Autor: Badía, Enrique. 
 Canarias: tan solas, tan lejos /3. 
 El abandono industrial de una región     
 
 El País.    17/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

ECONOMÍA EL PAÍS, sábado 17 de diciembre de 1977

La industrialización de Canarias es todavía una tarea por realizar. Esta carencia incide poderosamente en

las expectativas de futuro que se plantean al archipiélago. Un acusado déficit de recursos naturales, una

infraestructura inadecuada y una serie de dificultades para provisión de suelo industrial son circunstancias

que el reto de futuro planteado deberá soslayar. Enrique Badía analiza en este tercer artículo la estructura

industrial de las islas.

Canarias: tan solas, tan lejos/3

El abandono industrial de una región

El predominio alternativo de agricultura y turismo en el contexto de la economía canaria ha mantenido en

estado permanentemente incipiente al proceso de industrialización que, a la altura del último tercio del

siglo XX, Canarias debería haber ya consolidado. Importantes deficiencias de recursos e infraestructura

han coadyuvado la práctica inexistencia de un sector industrial activo, sobre el que pueda basarse una

opción de futuro para el archipiélago.

Una de las principales características del suelo canario es la absoluta carencia de recursos naturales. La

minería, pobre e inexplorada, ofrece escasas posibilidades para el suministro de materias primas. Algunas

explotaciones aisladas padecen una absoluta falta de rentabilidad, en buena medida por lo reducido de

sus dimensiones y reservas, pero también por la escasa innovación tecnológica que les ha sido aplicada.

Solamente se han desarrollado algunas extracciones de yacimientos rocosos para aplicación en el sector

de la construcción, como pueden ser las arcillas y calizas de Fuerteventura, con importantes posibilidades

de abastecer las dos plantas de cemento existentes en la zona.

Hace unos años arreciaron los pronósticos sobre la existencia de campos petrolíferos en las cercanías de

Canarias, especialmente en las aguas de la zona sur, pero los problemas derivados de la situación política

iniciada con los acuerdos de Madrid—sobre el Sahara— han complicado notablemente la mecánica en la

concesión de permisos exploratorios, en los que estaban implicadas empresas españolas y

norteamericanas, especialmente. Recientemente, incluso, se difundió la noticia de que había sido

detectado un pozo marino al sur de Tenerife pero el hallazgo, atribuido a fuentes privadas, nunca fue

confirmado oficialmente.

Insuficiencia energética

La estructura energética canaria ha sido, y en alguna medida sigue siendo, factor limitativo primordial al

desarrollo industrial del archipiélago. Las principales deficiencias hay que buscarlas en la red eléctrica,

tremendamente importante en la configuración energética de las islas. El que no se hayan cumplido las

previsiones del plan elaborado por UNELCO -empresa del INI que tiene la exclusiva de aprovechamiento

eléctrico de las grandes potabilizadoras— y persista la incongruente atomización de centrales —más de

220 solo en Gran Canària—, dificulta toda acción programadora y encarece notablemente cualquier

proyecto inversor. Por otra parte, la explotación de UNELCO arroja un balance del 25 % de pérdidas por

distribución y transporte de la energía producida, muy por encima de la media nacional.

El desarrollo de la infraestructura eléctrica ha tropezado con importantes problemas. Geográficamente, no

existe posibilidad de intercambio con otras zonas, por lo que las instalaciones deben ser autosuficientes.

No existen previsiones de consumo, lo que resulta especialmente grave dado que la lentitud en la toma de

decisiones obligaría teóricamente a planificar a largo plazo. Las tarifas no son uniformes en todas las islas

del archipiélago, lo que ocasiona importantes problemas de facturación y estructuración de costes.

Finalmente, al no existir grandes consumidores, se observa un desaprovechamiento de la potencia

instalada durante prácticamente las veinticuatro horas del día, ya que su cuantificación debe estimarse

globalmente. Con todo, la labor en los últimos años ha sido muy notable, habiendo desaparecido de modo

casi total las interrupciones —frecuentes en la década precedente—, que causaron no pocos trastornos a

las industrias instaladas en las islas.

La ya comentada escasez de agua, unida a su estructura de propiedad y conducciones, también ha

constituido un claro inconveniente a la hora de proyectar instalaciones industriales en Canarias. Como

han incidido la carencia de una infraestructura adecuada para el transporte, la descapitalización y escasa

generación de recursos autóctonos y la falta de mano de obra convenientemente especialida.

Pero aunque todos los impedimentos expuestos anteriormente persisten en su esencia, el que acaso cuenta

con mayores implicaciones de cara al futuro es la escasez de suelo industrial y las enormes dificultades

para proveerlo. Esto, que ha sido un factor desencadenante de la carencia que venimos reflejando,

también condiciona notablemente la planificación—deseable y necesaria— de un futuro sector industrial

canario, con activa presencia en el concierto económico español.

Con la excepción de Lanzarote y Fuerteventura, las islas Canarias poseen una orografia compleja y difícil,

poco apta para la localización de zonas industriales. Por todo ello, hubiera sido necesaria una política de

ordenación rigurosa para evitar, entre otras cosas, la colisión entre las ansias de expansión urbana y los

terrenos susceptibles de utilización por la industria. O también determinadas limitaciones impuestas por la

construcción de enclaves turísticos. Claro que ello no debe sorprender por cuanto ha sido norma general

del proceso de industrialización española la inhibición de los poderes públicos y la ausencia de acierto en

los escasos intentos de llevar a cabo una política racional y coherente. En los últimos años, los cabildos

han promovido algunos polígonos industriales: Granadilla, en Tenerife, y Arinaga, en Gran Canaria,

enfrentándose todos ellos con importantes problemas de infraestructura y una notable lentitud en los

trámites de constitución definitiva. Previamente, reducidos grupos de promotores habían intentado luchar

contra la feroz especulación del suelo que se produce en las islas mediante la constitución de pequeños

núcleos industriales, carentes de todo tipo de servicios. En general, los problemas con que se enfrentan los

nuevos polígonos están centrados en las dificultades de acceso a la mar y las deficiencias en las redes de

transporte.

