Autor: Morales, José Luis. 
   Senador Cabrera: Canarias es un cuartel     
 
 Interviú.    21/12/1978.  Página: 8-10. Páginas: 3. Párrafos: 42. 

Senador Cabrera:

«Canarias es un cuartel»

Por JOSÉ LUIS MORALES. Fotos: GERMÁN GALLEGO

Valiente e inexperto político. Arquitecto y nacionalista. El senador canario Miguel Cabrera es

seguramente, con Juan María Bañares, el hombre más aislado que tiene la Cámara Alta del Parlamento

español. Canarias y los canarios tienen en él, de alguna forma, una de sus escasas esperanzas. De todas

maneras, su voz es la contestación permanente. Su interpelación al Ministerio del Interior la pasada

semana fue de apoyo a los nacionalistas de Pueblo Canario Unido, organización que tiene detrás a una

apreciable masa de isleños. Miguel Cabrera ha sido el único replicante contundente en el Senado a la

ratificación del acuerdo pesquero y a la situación de abandono en la que el Gobierno español tiene a las

islas Canarias. Y ha sido el acusador más directo de la crítica situación de todo el archipiélago, agravada

con las disparatadas medidas de la política pesquera y con los últimos asesinatos cometidos en el banco

sahariano. Porque aquél es el mandato de sus representados, al que Miguel Cabrera es fiel, y porque para

eso fue elegido por la Asamblea Majorera, de Fuerteventura, para representarle en el Senado.

—La Asamblea Popular Majorera s una organización cuyos objetivos inmediatos pretendían devolver la

identidad y el protagonismo al pueblo de Fuerteventura y rechazar las candidaturas caciquiles de Alianza

Popular y UCD. Fuimos dándole cohesión entre todos y fortaleciendo su contenido. Es decir, rescatando

nuestra identidad como pueblo y sacando experiencia de su triste historia de sla de señoríos y de

colonización. Y además tachando contra el temor a la política impuesta por los caciques para seguir

manteniendo sus privilegios.

—Tengo entendido que se planificó una oscura campaña contra usted desde algunos sectores del poder.

—Todos los demócratas han sido siempre blanco de las campañas de la reacción, víctimas de intrigas

propias del Imperio romano. Campañas básicas y métodos viejos. No existe autor, no existen argumentos,

pero ahí queda la acusación. Que si era agente de no sé quién, que si detrás de mí estaba el oro de Moscú.

Y no sé cuántas barbaridades propias del fascismo, que es mejor ni tener en cuenta.

—Pero con los resultados de las legislativas la Asamblea Majorera causó una gran sorpresa. Y con su

elección más de uno se pondría a temblar. ¿No es así?

—Bueno, tampoco es eso. Lo que pasó fue que se dio un gran ejemplo de cómo hay que hacer las cosas

desde el protagonismo y la participación popular. El sentido unitario para b solución de los problemas es

una de nuestras grandes aportaciones.

—¿Acaso la Asamblea Majorera es ya el poder popular?

—No exactamente, aunque lo es en parte. Hoy, la Asamblea es un cauce de poder en la isla de

Fuerteventura. El Gobierno y la UCD han intentado manipularla porque saben lo que potencialmente es.

Aunque tenemos una estructura de partido, nuestro funcionamiento es asambleario. Y la Asamblea es

nuestro órgano democrático de dirección.

—¿Pero la profunda crisis que atraviesan las Islas Canarias es solucionable, reversible, sin un cambio

radical?

—Si no se acometen medidas urgentes y profundas, políticas, económicas y sociales, aquello se va a

convertir en un infierno. De todas maneras, y lo digo con muchas reservas, yo pienso que todavía existen

remedios.

—¿Y cuáles son esas medidas que habrían de tomarse?

