Autor: Aguirre López, José María (AMÉRICO VÉLEZ). 
   Necesidad de centrar racionalmente el asunto de las Canarias     
 
 Informaciones.    17/04/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

NOTA INTERNACIONAL

NECESIDAD DE CENTRAR RACIONALMENTE EL ASUNTO DE LAS CANARIAS

Por Américo VELEZ (Corresponsal diplomático en Europa occidental.)

Los periódicos de Europa occidental, y especialmente los españoles, se ocupan abundantemente estos días

del encuentro de políticos y de expertos que, organizado por la Universidad de Carolina del Sur, algunas

otras entidades también americanas y una británica (el prestigioso Instituto de Estudios Políticos), se

inició el sábado en la Ditchley Park Foundation, cerca de Oxford.

Lo mismo los textos de carácter informativo que, por lo menos uno de índole editorial aparecido ayer en

«El País», relacionan, más o menos precisa o circunloquialmente, el tema de la reunión (el eventual

ingreso de nuestro país en la O.T.A.N.) con el grave —gravísimo— asunto de la incuestionable

españolidad de las islas Canarias o de la —falaz invención al servicio de la política africana de Moscú—

supuesta africanidad del Archipiélago.

Vamos a intentar abordar la cuestión de Canarias con la seriedad -—y con la crudeza— que merece. La

otra, la del motivo de los debates en 1a Ditchley Foundation, que, a su vez, es muy seria y que igualmente

debe ser considerada por España —Gobierno, Parlamento, Prensa, partidos políticos y opinión pública—

a fondo, con solemne serenidad y sin demagogias, la dejaremos para un próximo día. Sólo expresaremos

ahora la convicción de que, efectivamente, tiene vinculaciones innegables con el «caso canario».

Para no entrar —ni salir— de momento en el resbaladizo terreno contencioso en que, al nivel nacional,

está ubicada, y también con la acaso ilusoria esperanza de que el tiempo la decante (ilusoria porque la

cosa apremia y en pocos días las vendas no se caen de los ojos ni nadie se decide a cantar honesta y

sinceramente palinodias) y porque además los imperativos de espacio y de tiempo nos lo imponen, queda,

pues, pendiente en nuestro carnet de «materias a tratar». No dejaremos, sin embargo, de avanzar, que, a

nuestro juicio—al que no hemos llegado a través de elucubraciones personales, sino después de largas

conversaciones con personalidades europeas,, muy solventes—, el problema de las Canarias es

subsidiario de que España esté o deje de estar inequívocamente integrada en el «todo occidental».

«L´affaire» no es —ni lo ha sido nunca—algo que pueda dilucidarse en el plano bilateral Madrid-Argel.

Veamos por qué:

Ni el Gobierno del coronel Bumedian ha decidido por sí mismo apadrinar a eso que se simplifica con la

sigla M.P.A.I.A.C, ni cabe esperar que tal padrinazgo se interrumpa gracias a gestiones bienintencionadas

—pero muy candorosas— del P.S.O.E., ni a causa de actitudes enérgicas —y, asimismo, asombrosamente

ingenuas— del ministro señor Oreja Aguirre. Es un sujeto internacional.

La Unión Soviética ha planteado a Occidente —en primer y tal vez único término a los Estados Unidos—

el desafío de su penetración en África. Con miras políticas y, sobre todo, estratégicas. Antes de acometer

la gran empresa resulta lógico suponer que se haya concertado —imponiéndoles criterios o

persuadiéndolos-con sus amigos y afines «progresistas» y «anticolonialistas» de todas las latitudes y de

todos los pelajes.

Es posible que, en el caso de Argelia, que tanto necesita —como por otra parte la propia U.R.S.S.— de

las asistencias económicas y tecnológicas del que hemos convenido en denominar «mundo Iibre, el

Kremlin haya tenido que alear las presiones con los razonamientos. Resulta imposible y, en definitiva,

importa ello poco a estas alturas, vislumbrar en qué medida o proporción una u otra cosa han intervenido

en el fenómeno del alineamiento del régimen de Bumedian a los designios moscovitas. Lo incuestionable

es que Argelia coopera con todos los medios a su alcance para el logro de la política africana, y, por tanto,

a la estrategia de la superpotencia del Este.

El «africanisme» de las Canarias no es un concepto surgido del caletre primario de un ente tan

insignificante como el «líder» Antonio Cubillo. Sencillamente, Moscú necesitaba el ya clásico pretexto de

la ayuda a un movimiento de liberación nacional» para iniciar la aventurada operación. Lo ha buscado, y

lo ha encontrado con la ayuda de Argel.

La acción está en curso. Se trata de un objetivo audaz. Los semidioses del Kremlin conocen, sin duda, lo

arduo de la tentativa. Y calibran sus riesgos. Bumedian y los personajes de su entorno —Buteflika

principalmente— también.

Cuentan, sin embargo, con varios factores. De distinta índole. Pero, según todas las apariencias, casi todos

favorables a su ((causa»: la limitada clarividencia política de Madrid, sus petulancias de ((potencia

diplomática de rango medio», la circunstancia —y el temor de que ello resurja a la superficie de lo

actual— de que el ((asunto canario» se puede vincular con el capítulo (inacabado) del Sahara, la de que el

archipiélago en discusión es «sólo» español y no también «atlántico»,y, finalmente, que la otra

superpotencia, los Estados Unidos —única fuerza susceptible de contener los impulsos hegemónicos en

una óptica universal de su homólogo comunista—, está, además de convaleciente de la tragedia indochina

y del melodrama del Watergate, dirigida por un estadista «amateur» que, a falta de tomar decisiones, se

deja recomer —y minimizar— por la indecisión.

Así llegaremos, con toda probabilidad, al mes de julio. En esa fecha, la «cumbre» de la O.U.A., si el

rumbo de los vientos no cambia, puede decidir el «africanismo» de las islas Canarias. En tal caso, se

piensa seguramente en Moscú —y en Argel—, el Occidente habrá perdido una batalla en la que no está

comprometido de manera oficial, y España otra, que libra con vigor mal orientado y, en consecuencia,

estérilmente. Lo que, en el peor de los supuestos, repercutirá con signo adverso en el complejo y confuso

proceso de su democratización.

Sin pretender; estar en lo cierto —¡ojalá nosotros y nuestros orientadores de la «Europa precaria)) nos

equivoquemos de medio a medio!—, estimamos útil, aunque no ignoramos que también arriesgado o, por

,1o menos, incómodo y enojoso, formular desde el único pedestal del que disponemos —el periodístico—

los razonamientos, los datos —-y las zozobras— que quedan expuestos sobre «la manera» cómo desde

Madrid se conduce el «asunto canario». Y calificar de insoportable la actitud inhibitoria de nuestros

((amigos» del exterior. Otra manera de reflexionar —y de actuar— sobre el tema nos parece irracional e

hipócrita. O ambas cosas a la vez.

Con perdón de los Poderes Públicos, de las oposiciones y de cuantos compatriotas ejerzan el legítimo

derecho de enfocar el drama —porque se trata de un drama no sólo español, sino occidental— en

términos distintos.

17 de abril de 1978 INFORMACIONES

 

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