Autor: Olarte Cullen, Lorenzo. 
   Una política de Estado para Canarias /y 3     
 
 El País.    15/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

REGIONES EL PAÍS, miércoles 15 de marzo de 1978

TRIBUNA LIBRE

Una política de Estado para Canarias /y 3

LORENZO OLARTE CULLEN Consejero del presidente del Gobierno

Muchas veces se ha hablado deque Cananas es «un problema nacional», una «cuestión de Estado», un

«deber profundo de solidaridad para todas las regiones españolas». Estas expresiones tienen un sentido

más que retórico, pero no impactan plenamente en el entendimiento del ciudadano español hasta que un

acontecimiento dramático viene a llenarlas de contenido. Ahora ha ocurrido eso: que la torpe y necia

intromisión de un grupo de ministros extranjeros logró, desde fuera, hacer comprender qué es lo que se

quiere decir con tales expresiones que a todos suenan bien, pero que en boca de quien las pronuncia van

más allá de-las meras palabras. Buscan sintonizar con un esfuerzo que habrá de ser generoso en una

determinada capacidad de renuncia por parte de los españoles peninsulares a la hora de aportar soluciones

a ese problema insular que,sin duda alguna, ha adquirido, si no la tuvo siempre, dimensión nacional.

El régimen preautonómico

Nos consta la plena comprensión de S. M, el Rey, así como la del presidente del Gobierno y miembros de

su Gabinete, que acaban de aprobar un amplio régimen preautonómico para Canarias. Fundamentalmente

por su talante, pero también por el nivel de información que poseen, ellos conocen el auténtico conflicto

subyacente al estallido emocional de estos últimos días. Saben que una eficaz diplomacia puede disolver a

corto y medio plazo la cuestión creada por la OUA y que, en todo caso, tal cuestión sería de orden menor

si no se dieran en el archipiélago determinadas condiciones cuyo origen se remonta muy atrás, pero

resultaron exacerbadas por los males y problemas derivados de la descolonización del Sahara.

Lamentablemente, el sentimiento nacional de un pueblo como el canario, que sería fecundo de manera

absoluta sin atentar contra la base común de la identidad española —identidad de sangre, cultura, historia

y convivencia secular—, ha sido utilizado por determinados sectores según convino o conviene a sus

intereses. Para empezar, la tendencia a glorificar lo de dentro y a condenar lo de fuera es una grosera

tautología, una demagógica totalización que muy poco dice de la lucidez y el rigor de análisis de quienes

en ello incurren. Pero están ahí y no son, claro está, los que buscan una imagen de moderación pública

que legitime su autoridad moral o ideológica. Estos saben que las capas de la población canaria, dotadas

de una sana conciencia política, sea del signo que fuere, no comulga con tales ruedas de molino. Ese otro

nacionalismo es mercancía de pintadas, de mitin algunas veces, atentado terrorista otras y, en cualquier

caso, corrientes subterráneas que afloran a la superficie en sectores sin suficiente capacidad crítica o en

supuestos de contestación violenta del orden del Estado. Es una pro-testa irracional alentada desde fuera

por intereses extraños a Canarias y a España, pero puede provocar en las islas un daño irreversible.

Los sectores revolucionarios

Así como en otras regiones ha sido patente el rechazo de la democracia por sectores que se autocalifican

de revolucionarios, porque vacía de sentido su ideología y de arraigo sus intereses, en Canarias parece

que algunos no quieren ni la democracia ni la autonomía regional. En el momento en que, por vez

primera, se hace posible para los isleños esa autonomía y se legitiman los medios de lucha política y

parlamentaria para acceder a ella, se involucran los marcos y las funciones institucionales con las

personas; se confunden las frustraciones derivadas de una legislación centralista —ahora en trance de

revisión— con los hombres encargados de la función pública, mezclándose en la misma masa el rechazo

de un cierto sistema con el sentimiento xenófobo dirigido contra quienes, igualmente, insulares o

peninsulares, tuvieron que padecer. La solución autonómica es la única que puede aportar, si no la

solución inmediata, apoyos de real trascendencia en la región canaria. Cataluña y el País Vasco han

llegado a un régimen preautonómico que la contextura histórica y el ser actual de ambas regiones

justifican indiscutiblemente. Canarias, con régimen preautonómico ya, es de las primeras regiones

españolas en asumir la responsabilidad directa y primordial de su destino en la plena aceptación de la

soberanía española y desde criterios de radical solidaridad con y desde las demás regiones. Los problemas

son excepcionalmente graves, porque arrancan de la misma estructura productiva de! archipiélago. Estos

últimos días se han expuesto y repetido con todo rigor, y no es necesario reiterarlo. Sí, en cambio, insistir

en lo que los más lúcidos artículos y editoriales —entre ellos los de EL PAÍS— sentaron como

culminación de la gran marea informativa provocada por la OU A: en que todos hemos obrado y lo hemos

hecho con la mejor voluntad, pero es hora de que con el cese de las palabras comiencen las realidades.

El hecho clave fundamental es dar cauce a la experiencia autonómica del archipiélago, que repudian los

nacionalistas xenòfobos y rupturistas, porque calculan el alcance previsible de una responsabilización

ciudadana en el Gobierno, la administración y el planteamiento de la región, interrelacionada en pie de

igualdad con las demás regiones de España.

Y, a continuación, comprender, reconocer y aceptar que ese problema de solidaridad nacional que las más

altas esferas del Estado quieren asumir empieza por la generosidad: generosidad para aceptar sin

obstáculos, sin sentimientos competitivos (que no cabría justificar, puesto que ninguna colectividad

española sufre hoy circunstancias como las de Canarias), un capítulo dé transferencias en atribuciones,

recursos y servicios que las islas necesitan vitalmente para imponer el simple reciclaje de sus estructuras

productivas y una su presión de los más negativos índices reales: el paro brutal,la inflación

desproporcionada,la absoluta descapitalización, 1a zozobra de la pequeña y mediana empresa, la

vergonzante falta de viviendas sociales...

Un problema nacional

Si Canarias es un problema nacional, todos y cada uno de los españoles deben aportar, al menos, su

consentimiento y su comprensión a los programas especiales que se gestan después de un largo camino de

deterioro, cuyo punto crítico coincide con el intolerable atrevimiento del organismo africano. Los

canarios esperamos que el unánime pronunciamiento de las Cámaras sobre la españolidad de Canarias no

se trueque en regateos ni celosas reivindicaciones de parte (por supuestos improcedentes e inexistentes

«agravios comparativos») a la hora de sustanciar esta tan proclamada solidaridad.

 

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