Autor: Javierre, José María. 
 El obispo de Canarias. 
 Canarias: España, en vilo  :   
 Ciertas actitudes de liderazgo temporal producen un nuevo tipo de clericalismo tan nocivo como los antiguos. 
 Ya.    31/12/1977.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 38. 

YA - Pag. 14. NACIONAL 31-XII-77

LA ENTREVISTA DEL SÁBADO

CANARIAS:ESPAÑA EN VILO

´´Ciertas actitudes de liderazgo temporal producen un nuevo tipo de clericalismo tan nocivo como los

antiguos"

La situación aguda de Canarias, ya larga y dolorosa, pide soluciones sin demora"

"Quienes piensan en la eficacia de la violencia deben tener presente que su aparente triunfo siembra

gérmenes de otra reacción violenta: ponen en marcha una hélice sin control"

O sea, que la conquisto, definitiva del archipiélago canario se cumplió en el último cuarto del siglo XV.

El 24 de junio de 1478, Juan Rejón y el alferez Alonso Jaimez de Sotomayor desembarcaron con treinta

caballeros y seiscientos infantes, amén de un puñado de frailes y cronistas, en el puerto de las Isletas, de

Gran Canaria. Ya no iban como los aventureros de Juan de Bethencourt, que por la primavera de 1402

habían atacado Lanzarote: Rejón y los suyos enarbolaban el estandarte de los Reyes Católicos. Con ellos,

la España definitiva establecía su, frontera del sur. El 24 de junio del año que mañana, estrenamos, 1978,

Las Palmas celebrará su quinto centenario. Cinco siglos justos se cumplen del día que los nativos vieron

establecer un campamento en la margen izquierda del Guiniguada, campamento que los españoles

titulaban "El Real de Las Palmas". Quinientos años. "¿Y quiere usted saber el caso que nos hace la

Península,?" La queja, el lamento de los españoles lejanos. No he comprobado el dato, pero me lo dice un

canario apenado: "Pues yo le diré cómo nos tuvieron de abandonados: de 1478 a los tiempos modernos, el

primer rey que visitó Canarias fue, precisamente nuestro último rey antes de la República, don Alfonso

XIII. ¿Qué te parece?" Penoso, me parece.

—Así se quejan los canarios, señor obispo.

—Con r a z ó n se quejan. El abandono ha sido lamentable.

—¿Cambiarán las cosas?

—En Canarias deseamos y esperamos que cambien.

José Antonio Infantes Florido, obispo de Canarias, lo ha dicho con palabras finas ante don Juan Carlos y

doña Sofía en la visita reciente _de los Reyes: "Estamos, en una hora decisiva en la que los canarios

desean, piden y esperan... que las corresponsabilidades con la empresa común nacional eliminen cualquier

resto de propia alienación y abandono." Lástima fue que España decepcionara durante siglos a su

provincia lejana. Habíamos prometido a las islas hacerlas felices dentro de la familia patria. Lo cuenta un

delicioso cronista del siglo XV: el bachiller Andrés Bernáldez, cura que fue de Los Palacios, capellán del

arzobispo Deza, escritor sabroso y quisa socarrón. Hasta deslenguado, que le atribuyen lances

pintorescos. La reina doña Isabel se aficionó a que por los días de fin de año el Bernáldes leyera

en alta voz a las damas de corte algunos capítulos de su "Historia". Una tarde, doña Isabel se le enojó

violentamente. El cronista leía:

—Y a tantos de marzo, las tropas de don Fernando derrotaron a los portugueses cerca de Alcántara.

—Señor cronista-:—protestó la reina— hay que corregir y poner "las_ tropas de don Fernando y doña

Isabel derrotaron a los portugueses cerca de Alcántara", y no olvidéis que en este reino hacemos ambos a

dos y nunca el uno por sí.

Tanto monta. Bernáldez tragó la reprimenda. Al año siguiente ocurrió un júbilo grande. La reina estaba en

Sevilla desde julio de 1477¿ El rey llegó en septiembre; venía de pelear duramente ante la fortalesa de

Cas-tronuño. Sevilla le ofreció descanso. Doña Isabel y don Fernando deseaban un hijo varón, "y era un

preñado—cuenta Hernando del Pulgar—muy deseado por todos los del Reyno, porque no tenían sino a la

princesa doña Isabel, que había siete anos, en los cuales la reyna no se había fecho preñada. E con

grandes suplicaciones e sacrificios, e obras pías que fizo, plogo a Dios que concibió e parió en aquella

cibdad un fijo que se llamó el príncipe don Juan". Qué más -quiso el socarrón Bernáldez. Tanto monta. A

fin de año recitó así la parida del príncipe nacido en Sevilla:

—Y a tantos de mayo doña Isabel y don Fernando parieron un hijo en este alcázar de Sevilla´.

