Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Las islas indefensas     
 
 El Alcázar.    18/08/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL ALCAZAR OPINIÓN 18-agosto-1979

LAS ISLAS INDEFENSAS

HAY un asunto serio y urgente del que se está hablando muy poco y gota a gota. Esta técnica

informativa del gota a gota me la conozco bien, por razones de oficio, y cuando la descubro

aplicada a cualquier materia me lleno de alaa; generalmente, dentro hay un gato encerrado,

gato que nos dejaría hechos una pena si saltase contra nosotros.

Por un lado, la noticia de que la Bandera Paracaidista abandona las Canarias y por otro, el

secuestro de un avión por tres legionarios en Fuerteventura, hecho fortuito o perfectamente

preparado, no sé, no me atrevo a decidir porque me faltan elementos de juicio. Pero seguido

inmediatamente de una campaña de desprestigio de la Legión y de peticiones de que sea

retirada.

Se da otra coincidencia, además. El partido que lleva adelante esa campaña. Unión del Pueblo

Canario, es en las Cortes el que menos disimula su filiación prosoviética de su separatismo,

porque otros se lo callan y hasta lo desmienten en, como, por ejemplo, el separatismo vasco;

pero Unión del Pueblo Canario lo pregona y se proclama partidario de unas islas bajo influencia

rusa, frente a los intentos americanos de convertirla en base para sus misiles. No me invento

nada al hablar así; todo ello se puede documentar en el Diario de Sesiones del Congreso,

porque allí lo he oído.

Paso directamente a formular una pregunta. ¿Vamos a dejar indefensas a las Canarias? El

presente artículo no tiene más sentido ni mayor alcance que esta interrogante, pero considero

importante hacerla públicamente para que lo que haya de suceder si algo sucede, sea con

conocimiento de todos y para que no pueda emplearse, una vez más, la estrategia de los

hechos consumados.

Recuerdo ahora aquella rueda de Prensa que el presidente Suárez celebró en su residencia de

la Moncloa y me parece estar presenciando cómo se planteó el tema canario, entonces muy

vivo por recientes actuaciones del terrorismo separatista, Adolfo Suárez ordenó a uno de sus

ayudantes:

—Tráeme un cuadro que hay en mi habitación, frente a la cabecera de mi cama.

Poco después Suárez nos enseñaba a los periodistas una preciosa fotografía en color de las

islas vistas desde el aire.

—Esa es mi preocupación constante—, dijo.

Me parece del mayor interés que los españoles tengamos, junto a la preocupación permanente

de lo que puede suceder en el País Vasco, la preocupación permanente de lo que pueda

ocurrir en las Canarias. Se trata de los dos brazos de España, atados a potros que en cualquier

momento pueden ser azotados y dejados en libertad para que la despedacen, como en el

antiguo tormento bárbaro. Tengo que insistir en que los vencedores de la pasada Guerra

Mundial reclaman hoy esos miembros del cuerpo de nuestra Patria. Alegan para ello nuestra

neutralidad, que consideran culpable, y sus merecimientos en la implantación de un régimen

democrático, que, por lo visto, es regalo de ellos.

Oí la otra noche por la televisión que el precio de la democracia era barato, que los muertos por

el terrorismo podían viajar al cielo en dos autocares turísticos, que los españoles estábamos de

enhorabuena por el feliz desarrollo del proceso de reforma. No sé cuántos muertos son pocos y

cuántos son muchos. Esa visión propagandística del asesinato me parece una villanía, propia

de los cómplices del terrorismo, pero sí considero importante dejar sentado que el precio no se

cifra sólo en sangre derramada, sino en soberanía nacional, en ruina económica y en anarquía.

España puede ser desposeída de sus tierras y su bandera puede ser suplantada por banderas

de otros países.

Están las Canarias cercadas prácticamente por barcos y submarinos americanos y rusos,

convertidas en campo de lucha de intereses estratégicos y de partidos que en realidad son

ejércitos mercenarios, desguarnecidas por la pérdida del Sahara, acosadas por la piratería

contra su industria pesquera. Era de esperar que la preocupación permanente del presidente

Suárez diese otros frutos que la retirada de nuestras tropas proteccionales más aguerridas.

Caso de no ser el propósito la indefensión de las islas, a estas horas el Gobierno debería haber

dado la respuesta más contundente a los intentos de desprestigio de la Legión y debería haber

mantenido la guarnición paracaidista, contra viento y marea.

Ahí queda la pregunta, entre tanto: ¿Vamos a dejar indefensas las Canarias?

Joaquín AGUIRRE BELLVER

 

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