Carrero Blanco, ante las Cortes. 
 Crear más riqueza y distribuirla con mejor criterio de justicia social  :   
 El ejército deberá poseer la fortaleza necesaria para la defensa de la patria. 
 Arriba.    22/12/1970.  Página: 4-8. Páginas: 5. Párrafos: 177. 

* CARRERO BLANCO, ANTE LAS CORTES

CREAR MAS RIQUEZA Y DISTRIBUIRLA CON MEJOR CRITERIO DE JUSTICIA SOCIAL

* EL EJERCITO DEBERÁ POSEER LA FORTALEZA NECESARIA PARA LA DEFENSA DE LA

PATRIA

EL GOBIERNO ESTA DISPUESTO A MANTENER EL ORDEN INTERIOR A TODA COSTA

* NADA QUE ATENTE CONTRA LA PAZ PUBLICA QUEDARA IMPUNE DE LA ANTERIOR

* LICINIO DE LA FUENTE, EN LAS CORTES

"LA JUVENTUD TRABAJADORA ESPERA ESTA NUEVA LEY DE SEGURIDAD SOCIAL"

* «Los hombres del campo van a recibir la misma protección que los demás»

rielad con las Fuerzas Armadas y con la postura del pueblo; y la proclamación de la soberana

independencia española para la libre decisión de su destino.

Al acercarnos a unas fiestas que nos hablan de manera especial de paz entre los hombres, esta

Presidencia, con su respeto y afecto a la Cámara, quiere para todos vosotros desearos las mayores

venturas, que a su vez encarnen la ventura de los españoles, de la Patria y sus instituciones y de su

Caudillo.»

Las ultimas palabras del discurso del señor Rodríguez de Valcárcel fueron subrayadas con un largo

aplauso.

En diez ocasiones los Procuradores interrumpieron las palabras del Presidente de las Cortes

prorrumpiendo en vivas y vítores a Franco, al Ejército y al Príncipe de España. Los gritos incesantes de

«¡Viva Franco!» fueron vitoreados por los Procuradores, que permanecían en pie.

Finalizado su discurso, el señor Rodríguez de Valcárcel manifestó que recogía los aplausos para

trasladarlos a sus legítimos destinatarios: pueblo, Caudillo, y Patria.

Discurso del Vicepresidente del Gobierno, don Luís Carrero Blanco

A las cinco y treinta y tres minutos, el Presidente de las Cortes concedió te palabra al Vicepresidente del

Gobierno, don Luis Carrero Blanco, que pronunció el siguiente discurso:

Señor Presidente:

Señores Procuradores:

El Caudillo ha estimado la conveniencia de que el Gobierno exponga ante el Pleno de las Corles las

orientaciones en que basa su acción y ha dispuesto que sea yo su portavoz a estos efectos; honroso

encargo al que, con mucho gusto, voy a dar cumplimiento, exponiendo con toda claridad y realismo cuál

es nuestra situación general en los momentos actuales y hacia dónde marchamos, para que el país,

representado por esta Cámara, «órgano superior de participación del pueblo en las tareas del Estado», se

alegre de lo que justamente deba alegrarse, se preocupe de lo que razonablemente deba preocuparse y, en

todo caso, consciente de las realidades de los problemas de Gobierno, que son problemas de todos, ayude,

cooperando, a su mejor resolución, dentro del marco de la coordinación de funciones que establecen

nuestras Leyes Fundamentales.

El Gobierno está para servir al pueblo, pero servir no es alagar, sino dar satisfacción cumplida a las

necesidades y aspiraciones del país.

Planificación política

La planificación de toda acción política entraña el inicial planteamiento de las siguientes cuestiones: ¿cuál

es la meta a alcanzar?; ¿entre qué límite es posible actuar?; ¿cuáles son las dificultades que se pueden

prever y cómo podrán ser superadas?

La meta m alcanzar y los límites dentro de los cuales puede operar la acción del Gobierno están

claramente señalados en nuestro sistema institucional, cuyo proceso, iniciado con el decreto de

Unificación de 19 de abril de 1937 y el fuero del Trabajo de 9 de mano de 1933, quedó totalmente

terminado con la promulgación de la Ley Orgánica del Estado de 10 de enero de 1867. En el Referéndum

del 14 de diciembre anterior, el pueblo español no solamente dio , su conformidad a la Ley Orgánica

del Estado, sino que, al aprobar también con ella cuatro amplias disposiciones adicionales en las que, a fin

de dar unidad al conjunto, se establecían determinadas modificaciones en las Leyes Fundamentales

anteriormente promulgadas, dio su asentimiento, con la abrumadora mayoría del 85 por 100 del cuerpo

electoral y del 95 por 100 de los votantes, al conjunto de las siete Leyes Fundamentales que integran el

Sistema institucional español.

La sucesión

Este Régimen político, que es en esencia nuestra Constitución, si se quien emplear este término, ofrecía,

indudablemente, un posible riesgo de solución de continuidad por el hecho de que un día hubiera que

hacer aplicación de la fórmula supletoria del artículo octavo de la ley de Sucesión, compleja ya de por sí,

pero aún más como consecuencia de la incidencia en la misma del articulo 10 de la ley Orgánica del

Estado. Esta circunstancia, «sobre lo que tantas maliciosas especulaciones hicieron quienes dudaron de la

continuidad de nuestro Movimiento», fue felizmente eliminada por la prudencia política del Caudillo al

hacer uso del articulo sexto de la ley de Sucesión, designando como su sucesor, a título de Rey, al

Príncipe Don Juan Carlos de Borbón por ley de 22 de julio de 1969, aprobada, tras votación nominal y

pública, por la inmensa mayoría de estas Cortes. En su discurso ante la Cámara, un magnífico discurso

fue llenó de júbilo el corazón de los españoles, el Príncipe de España hizo expresa declaración de que

recibía del Caudillo «la legitimidad política surgida del 18 de julio de 1936» y terminé con estas palabras;

«Mi General: Desde que comencé mí aprendizaje de servicio a la Patria me he comprometido a hacer del

cumplimiento del deber una exigencia imperativa de conciencia, A pesar de los grandes sacrificios que

esta tarea pueda proporcionarme, estoy seguro de que mi pulso no temblará para hacer cuanto fuese

preciso en defensa de los principios y leyes que acabo de jurar».

