Autor: Sánchez, Antonio. 
 Hablan los pescadores canarios. 
 ¡Menos promesas y menos engaños!     
 
 Interviú.    21/12/1978.  Página: 10-12. Páginas: 3. Párrafos: 13. 

Hablan los pescadores «¡Menos promesas y menos engaños!

Por ANTONIO SÁNCHEZ

Fotos: MANUEL ARMENGOL.(Enviados especiales)

Haber nacido canario es ya de por sí suficiente desgracia a tenor del trato que ha recibido ese pueblo a

través de la Historia. La familia guanche ha venido arrancando el pan que llevarse a la boca a las tierras

secas y volcánicas de sus islas y al mar. Sin apenas agua y careciendo de protección oficial, mal le ha ido

al pequeño agricultor canario.

En cuando a los pescadores, reciente está en la memoria —el 28 de noviembre— el atentado asesino

contra el "Cruz del Mar". José, Agustín, José María, Alfredo, Juan, Rafael y Sebastián perdieron la vida

en él. Un hombre por cada una de las islas del archipiélago.

Estuvimos en Lanzarote. De ahí eran los hombres que pagaron con su vida el tributo, no al mar, sino a la

falta de planificación de la política exterior española, a los acuerdos tripartitos de Madrid, a la

connivencia con marroquíes y mauritanos por parte de las autoridades de Madrid.

"Los atacantes eran carroña", nos dijo Paco, cuarenta y cinco años, y todos en la mar. "Robaron el dinero

y los relojes antes de asesinar a nuestros hermanos, y ya sabemos quiénes suelen comportarse así". Paco

nos cuenta, mientras paseamos por el pueblo de la Nao, en Arrecife, que en las acciones llevadas a cabo

por el Frente Polisario se les había respetado siempre; por el contrario, "cada vez que uno de nuestros

barcos ha sido apresado por una patrullera marroquí se ha llevado a cabo la rapiña entre las pertenencias

personales de la marinería".

Indignación, dolor y duelo. Los pescadores lanzaroteños están unidos en la asamblea y en la

desesperación. No confían —o al menos nadie afirma lo contrario— en que Madrid les solucione esta vez

el problema. No obstante, fueron allí. "Una vez más nos bajaremos los pantalones", afirmó Manuel

Rodríguez Márquez, representante del Sindicato de Trabajadores del Mar y miembro de la comisión

canaria que viajó a Madrid. "Menos promesas y menos engaños y, si no, que pongan un cartel que diga

que Canarias se vende".

La flota lanzaroteña y la de Fuerteventura seguían amarradas, con lo que ello conlleva. Más del 60 por

100 de los isleños viven de la pesca, pero nadie —salvo los armadores, naturalmente—quiere hacerse a la

mar. Piden garantías para poder realizar con seguridad su trabajo y no están, en absoluto, de acuerdo con

las que le ofrece la autoridad competente: "Rechazamos la simple política de protección militar a los

buques. Tal protección nanca podrá ser enteramente eficaz por necesitarse para ello el concurso de un

número de unidades de la Armada que supera las posibilidades de la misma".

Estas palabras corresponden a parte de un comunicado hecho público por el Sindicato de Trabajadores del

Mar una vez conocida la intención, por parte gubernamental, de destinar a algunas unidades de la Armada

como escolta de la flota pesquera que opera en los caladeros de las costas saharianas. Denegada esta

propuesta, "porque tal protección, de fuerza por definición, no garantiza en absoluto la actividad pacífica

de nuestros trabajadores", las autoridades competentes ofrecieron a los pescadores la posibilidad de poner

gente armada en los barcos, o bien armar alguno de ellos —hasta un total de doce—. Y si una idea era

descabellada, la que le seguía lo era aún más. Los marineros de Lanzarote, reunidos en asamblea, eran

quizá los únicos que veían claro el problema y el cómo resolverlo: "Entendemos que la definitiva solución

es la pacificación de la zona beligerante con medidas políticas y diplomáticas".

Cristóbal tiene treinta y cinco años y seis bocas que alimentar. Trabaja en la mar como sus hermanos. El

entiende d problema a su modo: "Yo no sé qué le deberá España a Marruecos, que siempre andamos con

la cabeza a gachas cuando tenemos que hablar con ellos". No le falta razón a Cristóbal para afirmar una

cosa así, ni al abogado de Las Palmas, Fernando Sagaseta, que apuntaba una nueva visión del por qué de

la vigilancia de la Armada: "Poner barcos de guerra españoles en toda la costa sahariana es hacerle un

favor a Hassan. Como él no tiene barcos, de esta forma la Armada española le vigila una inmensa

frontera. Este hecho sería muy peligroso, porque de tener que intervenir ante un posible ataque, haría que

España entrara en el conflicto bélico". Provocaciones, a buen seguro, no faltarían. Mucha es la

experiencia de Marruecos en este campo.

Diego, viste completamente de negro. Riguroso luto. Cinco de las victimas del "Cruz de Mar" eran de su

familia: "En nuestra casa nadie cree que fuera el Polisario. Los que quedaron vivos tampoco lo han dicho,

aunque apenas hemos podido hablar con ellos porque la Policia no les deja ni a sol ni a sombra. Sabemos

que los atacantes iban vestidos con trajes de hombre.rana y que los fusiles que usaban parecían Cetmes.

Nada más"

En Lanzarote hay aproximadamente 1.400 marineros y otras 2.000 personas trabajan en las industrias

conserveras. La pesca, después de una cosecha desastrosa —apenas ha llovido este año—, es el único

recurso económico con que cuenta la isla. El turismo no está en manos canarias, precisamente, y sólo

produce algunos puestos de trabajo, por lo demás, mal remunerados. La flota sardinal y artesanal está en

paro: "Esto no es una huelga económica, no es en contra de los armadores. Es un paro por una serie de

razones catastróficas. Una actitud de supervivencia´´.

La comisión canaria que viajó a Madrid pasó de un Ministerio a otro sin que le hicieran caso. El director

general de Pesca, Víctor Moro, dijo que trasladaría las inquietudes a su ministro. Calvo Ortega alegó que

aquello no era de su competencia. Marcelino Oreja les hizo una disertación sobre Derecho Internacional.

"Se fueron pasando la bola", para usar las palabras de uno de los miembros de la comisión, que añadió:

"Nos vamos con las manos vacías y con más coraje del que vinimos. Algo ha quedado claro, nuestros

problemas poco les importan, por no decir nada".

Este es el país de las promesas, del vuelva usted mañana, del no se preocupe usted que todo se arreglará,

Hilario Suárez Sánchez, cincuenta y cuatro años, siete hijos, sabe mucho de esto. El 6 de abril de 1977, a

la una y media de la madrugada el barco en que trabajaba —"El Pinzales"— fue ametrallado.

Hilario está inútil para el trabajo, le queda metralla por todo el cuerpo. Dos años después de que

ocurrieran los hechos aún le están gestionando la invalidez total; de momento le toca mantener las nueve

bocas de su casa con una pensión de 13.900 pesetas al mes.

Manuel Rodríguez Márquez; "Que pongan un cartel que diga que Canarias se vende..."a los muertos

del "Cruz del Mar". Las palabras de Santana son una oración compartida hoy, más que nunca, por la

familia guanche: "Mas vosotros que vais a la región donde los muertos viven, y nuestra voz escuchan ya

enteramente propia, como viento a quien no pone cárcel las Españas, llevaos alla nuestro deseo: pedidle,

sí, pedidle la libertad del pueblo".

 

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