El Conreso del PSOE     
 
 Pueblo.    10/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL CONGRESO DEL P. S. 0. E.

POR vez primera desde 1832, el P. S, O. E., que en su sector renovado encabeza Felipe González, ha

podido celebrar su Congreso dentro de España. Este es, sin duda, un hecho francamente positivo. Como

lo es también que ninguna circunstancia anómala digna de mención haya turbado el normal desarrollo de

sus sesiones. En todo caso, al margen de la insuficiente porosidad informativa que ha restado climax

popular a las deliberaciones del Partido Socialista Obrero Español, el dato favorable de un respaldo

excesivamente inequívoco por parte de la gran familia del socialismo internacional. Obvio es decir que tal

acontecimiento, en vísperas del referéndum nacional para la reforma política, expresa la voluntad

democratizadora del Gobierno. Otro indicio revelador de que nuestro país vive un proceso de cambio

veloz sin fracturas sociales, que opera a favor de la normal asimilación del pluralismo ideológico.

•| Es evidente que el P. S. O E. constituye una de las opciones pluralistas tal vez de mayor atractivo, con

peso especifico y, desde luego, con posibilidades para conectar con amplios sectores del país. Ello explica

que el Congreso haya suscitado, más que curiosidad por lo novedoso de su celebración, verdadero interés

y expectación. Ahora bien: ¿ha respondió el Congreso a la expectativa que provocó su convocatoria y

desarrolló? Por de pronto, es justo señalar que se ha movido dentro de una tónica de relativa moderación.

Sus conclusiones, salvo las que tienen un claro sentido de reclamo electoral, sólo podrían asustar a

timoratos. Cosa distinta es que un eventual Gobierno de mayoria socialista pudiera hacerlas realidad,

porque no es lo mismo actuar en el marco de contradicciones y compromisos que lleva implícito el

ejercicio del Poder que socializar la economía y sustituir la empresa capitalista desde los planteamientos

idealistas y puramente teóricos de la oposición.

•| No abrigamos, en general, reservas de importancia frente a las conclusiones del P. S. O. E., pero

deseamos, naturalmente, que éste clarifique su posición sobre aspectos de valor esencial, y entre ellos la

evidencia de un camino transparente hacia el socialismo democrático. Por ahora, es lamentable reconocer

que el socialismo, ahondada su escisión en grupos y sectores como fruto de este XXVII Congreso del P.

S. O. E. renovado, no ha logrado todavía la unidad y fortaleza necesarias para aglutinar a la clase obrera

española bajo una sola bandera. De momento, su fortaleza y capacidad de atracción sobre los trabajadores

han de demostrarse, y el requisito fundamental tendrá que ser. Inevitablemente, la superación de los

litigios internos que hoy dividen al socialismo español. Por lo demás, su aceptación del juego democrático

exige una rotunda credibilidad apoyada en hechos. El socialismo, al igual que las restantes opciones

políticas, debe tener y tendrá su oportunidad en el proceso democrático. Muchas alternativas políticas son

válidas para ir a la democracia, pero a condición de seguir también un camino inequívocamente

democrático, señalado por la inviolabilidad de la Corona y el respeto a las Instituciones básicas del

Estado, que son ejes del actual proceso hacia las libertades.

•| La pugna estéril con las instituciones de su época supuso la marginación e incluso el camino al Poder al

socialismo de 1879 a 1930, o sea en el largo periodo de la Restauración. Seria de desear que un error

idéntico —porque nadie está exento de equivocarse dos veces— no produjese los mismos efectos en este

siglo. Nada es peor que el mimetismo máximalista con el pasado para una fórmula política. Esperemos

que en este enorme error no vuelva a caer el socialismo español del último cuarto del siglo XX

 

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