Respaldo popular

Nuestro sistema político, un sistema político que tiene el respaldo popular de dos clamorosos

Referendums en el plazo de casi veinte años y la inequívoca aceptación del Príncipe de España tiene,

pues, como firmes «cimientos» los Principios del Movimiento Nacional y como «cauces» de desarrollo

las otras seis Leyes Fundamentales; por consiguiente, toda la vida de la nación, y toda acción de

Gobierno, tienen que basarse, precisamente, dentro de esos cauces. No se puede edificar el futuro

sin mirar a la vez hacia atrás y hacia adelante, estableciendo el debido equilibrio entre el recuerdo y la

esperanza; porque la vida no comenzó ayer y porque al olvidar las grandes lecciones de la Historia y

nuestra Guerra de Liberación fue para nosotros una de las más importantes, se corre el grave e

imperdonable riesgo de tropezar en la misma piedra.

«Cuando los hombres de nuestra generación abrimos los ojos - decía José Antonio en el discurso

fundacional de Falange Española - nos encontramos con un mundo en ruina moral, un mundo escindido

por, toda suerte de diferencias, y por, lo que nos toca de cerca, con una España en ruina moral, una

España dividida por todos los odios y todas las pugnas.»

«España - agrega más tarde en otra ocasión - ha venido a menos por una triple división, por la división

engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada por los partidos y por 1a división

engendrada por la lucha de clases.»

El Frente Popular

Cuando, cumpliendo las consignas del VII Congreso Internacional Comunista de 1935, el Frente Popular

se apodera del Gobierno de España para imponemos un Estado comunista satélite de Moscú, el pueblo

español, con sano instinto de conservación, se levantó en armas, conducido por nuestro glorioso Ejército,

cuya primera misión es defender a la Patria de sus enemigos exteriores e interiores. Decir que nuestra

guerra fue una guerra civil, afirmar que nuestra victoria de 1939 fue la victoria de unos españoles sobre

otros, es una perfecta falsedad histórica, puesto que si hubiéramos perdido la guerra, España seria desde,

entonces una masa de esclavos sin libertad, sin Patria y sin Dios; porque en el aspecto religioso de la

lucha, ningún juicio de mayor autoridad que el del Papa entonces reinante; «El furor comunista - decía

Su Santidad Pío XI, refiriéndose a España, en su Encíclica "Divini Redemtoris", el 17 de mayo de 1837 -

no se ha limitado a matar obispos y millares de sacerdotes, religiosos y religiosas, buscando de un modo

particular a aquellos y aquéllas que precisamente trabajaban con mayor celo con los pobres y los obreros,

sino que además ha matado a un gran número de seglares de toda clase y condición, asesinados aún hoy

día en masa por el mero hecho de ser cristianos o al menos contrarios al ateísmo comunista. Y esta

destrucción tan espantosa se realiza con un odio, una barbarie y una ferocidad que jamás se hubiera creído

en nuestro siglo. Ningún individuo que tenga buen juicio, ningún hombre de Estado consciente de su

responsabilidad pública, puede dejar de temblar si piensa que lo que hoy sucede en España tal vez podrá

repetirse mañana en otras naciones» Hasta aquí las palabras del Papa.

Construir un Estado

El Caudillo, al ser investido de todos los poderes por la Junta de Defensa para que salvara a la Patria,

comprendió que su misión no era sólo ganar una guerra, sino algo más difícil: constituir después un

Estado, y este es el inconmensurable ser| vicio que España le debe. Para llevar a cabo tan inmensa tarea

funda el Movimiento Nacional que está inspirado en un concepto básico; Unidad. Yo recomendaría a

todos la lectura y la serena meditación en conciencia de la arenga del Caudillo la víspera de esa

efemérides, cuando recalca que la unidad que pide no quiere decir «conglomerado de fuerzas, ni mera

concentración gubernamental, ni unión pasajera», sino unión para siempre.

La sabia sentencia popular de «la unidad hace la fuerza» o su lógica consecuencia, «divide y vencerás»,

ponen bien claramente de manifiesto lo que, por otra parte», el simple sentido común abona: la realidad

de la eficacia de la unidad en orden a la fortaleza de la colectividad nacional. Todo lo que aglutina,

fortalece, y todo lo que tienda a producir divisiones y banderías en el seno de la Patria es intrínsecamente

malo, porque debilita, propende a la destrucción y a la muerte. Este tan claro y básico concepto debiera

mantener bien atados a los que el Caudillo llamó un día nuestros «demonios familiares», evitando que las

ambiciones, las vanidades o los personalismos enfrenten políticamente a hombres que tienen un común

sentir y un unánime deseo de servicio a la Patria.

Unidad esencial

Esta unidad esencial no es ni debe ser uniformismo. Su base es más amplia y, por tanto, más auténtica y

más consistente, Nuestra unidad es la síntesis de la variedad, de la pluralidad, concepto básico que habrán

de presidir las normas que regulen las asociaciones de acción política. En su memorable discurso de

presentación de la Ley Orgánica del Estado, el Caudillo afirmó que «...la exclusión de los partidos

políticos en manera alguna implica la exclusión del legitimo contraste de pareceres, del análisis crítico de

las soluciones de Gobierno, de la formulación pública de programas y medidas que contribuyan a

perfeccionar la marcha de la comunidad.» La unidad es así algo vivo, animado desde dentro, conquistado

con el esfuerzo de todos. La unidad se robustece con la política de participación.

La unidad que la fortaleza de la Patria exige tiene el ámbito bien concreto en la sincera fidelidad a lo que

el pueblo español aceptó inequívocamente; las Leyes Fundamentales, y, sobre todo, los Principios del

Movimiento, que son, por su propia naturaleza, permanentes e inalterables, lo cual no es ninguna

singularidad de nuestro Derecho público, puesto que en numerosas Constituciones de otros países quedan

siempre excluidos de toda posible revisión aquellos preceptos que se consideran consustanciales con su

sistema político, lo cual es lógico Una Constitución no puede legitimar de antemano ningún atentado

contra sí misma, nada que viniera a desnaturalizar las esencias del orden constitucional, y más en nuestro

caso, tratándose como se trata de un Régimen fundado en la legitimidad del 18 de Julio, que tantos

sacrificios y esfuerzos heroicos costó y en cuya edificación tantos desvelos y tanta sabiduría y prudencia

ha derrochado el Caudillo de España.

Esencia del Movimiento

La plena realización de todos estos conceptos que integran la esencia de lo que es nuestro Movimiento

Nacional, llegando a constituir una sociedad unida, en orden y en paz, orgullosa de sus tradiciones y fiel

guardadora de su propia personalidad; progresiva en todo cuanto represente perfeccionamiento; que

acepte de fuera, discurriendo con su propia cabeza, todo lo que sea verdaderamente provechoso y rechace,

sin papanatismos ni necios complejos de inferioridad, todo lo que le haga daño; en la que reine la justicia

en todos los órdenes; en la que todos tengan igual acceso a la cultura; en la que se alcance el bienestar de

todos con una equitativa distribución de la renta nacional; una sociedad, en fin, en la que cada cual llegue

al firme convencimiento de que el interés de la colectividad es su verdadero interés particular, constituye

la meta a alcanzar por nuestra acción política.

