Autor: Gavela, Daniel . 
 El agua, un freno al desarrollo de Canarias /1. 
 El largo viaje al centro de la Tierra     
 
 El País.    24/08/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

REGIONES

EL PAÍS, viernes 24 de agosto de 1979

El agua, un freno al desarrollo de Canarias/1

El agua de Canarias es una necesidad general y una fuente de riqueza y de poder para una minoría. Los

canarios llevan una lucha milenaria contra la escasez de este recurso y otra, centenaria ya, contra la ley

que en 1879, hace exactamente un siglo, privatizó las aguas subterráneas, desproveyéndolas de su

condición de bien de utilidad pública. La hidrología ha demostrado la falsedad del principio científico del

que se valieron los legisladores decimonónicos para declarar dueños del agua a los amos del suelo: el

agua, como el sol, se mueve y es, por tanto, un bien itinerante. La práctica de estos cien años evidencia,

por su parte, la caducidad del actual régimen. La situación, según los técnicos, ha tocado techo. Es la hora

de una nueva ley de aguas. InformalDaniel Gavela.

El largo viaje al centro de la Tierra

A los partidarios de que las cosas sigan como están, en cuanto que beneficiarios de la situación, no les

faltan banderas que esgrimir ante los que defienden el carácter único y público del agua. Hablan ellos de

lo que denominan el milagro canarío. Es este un milagro hecho a base de pico y pala en los comienzos,

dinamita después y. modernas técnicas de perforación finalmente; y en todo momento, con una fe ciega

en el valor seguro del codiciado elemento. Una fe que si no ha movido montañas, ha permitido horadarlas

y extraer agua de su interior por medio de galerías de hasta 5.370 metros (longitud récord alcanzada en

Tenerife) y de pozos de hasta cuatrocientos metros de profundidad (récord de Gran Canaria). El milagro

canario, que ponen sobre la mesa los poseedores de agua cada yez que se habla de .desprivatizarlá o

controlarla, se mide en kilómetros. Desde la promulgación de la ley de Aguas, en 1879, hasta hòy, y

fundamentalmente desde 1920a 1960, se han perforado unos 3.000 kilómetros de pozos y galerías,

equivalente a la distancia existente entre Madrid y Sofía. A la vez Se han tendido redes de distribución de

una longitud aproximada, pues no están in-ventariadas todas,´ de 5.300 kilómetros, es decir,"casi la

distancia existente entre Madrid y Nueva York. Si siguiéramos a Juan Canario en su doble condición de

perforador y tendedor de tuberías, y acumulando ambos kilometrajes, nos llevaría de Madrid a Río de

Janeiro y todavía se adentraría en la selva amazónica. A la vista de los 1.879 pozos (doscientos metros de

profundidad media) y las 339 galerías de Gran Canaria y los 282 pozos y 929 galerías de Tenerife (dos

kilómetros de longitud media), Juan Falcón, poderoso aguate-niente de) norte de Gran Canaria no duda en

responder a los aguafiestas que consideran peligroso para el futuro del archipiélago el mantenimiento del

actual régimen .de explotación de los recursos hí-dricos que «el agua no.se acaba de eso estoy seguro,

porque el genio canario inventará algo para crearla antes de que falte». Estos récords, hasta cierto punto

heroicos, con los que se pretende demostrar la bondad del régimen jurídico del agua en el archipiélago,

deben, sin embargo, ser sometidos a una cura de realidad, pues, de lo contrario, podrían resultar de una

brillantez indudable pero engañosa. Sin ir más lejos, los «innumerables litigios, las 2.050 resoluciones de

recursos, los 52 dictámenes del Consejo de Estado y otros organismos consultivos,^ las más de 160

sentencias del Tribunal Supremo» relacionados con el agua sólo en la isla de Gran Canaria a los que se

refiere el SPA-15, el más ambicioso estudio sobre los recursos hídricos del archipiélago, realizado en

1975 bajo los auspicios de la Unesco, inducen a pensar en la imperfección del sistema desde una

perspectiva puramente legal. Es preciso, sin embargo, para trascender lo anecdótico, ir más allá de la

capacidad litjgiadora del agua y ver qué saturación han creado estos cien años de´imperio absoluto de la

iniciativa privada, cuánta agua se extrae, cómo se distribuye por sectores, cuales son las relaciones entre

los productores y los consumidores,- cuáles los precios y qué perspectivas se ofrecen a las generaciones

venideras.

