Autor: Fuente y de la Fuente, Licinio de la. 
   La herencia     
 
 ABC.    01/10/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

SERRANO, 61-MADRID

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

LA HERENCIA

SE cumple ahora el XL aniversario de la proclamación de Francisco Franco como Jefe del Estado

español y va a hacer un año del comienzo de la enfermedad que acabaría con su vida. Las

circunstancias de la actualidad nacional obligan a no dejar pasar en silencio estas fechas.

Atrás quedaron el entusiasmo y el júbilo de aquel 1 de octubre en la plaza de Burgos. Y el

dolor de la despedida en la plaza de Oriente. Atrás quedaron los elogios a su vida y a su

obra. El tiempo es siempre un eficaz artesano del olvido. Pero en este caso está recibiendo

muchas ayudas: entre las cuales están los silencios de todo tipo acerca de las continuas

manifestaciones de recuerdo y afecto que el Caudillo muerto sigue recibiendo de su pueblo.

En el Valle de los Caídos. En El Pardo. En cualquier lugar en que se mencione su nombre.

El Rey nos ha dado continuas pruebas de que también en esto quiere estar con su pueblo. Y

son frecuentes, oportunos y justos sus recuerdos.

Pero hay quienes no se contentan con el olvido. Necesitan la condena. Y hasta el ensañamiento.

A veces, y paradójicamente, tarea tan poco generosa y conciliadora se realiza en nombre de

una frase tan hermosa como la de "reconciliación nacional".

Se quiere que la etapa del «posfranquismo» sea realmente la etapa del "antifranquismo".

Algunos creen llegada la hora no ya de la reforma o de la ruptura, sino de la revancha.

No parece la hora de la "reconciliación", sino del "resentimiento". Y a veces comprobamos,

con profunda tristeza, que es también la hora de la deslealtad y la ingratitud.

Continuamente se habla peyorativamente de la «situación heredada», de los «problemas

heredados», de las «dificultades heredadas». Y hasta por quienes no debieran hacerlo se

aceptan estos planteamientos con un cierto aire de resignación y de disculpa. No viene mal,

a veces, buscar una justificación en el pasado para los propios errores o las propias

insuficiencias. ¡Como si pudieran quedarse al margen de los problemas que pueda haber

generado un Régimen en el que hicieron su promoción política, social o económica, muchos

de los que ahora se quejan de los «problemas heredados»!

LA HERENCIA. Se presenta la herencia del Régimen como una mala herencia en la que no cuentan

los datos positivos del balance, sino sólo lo que pueda haber de negativo o lo que pueda

presentarse como tal. Algún día se esclarecerán las cosas, para que cada cual cargue con sus

propias culpas; y se deslinde lo que en la situación actual pueda ser imputable a la herencia

y lo que corresponda a una mala administración de la herencia. Y en esto no hay una acusación

especial para nadie, porque todos somos responsables de esa administración.

España era un país en guerra en 1 de octubre de 1936 y llegó a ser un país semidestruido en

1939. Los años cuarenta fueron dramáticos: en lucha contra la miseria que dejó la guerra, el

acoso de quienes querían implicarnos en otra mayor (salvado limpiamente por Francisco Franco)

y la ingratitud y el egoísmo de quienes, más tarde, quisieron rendirnos por hambre. Y era el

pueblo español el sitiado por las presiones de fuera, aunque no pareciera importarles mucho

a ciertos españoles que la estimulaban. Pero el pueblo español se creció en su propia dignidad

y, con Franco al frente, trabajó duro y poco a poco fue rehaciendo su patrimonio moral y

material. Y se sintió seguro, libre y en paz. Y emprendió un proceso de industrialización que

otros pueblos habían realizado un siglo antes. Y creció su potencial económico. Y su nivel

cultural. Y su bienestar social. Y cambió la imagen misma de España.

Porque no sólo fue importante el progreso económico. Lo fueron también los avances sociales,

el incremento de bienestar y seguridad para los sectores más necesitados de nuestro pueblo.