Esta meta, que no es ninguna utopía, es sobradamente seductora y tiene la suficiente garra para ilusionar a

todos; a los mayores, porque trabajar por este fin es la deuda de honor que teneros con los que cayeron

luchando porque España llegara a ser esto, y a los jóvenes, llamados a continuar la obra iniciada por

nuestra generación, porque su generosidad no encontrará una ilusión mayor en qué empeñarse.

Tres líneas de acción

Hacia esto objetivo se dirige desde hace treinta y cuatro años, y habiendo partido prácticamente de cero,

la política de todos los Gobiernos del Caudillo, siguiendo tres líneas de acción en pocos aspectos

interdependientes: el desarrollo político, el desarrollo económico y social y la consolidación de la paz.

Considerémoslas separadamente.

¿En qué debe consistir el desarrollo político? Evidentemente en el desarrollo de nuestras Leyes

Fundamentales, haciendo que se cumplan sus preceptos con la mayor eficacia práctica cotidiana, porque

tan importante es el precepto como su aplicación, porque las Constituciones se consolidan con los usos

sociales. Este camino venimos siguiendo y por este camino hemos de seguir, pero cuidando muy mucho

de que el desarrollo no cambie la naturaleza del sistema. Para algunos que, paradójicamente, nos tachan

de inmovilistas. el desarrollo político deseable sería volver a las andadas de los partidos políticos, porque,

aunque se crean muy progresistas, en el fondo no son sino unos nostálgicos del rancio «Contrato social»,

de Rousseau, o del trasnochado «Manifiesto»; de Marx y Engels. Siguen, aunque ellos lo disimulen,

aferrados a la mentalidad de nuestros tatarabuelos de las Cortes de Cádiz o de nuestros bisabuelos de la

«gloriosa», y su progresismo no deja de ser pintoresco porque se trata de un progresismo retrógrado.

La oposición en las Cortes

Con tal mentalidad echan de menos en estas Cortes, por ejemplo, la existencia de una oposición

sistemática.

Afortunadamente, en estas Cortes no hay un grupo gubernamental que tenga que decir que sí, por

disciplina de partido, a todo lo que el Gobierno proponga aunque sea equivocado y un grupo de oposición

que tenga que decir que no, también por disciplina de partido, a todo lo que el Gobierno haga aunque sea

beneficioso para el país. En nuestras Cortes, la oposición a un proyecto de ley está siempre latente, en

estado potencial, pero no prefabricada, ciega, constituida por autómatas que abdican de la noble función

de pensar por cuenta propia; en estas Cortes los Procuradores adoptan posturas y posiciones con plena

libertad, sin estar ligados por mandato imperativo alguno.

Como dijo el Caudillo el 17 de marzo de 1943 en la solemne sesión de apertura de la primera legislatura

de las Cortes: «El Gobierno no pretende ser infalible en sus propuestas; antes al contrario, aspira a la

colaborados leal de los distintos sectores de la Nación, nunca mejor representados, y agradeceré tanto las

asistencias concordantes, como las discrepancias cuando se funden en la razón y el mejor servicio de la

Nación que es el fin supremo que a todos no anima.»

Ni regresión ni inmovilismo

«El espíritu de nuestra Cruzada - dijo el Caudillo al presentar a las Cortes la ley Orgánica del Estado - no

ha sido jamás un espíritu de regresión ni de inmovilismo político, sino precisamente lo contrario.

Constituimos un Movimiento y nada sería más contrario a su razón de ser que pudiera convertirse en

inmovilista o retrógrado.» «La ley Orgánica del Estado - dijo - viene a completar nuestro ciclo

institucional sin dejar, por ello, de seguir abierto a ulteriores perfeccionamientos y ajustes, si se acusaran

necesarios.» Y, finalmente, puntualizó que «al dar este paso decisivo, que en cierto modo es poner la

clave del área, no cerramos la puerta a ulteriores modificaciones y complemento que, eso si, habrán de

hacerse por el camino establecido y con las debidas garantías en evitación de improvisaciones

peligrosas».

No hay inmovilismo en nuestro sistema. Nuestra trayectoria ni es la del moscardón, que se mueve en

todas direcciones, chocando constantemente con los cristales, ni puede ser jamás retrógrada. Vamos hacia

adelante, conscientemente, serenamente, sabiendo dónde ponemos los pies y a la mayor velocidad

compatible con estas elementales cautelas.

El Gobierno está decidido a proseguir con paso firme y seguro el desarrollo político. En esta empresa

viene laborando sin tregua. Cúmpleme anunciar a los señores Procuradores que en breve plato será

remitido a estas Cortes el proyecto de ley Orgánica de la Justicia y, posteriormente, el proyecto de ley

Electoral y el de Régimen Local. Están, igualmente, en estudio por parte del Gobierno las leyes Orgánicas

del Consejo de Economía Nacional y del Tribunal de Cuentas del Reino.

En cuanto a la reforma del Reglamento de las Cortes, de todos es bien sabido que en estos momentos está

también en estudio en esta Cámara y que se aprobará en su día, de acuerdo con el Gobierno, según

establece la disposición adicional de la ley Constitutiva de las Cortes.

Justicia distributiva

Pasemos a tratar del Desarrollo Económico y Social.

¿Cuál en su objetivo? La contestación es bien sencilla: crear la mayor riqueza posible y distribuirla con

arreglo a los más exigentes criterios de justicia social. Pues bien; en esta labor estamos y hacia estos

objetivos marchamos, siguiendo las directrices del Caudillo, desde la terminación de nuestra guerra,

habiendo tenido que partir prácticamente da cero. Nuestra generación sabe hasta qué punto este cero no es

una figura retórica.

Desde 1900 a 1936 el aumento de la renta nacional de España había alcanzado una media anual de solo el

1,5 por 100, que era prácticamente absorbido por el crecimiento vegetativo de la población.

Bajo estos auspicios, y con todas las dificultades creadas por la segunda guerra mundial, comenzó nuestra

reconstrucción económica y la puesta en practica del fundamental espíritu social de nuestro Movimiento.