—La primera sería aquella conducente a no negar la identidad del pueblo canario, legalizando una de sus

organizaciones más representativas, Pueblo Canario Unido, y a no reprimir como se está haciendo tos

manifestaciones y los sentimientos nacionalistas. Es decir, el reconocimiento político y legal de las

peculiaridades del pueblo canario. Y es a eso a lo que el Gobierno español teme. Así, lo que están

haciendo es fortalecer el sentimiento de rechazo, lograr que se radicalicen las posiciones y acelerar un

conflicto de desconocidas dimensiones. Y más ahora, con la gravísima situación que atravesamos.

—¿Y cuál es, en síntesis, su análisis sobre la situación actual canaria?

—La de crisis permanente que ha entrado prácticamente en un callejón sin salida, desde el punto de vista

de la reforma. Arrancando de la entrega del Sahara, que convirtió a la zona en un foco de guerra, hasta los

inadmisibles acuerdos pesqueros, h cristalización de la base de Arinaga como plataforma bélica. Y sobre

todo las últimas e increíbles medidas. —En d supuesto de que pudiera ejercer el derecho de

autodeterminación, ¿qué cree usted que decidiría el pueblo canario?

—Yo creo que una consulta verdaderamente libre nos llevaría a un auténtico autogobierno. Y

posiblemente a la federación, ¿quién sabe? Pero antes de negar al ejercicio popular tendríamos que tener

una gran campaña de información, con debates masivos y con muchas explicaciones políticas de las

cosas. Aunque esto es soñar un poco, creo yo. Y mas como están las cosas.

—Entonces, ¿cuáles serían las medidas posibles que habrían de tomarse ahora mismo?

—Los remedios aplicados han sido paternalistas y demagógicos. Jamás un Gobierno español ha abordado

el problema canario en todas sus dimensiones. Se ha permitido la descapitalización, se ha ignorado lo que

supone como fortalecimiento de la colonización la situación del turismo, y se ha convertido Canarias en

un acantonamiento militar. Todo lo contrario de to que tendría que hacerse ahora.

—Con respecto a la situación estratégica del archipiélago. ¿Qué supone la instalación de la superbase en

relación con Canarias y con los conflictos de la zona?

—África es el continente del futuro, ya sabe usted. Las apetencias y los intereses de las grandes potencias

hacen que nuestras islas puedan jugar un papel fundamental en el dominio de tos pueblos vecinos.

Nuestra pretensión de lograr una neutralidad militar efectiva es una de las razones más contundentes para

garantizar nuestro futuro como pueblo. Los canarios queremos tener relaciones de buena vecindad y que

no se nos vea como vehículos de agresión contra los pueblos africanos.

—La actuación del Gobierno queriendo ignorar la cuestión nacional no va a radicalizar las posiciones

políticas de los canarios. ¿No existe la posibilidad de un resurgimiento de la lucha armada?

-Sólo el Gobierno de Madrid será responsable de lo que allí ocurra. El pueblo canario, como todos los

pueblos del mundo, es pacífico hasta que se harte de que se opere mal sobre él. Efectivamente, las

actuaciones del Gobierno pueden radicalizar las posiciones de los nacionalistas, y pueden conducir a

soluciones maximalistas.

—Con todo esto que nos dice, ¿usted qué hace en el Senado? Podría, al menos, convertirse en el martillo

de las conjuras de la Cámara

—El único sentido que yo te veo a mi participación en el Senado es la de ser la voz que denuncia, con

toda mi inexperiencia y poca correa política, pero con toda mi decisión y honestidad. Y no sólo

denunciar. Ya me gustaría ser el portavoz de los sentimientos populares de los canarios, que,

seguramente, ya estarán hartos de toda la política parlamentaria.

—¿Pero tiene sentido que usted se desgánate tanto a pesar de lo ineficaz que resulta?

—Absolutamente ninguno. Me siento ahora mismo totalmente impotente, porque me duele Canarias y me

duele Fuerteventura. Y a veces pienso que en el Parlamento logran integrar las energías que deberíamos

utilizar de otras maneras.