Dicen que doña Isabel se mordió los labios.

Pues este Bernáldez pillastrón era minucioso recogiendo datos de la expedición real al archipiélago

canario. Y contó lindezas. Los habitantes lamentaban su inmensa . soledad: "Fue preguntado a los más

ancianos de Gran Canaria que si tenían alguna memoria de su nacimiento, o de quién los dejó alli, e

respondían: nuestros antepasados nos dijeron que Dios, nos puso e dejó aquí, é olvidónos..." Qué frase, mi

alma: "Nos puso aquí é olvidónos." Bernáldez anota la decisión española de llevar cariño a las

Canarias,..aplicando a nuestro caso la esperanza, mesiánica que los antropólogos modernos han

descubierto esparcida por el mundo: "E dijéronnos que por la vía de tal parte se nos abriría e mostraría un

ojo ó luz por donde viésemos, y señalaban hacia España, que por allí hablan de ver, é se les había de abrir

el ojo por donde habían de ver."

Fue fallo grave nacional olvidar y tener abandonadas las islas Canarias.

—¿Y ahora, señor obispo?

Ahora, señor obispo, Canarias pide que les saquemos del atasco. Me han explicado aquí un refrán isleño:

"Hazte el muerto

y que te carguen." Alguien te •recogerá de algún modo y te llevarán hacia donde sea. España tiene a sus

islas Canarias privadas de brújula. Habrá que darles una brújula. Una salida. A los canarios no les queda

ya más que hacerse el muerto y que los carguen.

—Ahora, señor obispo.

—Son cosas muy importantes las que están en juego. Han de venir momentos agitados y febriles en los

meses sucesivos, contando con que todo se desarrolle conforme a las esperanzas soñadas.

—Hazme una lista de inquietudes.

—Preocupaciones económicas, depresión, recesión y paro; preocupaciones sociales-, problemas

derivados de la relación laboral; preocupaciones políticas, derivadas de la búsqueda de nuevos caminos

para la convivencia nacional; preocupaciones de orden público, que aún perturban el ánimo de la inmensa

mayoría de nuestros conciudadanos; preocupaciones morales, causadas por las. nuevas Vigencias de

desorden en varios niveles de la vida española; preocupaciones de índole religiosa, unas inevitables ante

la renovación de la Iglesia, otras originadas por opciones y actitudes de liderazgo temporal que producen

un nuevo tipo de clericalismo tan nocivo como los antiguos.

Es un obispo fino. Prudente. A (judo. Ha conseguido una mescla de cualidades clásicas, ´antiguo

resplandor episcopal, con cualidades modernas. Está enamorado de la figura de un obispo español de

finales de siglo XVII!, predecesor suyo en la sede canaria, Antonio Tavira Menéndez Pelayo lo catalogó

como sospechoso de herejía a causa de Infantes Florido, el obispo actual, con Antonio Tavira, el obispo

de ayer. Tavira fue creyente sin desmayos, abierto a todos los horizontes culturales y amigo de los valores

populares. En Canarias ven a Infantes Florido como un calco de Tavira. El obispo de Canarias está

intentando respaldar con una despensa cultural bien abastecida el futuro religioso de las islas. Ha creado

un centro de estudios teológicos integrado en la Universidad de Comillas, y le sirve de horno donde cuece

pan de calidad excelente: resulta fácil profetizar que los guías politicos, sociales y universitarios de

Canarias encontrarán sus clérigos bien dispuestos para el servicio común a un pueblo que necesita y erece

tantos auxilios. Infantes Florido ganó a pulso el respeto de las islas en los últimos años difíciles. Para la

clerecía fue definitivo el lento y la caridad y la prudencia con que resolvió la más difícil papeleta: suceder

en la, sede a monseñor Pildain, prelado íntegro y áspero, pío y luchador. El estilo de Pildain estaba

claramente desfasado, en desacuerdo con la línea de los últimos papas y, desde luego, del Concilio. Pero

ya dice la copla de mi tierra aragonesa que hay" tres cosas bien amadas del pueblo: el jamón, el vino y "el

cura que se fue". A Pilduin, reconociendo sus durezas, le admiraban los curas. Y muchos fieles. Infantes

supo conseguir una transición suave, armoniosa y eficaz, A nadie cuenta si le costó sus pesares, que le

costaría. Hoy los sacerdotes le pagan con creces la ternura con que suavizó las heridas.En la vida civil,

Infantes ganó el respeto general con la serenidad ante varias situaciones dramáticas. El no ha sido un

obispo que invada los ámbitos seculares, ni mucho menos. Pero tampoco permitió aquella extraña mezcla

de lo religioso y lo político a que andábamos acostumbrados. Ni buscó pelea ni calló cuando era menester

hablar. Dijo siempre palabras medidas; eso sí, muy claras. El gobernador civil de entonces, manejado sin

duda desde Madrid, le acosó poniendo, trabas a una asamblea diocesana. Y los gritones de siempre

intentaron crearle conflicto a cuenta de una magistral homilía pronunciada cuando la muerte de Franco.