No voy a describirles la trayectoria ascendente de nuestro Desarrollo Económico y Social. Bastará

recordar que el crecimiento da la lenta nacional en la década de los sesenta ha sido superior al de

cualquier país del mundo occidental. La renta nacional de 1969, en pesetas constantes, se entiende, te sido

el doble de la de 1959. En cuanto a la distribución de esta renta, la remuneración de los asalariados ha

pasado de ser un 51,5 por 100 en 1959 al 57 por 100 en 1969 Está claro, por tanto, que en los últimos

diez años se ha operado una redistribución de la renta nacional en la que la participación de los

trabajadores, por cuenta ajena ha aumentado más que cualquier otra.

Evolución de la economía

Por lo que respecta a la evolución de la economía en el presente año, ha sido, en sus principales aspectos,

muy satisfactoria.

Los recientes análisis de la situación económica han destacado tres hechos fundamentales: el primero, el

cambio radical del signo de nuestra balanza de pagos, que ha registrado en los once meses transcurridos

del presente año un aumento de más de 700 millones de dólares, situando nuestro nivel de reservas en la

cifra de 1.690 millones de dólares; es decir, el doble de su valor a comienzos del presente año. El

segundo, el satisfactorio desarrollo de la producción durante 1970, que hará que nuestro producto

nacional bruto crezca a un ritmo entre el 6 y el 7 por 100. Y, por ultimo, el crecimiento del poder

adquisitivo de los hogares españoles, consecuencia de las importantes mejoras saláriales registradas

durante el año en curso, sólo en parte contrarrestadas por las alzas de precios, que el Gobierno tratará de

contener dentro de límites razonables.

De esta forma, ante el nuevo año la economía nacional, que ha disfrutado durante la ultima década del

ritmo de crecimiento más alto de su historia, se encuentra con el panorama esperanzador de que su

potencial de desarrollo continua siendo muy elevado y que su capacidad de dinamismo le permite afrontar

desde una base cada vez más firme las oportunidades y los desafíos de la apertura a los más amplios

mercados.

Se ha hecho mucho, evidentemente. A la vista de propios y extraños está la obra realizada; pero es

indudable también que no está terminada, que hay que continuarla y que hay que perfeccionarla.

Necesaria cooperación

El desarrollo económico y social requiere, a fin de cuentas, la cooperación de todos.

En orden a la necesaria colaboración entre los Departamentos ministeriales, quiero asegurar que el

Gobierno se esforzará en mantener una política de efectiva coordinación, supeditando, en todos los casos,

las visiones departamentales, a la unidad de dirección que la política nacional demande.

Ahora bien, aún logradas las políticas más eficaces en cada Departamento ministerial y conseguida la más

perfecta coordinación de todas ellas, el desarrollo económico y social depende también,

fundamentalmente, de la cooperación del país, porque una parte de la renta nacional, ha de convertirse en

ahorro, para poder realizar inversiones que aseguren la creación de nuevos puestos de trabajo y la puesta

en explotación de nuevas fuentes de riqueza.

Por consiguiente, la velocidad, en el crecimiento de la renta nacional, es fundón de la proporción entre

consumo y aborto; cuanto mayor sea éste, mayores serán las posibilidades de inversión y, por tanto,

mayor será la velocidad de crecimiento de la renta nacional.

Objetivo nacional

La velocidad posible en el desarrollo económico debe ser ajustada por dos circunstancias fundamentales;

estabilidad de precios y mantenimiento de una prudente reserva de divisa. Dentro de esté

condicionamiento básico, esa velocidad posible será tanto mayor cuanto más se ahorre, y más se trabaje.

El desarrollo económico y social es un objetivo colectivo, un objetivo nacional, por el que todos debemos

esforzarnos.

Ahora, bien; seamos realista. El rendimiento de una explotación productora depende de la calidad de la

técnica que se emplee y del trabajo de todos los hombres que, en los distintos escalones de la actividad

productiva, intervienen en ella. La técnica, en toda su variada gama, es función directa de la formación

profesional de toda la población activa. Nuestra recién aprobada ley general de Educación persigue

resolver este problema sobre la base de que todos los españoles tengan igualdad de oportunidades para

llegar a ocupar es la sociedad los puestos para los que Dios les dio facultades. Pero logrado esto, en cuyo

camino estamos, la producción depende, en último extremo, de la voluntad que en su trabajo pongan

todos los hombres que en ella intervienen.

Y, fundamentalmente, de que entre patronos y obreros exista la unidad de propósitos de producir mucho y

bueno y ello solo será posible cuando exista el interés común de ganar más cuanto más produzca la

empresa; en una palabra, cuando todos, de verdad, participen de los beneficios de la misma»

Considero, por tanto, de la mayor importancia abordar con decisión el cumplimiento de cuanto el

Principio XI del Movimiento establece, porque si conseguimos, y habré que conseguirlo, que la empresa

sea realmente «una comunidad de intereses y una unidad de propósitos» para todos los que en ella

intervienen, los problemas económicos y los sociales habrán encontrado su solución definitiva

Distribución de la renta

Otra cuestión también muy importante y en íntima relación con lo anterior es dar realidad al concepto de

equitativa distribución de la renta nacional. Evidentemente, el abanico de los distintos niveles de ingresos

debe ser prudencialmente cerrado.

Un abanico demasiado abierto entraña injusticia social. En este mismo sentido está la equitativa

distribución de las cargas fiscales Es justo que quienes perciban mayores ingresos contribuyan en mayor

proporción también a sostener las cargas fiscales con las que se atiende a las necesidades de toda

sociedad. Esto exige una política fiscal en la que pesan menos los impuesto indirectos y se ponga un

mayor acento en los impuestos directos, especialmente en el impuesto sobre la venta y se persiga con el

mayor rigor el fraude fiscal, que entre nosotros adquiere en ocasiones situaciones de verdadero escándalo.

E Gobierno está dispuesto a corregir con decisión esta flagrante injusticia social.

El objetivo, en definitiva, de todo desarrollo debe ser el mejoramiento de las condiciones de vida del

pueblo español. Por ello, la intensificación de la política social a todos los niveles ha sido constante

de este año.

La ley de Educación

La ley de Educación, es el más sano avance desde hace muchos años para la igualdad de oportunidades, a

cuyo logro efectivo tan decisivamente colabora la acción de formación profesional que ha experimentado

un importante avance, tanto en las acciones del PPO y Escuelas Sindicales como en las Universidades

Laborales. El incremento durante 1970 de la negociación sindical colectiva y la elevación del salario

mínimo; la acción protectora del empleo femenino, de trabajadoras de más de cuarenta años y

minusválidos, y la extensión y perfeccionamiento de la Seguridad Social en sectores tan amplios como los

trabajadores del mar, los autónomos y los agrarios, vieja aspiración de las Hermandades de Labradores,

así como el proyecto de ley de Protección a las Familias Numerosas que próximamente se remitirá a las

Cortes, no son sino manifestaciones claras de como la política social sigue su marcha.

