Autor: CONVERGENCIA XXI. 
 Absurdos y peligros en el caso de Canarias. 
 I. Los responsables domésticos: el Gobierno y el PSOE     
 
 El Imparcial.    23/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ARSURDOS Y PELIGROS EN El CASO DE CANARIAS

los responsables domésticos: el Gobierno y el PSOE

NO es de hoy ni de ayer nuestra preocupación ante la problemática canaria. Por razones de diferente

índole que no vienen al caso; signados con nombres diversos; publicados en variados medios de

comunicación pública o dirigidos a diferentes altas instancias nacionales, confeccionarnos en sus días

(que se remontan a primeros de 1975) determinados artículos e informes sobre la gravedad de lo que se

avecinaba sobre Canarias pues, para nosotros, el tema canario tenía y tiene aún más virulencia que los de

tos casos vasco y catalán en lo Referente a la unidad de España. No fue así comprendido y ahora se pagan

las consecuencias.

Desde el advenimiento del primer Gobierno de la Monarquia, nuestra alarma fue en aumento, pues el caso

de Canarias siguió en la vía muerta como si de un problema de tercera fila se tratase. Existen ciertamente

unas omisiones que se remontan a muchos años, pero ha existido una desatención más culposa —porque

el problema aparecía ya como virulento—, en los últimos Gobiernos, que tuvieron en su mano la puesta

en marcha de soluciones concretas y notas pusieron en práctica. A estos últimos años, y aún más a los

últimos meses, nos vamos a referir.

PRIMER CULPABLE

Hay, a nuestro entender, dos grandes culpables: los Gobiernos de la Monarquia y el PSOE. Los

cancilleres de dichos Gobiernos —sin duda por una política exterior definida en éstos y no por decisiones

personales— no han tenido más que una obsesión: Subordinar nuestra política exterior a la consecución

de la credibilidad democrática del nuevo régimen entre los Gobiernos y países extranjeros. Obsesionados

por esta directriz básica, todo lo demás fue descuidado, desde el tema de Gibraltar hasta el caso canario,

pasando por el de la pesca. Y más aún, nuestra diplomacia no ha reparado en el torbellino en que España

se ve envuelta por razón de su inigualable posición geoestratégica mundial; cuestión de la que se derivan

todos nuestros problemas internacionales e incluso buena parte de los interiores. No es sorprendente,

pues, el que no se haya cortado a tiempo la maniobra que preparaba Argelia en la OUA y que hayan sido

inútiles las insólitas y fracasadas gestiones de Felipe González en Argel y del conde de Barcelona en

Libia.

SEGUNDO CULPABLE

El PSOE es el otro gran culpable. Su inmadurez política —evidente en tantos campos del acontecer

político interno—, se ha puesto bien a las claras en todo aquello que roza lo internacional. Su dogmatismo

marxista le lleva a estar más de acuerdo con los objetivos de la Internacional Socialista que en actuar

como una oposición constructiva y un factor de corrección de los errores del Gobierno. Las chocantes

declaraciones de Felipe González afirmando que el Gobierno no le había preguntado por el resultado de

su viaje a Argel (como si no estuviese obligado en conciencia a ser él el que informase sin necesidad de

ser preguntado); la postura de su partido en las Cámaras ante el problema del Sahara y del Tratado, de

Pesca (recordemos las desafortunadas declaraciones en el Pleno del Senado del senador Miguel Cabrera

afirmando que «se está actuando así porque hay suficientes Fuerzas Armadas para disuadir cualquier

intentona separatista por la vía de la fuerza»), hicieron aparecer al PSOE más atento a la postura del

Polisario que en salvaguardar el buen nombre público de España; todo ello e infinitas cosas más (que

harían interminable este trabajo por razón de transcripciones), han propiciado el que las razones de

España ante el mundo queden en precario. Ahora se le ocurre al PSOE otra acción indescifrable que

demuestra su inmadurez: que el ministro de Defensa y altos mandos militares comparezcan ante la

Comisión de Defensa del Congreso para que informen sobre la capacidad de defensa militar española de

tas Canarias. ¡Como si la OUA pudiese montar un dispositivo militar propio contra España para

desembarcar en Canarias! Pero tal aparente ingenuidad no obedece más que a una sola intención: Tender

una cortina de humo sobre el pasado de las relaciones del PSOE con Argelia y con el FLN, partido de su

misma inspiración ideológica. El peligro para la españolidad de Canarias, señores del PSOE, no vendrá

por vía militar externa; puede venir (y está llegando) tan sólo por el desbarajuste nacional interior que tan

al unísono propician el Gobierno en el poder (por su absurda obsesión de equívoca diplomacia) y el

partido principal de la oposición por su fidelidad a la estrategia internacionalista y marxista de la

Internacional a la que pertenece.

EL PATRIOTISMO

Ciertamente el patriotismo ni es ni debe ser patrimonio exclusivo de la derecha sociológica pero habrá de

convenirse en que la izquierda parlamentaria española tiene unas formas muy especiales de demostrarlo.

Como pruebas podríamos exhibir aquí infinidad de muestras de algunos diputados socialistas, pero tan

sólo aportaremos una cita, y bien reciente, cual es la del señor Benegas, diputado vasco que ha dicho: «Mi

patria empieza en Euskadi y termina en ninguna parte.»

Y si ese patriotismo hay que aplicarlo a la defensa de Canarias, he aquí otro botón de muestra: en el Pleno

último del Senado el senador alicantino José Vicente Mateo proclamaba «que no le parecía mal la

intervención exterior para liberar a un pueblo sometido como el canario». (Cita de una crónica

parlamentaria de Aguirre Bellver.) Y siguiendo con otra cita del mismo origen, y en cuanto a la lógica

que aplican a estas cuestiones otros parlamentarios, leamos lo que afirmó, allí, el señor Villar Arregui:

«Sería un genocidio atacar a las lanchas del Frente Polisario que ejercieran la piratería contra nuestros

barcos de pesca.» Y una última cita: por las declaraciones del secretario general del PSOE en el

Telediario del 28 de febrero de 1978, podría desprenderse que la actitud de la OUA había que

contemplarla también como una posible reacción africana a la postura abstencionista de España en cuanto

a la condena del «apartheid» practicado por Sudáfrica. O sea que, más o menos, la OUA pudiera tener

respetables razones para injuriar a España; esta es la interpretación que cabe hacer de tan curioso

comentario.

Otro día seguiremos con las razones de orden geoestratégico y geopolítico que afectan a Canarias.

CONVERGENCIA XXI

 

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