La experiencia de Astican

Ya nos hemos referido a las dificultades de financiación existentes para todos los sectores de la economía

canaria. La descapitalización se ha manifestado de modo creciente y la reasignación de recursos ha sido

muy escasa en lo que a agricultura e industria se refiere, ya que los inversores han preferido la atracción

semiespeculativa del sector turístico o alternativamente la construcción y el suelo, claramente

especulativos.

En este contexto, una de las posibilidades sugeridas reiteradamente para iniciar la industrialización

canaria fue la concurrencia del capital estatal —vía INI— en los proyectos inversores. La promesa fue

expresada reiterada y sucesivamente por cuantos responsables de la Administración visitaron el

archipiélago durante décadas, pero hasta el momento sólo se ha traducido en dos realidades concretas y

un proyecto: Sodican—concebido como ente promotor industrial—, Astican —sociedad de reparaciones

navales en Las Palmas— y Diatlansa —proyecto de instalación de un astillero semejante en Santa Cruz

de Tenerife—. En todos los casos, la fórmula empleada es, con ligeras variaciones, la participación

paritaria del capital estatal y autóctono en los proyectos. Una triste historia, sin embargo, ha rodeado el

más desarrollado de los proyectos —el de Astican—, con lo que muchos temen se hayan frenado otras

iniciativas y comprometido proyectos futuros.

Astican se constituyó en abril de 1972, con participación paritaria del Instituto Nacional de Industria y del

capital provincial —Caja Insular de Gran Canaria y Agrupación de Reparadores-; el capital social inicial

fue de quinientos millones de pesetas. El proyecto inicial fue precedido de un estudio de viabilidad que,

en base al volumen inversor previsto, señalaba unas pérdidas de aproximadamente cien millones de

pesetas para el primer año de funcionamiento (1976), equilibrio para el segundo (1977) y 75 millones de

beneficio para 1.978, a partir de cuyo ejercicio se estimaba positivamente rentable la explotación de la

sociedad. La inversión inicial proyectada era de 1.700 millones de pesetas, pero en el curso de la

realización los costes previstos se incrementaron hasta una cuantía total de 2.100 millones de pesetas.

Ello, unido a un determinado criterio en las amortizaciones determinaron unas pérdidas en el ejercicio de

115 millones de pesetas, correspondientes a 1976, por acuerdo del consejo de administración. Las

previsiones iniciales para 1977 preveían un equilibrio en los resultados del ejercicio, ya que el punto de

equilibrio estimado aparece en una facturación de setenta millones de pesetas mensuales, y éste se ha

alcanzado en diez de los doce meses del ejercicio, pero el descenso de la actividad en los

meses de febrero y septiembre, en los que la facturación se redujo a la mitad de lo señalado, como

consecuencia de la conflictividad laboral, han llevado a unas pérdidas que, a reserva de las amortizaciones

que decida el consejo de administración, se estiman en sesenta millones de pesetas.

La marcha de Astican se ha visto jalonada por una serie de circunstancias, derivadas de los turbios

episodios en que se ha visto implicada la Caja —ya comentados en el primer trabajo de la serie— en los

últimos tiempos. Ciertamente, la unión entre el INI y la Caja para constituir Astican se lleva a cabo

cuando el equipo anterior, encabezado por Juan Pulido, está al frente de la institución. Este equipo, el

mismo que se relaciona con el tema Protucasa y sus ramificaciones, cree en la viabilidad del astillero y

coopera activamente en su realización. Cuando Lorenzo Olarte —actual asesor de Suárez— es nombrado

presidente del cabildo y, por tanto, de la Caja Insular, se inicia una ofensiva contra las posibles

irregularidades de la etapa precedente. Sin embargo, los consejeros de Astican en representación de la

Caja no son sustituidos, a pesar de las presiones del INI para que ello se produzca. Paralelamente, la Caja

Insular inicia una operación de inhibición respecto de Astican, incluido el ámbito de las facilidades

financieras, lo que provoca enormes dificultades de gestión, ante la escasez de circulante de la sociedad.

Es en esta etapa cuando se procede a una ampliación de capital hasta 825 millones a la que la Caja Insular

no concurre, quedando la participación mayoritaria en manos del INI, con un 62 % del capital total. En

los últimos meses, la Caja ha procedido a renovar sus representantes en la sociedad, ordenando al mismo

tiempo una exhaustiva auditoría sobre las actividades de la empresa, que todavía no ha concluido.

Otros sectores

Dejando al margen las industrias del tabaco y derivadas de las pesquerías, que serán objeto de especial

atención, la actividad de otros sectores es prácticamente nula. La mayor parte de las empresas tienen una

dimensión reducida y no se han producido las fusiones que las circunstancias actuales aconsejan.

En general, los expertos confieren especial opción de futuro a las industrias transformadoras, entre los que

cabe destacar a las de automoción y las electrónicas. Concretamente, las firmas Mercedes Benz —

alemana— e Hitachi —japonesa del sector electrónico—han manifestado deseos de instalar plantas en

Canarias, aunque parece que las circunstancias sociolaborales por las que atraviesa actualmente el

archipiélago han frenado las intenciones de ambas multinacionales. Otro sector con posibilidades es el de

cementos, como consecuencia del bajo coste de los combustibles y los yacimientos de arcillas y calizas de

Fuerteventura.

 

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