Acción política

Pasemos, por último, a examinar el aspecto de acción política que afecta al mantenimiento de la paz por

la que España pago tan alto precio.

El mundo vive una trágica realidad: que el comunismo, soviético o chino, que esto a fin de cuentas es lo

de menos, ni en su doctrina ni en su objetivo imperialista de proselitismo, ha cambiado lo más mínimo

después de medio siglo. Su meta sigue siendo convertir en comunistas a todos los Estados que no lo son,

entre los que, naturalmente, estamos nosotros.

Para alcanzar este objetivo tiene tres caminos:

- La guerra general, que, fatalmente, seria nuclear,

- las guerras limitadas, y

- la guerra subversiva.

En cuanto a la primera, la imposición al mundo occidental de la voluntad comunista por medio de una

tercera guerra mundial, está, hoy por hoy, contenida por dos causas fundamentales: el serio peligro que

para la URSS representa el poder disuasorio del dispositivo atómico norteamericano y la pugna por el

liderazgo comunista entre la URSS y China.

Pero como ambos bloques comunistas tienen el objetivo común de debilitar a los Estados no comunistas,

ambas se empeñan a fondo en las guerras limitadas, que, fatalmente, producen desgastes económicos,

políticos y morales, y en la guerra subversiva.

Fortalecer la potencia militar

¿Corre España el riesgo de verse un día envuelta en una guerra limitada? No parece probable» pero sería

peligrosa ligereza el asegurar, terminantemente, que no. Lo prudente es aceptar, serenamente la

posibilidad del riesgo, confiar en que Dios no lo permitirá, pero prepararse adecuadamente fortaleciendo

nuestra potencia militar en la medida necesaria para que su poder disuasorio neutralice tal riesgo o para

que, en todo caso, pueda ser afrontado con éxito.

«La unidad entre los nombres y las tierras de España - dice en IV de los Principios del Movimiento

Nacional - es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son «exigencias supremas» de la

comunidad nacional. Los Ejércitos de España, garantía de su seguridad y expresión de las virtudes

heroicas nuestro pueblo, deberán poseer la fortaleza necesaria para el mejor servicio de la Patria.»

¿Cuál debe ser la potencia militar de nuestras Fuerzas armadas para que puedan cumplir esta misión en

las circunstancias actuales del mundo y ante su previsible evolución en el futuro? Una fuerza militar

dotada de nombres de gran espíritu combativo y muy bien adiestrado, puede tener mayor potencia

utilizando un armamento más reducido que otra fuerza con mejor material pero que sea peor utilizado o

sus hombres tengan una moral más baja.

Pero en todo caso la cantidad y calidad de los armamentos no podrá nunca descender por debajo de un

mínimo dado, por mucho que sea el adiestramiento y el espíritu de sus hombres, para que la fuerza militar

tenga la potencia necesaria, máxime en la actual situación tecnológica de los armamentos militares.

Las naciones de pocos recursos económicos, para las que es la renovación es una muy pesada carga,

deben partir a la hora de reestructurar sus Fuerzas Armadas de los tipos de armamento más

perfeccionados y asegurar a la vez su más perfecto entretenimiento.

Plan de reestructuración de las Fuerzas Armadas

Pues bien; cúmpleme manifestar a las Cortes que, sobre la base de estos conceptos generales y de

consideraciones estratégicas que, por su naturaleza, son lógicamente reservadas, el Alto Estado Mayor y

los Estados Mayores de los tres Ejércitos, tienen era estudio un plan general de reestructuración de

nuestras Fuerzas Armadas, a fin de que las unidades operativas de los tres Ejércitos puedan mantener un

alto grado de eficacia. Aparentemente, las sumas invertidas en la Defensa no son económicamente

reproductivas, aunque la industria nacional ha de verse notablemente beneficiada con ellas. Pero son

inversiones necesarias porque sirven a una exigencia suprema de la comunidad nacional; y, por otra parte,

si el electo disuasorio de esta potencia militar librara a España de una guerra, ¿cabria una rentabilidad

más alta de las inversiones empleadas con este fin?

La situación de nuestra economía no ha consentido hasta ahora pero consiente ya, que España dedique a

la Defensa una proporción del producto nacional bruto similar al de la mayoría de los países europeos.

Debo anunciar también a las Cortes, el envió en breve plazo, para su estudio y aprobación de la Ley

Orgánica de las Fuerzas Armadas en desarrollo del Título VI de la Ley Orgánica del Estado.

La guerra subversiva

Pasamos a ocupamos, por ultimo, de la guerra subversiva. El mundo occidental está siendo víctima de una

progresiva escalada de la aceite subversiva del comunismo, que a nosotros nos afecta con tanta mayor

razón cuanto no olvida su derrota de 1939 en nuestro suelo.

¿Qué persigue esta acción subversiva? Evidentemente, debilitar a los países no comunistas para abrir paso

a una situación revolucionaria, o para crear un ambiente político propicio que haga posible el que, por

vías de democracia inorgánica, que acaban desembocando en «Frentes Populares», apoderarse del

Gobierno de esos países. Esto, piensan, podrá ser más lento, pero es tan eficaz y mucho menos arriesgado

que una guerra.

La táctica de la acción subversiva es clara, se traía de corromper en el más amplio sentido de la palabra.

Se trata, en primer término, de hacer sistemáticamente tabla rasa de todos los valores espirituales en los

que, a fin de cuentas, radica la fortaleza del hombre y de la sociedad. Para ello se fomenta la disolución da

los hábitos morales; se atenta contra las creencias religiosas, contra las tradiciones y la conciencia

nacional; contra el sentimiento de Patria y de independencia y contra el principio de autoridad,

empezando por el concepto más primario y natural de autoridad, que es la del padre de familla.

Acciones criminales

Para minar moral y económicamente a los países, se lleva la subversión a la Universidad y a los centros

de producción, fomentando las huelgas de las que son los propios trabajadores sus principales víctimas. Y

para llevar, por fin. el desasosiego al seno de las familias y a la calle, perturbando el orden y la paz

interior, el comunismo recluta bandas de desalmados a sueldo que se lanzan al sabotaje, al crinen, a la

piratería aérea y al secuestro de agentes diplomáticos.

Y el tremente pretexto de todas estas acciones criminales suele ser, trágica paradoja, la a demanda de

libertad. El comunismo pide libertad contra toda ley, en nombre de un desorbitado liberalismo, para

después anular toda clase de libertades en nombre de sus propios principios.