—¿A qué se debió su interpelación contra el Ministerio del Interior y en favor de Pueblo Canario Unido?

—A lo intolerable de la actuación de Martín Villa y a las irregularidades jurídicas cometidas. Porque son

motivos políticos los que han hecho que tomen la decisión. Existen, para mayor abundancia, cambios de

texto y de conceptos en d informe del Ministerio. Inadmisible.

—Sobre la situación del conflicto pesquero, ¿cómo definiría usted la compleja situación y que panorama

es el que se vislumbra?

-Son lugares comunes, pero no me queda más remedio que insistir en ello. Marruecos es la dueña de

nuestros recursos. De esto debería hablar el Gobierno español una vez más. La marroquización es una

verdad que no precisa demostración. La situación de guerra viene provocada por d acuerdo tripartito. Y

está potenciada desde muchos lugares e intereses. Ahora mismo, la prensa gubernamental,

descaradamente promarroquí, trata de demostrar, entre comillas, que los autores de los asesinatos de los

pescadores canarios han sido ios multantes del Frente Polisario.

—¿Usted también cree que existe una campaña contra los saharauis?

—Claro que existe. Hay muchos intereses y muchos padrinos por medio. Y cuando creen que pueden

atacar al Frente Polisario lo hacen. Aunque luego se les venga abajo todo el tinglado. Estos actos

mercenarios no son obra de un pueblo que lucha por su libertad. Son más propios de un ejército tan

corrupto conto es d Ejército marroquí.

—¿Qué ambiente se respira entre los pescadores canarios después del atentado y qué piensan hacer de

ahora en adelante?

—Existe una agudización de sentimiento de entrega y abandono por parte de España, sobre toda Viven en

la inseguridad permanente y en una situación de desprotección escandalosa. El Gobierno se muestra

impotente para ofrecerles seguridad y no puede, según dicen, protegerles.

—¿Pero ofrecieron medidas para resolver el conflicto, según airearon públicamente los portavoces

oficiales?

—Medidas absurdas, cosas inaceptables. Querían convertir a los pescadores en combatientes. Proponía

desde armar a los marineros hasta poner en los barcos soldados de Marina, convirtiendo a la flota

pesquera en una flota de guerra. Otra de las cosas que habían propuesto era camuflar entre los pesqueros a

los barcos con armamento, barcos que debían hacer de protectores. Eso y muchas cosas más disparatadas.

No sé dónde querrán llevarnos. Lo que no hacen de ninguna forma es recurrir a la única salida válida, es

decir, a b solución política.

—¿Se está usted refiriendo, por casualidad, a la derogación de los acuerdos de Madrid sobre la entrega

del Sahara y a la revisión de los acuerdos pesqueros?

—Así es. Si el Gobierno español tuviera esas intenciones, como a veces ha insinuado, lo podría hacer.

Pero yo no veo esa disposición por ninguna parte. No tienen ningún interés a pesar de sus

manifestaciones.

—¿Ha sido ese quizá uno de tos motivos de la alta abstención en el último referéndum protagonizada por

d pueblo canario?

—Y como respuesta a todo el engaño permanente al que ha estado sometido. Por el desencanto de las

medidas que se han tomado sobre el papel, pero que no han tenido nada que ver con la realidad canaria.

Por la experiencia triste de la inexistente Junta Autonómica de Canarias, copada desde un principio por

los viejos caciques del franquismo. Y porque los canarios no hacen suya esta Constitución, que no recoge

sus aspiraciones ni sus intereses como pueblo.

—Es decir, ¿que cualquier alternativa de solución y de futuro para Canarias pasa por la contemplación de

sus sentimientos peculiares?

—Por supuesto que sí. El pueblo canario y sus organizaciones democráticas tienen muchas cosas que

decir. Y que hacer. Porque los canarios estamos entendiendo cada vez más la necesidad que tenemos de

defender nuestros derechos comunitarios perfectamente identificados. La lucha, de todas maneras, será

muy larga.

 

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