Se ha tocado techo

LAS disponibilidades de agua y el tipo de explotación difieren de una isla a otra, pero como norma

general impera la anarquía y la falta dé control de las_ extracciones. A raíz del SPA-15 se tomó

conciencia de la gravedad de la situación: el agua es escasa y, sin embargó, se está utilizando irracio-

nalmente, aplicando la mayor parte de los recursos a actividades de baja rentabilidad económica y social;

por otra parte, se está degradando su calidad por abusiva explotación de los acuíferos y por uso

inadecuado; y, lo que es más grave, el archipiélago se está vaciando de agua pues no sólo se extraen los

recursos renovables anualmente, sino también las reservas acumuladas en largos períodos de tiempo,

como lo demuestra el alarmante descenso de los niveles freáticos, que es del orden de diez metros por año

en Gran Canaria. Es por eso por lo que ninguna fuerza política o social canaria se resiste a la evidencia de

que es necesario planificar las extracciones y los usos del agua, para poner fin al actual despilfarro de un

recurso fundamental para el desarrollo del archipiélago. Con esta descripción global de la situación

esposible entrar en máti-zaciones sobre.cada isla. Las occidentales, especialmente La Palma

y La Gomera, y en menor medida Tenerife, se encuentran con una situación privilegiada respecto a las

demás islas; su agua es de buena calidad —dato importante para los cultivos—, poseen recursos

renovables a medio plazo y el precio del metro cúbico no se dispara por encima de las diez pesetas.

En el caso de Tenerife se da, debido a la producción constante de las galerías, un excedente de agua que

se pierde en el mar del orden de los quince a diecisiete Hm3por falta de embalses reguladores, ne-cho

lamentable ya que una gran parte de estos millones de litros perdidos provienen de las reservas no

renovables a medio plazo. La velocidad de perforación de las galerías para mantener los actuales

volúmenes de extracción es de 35 kilómetros al año, loque supone un encarecimiento constante de los

costes de producción. Por otra parte, a este ritmó de perforación, a las actuales galerías les quedan sólo

treinta años para alcanzar sus respectivas divisorias. Según explicaba a EL PAÍS un técnico del servicio

hidráulico de Obras Públicas, ya hay en la actualidad galerías superpuestas que parten de caras

enfrentadas del Teide. Cuando se acaben las posibilidades de prolongar las actuales excavaciones será

necesario abrir otras nuevas, en cotas más bajas, que encarecerán todavía más el agua ya que en sus

primeros kilómetros serán estériles. Por lo que hace a las islas orientales, la situación es, verdaderamente

preocupante. Lanzarote y Fuerteventura apenas poseen agua y es de pésima calidad, con una salinidad

superior a los dos gramos por litro. De los 1,46 Hm3de que dispone Lanzarote, 1,40 provienen

de potabilizadoras; en Fuerteventura, de los 7,2 Hm3 disponibles anualmente, 5,2 Hm3 son extraídos de

pozos. Estas mínimas dotaciones de agua explican suficientemente el escaso desarrollo agrícola,

industrial y turístico de estas islas.

Gran Canaria, peligro

La situación límite, sin embargo, se da en la isla de Gran Canaria, de casi 600.000 habitantes, y con

Tenerife, los territorios más densamente poblados de España. Del estudio SPA-15 se deduce que el

sistema imperante en la isla para el aprovechamiento de las aguas superficiales y subterráneas esca-

samente alcanza a satisfacer la demanda actual y, a fortiori, será incapaz de cubrir la demanda futura,

incluso a medio plazo, a pesar del abandono presumible de zonas cultivadas de dudosa rentabilidad,

establecidas en´otro tiempo como consecuencia de condiciones climatológicas más favorables, pro-

teccionismo oficial del mercado y precios más asequibles del agua. El precio medio para 1978 fue de 35

pesetas el m3, casi el doble de lo que se paga en Madrid después de la sobrecarga para el plan de

saneamiento integral. En épocas de escasez ha llegado a alcanzar las sesenta pesetas el m3, agua que en

su mayor parte va destinada a usos agrícolas. Tanto en el aprovechamiento de las aguas subterráneas (123

Hm3 al año) como el de las superficiales (80 Hm3 de capacidad de almacenamiento) parecen, haber

tocado techo, pues en el primero de los casos se están extrayendo abusivamente las reservas, y en el

segundo se han agotado prácticamente, desde un punto de vista económico, las posibilidades de

regulación. En tanto no se llegue al desarrollo de nuevas tecnologías, hoy en fase poco menos que

experimental, como la aplicación de la energía solar, geotérmica y eólida a la depuración y potabilización

de agua, sólo queda una salida para no coartar el desarrollo de la isla: mejorar el aprovechamiento de los

recursos. Esta necesidad es tanto mayor cuanto que la demanda global ya a seguir creciendo por razones

demográficas (Canarias tiene la mayor tasa de crecimiento vegetativo de la población de España) y de

nivel de vida (en los países desarrollados se estima la demanda media mundial, a medio plazo, por encima

de los mil metros cúbicos por habitante y año; en Canarias los recursos disponibles actualmente son del

orden de unos 350 m3 por habitante y año frente a los 1.360 de la España peninsular). Es evidente, por

tanto, que cada metro cúbico desperdiciado o mal utilizado, aun siendo lícito hacerlo dentro de un

régimen de estatuto privado del agua, está causando un daño cierto al interés de la comunidad. Sin agua

no hay desarrollo económico y sin desarrollo no es posible absorber la mayor tasa de parados de España,

récord que también poseen las islas Canarias.

 

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