Para ir alcanzando estos objetivos el comunismo explota todas las flaquezas de la condición humana: la

soberbia de unos, la codicia de los más y la tontería de no pocos que, consciente o inconscientemente, les

hace su juego, sin pararse a pensar que los comunistas, como los bárbaros, necesitan traidores para que les

abran las puertas de las ciudades, pero los desprecian y están bien decididos a exterminarlos el día que no

les necesiten, que «el traidor no es menester en siendo la traición pasada».

En los primeros días del año 69 la gravedad de los sucesos acaecidos, obligaron al Gobierno a someter a

la sanción del jefe del Estado el decreto-ley de 24 de enero declarando el estado de excepción en

todo el territorio nacional por un plazo de tres meses. El orden fue restablecido y el estado de excepción

pudo levantarse mucho antes del plazo fijado.

El estado de excepción estaba ya establecido, desde agosto de 1968, en la provincia de Guipúzcoa, por ser

esta la zona donde tenían lugar las actividades terroristas de una organización denominada ETA que, bajo

la aparente filiación política de separatismo vasco, encubre la realidad de su verdadera función de agentes

terroristas al servicio del comunismo. En un año, esta organización, ha sido por propia confesión, la

autora de una serie de sangrientos actos de terrorismo, entre los que figuran varios asaltos a mano armada

y el asesinato de un inspector de Policía, un guardia civil de tráfico y un taxista.

Campaña antiespañola

Con arreglo a nuestras leyes, la Jurisdicción Militar es la competente para entender en la sanción de los

actos de terrorismo. Pues bien, al solo anuncio de la constitución del Consejo de Guerra para juzgar los

hechos señalados y mucho antes de que se dictara sentencia. el comunismo, al objeto de coaccionar m la

Justicia, ha orquestado en el exterior una campaña contra nuestra Patria, plagada de calumnias y de

injurias, presentándonos como si fuéramos un país bárbaro donde la Justicia no ofrece las básicas

garantías procesales.

A esta orquestación típicamente comunista se han sumado algunos grupos, enemigos por sectarismo de

nuestra Patria y de nuestro Régimen, que actúan siempre, para daño de sus propios países, como ingenuos

compañeros de viaje. Cuando nadie en el mundo se ha conmovido ante, el dolor de la viuda y la hija del

inspector de Policía, señor Manzanas, vilmente asesinado cuando tranquilamente entraba en su casa, ni

ante el asesinato en el cumplimiento de su deber del guardia civil de Tráfico, José Pardines Arcay, ni

nadie ha pensado en la viuda y los tres hijos del taxista Fermín Monasterio, asesinado fríamente.

Para deshacerse de un posible testigo, el comunismo se las arregla para dar la apariencia de la

preocupación del mundo entero por la suerte que puedan correr los presuntos autores de estos crímenes.

El secuestro del cónsul

Simultáneamente con este fomento de la campaña antiespañola en el exterior, agentes de la subversión

dentro de España han provocado incidentes universitarios y alteraciones del orden laboral, así como

alteraciones del orden en la calle. Finalmente, al objeto de crear mayores dificultades a España y con la

pretensión de alentar presiones exteriores con las que coaccionar a la administración de Justicia, la ETA

ha perpetrado un nuevo crimen: el secuestro, el pasado día 3, del cónsul honorario en San Sebastián de la

Re pública Federal Alemana.

España condena, con toda energía, este acto terrorista que se suma a los, por desgracia numerosos,

acaecidos en otros países y el Gobierno ha hecho y está haciendo cuanto está en su mano para rescatar al

cónsul alemán, Al objeto de facilitar lo más posible esta misión, se declaró el estado de excepción en la

provincia de Guipúzcoa por el plazo de tres meses. Nadie desea más que el Gobierno español que el

cónsul, señor Beihl, sea encontrado y lamenta vivamente la natural angustia de su familia por un acto

cuya única culpabilidad recae sobre la ETA.

Estos son los hechos, que tienen dos aspectos: campaña en el exterior y situación en el interior.

En lo que se refiere al primero, el pueblo español rechaza con violenta indignación, toda clase de

injerencias externas sobre cuestiones que afectan a su propia soberanía, como se ha puesto de relieve en

entusiásticas manifestaciones que han culminado en la grandiosa concentración en la plaza de Oriente,

donde cientos de miles de españoles aclamaron a nuestro Caudillo.

Las leyes

El pueblo español tiene sus leyes y por ellas se rige y, por lo mismo que es respetuoso con los asuntos

internos de todos los países, exige para sí igual respeto. Somos un pueblo, gracias a Dios, de muy dura

cerviz para someterse a imposiciones externas. España es noble y generosa si se la trata con el respeto que

se merece, pero no transige ni transigirá, ante la más mínima presión de fuera que atente a su dignidad o a

su soberanía.

España rechaza igualmente, con la misma energía e indignación, las insinuaciones de la posible falla de

garantías de los procesados ante un Tribunal Militar. Un Consejo de Guerra está constituido por oficiales

españoles que son hombres de honor y que han hecho un culto del cumplimiento de su deber en el

servicio de la Patria. Una ofensa al Ejército es una ofensa a todo el pueblo español y no es digno de

llamarse español el que no se sienta ofendido.

Los Ejércitos de España tienen asignado en nuestra Ley Orgánica del Estado una trascendental misión:

garantizar la independencia de la Patria y defender el orden institucional. No son atributos de privilegio;

son carga gloriosa y exigencia de servicio gozosamente aceptada. Este espíritu de patriótico servicio, que

en tan alto grado demostraron los combatientes de la Cruzada, alienta en la misma medida en las nuevas

promociones, fieles a la noble ejecutoria de sus mayores. Los españoles podemos tener la seguridad de

que las Fuerzas Armadas están en permanente alerta para cumplir los sagrados deberes asumidos al jurar

la bandera.

España rechaza también con la misma energía las viles calumnias sobre el comportamiento de las

Fuerzas de Orden Público (Guardia Civil y Policía Armada) y del Cuerpo General de Policía. Los

hombres que las sirven, velando en un duro trabajo por la seguridad y la paz de los ciudadanos, son unos

hombres beneméritos, dignos del reconocimiento de todos.

Orden en el interior

En cuanto al orden en el interior, el Gobierno en el estricto cumplimiento de su deber, está dispuesto a

mantenerlo a toda costa.

La libertad política no consiste en hacer lo que a uno se le antoja. En un Estado de Derecho, es decir, en

una nación donde hay leyes, la libertad no puede consistir más que en porter hacer lo que es lícito y en no

verse obligado a hacer lo que no se debe.

