Canarias y la OUA     
 
 El País.    21/02/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Canarias y la OUA

LA RECOMENDACIÓN del Comité de Liberación de la Organización para la Unidad Africana, reunido

en Trípoli, de que su Consejo de Ministros recabe la autorización del Gobierno español a fin de que una

«comisión investigadora inspeccione las islas Canarias, ha sido calificada, tanto por el Gobierno como

por la Oposición, como una injerencia en los asuntos internos españoles y un intento de menoscabar

nuestra soberanía nacional.No parece, por lo demás, que la sugerencia avanzada por los representantes de

Argelia, Libia, Guinea, Senegal y Nigeria tenga grandes posibilidades de prosperar. Pese al gusto por los

gambitos que muestran todos los jugadores en el tablero de ajedrez de la política magrebí, cabe suponer

que los responsables de los asuntos exteriores de los principales países africanos tendían mayor sensatez y

mejores conocimientos históricos que los delegados que aprobaron, anteayer, esa peregrina resolución,

Son varias las líneas que se cruzan en la cuestión canaria. La más ingenua entra en el campo de lo que

pudiera denominarse la «falacia geográfica»: que el archipiélago esté cruzado por un paralelo «africano»

y que se halle más próximo a las costas de ese continente que de Europa debe llenar de entusiasmo a

quienes tienen una visión geopolítica del escenario mundial. De esta forma, los territorios desplazan a los

pueblos de su papel de protagonistas de la historia; pero son los hombres, y no los habitantes geográficos,

quienes ostentan los derechos a la soberanía y a la libertad.

Lo que convierte a esta falacia geográfica en peligrosa es la estrecha correlación que ha solido darse entre

los regímenes coloniales, impuestos por las potencias europeas y asiáticas a los pueblos que habitaban los

territorios sometidos a ese dominio externo, y la lejanía geográfica de las metrópolis. El saqueo y el

pillaje de África negra fue desde el último tramo del siglo XIX hasta la segunda guerra mundial, uno de

los negocios más florecientes de la civilizada Europa.Sólo comparable al próspero tráfico de esclavos a lo

ancho del Atlántico durante el período de colonización del Nuevo Mundo que comienza con el

Descubrimiento. La superposición de ana delgada capa de minorías blancas sobre una población negra

abrumadoramente mayoritaria, privada de los más elementales derechos y condenada a la miseria y el

analfabetismo, caracterizó en el inmediato pasado la mayor parte del espacio africano; y todavía sigue

siendo la nota diferencial, aberrante y racista del África Austral.

Ahora bien, ¿qué parentesco tiene la situación canaria con el dominio colonial? La población aborigen del

archipiélago se extinguió en el siglo XVI, si hubo genocidio, la sangre de esas pretéritas víctimas no recae

precisamente sobre los peninsulares, sino sobre los descendientes de quienes desembarcaron hace varios

siglos en las islas, entre ellos, quizá, los ancestros del propio señor Cubillo. No existe población aborigen

oprimida por una minoría invasora, sino una comunidad histórica formada a lo largo de centurias en un

continuo intercambio migratorio con la Península.El centralismo político y administrativo, cuyos errores

y abusos llegaron a su culminación con el antiguo régimen, debe, ciertamente, ser rectificado en

profundidad; y la reivindicación de un estatuto de autonomía para Canarias es una necesidad histórica de

la que pocos disienten. Pero una cosa es el régimen autonómico dentro de una comunidad nacional y

estatal, y otra bien distinta la bandera de la independencia enarbolada en nombre de una hipotética nación

canaria o de una ínverosimil población autóctona sometida a la explotación colonial.

Aquí es donde las conjeturas sobre el fanatismo irracional de los dirigentes del MPAIAC se alternan con

la firme sospecha de que esa enloquecida construcción de la nación canaria esconde propósitos nada

delirantes. El archipiélago es una pieza codiciada por los estrategas de las grandes potencias, siempre

dispuestas a alentar movimientos secesionistas e incluso a proteger bajo las alas imperiales a Estados

títeres que sirvan a sus intereses "Para Argelia, el apoyo a los independentistas canarios es un arma de

presión o de chantaje sobre nuestra titubeante politica exterior. Pero en los despachos donde los grandes

de la Tierra deciden sus estrategias, seguramente se piensa en el MPAIAC más como un instrumento del

nutrido arsenal de mecanismos des estabilizadores o como el germen de un movimiento que, ¿quién

sabe?, quizá un día podría deparar la sor-presa y el regalo de un Estado títere.

 

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