Hoy estas cosas resultan historia de la buena. Le han puesto al obispo una aureola de hombre religioso e

intrépido, sin alharacas ni claudicaciones

—¿Te inquietan como obispo de Canarias los reflejos, de violencia que amenazan con virulencia especial

a las islas?

—Todavía no es, por fortuna, la violencia en cadena, que cuan-do explota no tiene fin. Pero ¿quién nos

asegura que no pueda producirse?

—Dame un mensaje cristiano . para quienes piensan que. la violencia trae soluciones válidas.

—-Quienes piensan en la eficacia, de la violencia deben tener resente que su aparente y momentáneo

triunfo, caso de llegar, no consiste en otra cosa que en sembrar los gérmenes de otra reacción violenta:

ponen en marcha una hélice sin control. Demos un no rotundo a la violència, venga de donde venga. A

ver si conseguimos que en el país impere, en todos, y especialmente en los más responsables, la

prudencia, la cordura, la sensatez.

—¿Temes por el futuro de las islas?

—Canarias está en vilo, desde luego. Pero a toda osta hay que desterrar un viejo enemigo, el emonio del

pesimismo. Y la inercia. Yel escepticismo. No podemos cruzarnos de brazos repitiendo los tópicos de

siempre: que no hay nada que hacer, que estamos condenados al desengaño de los bellos espejismos.

—El primer problema.

—La crisis económica. Está ahí. No admite esperas ni dilaciones. El porvenir de un obrero sin trabajo es

la indigencia de supropia familia. Tristemente, en Canarias estamos padeciendo una situación aguda, ya

larg-´a y dolorosa, que pide soluciones sin demora.

—¿Crees que los españoles tomamos en serio la dificultad del momento?

—Cuidado con las situaciones de privilegio, cuya defensa daña al bien común. Tampoco se trata de

aniquilar y derrumbar todo lo positivo que encontremos al paso de nuestros proyectos. El bien común no

es ni esclerosis ni ruina. Es apertura, solidaridad, ayuda mutua. Hay que buscarlo por caminos de

reconciliación y de diálogo honrado. Sin presupuestos ni castilletes previos irreductibles.

—Mucha gente teme que la Iglesia, vamos, los obispos españoles, están orientados hacia una nueva forma

de injerencia política, presionando a favor de los cuadros políticos conservadores, sobre todo a raíz de la

presencia de varios prelados en ciertas reuniones de pocos meses atrás, convocadas en Alemania por la

Democracia Cristiana. ¿Existe realmente una tendencia semejante?

—La Iglesia española acentuó tiempo atrás su misión profètica en una situación nacional oscura. Hoy

existen cauces para las actividades políticas. ¿Por qué habría de mezclarse ya la Iglesia? Esa imagen

"política" de la Iglesia estaría lejos de las directrices del Vaticano II. No creo que haya fundamento para

tal temor. Si llegara a cumplirse, cometeríamos un error grave porque pondríamos en riesgo el futuro

religioso, sobre todo de las nuevas generaciones y de las vanguardias apostólicas, muy ensibles a estos

matices. Perderían todo entusiasmo.

-—Toca pronto elegir nuevo presidente, de la Conferencia Episcopal. ¿Continuaremos la "línea

Tarancón"?

—Mi opinión personal es que tenemos motivos de sobra los cristianos de España para sentirnos

satisfechos por el esfuerzo que ha realizado nuestro cardenal. Le tocó dar un paso de importancia

máxima, y lo dio con acierto y con firmeza.

-—¿Lo elegiréis de nuevo?

—No me obligues a responder como si interviniera en una campaña electoral; sería ridículo. Los cambios

de cabeza deben ser muy pensados. Nunca en función de intereses ocultos. Estamos en "Servicio" a

nuestro pueblo. Y nuestro pueblo vive momentos de complejidad, difíciles. Estáte seguro que la elección

la verificaremos con rectitud. Será una elección "de Iglesia".

José María JAVIERRE

 

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