur de Gran Canaria o la parte norte de Tenerife. Esta desaparición no se ha visto compensada con la

incorporación de nuevas áreas, por lo que la superficie cultivada ha ido menguando progresivamente.

Desfase tecnológico

Las técnicas de cultivo son notablemente atrasadas, impropias para aplicar cualquier criterio de

racionalidad y rentabilidad a las explotaciones. Sorprende, por ejemplo, que la aplicación de nuevas

técnicas al cultivo del plátano, como el riego gota a gota, generalizado en los países competidores, haya

sido aplicada muy esporádicamente, teniendo en cuenta el déficit de recursos acuíferos que padece todo el

archipiélago y muy especialmente Gran Canaria. El plátano precisa grandes cantidades de agua para su

riego en base a los sistemas tradicionales, pero los agricultores continúan resistiéndose a Sustituirlo por el

referido gota a gota que permite reducir las necesidades de agua hasta un tercio de las actuales. Sólo en

La Palma, y concretamente en Barlovento—al norte de la isla—, se han desarrollado nuevas técnicas para

el cultivo del plátano, imitadas específicamente en pequeñas extensiones de Tenerife.

También son muy raras las experiencias de modernización en los aprovechamientos de aguas para

cultivos de verduras, tomates, pepinos, e incluso flores, cuya producción está incrementando su

importancia en los últimos años, hasta alcanzar los cinco millones de docenas exportados en 1975, sólo

en la provincia de Gran Canaria.

La mecanización del campo es también muy escasa. Los últimos datos disponibles con fiabilidad están

referidos a 1967 y señalan que el ganado de tracción representaba el 50%, en tanto que la media nacional

en el mismo año reflejaban un 80% de mecanización en el sector agrario. Lógicamente, en esta situación

influye notablemente la ya comentada escasa dimensión de la mayor parte de las explotaciones.

Otro factor que ha incidido notablemente en el abandono de los cultivos es, sin duda, el complejo

entramado de intereses existentes en torno a las importaciones, directa consecuencia del régimen fiscal de

las islas, denunciado reiteradamente por todas las fuerzas políticas, económicas y sociales de obediencia

canaria.

Comercialización

Tampoco los circuitos comerciales han favorecido el desarrollo de la agricultura. Una concentración casi

monopolística, nula penetración en los mercados y elevados costes de producción han dejado el mercado

de los productos canarios casi exclusivamente circunscrito a la Peninsula, excepto esporádicas

aproximaciones a los mercados africanos e ingleses, protagonizadas por pequeños em pres arios si n

apoyo institucional. Uno de los cultivos básicos, el plátano, debe ser primado por la Administración para

su venta en la Península, ya que los precios ofertados rebasan notablemente los de los mercados

internacionales.

La otra producción básica, el tomate, se enfrenta actualmente con graves problemas derivados de la

entrada de Gran Bretaña en la Comunidad Económica Europea, agravados por la intensificación de los

cultivos en otras zonas españolas, cómo es el caso de Extremadura.

Curiosamente, Canarias no posee una industria autóctona de transformación de productos agrícolas.

Tampoco ha explotado intensivamente sus enormes posibilidades de intensificar los cultivos al margen de

estación, utilizando sus peculiaridades climáticas. De este modo, la generación de recursos es escasa y la

descapitalización creciente. Al mismo tiempo, los escasos recursos no son reinvertidos en la medida

deseable, hasta el punto de que sólo el 8% de las inversiones efectuadas en Canarias fue destinado al

sector agrario, según los testimonios recogidos, Incrementar los cultivos al margen de estacionalidad,

mejorar los circuitos de comercialización y desarrollar los cultivos de medianías, constituyen los aspectos

más urgentes de las escasas alternativas agrarias qué los distintos grupos proponen. Al mismo tiempo, se

afirma, sería aconsejable favorecer la implantación de una industria alimenticia, basada en la agricultura,

que permitiera una mayor asignación de recursos a la economía canaria.

Ganadería inexistente

Dos factores esenciales determinan la inexistencia de una cabana autóctona, que permitiera cubrir

mínimamente las necesidades de autoabastecimiento: la facilidad de efectuar importaciones a bajo precio

y los elevados costes derivados del precio de los piensos, ya que en ninguna de las islas se observa

existencia de pastizales.

Esta carencia ganadera ha determinado una dependencia extrema de las importaciones, desarrollándose

una importante red de frío y generalizándose el consumo masivo de productos cárnicos en conserva. Esta

situación ha favorecido los intereses de determinados empresarios que, con escaso riesgo y no

excesivamente cuantiosa inversión, se han hecho con las riendas de la importación y los circuitos de

conservación en el archipiélago. Por si fuera poco, el régimen de puerto franco faculta el envío masivo de

excedentes de los mercados europeos, a bajo precio para el importador, práctica a la que se están

mostrando especialmente proclives las multinacionales en los últimos años. Esta circunstancia dificulta

también notablemente el desarrollo de una industria autóctona y genera que, en unión de otras muchas

circunstancias, el déficit anual entre Canarias y la Península esté cifrado actualmente en unos 70.000

millones de pesetas.

 

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