Unidad frente al despropósito     
 
 ABC.    21/02/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

A BC

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Editor: PRENSA ESPAÑOLA, S. A.

UNIDAD FRENTE AL DESPROPÓSITO

¿Bastaría con solo subrayar la unidad de respuesta de los partidos políticos español es desde la izquierda

a la derecha,a la estúpida decisión de un Comité de la O, U. A. sobre Canarias? Entendemos que no; que

no basta con aplaudir esta esperanzadora muestra de salud política nacional. La democracia española, ante

este concreto y sonrojante caso de intromisión analfabeta y torpe en nuestros asuntos internos, ha estado a

la par de lo que es común y normal en cualquier comunidad política de Occidente.

No basta con poner únicamente de manifiesto esta respuesta unida, rigurosamente patriótica, por dos

importantes razones. Es la primera la de que quizá la O. U. A. no hubiera llegado a tan intolerable

agresión conceptúal contra í.a integridad de España si el comportamiento de algunos de los partidos que

ahora la repudian no hubiesen dado pábulo para ello con actitudes anteriores a este eructo de ignorancia

con que nos hs obsequiado la Organización para la Unidad Africana. Pero de lo mismo, no obstante cabe

extraer la oportuna lección: el sumo peligro que resulta de elevar, o admitir, hasta las disputas de política

exterior, referencias a cuestiones donde pueden palpitar, expresa o implícitamente, otras de interna

soberanía. Argelia indujo a que se aceptase su apoyo beligerante a Cubillo y al MPAIAC en la dialéctica

política sobre las relaciones con Marruecos.

Conducías así, como resulta obvio, deben merecer, para lo sucesivo, el más frontal y claro repudio de

todos los partidos políticos españoles. La estupidez histórica y política de Trípoli es la lección que no

debemos olvidar, seamos de la ideología y la militancia que seamos.

La segunda razón para no dejar la condena de la.O. U. A. sólo en el repudio que de la misma han hecho

los partidos, consiste en la exigencia misma de que esa O. N. U. del tam-tam reciba no únicamente

nuestra irritación, sino también las heladas consideraciones que merece esa algarabía de gentes que, salvo

contadísimas excepciones, acaben de caer en la política internacional desde las ramas del Paleolítico.

El cubillismo es tema que colea en la O. U. A. desde hace diez años. Su nula entidad corre pareja con la

de la propia Organización para la Unidad Africana, tan magra de recursos humanos, técnicos y

burocráticos como ayuna del más mínimo logro en la tarea de poner avenencia, y concordia entre sus,

integrantes. Uno y otra, cubillismo y O. Ü. A se alzan contra España -creadora de veinte naciones—

desde su común y respectiva insignificancia; aupándose uno, Cubillo, con el terrorismo, y la otra con el

despropósito

Es hora ya de decir basta. Y de que los partidos todos se apliquen el más importante corolario de toda esta

absurda historieta: comparecer siempre unidos hacia afuera es el modo mejor de evitar la. tentación a

quienes, con más o menos base de posibilidades, intentan rompernos y separarnos por dentro, Cubillo es

hijo natural, producto, de errores españoles cometidos con el tótem del tercermundismo africano.

 

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