Nuestro Fuero de los Españoles garantiza todas las libertades de que puedan disfrutar quienes más

blasonan de libertades ciudadanas, pero como dice el articulo 33 de dicha Ley Fundamental: «El ejercicio

de los derechos que se reconocen en este fuero no podrá atentar a la unidad espiritual, nacional y social de

España.»

El Gobierno tiene la obligación de defender a las familias españolas de que sus hijos puedan ser

envenenados, quizá para toda su vida, por las pequeñas minorías de agentes de la subversión comunista;

tiene la obligación de defender a la gran masa estudiantil que quiere aprender y que la dejen hacer sus

carreras en orden y en paz; tiene que defender a la gran mayoría del profesorado que desea cumplir

noblemente su augusta función de enseñar también en orden y en paz; tiene el deber de que la producción

no se vea mermada por conflictos laborales, llamados de carácter político, pero que no son sino

consecuencia de actividades de agentes comunistas, a veces enmascarados con otras significaciones y

tiene, por fin, el deber de mantener el orden en la calle.

Ante una evidente agresión, como es la actividad subversiva del comunismo, la Nación tiene el indudable

derecho de legítima defensa y el Gobierno el in declinable deber de ejercer su autoridad para garantizar

esta defensa. En cumplimiento de este deber el Gobierno ha estimado la conveniencia de someter a la

sanción del Jefe del Estado un decreto-ley suspendiendo por seis meses en todo el territorio nacional la

vigencia del articulo 18 del Fuero de los Españoles.

Contra la acción subversiva

El Gobierno, que quiere ejercer, su autoridad serenamente y con firmeza, considera que esta decisión va

a ser suficiente para desarticular la acción subversiva. Si fuera necesario ampliar las medidas, lo haría sin

titubeos. Que todos estén seguros de que cualquier foco de subversión será totalmente desarticulado.

Nada que atente contra la paz pública quedará impune. El que dude de este realidad y la desafié, no espere

otra cosa que el peso de la autoridad y de la Ley.

Quisiera también, dentro de la más absoluta sinceridad, llevar la tranquilidad a los españoles que se hayan

inquietado excesivamente. Los perturbadores no son más que pequeños grupos que serán dominados. Ya

están dominados. Sobran recursos legales para ello. Que nadie se inquiete, pues, y que cada cual coopere

en la medida de sus fuerzas y rechace virilmente las insinuaciones de quienes, al servicio de un enemigo

de su Patria tratan de producirles un daño; que los trabajadores hagan lo mismo con quienes traten de

inducirles a paros laborales que dañan directamente sus propios intereses.

En el año que va a empernar se cumplirán siete lustros desde aquel de octubre de 1936, en el que el

Caudillo de España tomo en sus manos el timón de la Patria. A sus órdenes los españoles hemos laborado

para ofrecer hoy a nuestros hijos esta España nueva, esta España en Paz, esta España en la que cada día se

abren horizontes de mayor bienestar y de progreso.

Yo os aseguro que el Gobierno no tolerará que nada ni nadie arrebate estas conquistas al pueblo español.

Y nada más, señores Procuradores. Muchas gracias por vuestra atención.

El discurso del almirante Carrero Blanco, que había sido interrumpido por los aplausos de los

Procuradores en diversos pasajes, fue rubricado con una gran ovación.

A las 17.47, finalizado el discurso del señor Carrero Blanco, el Presidente de las Cortes interrumpió la

sesión durante veinte minutos.

Intervención de Martínez Cañavate

A las seis y cuarenta minutos se reanudó la sesión plenaria, con notoria menor afluencia de Procuradores,

Él secretario de las Cortes, don Francisco Lapiedra, dio lectura al dictamen perteneciente a la Comisión

de Trabajo del proyecto de ley perfeccionando la acción protectora y modificando la financiación del

Régimen Especial Agrario de la Seguridad Social. El Procurador y miembro de la Ponencia que informó

este proyecto, seño Martínez-Cañavate, pronunció un discurso en el que, entre otras cosas, dijo:

«El mayor costo de la acción protectora - manifestó - ha requerido, para poder ser afrontado con garantías

de éxito, un sensible esfuerzo de diferentes fuerzas financieras. Las cotizaciones de trabajadores y

empresarios representan la aportación propia del sector, pero junto a ellas, cobran particular importancia

la muy sensible aportación del Estado - cuarenta y seis millones de pesetas en quinquenio - y la muy

generosa y ejemplar aportación del Régimen General, en orden de cifras similares al Estado. Completan

el conjunto de los ingresos, las percepciones que la ley establece sobre productos del campo, arbitrándose

así una formula financiera, nueva y original claro exponente de la parafiscalidad social.»

El señor Martínez-Cañavate resumió sucintamente el contenido de los noventa y un escritos de

enmienda, que contenían 221 propuestas de modificación al texto remitido por el Gobierno, que se

debatieron a lo largo de seis sesiones en la Comisión de Trabajo de las Cortes.

Discurso del Ministro de Trabajo

Finalizado el discurso del señor Martínez-Cañavete intervino el Ministro de Trabajo, don Licinio de la

Fuente, cuya presencia en el estrado fue acogida con numerosos aplausos.

En su discurso el Ministro de Trabajo dijo:

«Hoy me cabe el honor de presentar ante vosotros una ley que afecta al progreso y a la seguridad de casi

un tercio de la población española, la población rural, que se ha quedado rezagada en los frutos del

enorme impulso de desarrollo que el país ha experimentado bajo la paz de Franco, y que ha sabido esperar

con impaciencia, pero sin ira, su turno de bienestar y de justicia.»

Recordó el Ministro su anterior intervención, hace un año, para, presentar la ley de Seguridad Social de

los Hombres del Mar, y dijo: «Hoy, en mi segunda intervención como Ministro de Trabajo ante el Pleno

de estas Cortes, vengo a pediros que hagáis posible con nuestro voto el perfeccionamiento de la Seguridad

Social de las gentes del campo, de los hombres de tierra adentro, que con no menor esfuerzo vienen

abriendo también desde siglos caminos para la prosperidad, el desarrollo y la fortaleza de España.»

Tras hacer historia del proceso de desarrollo de la Seguridad Social desde la creación del régimen

obligatorio del retiro obrero en 1918, recordé que fue a partir de los años 40 cuando comenzó el

verdadero desarrollo de la Seguridad Social Agraria.