Una de las mayores injusticias que se comete con el Régimen es silenciar o desprestigiar esos

avances sociales, presentando el «franquismo» como sinónimo de «ultraderecha capitalista»

para enfrentarlo así con el pueblo. Y en ello no hay sólo injusticia; hay mucho de habilidad

política para descalificar a muchos hombres. Pero el pueblo sabe muy bien cómo cambió su

situación en estos cuarenta años y yo tengo la obligación de decir, como testigo de excepción,

el calor con que siempre acogió Franco las propuestas sociales y la ilusión con que las

alentaba.

No fue tan mala herencia la que dejó el Régimen de Franco. Mala herencia fue la que se

encontró: una herencia de divisiones, de odios, de ruina y de sangre; una herencia en la que

habían puesto sus pecadoras manos algunos de los «redentores» de hoy. A la muerte de Franco,

la imagen de España era otra: mejor, más fuerte y más limpia; y otro el talante de nuestro

pueblo.

Gracias a la calidad de la herencia, España superó en forma admirable la Sucesión. Y ha

aguantado y sigue aguantando los embates y los enfrentamientos entre quienes quieren cambiarlo

todo y quienes no querrían tocar nada; y la difícil situación económica, originada en parte

por la crisis mundial y en parte acrecentada por nuestra insolidaridad para resolverla; una

crisis en la que la incertidumbre política, la creciente conflictividad sociolaboral, tantas

veces alimentada por partidismos políticos que se sobreponen al interés general, y la crisis

de autoridad a todos los niveles está jugando un papel decisivo. Los tirones absurdos de la

desintegración separatista, la confusión de los grupos y grupitos políticos... y tantas y

tantas dificultades están siendo contrapesadas por el buen sentido de este pueblo que salió

del Régimen de Franco con un deseo de paz, de concordia, de progreso y de entendimiento, que

es un patrimonio de valor incalculable para el futuro, que estamos a punto de malbaratar.

No fue tan mala la herencia, no.

Lo que ocurre es que no hay herencia que resista si los herederos se empeñan en destruir lo

construido, en menospreciar los bienes que la integran, en trastocar, a veces por el simple

afán de cambio, la administración de los negocios, en disputarse cada parcela del patrimonio

familiar con uñas y dientes, entre intransigencias e insolidaridades. Asi no hay herencia que

resista.

Lo prudente, cuando se recibe una herencia, es acrecentarla y mejorarla, aprovechar lo bueno

y perfeccionar lo que haga falta, no destruirlo todo para empezar de nuevo.

Vamos a dejarnos de hablar de «problemas heredados», de «situación heredada», de «dificultades

heredadas», y vamos a hacer lo posible por no crear nuevos problemas y nuevas dificultades,

por no agravar la situación. Vamos a sentirnos todos herederos de este patrimonio común que

es España y que entre todos hemos hecho con tanto esfuerzo. Por lealtad al pasado y por

lealtad al futuro, que ambas cosas son compatibles y necesarias para la vida de un pueblo.

Por lealtad a Franco, por lealtad al Rey y, sobre todo, por lealtad a España.

En esta hora crucial de nuestra Patria vamos a no reabrir las viejas heridas y a evitar a toda

costa que se abran otras nuevas que sigan dividiendo a los españoles de generación en generación.

Han quedado atrás cuarenta años de la Historia de España y el balance de esos cuarenta años,

con sus errores y sus aciertos, es netamente positivo para nuestro pueblo. No lo convirtamos

en motivo de división y de discordia, como tampoco debemos levantarlo como impedimento de lo

que convenga hacer en esta hora. No perdamos energías, ilusiones y esperanzas mirando atrás

para discutir lo que fue y lo que pudo ser. Unamos todos nuestros esfuerzos mirando hacía

delante, para hacer los próximos cuarenta años. y que Dios nos ayude a que sean efectivamente

mejores que los pasados.

Licinio DE LA FUENTE 

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