Autor: Ojeda, Antonio. 
 Las islas Canarias, hoy (I). 
 Una situación política difícil y grave     
 
 Diario 16.    13/03/1978.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

MADRID, 13 (D16).—Canarias es, en estos momentos, el territorio español que más espacio ocupa en

todos los medios de comunicación. La decisión de la OUA sobre el archipiélago ha vuelto a enarceder de

patrioterismo a un Gobierno y unos partidos políticos que en su mayoría han olvidado, lamentablemente,

a las islas llamadas Afortunadas.

El viaje de Suárez, a realizar en esta misma semana, se inserta en esa maniobra de recobrar el tiempo

perdido, al igual que la preautonomía concedida al archipiélago en el último Consejo de Ministros.

Antonio Ojeda, corresponsal de D16 en Las Palmas, ha elaborado una serie de tres capítulos en los que se

estudia la panorámica que ofrecen las Canarias, en tres vertientes: política, económica y estratégica.

Una situación política difícil y grave

Los partidos políticos no encuentran adjetivos para calificar la situación actual del Archipiélago Canario.

Alianza Popular cree que «Canarias es hoy el primer problema de España». El Partido Comunista

considera que se ha llegado a una situación «trágica» y el PSOE afirma que «el deterioro político,

económico y social del archipiélago lo pueden convertir en un Ulster a dos mil kilómetros de distancia».

Hasta los parlamentarios de ÜCD, empeñados en «desdramatizar» la situación, reconocen con

unanimidad que el asunto es «grave».

Entre unos y otros, la población de las islas apenas alcanza a entender en qué batallas está metida y a

dónde va a ir a parar.

Eso sí, hasta el hombre de la calle está de acuerdo en señalar que el agravamiento de la crisis tiene su

origen en la descolonización del Sahara y la forma en que ésta se produjo. Hay también una razón de

fondo: la marginación tradicional que las islas han sufrido por parte del Gobierno central. A derecha

e izquierda todos están de acuerdo: «estamos bastante marginados en el conjunto nacional», dice la

diputado de UCD Ester Tellado.

Sitiados por una crisis económica de envergadura, con un deterioro de la situación social y sin

perspectivas tangibles de soluciones políticas, no es extraño que en este río revuelto la ganancia haya sido

para los independentistas. Y si bien es cierto que las actitudes violentas de Cubillo y sus comandos

guerrilleros son rechazadas por una gran parte de la sociedad canaria, no lo es menos que el líder

independentista contribuye a la idealización de un resurgido sentimiento canarista. «Muchas de las cosas

que dice Cubillo las suscribiríamos nosotros», declaraba hace unos meses Juan Cambreleng, de UCD, hoy

secretario político del Ministerio de Obras Públicas.

Para el partido Pueblo Canario Unido, te r c e r puesto en las elecciones en la provincia de Las Palmas, ha

habido «un gran avance en la conciencia nacional canaria y una ascendente respuesta obrera a las

manifestaciones de la dominación colonial en la lucha de clases». Frente a la tesis independentistas, los

partidos políticos de centro e izquierda se pronuncian por la autonomía. En el PCE se opina que el

sentimiento nacional canario existe, pero que no adopta caracteres independentistas sino en algunas

minorías «y sobre todo porque muchas de las actuaciones del Gobierno parecen dirigidas, por su torpeza,

a alimentar ese sentimiento». José Carlos Mauricio, secretario regional del PCE cree que «ya va siendo

hora de que Madrid se dé cuenta de que hemos pasado de una situación grave a una situación trágica y

que queda muy poco tiempo para evitar que ésta sea irreversible».

Los acontecimientos, sin embargo, colaboran en el agravamiento de la crisis. El acuerdo pesquero con

Marruecos ha acentuado la sensación de abandono en el pueblo canario. El acuerdo de la OUA

declarando la «africanidad de las islas y apoyando al MPAIAC, no contribuye a calmar los ánimos, y las

declaraciones en Madrid sobre «la incuestionabilidad de Canarias» y su «defensa pase lo que pase», no

han hecho sino empeorar el sentimiento de escepticismo de los isleños, acostumbrados a declaraciones

similares desde hace muchos años. «Esas declaraciones —dice el diputado centrista César Llorens— no

son tranquilizadoras y no contribuyen a serenar los ánimos.»

 

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