Mayoría de edad de la Seguridad Agraria

«Con la aprobación del proyecto que hoy tenemos el honor de presentar - añadió el Ministro - el Régimen

Especial Agrario de la Seguridad Social entra en su mayoría de edad. Yo diría que la proclamación de esa

mayoría de edad está en el articulo primero, en esa escueta, pero clara y precisa declaración de que las

prestaciones que comprende la acción protectora de los trabajadores del campo por cuenta ajena, serán

las mismas que las del régimen general y se otorgarán en la extensión, forma, términos y condiciones de

este. Es decir, pura y simplemente, que el trabajador del campo va a recibir la misma, protección que los

demás trabajadores.»

Elogió seguramente el Ministro la exposición hecha por el ponente señor Martínez-Cañavate, así como el

ejemplo de preocupación dado por la Ponencia y los enmendantes y miembros todos de la Comisión que

ha estudiado el proyecto, especialmente los Procuradores sociales.

Mejoría en las prestaciones

«El proyecto - continuó el señor De la Fuente - presta además singular atención a la Seguridad Social de

los trabajadores por cuenta propia, sobre la triple base de mejorar sustancialmente en acción protectora,

que se incrementa ya en el primer año en un 55 por 100; consignar el principio de que en ningún caso el

nivel de protección de estos trabajadores será inferior al establecido para los autónomos de la industria y

de los servicios y, por último, dejar abierta la posibilidad de que el Gobierno modifique y amplíe en su

beneficio las prestaciones. En cuanto las circunstancias económicas así lo permitan, especialmente con

respecto a aquellos que por estar exentos de la contribución territorial rústica y pecuaria, se encuentran en

situaciones socioeconómicas que guardan una gran semejanza con la que es propia o peculiar de los

trabajadores por cuenta ajena.»

Añadió que la ley supone también la mejora inmediata de todas las pensiones del sector agrario. Casi un

millón de pensionistas verán incrementadas sus prestaciones a partir de enero.

Se refirió seguidamente a los acontecimientos vividos en los últimos días y dijo:

«Unidad, Unidad, Unidad. Esa es la gran conquista, la gran ilusión y la gran esperanza que ha presidido el

caldeado ambiente de estos días memorables. Y yo quisiera que tuviéramos todos conciencia plena de lo

que vale esa unidad; de lo que exige cada unidad hecha clamor fervoroso y abrazo entrañable estos días

entre el Caudillo y su pueblo. De todas las conclusiones que en estos días pudieran sacarse yo he

sacado una por encima de todo; la tremenda exigencia, la tremenda responsabilidad de hacer honor a tal

jefe y a tal pueblo. La exigencia de recae sobre todos cuantos desempeñamos funcionas públicas, de hacer

honor a lo que el pueble en torno a su jefe espera, pide y tiene derecho a exigir de nosotros.

NUEVOS PLANTEAMIENTOS

Aludió después a nuevos planteamientos de la política social y especialmente a la nueva política de la

ancianidad, al nacimiento de nuevos planteamientos en la política, de protección familiar, a la atención

sanitaria, la problemática de empleo, los nuevos planteamientos de la política de emigración y a las clases

medias, autónomos y funcionarios públicos, como objetivos insoslayables para un tratamiento cada día

más integrado dentro de una concepción comunitaria de la Seguridad Social y a los proyectos de ley en

preparación o en discusión ya en el seno del Gobierno sobre tales materias, con especial referencia al plan

gerontológico, a la ley de protección de familias numerosas y de Seguridad Social de los funcionarios

públicos, a la ley de emigración y a la reforma de la asistencia sanitaria del Seguro de Desempleo y

terminó su discurso diciendo:

«Es toda una nueva juventud trabajadora, la que espera, con sus nuevos valores, con una gran sinceridad y

honestidad, esta nueva Seguridad Social que da cauce a sus mejores ambiciones y sea instrumento de la

sociedad mejor que tener derecho a pedirnos y en cuya construcción deben participar, ya que una

exigencia de la Seguridad Social es, justamente, el enlace y la continuidad de las generaciones símbolo de

esta paz de España que queremos en grandeza, en libertad y en unidad, y para la cual hemos elaborado

este proyecto de ley cuya aprobación os pido y en cuya médula está justamente ese objetivo.

A lo largo de sU discurso fue aplaudido don Licinio de la Fuente en distintos pasajes de su disertación. Al

final, en pie los Procuradores le tributaron una prolongada ovación. Luego, numerosos Procuradores

llegaron hasta ell «banco azul» para estrechar la mano del Ministro de Trabajo, quien fue también

felicitado por el resto de sus compañeros de Gobierno.

Dictámenes aprobados

El dictamen sobre Régimen Especial Agrario de la Seguridad social fue aprobado, aunque con un voto en

contra y una abstención.

Finalmente, los secretarios de las Cortes, señores Lapiedra, Zamanillo y Dávila, dieron lectura al resto de

los dictámenes sometidos a la aprobación del Pleno, así como a los cuatro decretos leyes promulgados

desde el pasado día 4 de diciembre.

Los dictámenes y créditos extraordinarios son, los siguientes:

Comisión de Presupuestos: Reestructuración de los Cuerpos Penitenciarios; Modificación de las plantillas

de los Cuerpos de Policía Armada; Modificación de las plantillas de la Agrupación de Tráfico de la

Guardia Civil; Autorización para la conversión de la Deuda Amortizable del Estado al 35 por 100.

emisión del 15 de julio de 1951, y de la Deuda Perpetua Interior, al 4 por 100, emisión del primero de

octubre de 1951.

Asimismo se dio cuenta de la aprobación de nueve créditos extraordinarios o suplementos de crédito,

entre los que destaca el concedido al Servicio Nacional de Cereales, por un importe superior a los 2.180

millones de pesetas, para compensar las perdidas originadas por la exportación de excedentes de trigo y

arroz de la campaña 1967-68.

Los decretos-leyes de los que se dio cuenta al Pleno de las Cortes son los siguientes: por el que se declara

el estado de excepción en la provincia de Guipúzcoa; por el que te suspende en todo el territorio nacional,

y por el plazo de seis meses, la vigencia del artículo 18 del Fuero de los Españoles; por el que establece el

coeficiente correspondiente al Cuerpo Especial de Profesores de Educación General Básica y se dictan

normas para su aplicación, y por el que España concurre al aumento de los recursos del Fondo Monetario

Internacional.

Por la Comisión de Agricultura se dio cuenta da la fijación de los precios máximo y mínimo en secano

señalados en el Plan General de Colonización de la zona regable por el canal del Cinca y su aplicación en

el justiprecio de los expedientes expropiatorios iniciados por el Instituto Nacional de Colonización.

A las 7,56 horas de la tarde finalizó la sesión plenaria, última de las celebradas por las Cortes en el año

actual.

Martes, 22 diciembre 1970

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